Linking Alternative Regionalisms for Equitable & Sustainable Development

Dot Keet

Alternative Information and Development Centre informe No. 4

Las motivaciones orientadas a la creación de grupos económicos regionales más fuertes entre países en vías de desarrollo, see así como la búsqueda de formas de cooperación política entre sus gobiernos y organizaciones populares, check persiguen, prostate en parte, conferir a los países participantes el poder necesario para tratar de manera más eficaz con un sistema internacional económico y político complejo e incluso hostil. Esto incluye la necesidad de abordar simultáneamente los objetivos estratégicos y las tácticas divisorias seguidas por poderosos gobiernos extranjeros, especialmente por la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE.UU.).

Las dos mayores potencias económicas del mundo se distinguen por el uso de instrumentos multilaterales para ampliar sus intereses [véase Regional Briefings nº 2 y 3 del AIDC]. Pero, al mismo tiempo, los están enmarcando en enfoques multiformes para conservar su dominio económico sobre el resto del mundo. El gobierno estadounidense se destaca especialmente por recurrir a sus propias exigencias unilaterales y a lo que se denominan acciones ‘extraterritoriales’ en el ámbito económico, político y militar. Las estrategias de la UE, si bien resultan menos descaradas que las de los EE.UU., también se caracterizan por el uso de compromisos y acuerdos bilaterales, y de presiones económicas y políticas sobre otros gobiernos. Y tanto los EE.UU. como la UE emplean estrategias regionales

  • por una parte, para fortalecer sus propias economías de cara a su posicionamiento unido cada vez más poderoso en la llamada ‘economía mundial única abierta e integrada’ que están, a la vez, endosando al resto del mundo y,
  • por la otra, para socavar las posibles estrategias regionales que otros países necesitan adoptar para enfrentarse de manera más eficaz a las presiones y retos planteados por la economía mundial.

Las regiones geoestratégicas de las principales potencias

La Unión Europea constituye uno de los proyectos de integración más antiguos y, por el momento, el mayor y más avanzado. Este proceso comenzó mucho antes de la era de la economía mundial liberalizada y, de hecho, su origen se debe en gran medida a cuestiones como la seguridad y la estabilidad política en Europa, la reconstrucción económica y los problemas sociales después de la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de un grupo basado en las políticas y el mercado, en el marco del patrón predominante en el momento, con un sistema socialdemócrata y un modelo económico regulado por el estado. En los últimos tiempos, a medida que las exigencias de fuerzas empresariales y financieras renovadas y ampliadas pasaban a un primer plano dentro de la UE y del resto del mundo, los diversos gobiernos europeos, y los objetivos y políticas del proyecto de integración europea se ajustaron a las teorías neoliberales. Es decir, el fomento del ‘libre comercio’ en una economía mundial ‘abierta’. Se trataba de algo que se necesitaba especialmente para poder presionar a las economías recién industrializadas del Sudeste asiático y otras regiones. De este modo, Europa representa actualmente una base de poder geoeconómico y geopolítico desde donde las empresas europeas pueden operar con mayor fuerza en la tremendamente competitiva economía mundial, y los estados europeos pueden actuar conjuntamente en las instituciones internacionales con un peso mucho mayor.

El Área de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN o NAFTA) es la base de poder regional económico -y, en cierta medida, político- que han construido los Estados Unidos a su alrededor. Este grupo se presentó, desde un principio, como una respuesta más directa y un instrumento con el que fomentar la economía mundial, así como influir y aumentar la competitividad en ella. Incluso mientras se alargaban las negociaciones comerciales de la Ronda de Uruguay (RU), durante fines de los 80, los EE.UU. estaban trabajando activamente para garantizar su área de libre comercio con el Canadá y planificando la consolidación y ampliación de su base regional más amplia en las Américas, empezando por México. En aquel período, esta estrategia regional podría haberse considerado algo así como una medida preventiva, en caso de que la RU no reportara condiciones que favorecieran los intereses económicos y estratégicos de los EE.UU. Desde entonces, los acuerdos principales de la OMC creados durante la RU y posteriormente -y debidos, en gran medida, a resueltas intervenciones de los EE.UU.- han resultado ser muy beneficiosos para las necesidades y objetivos nacionales y empresariales de los EE.UU. El ALCAN sigue resultando, no obstante, un complemento muy útil para la economía estadounidense y un gran apoyo para sus empresas.

  • La UE y el ALCAN constituyen cimientos importantes a partir de los que sus multinacionales pueden actuar en la economía mundial. La mayoría de multinacionales siguen realizando sus principales actividades y operaciones más estratégicas en sus países de origen. El 87% de las multinacionales poseen su sede en la UE, los EE.UU. y el Japón y, a fines de los 90, el 88% de sus ‘bienes exteriores’ estaban ubicados, de hecho, en alguna de estas tres economías. De manera parecida, el 84% de las inversiones extranjeras directas (IED) proceden de estos tres actores y de otros miembros del grupo de países más desarrollados de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Sin embargo, el 60% de las IED totales se mueve entre los países más industrializados de Europa y Norteamérica. Al mismo tiempo, no obstante, los gobiernos de estos gigantescos bloques económicos están determinados a actuar internacionalmente para ayudar a sus empresas a dominar al resto de mercados, abrirles campos de inversión y bases de producción cada vez más beneficiosos en todo el mundo, y garantizarles el acceso a recursos estratégicos.
  • Estos grupos regionales también proporcionan marcos útiles dentro de los que los EE.UU. y la UE pueden conseguir posiciones comunes con sus socios o vecinos económicos clave en materia de, entre otras cosas, condiciones comerciales, normativa de inversiones, derechos de propiedad y producción, y requisitos del mercado laboral. Es más fácil llegar a un acuerdo sobre estas cuestiones dentro de un grupo regional más restringido y unido que en negociaciones multilaterales, que resultan más complejas y polémicas, tal como se está poniendo cada vez más de manifiesto en el seno de la OMC. Sin embargo, al mismo tiempo, los acuerdos y prácticas regionales en el ALCAN y la UE pueden sentar precedentes notables y pueden emplearse para ejercer influencias o presiones sobre los procesos multilaterales más amplios. De este modo, los estados y otros intereses de estos bloques económicos regionales están en posición de beneficiarse de lo mejor de ambos mundos: el regional y el mundial.

Intereses enfrentados entre los bloques regionales de los EE.UU. y la UE

Desde el momento en que la ideología del libre comercio y la economía mundial abierta resultan tremendamente ventajosa para las economías más fuertes, no sólo aparece una uniformidad discursiva entre sus gobiernos, teóricos e instituciones neoliberales, sino también una unidad general en cuanto a su propósito en el ámbito mundial. No obstante, en la práctica, surgen también intereses y tensiones enfrentados entre estas potencias mundiales. El caso más reciente y evidente es el relacionado con Oriente Próximo.

  • A pesar de ello, la competencia directa entre la UE y los EE.UU. empieza ya en sus respectivas regiones o en ‘sus’ zonas más cercanas. Así pues, aunque la UE está consolidando sus intereses y avanzando en la integración de toda Europa, el gobierno y las empresas estadounidenses están muy activos en la UE y en todo el continente europeo. Análogamente, la UE está muy activa en el Canadá, y hace poco cerró un acuerdo de libre comercio altamente ventajoso con México, aunque éste último sea miembro, en el patio trasero, del bloque regional norteamericano de Washington.
  • Esta competición entre la UE y los EE.UU. se extiende a otras regiones del mundo como, por ejemplo, la zona de la APEC (Asociación de Cooperación Económica Asia Pacífico). El Japón ya está bien establecido en toda Asia, pero los EE.UU. llevan mucho tiempo intentando que la APEC se convierta en un área completa de libre comercio para que las empresas estadounidenses puedan competir mejor con el Japón. No obstante, en un área de libre comercio asiática, las empresas del ALCAN -y Australia-, como países de la ‘costa del Pacífico y Asia’, también se beneficiarían de su entrada previa y gozarían de mayores beneficios en Asia que las empresas europeas. Puesto que Europa no es miembro de la APEC, Bruselas está fomentando enérgicamente la ASEM (la denominada Reunión Asia Europa) para crear sus propios acuerdos bilaterales entre la UE y el mayor número posible de países asiáticos. Esta ofensiva competitiva no sólo se dirige a los gigantes asiáticos -la India y China-, sino también a Australia. Ésta última es una economía desarrollada importante en una zona donde Europa, por razones históricas, ha gozado de una presencia preponderante durante largo tiempo pero donde, ahora, se ve amenazada por un acuerdo de libre comercio integral entre Australia y los EE.UU.
  • Europa también está preocupada por la enérgica búsqueda por parte de Washington de acuerdos bilaterales de libre comercio y de inversiones con otros países clave en la zona Asia Pacífico, especialmente con los integrantes de la ASEAN (Asociación de Naciones del Asia Sudoriental). Este grupo regional incluye una serie de grandes economías con un potencial enorme como, por ejemplo, Malasia, Indonesia y las Filipinas, aunque, por otro lado, también son bastante ‘problemáticas’ para los EE.UU. y la UE en el contexto de la OMC. Así pues, entre los países más ‘cooperativos’ de la ASEAN que están recibiendo la atención de los EE.UU. en estos momentos se incluyen:
    • Singapur como economía desarrollada clave dentro de la ASEAN y como canal a través del que los EE.UU. se pueden ‘infiltrar’ en el grupo e influir en él.
    • Tailandia, país propuesto para un acuerdo de libre comercio por el Representante Comercial de los EE.UU. (USTR, en inglés) como uno de los instrumentos de Washington mediante el que “anclar” a otras economías del Sudeste asiático a la esfera del libre comercio de los EE.UU.

Estas estrategias ofensivas y defensivas entre los EE.UU. y la UE, así como sus rivalidades imperialistas en todo el mundo, se expresan en las emergentes guerras comerciales ‘neomercantilistas’ que se están declarando entre ambos imperios económicos. Cada uno de ellos está luchando por evitar que el otro se apropie, si no de colonias formales, como en el pasado, al menos de ámbitos reales de influencia preponderante. Esto también es patente en sus estrategias predadoras paralelas hacia grupos regionales existentes y emergentes en Latinoamérica y África, así como en otros lugares del Sur.

Estrategias paralelas contra los grupos regionales en Latinoamérica y África

  • Los EE.UU. están encaminados hacia la ampliación de su base del ALCAN en una extensa Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en la que se integrarán los 34 países que hay desde el Canadá a Chile. Al mismo tiempo, a la luz de cierta resistencia mostrada por algunos gobiernos latinoamericanos y, sobre todo, por parte de una amplia Alianza Social Continental (ASC) de organizaciones populares, Washington persigue la adquisición paulatina de todo el hemisferio centrándose en países clave, como Chile, y ‘reduciendo’ a los países más pequeños mediante acuerdos subregionales de libre comercio, como el Área de Libre Comercio de América Central (CAFTA, en inglés), que incluye a seis naciones. Los EE.UU. están abordando de manera parecida al cercano grupo regional del Caribe, la Comunidad del Caribe (CARICOM), que ha sido durante mucho tiempo uno de los ámbitos de influencia histórica europea.
  • En un plan más ambicioso, los EE.UU. están determinados a incorporar a su extensa área de libre comercio continental al gigantesco Mercado Común del Cono Sur (MERCOSUR), un grupo regional en América del Sur formado por el Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, con Bolivia como miembro asociado, y al que Venezuela (país rico en recursos petroleros) ha solicitado adherirse. Y, como en el resto del mundo, la UE se encuentra en competición directa con los EE.UU. para intentar asegurarse su propio acuerdo de libre comercio con MERCOSUR. El interés de ambos bloques en ganarse a MERCOSUR se explica:
    • como siempre, para abrir aún más sus enormes mercados y ricos recursos a la penetración comercial, operaciones de inversión ilimitadas, la explotación y el expolio por parte de empresas estadounidenses y europeas. Pero,
    • desde una óptica más ofensiva, para evitar que este grupo se convierta en una base poderosa de resistencia y en un marco potencial para un modelo distinto de desarrollo eficaz, equitativo, independiente y sostenible.
  • Aunque no existe ninguna economía o región en África que, en estos momentos, pueda compararse con MERCOSUR en términos de tamaño, los recursos minerales del continente son de una importancia estratégica y hay que hacerse con África, como continente y/o a través de sus subregiones, como ámbito donde desarrollar una explotación intensificada. Todo esto, recuerda a las ‘disputas’ del siglo XIX por África. En este siglo, tanto los EE.UU. como la UE buscan repartirse el continente y cada uno de estos bloques persigue su propio acuerdo divisorio de libre comercio y aplica estrategias antiregionales en África. Al igual que en Latinoamérica y Asia, Washington y Bruselas están empleando la misma combinación de acuerdos bilaterales con los países más fuertes para, así, “anclar” al resto, o incluso crear acuerdos regionales directos con grupos de países más pequeños o débiles. Por ejemplo,
    • Los EE.UU. han cerrado un acuerdo bilateral de libre comercio con una economía importante como lo es la chilena en América del Sur, como modelo de economía abierta e influencia en el resto del continente. Y la UE ha conseguido su propio acuerdo de libre comercio con Sudáfrica, la principal economía africana; un acuerdo que también esta usando como modelo en el resto de continente y como influencia en él [véase Regional Briefing nº 1 del AIDC].
    • La UE está construyendo su propia ampliación económica en el norte de África mediante acuerdos bilaterales y planes regionales para la zona ‘Euro-Med’. También los EE.UU. han conseguido un gran acuerdo en materia de seguridad, política y economía, altamente ventajoso, con Marruecos y, en estos momentos, persigue hacer lo mismo con Egipto, otro país clave en el norte de África.
    • La UE ha cerrado el llamado Acuerdo de comercio, desarrollo y cooperación (ACDC) con Sudáfrica que, como acuerdo comercial, afecta directamente a Botswana, Lesotho, Swazilandia y Namibia, miembros asociados a la Unión Aduanera del África Meridional (SACU, en inglés). Mientras tanto, los EE.UU. persiguen su propio acuerdo integral con la SACU [véase Regional Briefing nº 3 del AIDC].
    • La UE está trabajando en sus propios acuerdos integrales de libre comercio recíprocos mediante los denominados Acuerdos de Asociación Económica (EPA, en inglés) con los 77 países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP). Seguramente, los abordará de forma individual, aunque a la UE le conviene hacerlo con grupos regionales [véase Regional Briefing nº 2 del AIDC]. Los EE.UU. han lanzado su propia iniciativa competitiva, a la que se refieren como Ley de Crecimiento y Oportunidad en África (AGOA, en inglés). Con ella, se ofrece a los países africanos -y a aquellos que cumplen con los requisitos en materia de seguridad, economía y política impuestos por Washington- un acceso preferente (durante un período limitado) al extenso mercado estadounidense [véase Regional Briefing nº 3 del AIDC].

Sin embargo, a pesar de las ofensivas competitivas entre la UE y los EE.UU. en África y otros países del Sur, el contenido de estos acuerdos integrales, que están consiguiendo que firmen los gobiernos africanos y de otros países, presenta también ciertos aspectos comunes y similitudes. Y, precisamente, son éstos últimos los que plantean importantes retos para las organizaciones populares de todo el mundo.

Intereses y estrategias de poder económico comunes

Las grandes potencias siempre han utilizado las citadas estrategias multimodales para mantener su posición dominante en el mundo, y sus métodos siempre han incluido medios directos e indirectos, abiertos y encubiertos, legales e ilegales, económicos y políticos, y otros (militares) siempre que sea necesario. Y estos métodos económicos y políticos también se han manifestado en sus operaciones en la denominada ‘esfera comercial’ y especialmente en la OMC.

Sin embargo, en el contexto de

  • la gran información de que disponen ONG, sindicatos y otras organizaciones e institutos de investigación progresistas, y su eficacia en sacar a la luz los objetivos, la naturaleza y las consecuencias de las normas y acuerdos ‘multilaterales’ que la OMC impone a los países en desarrollo y al resto del mundo;
  • la creciente conciencia pública en todo el mundo sobre el funcionamiento, contrario al desarrollo y la democracia, de la OMC, y su tradicional manipulación por parte de las grandes potencias a la búsqueda ofensiva -y protección defensiva- de sus propios intereses;
  • las alianzas mejor informadas y asertivas dentro de diversos grupos tácticos y estratégicos de gobiernos de países en desarrollo en la OMC, y los consecuentes contratiempos para los planes de ‘los grandes’ en la tercera y quinta Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle (1999) y Cancún (2003), respectivamente;

los EE.UU. y la UE están recurriendo, más que nunca, a sus propios acuerdos de comercio unilaterales, bilaterales y ‘regionales’ fuera de la OMC para poder alcanzar sus propios intereses.

Sin embargo, está claro lo que comparten las grandes potencias y sus estrategias teniendo en cuenta que

  • Las grandes potencias están haciendo un uso selectivo de las normas ‘multilaterales’ de la OMC en los acuerdos bilaterales y regionales que persiguen pero, a la vez, están sobrepasando con creces a la OMC a la hora de imponer términos y condiciones que no se han acordado en su seno (por ejemplo, los famosos ‘Temas de Singapur’ en materia de liberalización de inversiones) y ante los que muchos gobiernos de países en desarrollo en la OMC, apoyados por las intervenciones y presiones independientes de movimientos sociales populares, están mostrando una fuerte resistencia.
  • Los llamados ‘acuerdos de libre comercio’ que se están imponiendo en países de todo el mundo no tratan sólo sobre comercio, sino que van mucho más allá para incluir la liberalización de flujos de capital y el libre movimiento de inversores extranjeros, así como sus derechos de propiedad y ‘propiedad intelectual’, su acceso a contrataciones públicas y bienes nacionales privatizados, así como la desregularización y ‘apertura’ generales de las economías de los países que firman este tipo de acuerdos.
  • Los denominados acuerdos de libre comercio bilaterales que se están cerrando con determinados países clave también están concebidos como aperturas o grietas a través de las que entrar o influir en los grupos regionales correspondientes (como con Singapur, en el caso de la ASEAN, o Sudáfrica en la SADC) o para “anclar” a los países vecinos y quizá crear otras ‘regiones abiertas’ mucho más grandes y dóciles. Esta es la visión que afirman tener los estrategas comerciales estadounidenses en relación con toda África mediante acuerdos con países africanos concretos, empezando por la AGOA.
  • Muchos de los llamados acuerdos bilaterales (es decir, entre dos países) se dan, en realidad, entre un grupo regional y un país. Y lo que es más, dichos acuerdos se establecen entre grupos regionales grandes y poderosos y economías relativamente menores y más débiles, como es el caso de los denominados acuerdos bilaterales entre la UE y Sudáfrica y México.
  • Incluso en aquellos casos en que las grandes potencias persiguen acuerdos de comercio interregionales (entre su región y otras), como sucede con la UE y MERCOSUR, la UE y la SADC, la UE y la Comunidad del África Meridional, o los EE.UU. y la SACU, las condiciones también son desiguales en lo que se refiere a los recursos de que disponen los respectivos ‘socios’ negociadores. Por lo tanto, los acuerdos resultantes reforzarán, inevitablemente, dichas desigualdades.

A través de estas estrategias complementarias unilaterales, bilaterales y regionales, las grandes potencias pretenden infiltrarse en los grupos regionales de países en desarrollo (existentes y potenciales), apropiarse de ellos y transformarlos. De este modo, desean vaciar sus programas y políticas de contenido para el desarrollo y evitar que se conviertan en marcos válidos para un desarrollo más autosuficiente, sostenible y equitativo, así como bases económicas y políticas más fuertes desde las que estos países puedan oponerse a las potencias dominantes del mundo y su sistema y régimen globales.

Traducción: Beatriz Martinez


Walden Bello and Dot Keet
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Abstract
As the crisis of globalisation deepens , search click there is an urgent need for the articulation of alternatives. This includes add ressing the question of developing alternatives from the perspectives of social movements in Africa, pharm Asia and Latin-America and seeking to effectively influence the shape and substance of regional governance in the South, try as key lynchpins in a more pluralistic, flexible and fairer system of global governance.

In her article, “Regional Programs in the South and new Peoples Initiatives”, Dot Keet gives an overview of the main features and some current initiatives within three key “regional” programs between countries in Africa (SADC), Latin America (MERCOSUR) and Asia (ASEAN). Besides identifying the specificities of each region, Keet also identifies the commonalities and bases for comparative analysis and cooperative efforts between civil society organisations within and between these regions. The economic logic in building “alternative regionalisms” as a base for challenging the currently dominant global system could create a world of cooperating nations within regions negotiating their specific policies as well as cooperating with other regions on matters of shared global concern. The political impetus towards this strategy will depend on the commitment and capacities on non-governmental popular fo rces to get their governments to pursue this strategic vision.

In Globalisation in Asia and China: Assessing Costs and Benefits, Walden Bello reviews the impact of globalisation on Asia and China. He sees China as benefiting from corporate-driven globalisation only if it maintains its low-wage advantage. The same TNCs that once invested in Southeast Asia have moved to China and are prepared to move once more if China loses its competitive edge in labour costs. This may be difficult to imagine at this point, but it cannot be warded off indefinitely if one continues to be dependent on a low – wage, export – oriented, foreign – capital dependent strategy of development. Bello argues that for Southeast Asia and China, the challenge is to adopt development strategies that do not make them hostages to the calculations of transnational firms. In identifying some elements of an alternative development strategy, Bello stresses that Southeast Asia, in light of the competition posed by China, the EU, and the United States at a global level, it is important to be serious about regional integration. To expect to surv i ve as national economies without becoming part of a larger economic bloc co-ordinating policies in trade, finance, technology, investment, and development is becoming increasingly unrealistic in a world where big economic blocs become the key players. The Association of Southeast Asian Nations (ASEAN), in short, must become a reality, and this can only be done through a combination of political will and a democratisation of the process of regional integration. In conclusion, Bello notes “that South-South cooperation would be a tremendous step forward in the adoption and generalisation of alternative development strategies. The recent formation of the Group of 20, the mainstays of which are Brazil, China, India, and South Africa, is, from this point of view, a very positive development. The G20 has bro ken up the EU-US monopoly on trade negotiations. But it has the potential to do much more in terms of transforming the system of global relations of economic power.”

Linking Regional Alternatives for Eqitable and Sustainable Development highlights some initiatives in 2004 in which social movements and civil society organisations (from Latin America, Africa and Asia) who are concerned with regional development options and are creating new networks and alliances both within and across regions.

TNI Briefing Series 5