"It's a Strategic Plan" – The Cuban-Venezuelan Accord

Judith Valencia
En abril de 2001 empezó un dilema, doctor al decirle no al ALCA qué proponer – El proceso constituyente iba diciendo por donde. La constitución / diciembre 99 y las leyes habilitantes / noviembre 2001 van trazando las grandes líneas, illness preñadas del pensamiento de Bolívar. Hugo Chávez – en diciembre de 2001 – pronuncia el ALBA como siglas de integración de los pueblos de América. Nuestra América, la de sus pobladores. Estos últimos 3 años el sentido inicial de las siglas ha ido tomando cuerpo. Hay quienes siguen hablando de alternativa, otros dicen que “no es en respuesta a” por tanto no es alternativa. Que el ALBA es el amanecer fecundo de las raíces de la identidad latinoamericana que retoñan. El debate ha puesto en entredicho la traducción original: Alternativa Bolivariana para América, sumándole próceres, discutiendo América. Son variadas las versiones como es todo en tiempos de convulsión social. Todas las versiones comparten el ALBA como amanecer, alborada, esperanza consentida, sentida y con sentido.
El sentido contiene las culturas de los pueblos habitantes que caminan hacia el encuentro. Pueblos indígenas, campesinos mestizos y africanos, citadinos. Pueblos de culturas ancestrales y amalgamas recientes, sin ser nuevas ni alternativas. Estuvieron y están allí y acontecen / persisten a la misma vez, en el mismo tiempo de la cultura imperial que los niega y deshecha. Comparten un mismo territorio. De la lucha por el territorio se trata. Pueblos con su propio mapa que muestra la gente invisible para la lógica liberal, de la renta y la competencia del capitalismo depredador. El mapa muestra el renacer de lo que estuvo oculto en un ayer de siglos. Amanece lo oculto delatando su presencia junto a lo otro que estuvo por mucho tiempo, silente. De grito en grito se fue amasando un cuerpo en conflicto con la estrategia contrarrevolucionaria del capitalismo imperial transnacional. Estrategia militarista que busca imponerse ocultándose detrás de normas y disciplinas mercantiles, sobreponiendo los derechos del capital por encima de los derechos humanos: culturales, sociales, políticos, de los Estados logrados por las luchas centenarias de la humanidad, condensados en Resoluciones y Declaraciones de las Naciones Unidas en las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, El derecho mercantil borrando la vigencia de lo humano. Hacia el mundo la estrategia contrarrevolucionaria la canalizan a través de la Organización Mundial del Comercio y en particular, hacia el hemisferio americano se anuncia en el ALCA y la negocian y firman con los tratados de Libre Comercio / TLC´s.
Todo punto de partida siempre es arbitrario. Con ello en mente decimos que desde la Iniciativa para las Américas / 27 junio de 1990 (1), gobierno de papá – Bush, dos lógicas entran abiertamente en pugna. Una, la de los derechos del inversionista expresados en la trilogía: Inversión – Deuda – Comercio, dispositivos de la iniciativa Bush. Derechos de invasión territorial para los inversionistas transnacionales de registro usamericanos. Otra, la de las rebeliones por tierra exigiendo el territorio para sus pobladores, quienes desde finales de los 80´s comienzan a emitir señales de rebeldía.
Ciertamente la demarcación de los tiempos es arbitraria. Las investigaciones de Aníbal Quijano desmiente la novedad de la confrontación entre dos lógicas. Da muestra de la importancia fundamental de lo oculto que retoña y narra el punto de partida del enfrentamiento entre las dos lógicas. Nos dice que la historia desde la modernidad comienza el violento encuentro entre Europa y América que condensa una nueva intersubjetividad que produce el reemplazo del pasado por el futuro, de allí la producción de las utopías europeas. Desde el siglo XVI la historia comienza a ser proyectada, cargada de futuro, de sentido. En esas utopías las imágenes más poderosas fueron, ante todo, contribución seminal de la racionalidad andina al nuevo imaginario europeo: el hallazgo de las instituciones sociales andinas, establecidas entorno a la reciprocidad, de la solidaridad, del control de la arbitrariedad, y de una íntersubjetividad constituida alrededor de alegría del trabajo colectivo y de la comunidad vital con el mundo. Digo, nada tiene mejor parecido con el ALBA. Nada de eso provenía del pasado europeo. Desde sus inicios, la Ilustración europea contiene una división entre las tendencias para las cuales la racionalidad es una genuina promesa de liberación de la humanidad y para quienes la racionalidad es un dispositivo instrumental del poder, de la dominación.
De lejos viene la pugna y desde tiempo quedo marcada la imposición de la hegemonía del utilitarismo inglés sobre el resto de Europa y en el siglo XIX sobre la mayor parte del mundo. Imponen la racionalidad como arsenal instrumental del poder, esto es la transformación del mundo, de la sociedad, según las necesidades de la dominación del capital, despojado de toda otra finalidad que la acumulación. La investigación delata, denuncia no sin destacar que en América Latina hoy, como siempre, en las raíces de la identidad no han abandonado sus tensas relaciones entre si. De allí la permanencia subjetiva de cosas expresadas por Pierre Clastres: “es el propio Estado el que introduce la división…”.
Estas sociedades son ‘igualitarias’ porque ignoran la desigualdad: un hombre no ‘vale’ ni más ni menos que otro, no hay en ella, superiores ni inferiores… nadie puede más que otro, nadie detecta el poder… el goce de la libertad expresaba el ser natural de los hombres… ¿por qué tuvo lugar la desnaturalización del hombre? Las sociedades primitivas rechazan la relación de poder impidiendo que el deseo de su misión se realice….
Ubicado en esta dimensión el problema de la identidad, permite que nos reencontremos con la matriz que nutrió a Bolívar y junto a él a otros próceres de los siglos XVIII y XIX.- Muchas de las revueltas de finales del siglo XX caminan sobre esas huellas y por los intersticios del dominio imperial brotan y crecen presentándose en plan de lucha contra la lógica contrarrevolucionaria invasiva.
El ALBA propone el renacer de los proyectos de vida que quedaron inconclusos, que fueron abortados, reprimidos por siglos / por décadas. Que renazcan y se unan los sueños retenidos en el tiempo. El ALBA lo elaboramos todos y cada uno de nosotros. Reúne proyectos múltiples y diversos. Como son diversos los pueblos que habitan el continente. Marchamos juntos respetando los ritmos. Sí somos todos, significa ritmos diversos. Este planteamiento desconcierta. Todos los sujetos sociales, platean lo suyo sin sujetar a los otros, guiados por la premisa de que la felicidad es una construcción cultural y asumiendo como política de Estado que la pobreza solo se supera dándole poder a los pobres.
Del desconcierto del planteamiento derivo algunos supuestos de contexto del ALBA’s
De los supuestos podemos derivar situaciones en procesos reales
1. i algo inédito tiene lugar en tiempos del ALBA’s es que el cada día del hacer social se nutre de sentido con la práctica del proceso bolivariano.
1. ntre abril y diciembre 2002, el proceso bolivariano aprendió la importancia de la movilización. No era suficiente la movilización electoral. No bastaba emprender proyectos culturales. Hay momentos que requieren de la movilización de todos y que en circunstancias de alerta van dictando cause del desenvolvimiento de la situación. En la calle los pueblos unidos derrotaron el golpe de estado y el sabotaje petrolero. Los pueblos en la calle – indígenas, campesinos, citadinos – y el gobierno en situación de crisis, juntos reconocieron sus carencias. De ese reconocimiento algunos hasta entonces “planes de gobierno” se convirtieron en Misiones, desbordando las instituciones del Estado. Sin disolver el Estado, la sociedad asumió misiones de gobierno. Los criterios de eficiencia de la forma perdieron la razón ante el experimento social de organizarse partiendo de las necesidades: de saber, de salud, de alimentación. De saber: desde leer, oficios, profesiones hasta vivir y producir. De salud: de cuerpo y mente sana en su propia comunidad. De alimentación: facilitando como distribuir un ingreso siempre escaso. Sin desasistir las necesidades de seguridad, y de información política, las misiones avanzan hacia la formación de un solo ejército [cívico/militar] en la Producción y la Defensa. Un colectivo en tensión diaria – La Constitución refrendada el 15 de diciembre de 1999, junto a las leyes habilitantes del 13 de noviembre de 2001, en especial: la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, y la Ley Orgánica e Hidrocarburos, brindaran la posibilidad ante la necesidad imperiosa de convertir “planes de gobierno” en tareas del pueblo protagónico. La reconquista de la tierra / del territorio y del recurso natural no renovable / de PDVSA – del ingreso petrolero, le dieron condiciones y le dan futuro posible a la voluntad política de darle poder a los pobres a través de las misiones. Esto es algo de lo inédito en tiempo de ALBA’S. Las Misiones: Robinsón, Ribas, Sucre, Barrio Adentro, Vuelvan Cara, Mercal con todas las tareas y actividades complementarias que de ellas se derivan dan sentido a la vida. Visto así el desarrollo endógeno es hacia adentro de lo humano y de la geografía, es un territorio con sus pobladores que laboran su propio destino soberano.
2. as ideas que se conjugan en cada ALBA toman perfil en el camino.
El tiempo diario hace suya la palabra de Chiapas: “caminamos preguntando.”
3. Si es un proceso y los perfiles son culturales y en tiempo diario, quiere decir que comparten geografía / territorio pero despliegan culturas y ritmos diferentes.
2 y 3. Cada ALBA con su perfil. A las misiones asistimos hombre y mujeres de diversas cultural esto quiere decir que todos leemos pero no en el mismo libro. Todos leemos y traducimos lo leído, según nuestra cultura. Los pueblos citadinos tienen costumbres de la ciudad, pero según su región originaria y/o su raza, son citadinos culturalmente diversos. Según será su hogar, sus gustos, sus hábitos, ritmos de comprensión y acción. En síntesis: sus valores y futuros.
Los pueblos indígenas según su geografía, su cosmovisión, labores, ritos y mitos: Sabrán, tendrán salud, consumirán según la fuerza de su tradición. Igual con los campesinos, indígenas o afrodescendientes, andinos o isleños. Cultivadores de la tierra y/o del mar o del rió. Cada cual tiene lo suyo no transferible. Los ritmos de vida están impregnados de cultura, de condiciones del saber. Hay un ritmo del analfabeta, que al leer ajusta el paso dimensionando la vida. Es un ritmo diferente de quienes por labor leímos desde siempre. Al reconocer los ritmos y respetarlos, lejos estamos de diseñar la integración dejando sujetos afuera. Todos allí en desacuerdo práctico con los criterios de la competencia que deshecha a las grandes mayorías.
4. Culturas/costumbres que significan maneras de vivir: de producir, de consumo, de ritos y mitos, de visiones diferentes.
4. ALBA indígena y/o campesino ocupando una dimensión de territorios que significa su habitar/morar, extenso pero imprescindible para satisfacer sus necesidades culturales. Las tribus no pueden aceptar reubicación ni limitación de espacio. Los campesinos no pueden aceptar reducción de mecanismos de apoyo y de mejoras en las condiciones generales de vida. Las misiones crecen y se difunden por la extensión del territorio nacional.
5. Ritmos diferentes de entre culturas y entre sujetos de una misma cultura.
5. Las culturas tienen ritmos socialmente diferentes. Las ciudades tienen ritmos descompensadores de los biorritmos y de la naturaleza. Hay culturas que caminan al ritmo de la naturaleza y merecen respeto. No pretender exigirles a unos que alcancen los ritmos de otros. Cada quien a su paso pero todos juntos defendiendo la soberanía nacional. Igualdad de condiciones con iguales derechos y deberes constitucionales. Estas situaciones en proceso real avanzan como integración entre los pueblos. El proceso bolivariano mucho tiene que ver en esto, por voluntad política y por contagio social/ cultural.
También están inscritos como versiones del ALBA los Convenios Comerciales Compensados y las Alianzas Estratégicas circunstanciales. Como variables de combate, contra los pretendidos tratados en negociación: ALCA / TLC’s y para desviar la dirección de los compromisos adquiridos por Venezuela en gobiernos anteriores. Como lo comenta Chávez: “Compromisos sinceros sin simulación… de vida, de patria, de verdad”.
Los Convenios y las Alianzas guiados por el sentido del ALBA`s, entienden que en el comercio no esta el problema. La trampa esta cuando diciendo que negocian comercio lo que pretenden es lograr pleno derecho para invadir territorios con inversiones negándole la soberanía a los Estados poblados no solo por inversionista.
De Convenios Comerciales Compensados el mejor ejemplo avanza desde diciembre de 2004. Los gobiernos de Cuba y Venezuela decidieron dar pasos concretos hacia el proceso de integración “admiten la posibilidad de practicar el comercio compensado en la medida que esto resulta mutuamente conveniente para ampliar y profundizar el intercambio comercial”.
El Acuerdo incluye una declaración de principios comunes y cada República propone acciones propias donde expone lo que necesita y lo que otorga este convenio compensa bienes y servicios según las necesidades y capacidades. Es así como: “Venezuela ofrece becas para estudio en el sector energético” “Cuba ofrece 2000 becas anuales para la realización de estudios superiores en cualquier área de interés, incluida las áreas de investigación científica”.
Las Alianzas Estratégicas circunstanciales tienen al petróleo como centro. EL gobierno venezolano utiliza su recurso abundante, escaso en territorios de gobiernos aliados, negociando intercambios complementarios sin exigir compensaciones que vulneren la soberanía de los Estados y dando condiciones de comercialización solidarias que sustituyan las exigencias de las transnacionales privadas. Desde julio de 2002, Hugo Chávez propuso en el marco de la II Reunión de Jefes de Estado de América del Sur / Guayaquil – Ecuador la creación de Petroamérica. El 12 de agosto de 2003 en la Carta de Intención suscrita con Trinidad y Tobago se contempla un concepto: mecanismo para promover la cooperación entre compañías estatales latinoamericanas de petróleo y gas. Siete días después en Buenos Aires nace la intención de Petrosur, y será el 8 de julio de 2004 cuando quede conformada en la Declaración de Iguazú. A los dos días, en Caracas, surge la iniciativa de Petrocaribe, y el 27 de agosto de 2004, en Jamaica suscriben un Comunicado Conjunto. Venezuela después del golpe de Estado del 11 de abril de 2002, en el que los ejecutivos petroleros de PDVSA estuvieron comprometidos, inicia una estrategia petrolera latinoamericana. Política que avanza y se perfila después del rescate de PDVSA con la derrota del sabotaje petrolero del 2/12/2002 a marzo de 2003.
Las Alianzas estratégicas que tienen como centro el petróleo y el gas son políticas comerciales fundadas en la conservación de los recursos naturales no renovables, la solidaridad compartida y la corresponsabilidad social entre los pueblos para asegurar el acceso democrático a la energía a un precio razonable. Se concibe como un acuerdo entre gobiernos, no prevé la fusión con capital energético privado, ni la transferencia de recursos del sector público al privado. Concreta esfuerzos para la complementariedad de las capacidades de nuestras empresas estatales de energía.
En los últimos 2 años las Macroruedas Binacionales de Negocios, sin tener novedades, en tanto son negocios entre empresarios privados con los gobiernos como facilitadores, ayudan a diversificar orígenes y destinos de las exportaciones e importaciones y con ello reavivan actividades productivas interrumpidas por las políticas de ajustes estructurales y por las acciones de la competencia transnacional estimulan la producción de empresarios privados quienes se habían limitado con asociarse a las oportunidades brindadas por las transnacionales y satisfacen el consumo productivo y de sujetos sociales demandantes. Despertarles las actitudes empresariales no está mal. Si con ello le restamos apoyo real personal/político a la ofensiva contrarrevolucionaria de la intención hemisférica envolvente y expansiva del inversionista imperial.
Notas:
(1) Iniciativa para las Américas. George Bush. 1990.
(2) Aníbal Quijano. Modernidad, identidad y utopía en América Latina. Octubre 1987.
(3) Pierre Clastres. Investigaciones en antropología política. 7. – Libertad, desventura, innombrable. Gedisa. 1981. – Pierre Clastres: La Sociedad contra el Estado. Monte Avila editores 1978 (Pág. 85) Y no se trataba de pequeñas poblaciones: “para la región mexicana de Anáhuac (514.000 Km. 2 ) determinan, en 1519+, una población de 25 millones… una densidad comparable a la de Francia de 1789, de 50 habitantes por kilómetro cuadrado”.

Redacción Bolpress – Morales invita a Chávez a discutir el ALBA en la capital de las luchas contra el neoliberalismo: el Chapare

En la reciente minicumbre de Asunción, los presidentes de los países más pequeños y menos desarrollados de Sudamérica, remedy Bolivia, Paraguay y Uruguay, acordaron con la primera potencia energética del continente, Venezuela, trabajar hasta fin de año en el proyecto “cono energético del sur”, emprendimiento que sería parte del megaproyecto venezolano Gas Sudamericano. En la ocasión, por primera vez el presidente Evo Morales fue explícito al respaldar la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) propuesta por el presidente Hugo Chávez.

En reunión con los presidentes Nicanor Duarte, Tabaré Vásquez y Hugo Chávez, Morales planteó avanzar en una estrategia de desarrollo sustentada en el bienestar de los pueblos, hasta el momento olvidados. “El ALBA derrotó al ALCA y en Bolivia planteamos que el TCP derrote al TLC” declaró e invitó a su colega Chávez a discutir el ALBA en el Chapare, la combativa zona productora de coca que resistió eficientemente a las políticas neoliberales. Duarte coincidió con Morales en impulsar una integración que no se limite al ámbito económico-comercial sino que trascienda hasta el plano cultural y otros de interés humano.

La propuesta boliviana

Hay que entender al Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) propuesto por el gobierno de Bolivia como una respuesta natural al agotamiento del modelo económico aplicado en las últimas dos décadas que se fundamenta en la desregulación, la privatización y sobre todo en la apertura indiscriminada de los mercados como única herramienta eficaz en la carrera hacia el desarrollo.

La experiencia acumulada en las últimas dos décadas -dos severas crisis financieras internacionales de por medio y decenas de conflictos nacionales que amenazan con desestabilizar la democracia en varios países- obliga a cambiar la lógica de las relaciones internacionales y a descentralizar la toma de decisiones. Ya no es aceptable ni eficiente que un reducido grupo de naciones poderosas nieguen a los países rezagados el derecho a diseñar sus propios modelos de desarrollo en función a sus necesidades internas. Ya no se puede aceptar que las potencias dicten una política económica mundial que no solucionará los problemas del desarrollo, como lo demuestran diversos estudios, incluidos los del Banco Mundial, razona el gobierno de Morales.

Desde ese punto de vista, el TPC de Bolivia y el ALBA venezolano son intentos de replantear la política de relacionamiento con el exterior incorporando objetivos ausentes en los actuales programas de integración económica propuestos por los países del Norte, como son alcanzar la Meta del Milenio, es decir la reducción efectiva de la pobreza, y sobre todo preservar a las comunidades indígenas de la homogeneización cultural promovida por los acuerdos de libre comercio liberales.

El documento oficial del TCP difundido hace poco indica que el gobierno boliviano busca equidad y complementariedad entre los países, equilibrio entre los ciudadanos -no está pensado sólo para un pequeño grupo exportador- y equilibrio con la naturaleza.
El TCP, el ALBA y otros planteamientos de integración pensados en el seno de la sociedad civil, como la propuesta de la Alianza Social Continental (ASC) defienden valores diferentes al ideario capitalista (que se resume en la competencia, la acumulación y el consumo) como ser la complementación, la cooperación, la solidaridad, la productividad, la prosperidad y el respeto a la soberanía de los países. El TCP enriquece el debate al habilitar una manera distinta de intercambio que se apoya fuertemente en el concepto indígena de reciprocidad entre los pueblos, y en la sustitución de la competencia por la complementariedad y la solidaridad.

El TCP entiende que el comercio y la inversión no son fines sino medios del desarrollo, y su objetivo no es la liberalización absoluta de los mercados sino beneficiar a los pequeños productores, microempresarios, cooperativas locales y empresas comunitarias.

Razones para oponerse al credo liberal del TLC

Según el credo neoliberal, la liberalización comercial asegura la mejor asignación de recursos de acuerdo a las “ventajas comparativas” de cada país, generando ingresos de exportación necesarios para importar otros bienes y servicios que garanticen mayor crecimiento económico. Esta religión asegura que la liberalización financiera atrae al capital extranjero hacia el país escaso de capital permitiéndole invertir más de lo que ahorra; y la inversión extranjera directa (IED) acelera el crecimiento no solo por la acumulación de capital sino también por la creación de lazos de oferta y demanda de productos en el mercado interno (“eslabonamientos virtuosos”) y la transferencia de tecnología. Se parte de la suposición de que a mayor liberalización comercial y a mayor peso de las exportaciones en el PIB corresponde un mayor crecimiento económico, más inversión física, mayor generación de empleos mejor remunerados y, por ende, elevación de niveles de bienestar social y reducción de la pobreza.

Pero esa es solo teoría, porque en la práctica la política neoliberal arroja resultados diferentes. Los países que se sometieron a este programa tuvieron una tasa media de crecimiento en el período 1990-2003 de 2,6% anual, inferior al crecimiento del PIB en el período de industrialización dirigido por el Estado entre 1960-1980 (5,5% anual). La distribución del ingreso y los índices de pobreza mejoraron considerablemente en los años setenta, antes de la imposición del “consenso”, pero empeoraron significativamente entre 1980 y 1990. [1]

Se prometió a Bolivia que la integración rápida a la economía mundial a través de la expansión de las exportaciones y el influjo del capital extranjero resolverían los problemas sociales, pero en la década de los 90 Bolivia se convirtió en uno de los cuatro países del continente en donde la desigualdad aumentó de forma más marcada y en donde el índice de Gini (un indicador que muestra las desigualdades sociales en cuanto a la concentración de la riqueza) registró un cambio promedio de más de un punto por año. [2]

El economista Paul Samuelson (The gains from international trade once again, 1962) demostró formalmente que si bien el libre comercio puede elevar la eficiencia en la asignación de recursos y maximizar el crecimiento económico y el bienestar en un conjunto de naciones, no necesariamente maximiza el crecimiento y el bienestar en cada uno de los países participantes; por el contrario, algunas naciones pueden empeorar su economía y su bienestar a causa del libre comercio. [3]

Con esos antecedentes, el TCP de Morales subordina el comercio al desarrollo y bienestar humanos en el entendido de que los objetivos de la política económica no pueden ser reducidos al incremento del PIB o a la liberalización comercial. La prioridad del nuevo modelo es la mejora de los niveles de vida (ingresos, educación, salud, agua, cultura), y un desarrollo sostenible, equitativo, igualitario y democrático, que permita la participación consciente de los ciudadanos en la toma de decisiones.

En resumen, el TCP es un modelo comercial que, en concierto con políticas de desarrollo productivo nacional y local, pretende resolver el problema de la distribución de la riqueza a favor de los más pobres y responder claramente a una pregunta central: ¿Al servicio de quién debe estar el comercio? Queda claro que el comercio no es la panacea para aliviar la pobreza en los países en desarrollo sino sólo un factor entre muchos que contribuyen al crecimiento económico. También es evidente que, tal y como está diseñado actualmente, el libre comercio no beneficia a todos los países por igual automáticamente y tampoco a todos los habitantes de una nación. [4]

A romper mitos

El TLC de Morales, que se complementa con el ALBA de Chávez, no busca trascender el capitalismo sino simplemente plantear un esquema comercial de corte nacionalista. Ambos proyectos parten del convencimiento de que los países desarrollados del Norte pregonan y fomentan el librecambio a las naciones más pobres, mientras continúan ejerciendo un control férreo e irrestricto de sus mercados internos. Las grandes potencias tienen doble moral: por un lado exigen a los países en vías de desarrollo renunciar al uso de las políticas públicas para impulsar sus aparatos productivos, mientras que por otro aplican ruinosos subsidios a favor de los suyos. Las subvenciones de los miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) ascienden a 350 mil millones de dólares anuales. Sólo en el caso del algodón, el proteccionismo implica no menos de 100 mil millones de dólares al año, el doble de lo que reciben los países del Sur como Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD). [5]
Además de los subsidios, los países ricos imponen obstáculos técnicos al comercio de los más pobres, es decir barreras arancelarias y no arancelarias a las exportaciones agrícolas de las naciones subdesarrolladas, muchas de las cuales dependen de pocos productos, en particular materias primas.

En realidad, ningún país del planeta aplica el libre comercio ni lo aplicó en el pasado como un mecanismo para desarrollarse. Los actuales abanderados del libre comercio fueron en algunas etapas de su desarrollo económico los adalides de políticas proteccionistas. En 1880, Estados Unidos contaba con el arancel medio más alto del mundo y no reconocía los derechos de propiedad intelectual extranjeros -todo lo contrario a lo que hoy recetan la OMC y el FMI a los países pobres- pero era uno de los países del mundo que crecía a mayor velocidad. Adam Smith recomendaba a los americanos dejar de proteger a sus industrias, pero el presidente Ulysses Grant (1868- 1876) tenía otros intereses: “Dentro de 200 años, cuando América haya obtenido del proteccionismo todo lo que pueda ofrecer, también adoptará el libre comercio”.

Los ricos hicieron exactamente lo contrario de lo que ahora recomiendan a los países en desarrollo. Todos utilizaron protección arancelaria y subsidios para desarrollar sus industrias y cuando lo lograron impusieron libre comercio a los más débiles. [6] Friedrich List, un economista alemán de mediados del siglo XIX, argumentaba que, de este modo, los países más desarrollados “derribaban la escalera” con la que habían subido a lo alto para evitar que los países más pobres tengan la oportunidad de desarrollarse. [7]

Una nueva visión de desarrollo

Si bien el TCP y el ALBA contienen elementos de una política desarrollista tradicional, es decir la industrialización como objetivo central del desarrollo, la propuesta boliviana intenta marcar distancias con el modelo de desarrollo occidental que se fundamenta en el consumo y que está destruyendo la naturaleza.

“Los tratados comerciales diseñados en el Norte facilitan el desarrollo y la expansión del sistema capitalista a escala global que se fundamenta en la explotación ilimitada de los recursos naturales y humanos en la búsqueda constante del beneficio y la acumulación individual de riqueza, una visión que inevitablemente deriva en la degradación del medioambiente. La contaminación y depredación con el solo fin de obtener beneficios pone en riesgo la vida de los grupos humanos que conviven más estrechamente con la naturaleza, es decir las comunidades indígenas”, evalúa el TCP.

El TCP pone en duda la sostenibilidad de la teoría del “crecimiento económico” y la cultura del derroche occidentales que miden el desarrollo económico de una nación según la capacidad de consumo de sus habitantes. Por ello plantea otra lógica de relacionamiento entre los seres humanos, es decir un modelo de convivencia distinto que no se asiente en la competencia y el afán de acumulación que aprovecha/explota al máximo la mano de obra y los recursos naturales. Rescatando las premisas de la cultura indígena, el TCP postula la complementariedad frente a la competencia; la convivencia con la naturaleza en contraposición con la explotación irracional de recursos; la defensa de la propiedad social frente a la privatización extrema; el fomento de la diversidad cultural frente a la monocultura y la uniformización del mercado que homogeneiza los patrones de consumo.

Bolivia se propone alcanzar una verdadera integración que trascienda los campos comercial y económico -cuya filosofía es alcanzar el desarrollo endógeno justo y sustentable en base a principios comunitarios- que tenga en cuenta las diferencias nacionales respecto a población, superficie, producción, acceso a infraestructura y recursos e historia, en la línea de las dos propuestas de integración más avanzadas en este sentido como son la ASC y el ALBA.

Notas

[1] Más allá del Consenso de Washington, José Antonio Ocampo; secretario general adjunto de asuntos económicos y sociales de la ONU. Otros estudios indican que el crecimiento del PIB per cápita durante el decenio 1981-1990 fue de 0.9% anual y de apenas 1.1% anual en el periodo 1991-2004. El crecimiento anual per cápita de Bolivia entre 1989 y 2000 fue del 1,67%.

[2] Pobreza, Desigualdad, y Liberalización Comercial y Financiera en América Latina; Jere R. Behrman, Nancy Birdsall y Miguel Székely, marzo de 2001.

[3] El premio Nobel Joseph Stiglitz observa que los países del este de Asia lograron una tasa media de crecimiento de su PIB per cápita de 6.1% anual en el decenio 1981-1990 y de 5.8% anual durante el periodo 1991-2004 porque cada uno rechazó los dogmas básicos del Consenso de Washington que postulaban un mínimo papel del gobierno y una rápida privatización y liberalización, y determinó su propio ritmo de inserción a la economía global. La crisis mexicana fue la primera alerta del fracaso de la liberalización dictada por el Consenso de Washington. Luego, la crisis asiática de 1997 confirmó que la liberalización de los flujos de capital es ciertamente nociva.

[4] Proyecciones del Banco Mundial presentadas en la cumbre ministerial de la OMC en Hong Kong indican que la liberalización comercial podría generar alrededor de 287 mil millones de dólares (un tercio del nivel calculado dos años atrás) de ganancias. En un escenario de liberalización total, los países en desarrollo recibirían 90 mil millones de dólares de ese total. El estudio añade que en un escenario de liberalización parcial, que es más realista, las ganancias globales ascenderían a 96 mil millones de dólares, de los cuales solo 16 mil millones irían a los países en desarrollo, es decir el 0,16% de PIB mundial. Esto es menos de un centavo diario per cápita para la gente que vive en los países en desarrollo. Sólo ocho países en desarrollo tendrían potencial para ganar con el libre comercio: Brasil, Argentina, China, India, Tailandia, Vietnam, México y Turquía. Un estudio de la ONG Carnegie estima que la liberalización comercial estimulará modestas ganancias, y por una sola vez, de entre 40 mil y 60 mil millones de dólares, lo que significa menos del 0,2% del PIB mundial. Los países pobres son los perdedores netos en todos los escenarios probables de la Ronda de Doha. El gran ganador es China (entre 0,8 y 1,2% del PIB) en diferentes escenarios.

Los costos del libre comercio: Muchas de las propuestas en agricultura, servicios, propiedad intelectual y comercio de bienes no agrícolas requieren reformas legales que implican un costo. El Banco Mundial calcula que el costo de poner en práctica los tratados de la OMC ascienden a 130 mil millones de dólares anuales en los países en desarrollo. Por otro lado, la remoción de aranceles implica una pérdida de 60 mil millones de dólares para los países en desarrollo, calcula la UNCTAD.

[5] Más ejemplos de proteccionismo: Estados Unidos aplica tarifas antidumping a los productores argentinos de miel; Brasil demandó a la potencia en la OMC por los 3.900 millones de dólares anuales de subsidios que paga a sus productores de algodón. Los subsidios agrícolas subirían a 31 mil millones de dólares hasta 2007. Washington aumentó entre 8% y 30 % los aranceles que gravan las importaciones de acero para dar un empujón a su industria en crisis. (Fuente)

[6] Gran Bretaña y EE.UU., los dos países que supuestamente han alcanzado la cumbre de la economía mundial a través del libre mercado y las políticas de libre comercio, son los que más agresivamente usaron el proteccionismo y los subsidios. Gran Bretaña fue pionera en la aplicación de políticas para promover sus industrias, especialmente la relacionada con las manufacturas de lana hasta el siglo XIV (tiempos de Eduardo III) y el siglo XV (tiempos de Enrique VII). Inglaterra era exportadora de lana cruda a los Países Bajos, y Enrique VII trató de cambiar esto protegiendo a los productores de textiles imponiendo aranceles a las exportaciones de lana cruda y atrapando trabajadores calificados de los Países Bajos. Entre la reforma de política comercial del primer ministro Robert Walpole, en 1721 y la adopción del libre comercio, alrededor de 1860, Gran Bretaña usó políticas industriales y de comercio “dirigidas”, incluyendo medidas muy similares a las que países como Japón o Corea han usado últimamente para proteger sus economías. De acuerdo a un estudio de Joseph Nye, el promedio de arancel de Francia fue significativamente más bajo que el británico durante la primera mitad del siglo XIX. Alemania, el otro país frecuentemente asociado con el intervensionismo estatal, tenía un arancel mucho más bajo que el británico de este periodo, aunque los Estados Alemanes tendían a usar otros medios de intervención económica más activamente.

Estados Unidos, supuesto campeón contemporáneo del libre comercio, fue mucho más proteccionista que los británicos hasta antes de la Segunda Guerra Mundial. Según el reconocido estudio de Paul Bairoch, entre la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue la economía más fuertemente protegida del mundo. La Guerra Civil Estadounidense fue en mucho la lucha sobre los aranceles más que sobre la esclavitud. De los dos mayores temas que dividieron al Norte del Sur, el Sur tenía mucho más temor sobre el frente de los aranceles que sobre el frente de la esclavitud. Abraham Lincoln fue un conocido proteccionista que se crió políticamente en el Partido Whig, bajo el carismático político Henry Clay que abogaba por el “Sistema Americano” (así nombrado por el reconocimiento de que el libre comercio significaban los intereses “británicos”) que fue fundamentado en el desarrollo de infraestructura y el proteccionismo. EE.UU. fue el hogar intelectual del proteccionismo hasta el siglo XIX. El economista Daniel Raymond fue el primero en desarrollar sistemáticamente el argumento sobre la “industria infanta” (infant industry) con el cual se justificaba la protección de las industrias manufactureras en las economías menos desarrolladas.

Casos como el de Alemania, Japón o Corea son también bien conocidos. Pero incluso países como Suecia, que posteriormente vino a representar para muchos economistas una “economía un poco abierta”, también usó estratégicamente aranceles, subsidios, carteles, apoyo estatal para la investigación y el desarrollo para el avance de sus industrias, especialmente los textiles, el acero y las ingenierías. Hay algunas excepciones como Holanda o Suiza que han mantenido el libre comercio desde finales del siglo XVII. Sin embargo, Holanda desplegó un impresionante rango de medidas intervensionistas hasta el siglo XVII con el fin de construir su supremacía marítima y comercial y abolió su Ley de Patentes en 1869 sobre la base de que las patentes eran una creación de monopolios incongruentes con sus principios de libre comercio; este país no reintrodujo una Ley de Patentes sino hasta 1912. Suiza no tuvo una ley de patentes hasta 1907, apuntando directamente contra el énfasis que la actual ortodoxia pone en la protección de los derechos de propiedad intelectual. (Kicking Away the Ladder- Development Strategy in Historical Perspective, Ha-Joon Chang ; Anthem Press, Londres 2002).

[7] “History Debunks Myth That Free Trade Is Best For All”, Ha-Joon Chang, profesor de la Universidad de Cambridge; Guardian Weekly del 27 de junio al 3 de julio de 2002.

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Redacción Bolpress – Morales invita a Chávez a discutir el ALBA en la capital de las luchas contra el neoliberalismo: el Chapare

En la reciente minicumbre de Asunción, buy los presidentes de los países más pequeños y menos desarrollados de Sudamérica, seek Bolivia, recipe Paraguay y Uruguay, acordaron con la primera potencia energética del continente, Venezuela, trabajar hasta fin de año en el proyecto “cono energético del sur”, emprendimiento que sería parte del megaproyecto venezolano Gas Sudamericano. En la ocasión, por primera vez el presidente Evo Morales fue explícito al respaldar la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) propuesta por el presidente Hugo Chávez.

En reunión con los presidentes Nicanor Duarte, Tabaré Vásquez y Hugo Chávez, Morales planteó avanzar en una estrategia de desarrollo sustentada en el bienestar de los pueblos, hasta el momento olvidados. “El ALBA derrotó al ALCA y en Bolivia planteamos que el TCP derrote al TLC” declaró e invitó a su colega Chávez a discutir el ALBA en el Chapare, la combativa zona productora de coca que resistió eficientemente a las políticas neoliberales. Duarte coincidió con Morales en impulsar una integración que no se limite al ámbito económico-comercial sino que trascienda hasta el plano cultural y otros de interés humano.

La propuesta boliviana

Hay que entender al Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) propuesto por el gobierno de Bolivia como una respuesta natural al agotamiento del modelo económico aplicado en las últimas dos décadas que se fundamenta en la desregulación, la privatización y sobre todo en la apertura indiscriminada de los mercados como única herramienta eficaz en la carrera hacia el desarrollo.

La experiencia acumulada en las últimas dos décadas -dos severas crisis financieras internacionales de por medio y decenas de conflictos nacionales que amenazan con desestabilizar la democracia en varios países- obliga a cambiar la lógica de las relaciones internacionales y a descentralizar la toma de decisiones. Ya no es aceptable ni eficiente que un reducido grupo de naciones poderosas nieguen a los países rezagados el derecho a diseñar sus propios modelos de desarrollo en función a sus necesidades internas. Ya no se puede aceptar que las potencias dicten una política económica mundial que no solucionará los problemas del desarrollo, como lo demuestran diversos estudios, incluidos los del Banco Mundial, razona el gobierno de Morales.

Desde ese punto de vista, el TPC de Bolivia y el ALBA venezolano son intentos de replantear la política de relacionamiento con el exterior incorporando objetivos ausentes en los actuales programas de integración económica propuestos por los países del Norte, como son alcanzar la Meta del Milenio, es decir la reducción efectiva de la pobreza, y sobre todo preservar a las comunidades indígenas de la homogeneización cultural promovida por los acuerdos de libre comercio liberales.

El documento oficial del TCP difundido hace poco indica que el gobierno boliviano busca equidad y complementariedad entre los países, equilibrio entre los ciudadanos -no está pensado sólo para un pequeño grupo exportador- y equilibrio con la naturaleza.
El TCP, el ALBA y otros planteamientos de integración pensados en el seno de la sociedad civil, como la propuesta de la Alianza Social Continental (ASC) defienden valores diferentes al ideario capitalista (que se resume en la competencia, la acumulación y el consumo) como ser la complementación, la cooperación, la solidaridad, la productividad, la prosperidad y el respeto a la soberanía de los países. El TCP enriquece el debate al habilitar una manera distinta de intercambio que se apoya fuertemente en el concepto indígena de reciprocidad entre los pueblos, y en la sustitución de la competencia por la complementariedad y la solidaridad.

El TCP entiende que el comercio y la inversión no son fines sino medios del desarrollo, y su objetivo no es la liberalización absoluta de los mercados sino beneficiar a los pequeños productores, microempresarios, cooperativas locales y empresas comunitarias.

Razones para oponerse al credo liberal del TLC

Según el credo neoliberal, la liberalización comercial asegura la mejor asignación de recursos de acuerdo a las “ventajas comparativas” de cada país, generando ingresos de exportación necesarios para importar otros bienes y servicios que garanticen mayor crecimiento económico. Esta religión asegura que la liberalización financiera atrae al capital extranjero hacia el país escaso de capital permitiéndole invertir más de lo que ahorra; y la inversión extranjera directa (IED) acelera el crecimiento no solo por la acumulación de capital sino también por la creación de lazos de oferta y demanda de productos en el mercado interno (“eslabonamientos virtuosos”) y la transferencia de tecnología. Se parte de la suposición de que a mayor liberalización comercial y a mayor peso de las exportaciones en el PIB corresponde un mayor crecimiento económico, más inversión física, mayor generación de empleos mejor remunerados y, por ende, elevación de niveles de bienestar social y reducción de la pobreza.

Pero esa es solo teoría, porque en la práctica la política neoliberal arroja resultados diferentes. Los países que se sometieron a este programa tuvieron una tasa media de crecimiento en el período 1990-2003 de 2,6% anual, inferior al crecimiento del PIB en el período de industrialización dirigido por el Estado entre 1960-1980 (5,5% anual). La distribución del ingreso y los índices de pobreza mejoraron considerablemente en los años setenta, antes de la imposición del “consenso”, pero empeoraron significativamente entre 1980 y 1990. [1]

Se prometió a Bolivia que la integración rápida a la economía mundial a través de la expansión de las exportaciones y el influjo del capital extranjero resolverían los problemas sociales, pero en la década de los 90 Bolivia se convirtió en uno de los cuatro países del continente en donde la desigualdad aumentó de forma más marcada y en donde el índice de Gini (un indicador que muestra las desigualdades sociales en cuanto a la concentración de la riqueza) registró un cambio promedio de más de un punto por año. [2]

El economista Paul Samuelson (The gains from international trade once again, 1962) demostró formalmente que si bien el libre comercio puede elevar la eficiencia en la asignación de recursos y maximizar el crecimiento económico y el bienestar en un conjunto de naciones, no necesariamente maximiza el crecimiento y el bienestar en cada uno de los países participantes; por el contrario, algunas naciones pueden empeorar su economía y su bienestar a causa del libre comercio. [3]

Con esos antecedentes, el TCP de Morales subordina el comercio al desarrollo y bienestar humanos en el entendido de que los objetivos de la política económica no pueden ser reducidos al incremento del PIB o a la liberalización comercial. La prioridad del nuevo modelo es la mejora de los niveles de vida (ingresos, educación, salud, agua, cultura), y un desarrollo sostenible, equitativo, igualitario y democrático, que permita la participación consciente de los ciudadanos en la toma de decisiones.

En resumen, el TCP es un modelo comercial que, en concierto con políticas de desarrollo productivo nacional y local, pretende resolver el problema de la distribución de la riqueza a favor de los más pobres y responder claramente a una pregunta central: ¿Al servicio de quién debe estar el comercio? Queda claro que el comercio no es la panacea para aliviar la pobreza en los países en desarrollo sino sólo un factor entre muchos que contribuyen al crecimiento económico. También es evidente que, tal y como está diseñado actualmente, el libre comercio no beneficia a todos los países por igual automáticamente y tampoco a todos los habitantes de una nación. [4]

A romper mitos

El TLC de Morales, que se complementa con el ALBA de Chávez, no busca trascender el capitalismo sino simplemente plantear un esquema comercial de corte nacionalista. Ambos proyectos parten del convencimiento de que los países desarrollados del Norte pregonan y fomentan el librecambio a las naciones más pobres, mientras continúan ejerciendo un control férreo e irrestricto de sus mercados internos. Las grandes potencias tienen doble moral: por un lado exigen a los países en vías de desarrollo renunciar al uso de las políticas públicas para impulsar sus aparatos productivos, mientras que por otro aplican ruinosos subsidios a favor de los suyos. Las subvenciones de los miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) ascienden a 350 mil millones de dólares anuales. Sólo en el caso del algodón, el proteccionismo implica no menos de 100 mil millones de dólares al año, el doble de lo que reciben los países del Sur como Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD). [5]
Además de los subsidios, los países ricos imponen obstáculos técnicos al comercio de los más pobres, es decir barreras arancelarias y no arancelarias a las exportaciones agrícolas de las naciones subdesarrolladas, muchas de las cuales dependen de pocos productos, en particular materias primas.

En realidad, ningún país del planeta aplica el libre comercio ni lo aplicó en el pasado como un mecanismo para desarrollarse. Los actuales abanderados del libre comercio fueron en algunas etapas de su desarrollo económico los adalides de políticas proteccionistas. En 1880, Estados Unidos contaba con el arancel medio más alto del mundo y no reconocía los derechos de propiedad intelectual extranjeros -todo lo contrario a lo que hoy recetan la OMC y el FMI a los países pobres- pero era uno de los países del mundo que crecía a mayor velocidad. Adam Smith recomendaba a los americanos dejar de proteger a sus industrias, pero el presidente Ulysses Grant (1868- 1876) tenía otros intereses: “Dentro de 200 años, cuando América haya obtenido del proteccionismo todo lo que pueda ofrecer, también adoptará el libre comercio”.

Los ricos hicieron exactamente lo contrario de lo que ahora recomiendan a los países en desarrollo. Todos utilizaron protección arancelaria y subsidios para desarrollar sus industrias y cuando lo lograron impusieron libre comercio a los más débiles. [6] Friedrich List, un economista alemán de mediados del siglo XIX, argumentaba que, de este modo, los países más desarrollados “derribaban la escalera” con la que habían subido a lo alto para evitar que los países más pobres tengan la oportunidad de desarrollarse. [7]

Una nueva visión de desarrollo

Si bien el TCP y el ALBA contienen elementos de una política desarrollista tradicional, es decir la industrialización como objetivo central del desarrollo, la propuesta boliviana intenta marcar distancias con el modelo de desarrollo occidental que se fundamenta en el consumo y que está destruyendo la naturaleza.

“Los tratados comerciales diseñados en el Norte facilitan el desarrollo y la expansión del sistema capitalista a escala global que se fundamenta en la explotación ilimitada de los recursos naturales y humanos en la búsqueda constante del beneficio y la acumulación individual de riqueza, una visión que inevitablemente deriva en la degradación del medioambiente. La contaminación y depredación con el solo fin de obtener beneficios pone en riesgo la vida de los grupos humanos que conviven más estrechamente con la naturaleza, es decir las comunidades indígenas”, evalúa el TCP.

El TCP pone en duda la sostenibilidad de la teoría del “crecimiento económico” y la cultura del derroche occidentales que miden el desarrollo económico de una nación según la capacidad de consumo de sus habitantes. Por ello plantea otra lógica de relacionamiento entre los seres humanos, es decir un modelo de convivencia distinto que no se asiente en la competencia y el afán de acumulación que aprovecha/explota al máximo la mano de obra y los recursos naturales. Rescatando las premisas de la cultura indígena, el TCP postula la complementariedad frente a la competencia; la convivencia con la naturaleza en contraposición con la explotación irracional de recursos; la defensa de la propiedad social frente a la privatización extrema; el fomento de la diversidad cultural frente a la monocultura y la uniformización del mercado que homogeneiza los patrones de consumo.

Bolivia se propone alcanzar una verdadera integración que trascienda los campos comercial y económico -cuya filosofía es alcanzar el desarrollo endógeno justo y sustentable en base a principios comunitarios- que tenga en cuenta las diferencias nacionales respecto a población, superficie, producción, acceso a infraestructura y recursos e historia, en la línea de las dos propuestas de integración más avanzadas en este sentido como son la ASC y el ALBA.

Notas

[1] Más allá del Consenso de Washington, José Antonio Ocampo; secretario general adjunto de asuntos económicos y sociales de la ONU. Otros estudios indican que el crecimiento del PIB per cápita durante el decenio 1981-1990 fue de 0.9% anual y de apenas 1.1% anual en el periodo 1991-2004. El crecimiento anual per cápita de Bolivia entre 1989 y 2000 fue del 1,67%.

[2] Pobreza, Desigualdad, y Liberalización Comercial y Financiera en América Latina; Jere R. Behrman, Nancy Birdsall y Miguel Székely, marzo de 2001.

[3] El premio Nobel Joseph Stiglitz observa que los países del este de Asia lograron una tasa media de crecimiento de su PIB per cápita de 6.1% anual en el decenio 1981-1990 y de 5.8% anual durante el periodo 1991-2004 porque cada uno rechazó los dogmas básicos del Consenso de Washington que postulaban un mínimo papel del gobierno y una rápida privatización y liberalización, y determinó su propio ritmo de inserción a la economía global. La crisis mexicana fue la primera alerta del fracaso de la liberalización dictada por el Consenso de Washington. Luego, la crisis asiática de 1997 confirmó que la liberalización de los flujos de capital es ciertamente nociva.

[4] Proyecciones del Banco Mundial presentadas en la cumbre ministerial de la OMC en Hong Kong indican que la liberalización comercial podría generar alrededor de 287 mil millones de dólares (un tercio del nivel calculado dos años atrás) de ganancias. En un escenario de liberalización total, los países en desarrollo recibirían 90 mil millones de dólares de ese total. El estudio añade que en un escenario de liberalización parcial, que es más realista, las ganancias globales ascenderían a 96 mil millones de dólares, de los cuales solo 16 mil millones irían a los países en desarrollo, es decir el 0,16% de PIB mundial. Esto es menos de un centavo diario per cápita para la gente que vive en los países en desarrollo. Sólo ocho países en desarrollo tendrían potencial para ganar con el libre comercio: Brasil, Argentina, China, India, Tailandia, Vietnam, México y Turquía. Un estudio de la ONG Carnegie estima que la liberalización comercial estimulará modestas ganancias, y por una sola vez, de entre 40 mil y 60 mil millones de dólares, lo que significa menos del 0,2% del PIB mundial. Los países pobres son los perdedores netos en todos los escenarios probables de la Ronda de Doha. El gran ganador es China (entre 0,8 y 1,2% del PIB) en diferentes escenarios.

Los costos del libre comercio: Muchas de las propuestas en agricultura, servicios, propiedad intelectual y comercio de bienes no agrícolas requieren reformas legales que implican un costo. El Banco Mundial calcula que el costo de poner en práctica los tratados de la OMC ascienden a 130 mil millones de dólares anuales en los países en desarrollo. Por otro lado, la remoción de aranceles implica una pérdida de 60 mil millones de dólares para los países en desarrollo, calcula la UNCTAD.

[5] Más ejemplos de proteccionismo: Estados Unidos aplica tarifas antidumping a los productores argentinos de miel; Brasil demandó a la potencia en la OMC por los 3.900 millones de dólares anuales de subsidios que paga a sus productores de algodón. Los subsidios agrícolas subirían a 31 mil millones de dólares hasta 2007. Washington aumentó entre 8% y 30 % los aranceles que gravan las importaciones de acero para dar un empujón a su industria en crisis. (Fuente)

[6] Gran Bretaña y EE.UU., los dos países que supuestamente han alcanzado la cumbre de la economía mundial a través del libre mercado y las políticas de libre comercio, son los que más agresivamente usaron el proteccionismo y los subsidios. Gran Bretaña fue pionera en la aplicación de políticas para promover sus industrias, especialmente la relacionada con las manufacturas de lana hasta el siglo XIV (tiempos de Eduardo III) y el siglo XV (tiempos de Enrique VII). Inglaterra era exportadora de lana cruda a los Países Bajos, y Enrique VII trató de cambiar esto protegiendo a los productores de textiles imponiendo aranceles a las exportaciones de lana cruda y atrapando trabajadores calificados de los Países Bajos. Entre la reforma de política comercial del primer ministro Robert Walpole, en 1721 y la adopción del libre comercio, alrededor de 1860, Gran Bretaña usó políticas industriales y de comercio “dirigidas”, incluyendo medidas muy similares a las que países como Japón o Corea han usado últimamente para proteger sus economías. De acuerdo a un estudio de Joseph Nye, el promedio de arancel de Francia fue significativamente más bajo que el británico durante la primera mitad del siglo XIX. Alemania, el otro país frecuentemente asociado con el intervensionismo estatal, tenía un arancel mucho más bajo que el británico de este periodo, aunque los Estados Alemanes tendían a usar otros medios de intervención económica más activamente.

Estados Unidos, supuesto campeón contemporáneo del libre comercio, fue mucho más proteccionista que los británicos hasta antes de la Segunda Guerra Mundial. Según el reconocido estudio de Paul Bairoch, entre la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue la economía más fuertemente protegida del mundo. La Guerra Civil Estadounidense fue en mucho la lucha sobre los aranceles más que sobre la esclavitud. De los dos mayores temas que dividieron al Norte del Sur, el Sur tenía mucho más temor sobre el frente de los aranceles que sobre el frente de la esclavitud. Abraham Lincoln fue un conocido proteccionista que se crió políticamente en el Partido Whig, bajo el carismático político Henry Clay que abogaba por el “Sistema Americano” (así nombrado por el reconocimiento de que el libre comercio significaban los intereses “británicos”) que fue fundamentado en el desarrollo de infraestructura y el proteccionismo. EE.UU. fue el hogar intelectual del proteccionismo hasta el siglo XIX. El economista Daniel Raymond fue el primero en desarrollar sistemáticamente el argumento sobre la “industria infanta” (infant industry) con el cual se justificaba la protección de las industrias manufactureras en las economías menos desarrolladas.

Casos como el de Alemania, Japón o Corea son también bien conocidos. Pero incluso países como Suecia, que posteriormente vino a representar para muchos economistas una “economía un poco abierta”, también usó estratégicamente aranceles, subsidios, carteles, apoyo estatal para la investigación y el desarrollo para el avance de sus industrias, especialmente los textiles, el acero y las ingenierías. Hay algunas excepciones como Holanda o Suiza que han mantenido el libre comercio desde finales del siglo XVII. Sin embargo, Holanda desplegó un impresionante rango de medidas intervensionistas hasta el siglo XVII con el fin de construir su supremacía marítima y comercial y abolió su Ley de Patentes en 1869 sobre la base de que las patentes eran una creación de monopolios incongruentes con sus principios de libre comercio; este país no reintrodujo una Ley de Patentes sino hasta 1912. Suiza no tuvo una ley de patentes hasta 1907, apuntando directamente contra el énfasis que la actual ortodoxia pone en la protección de los derechos de propiedad intelectual. (Kicking Away the Ladder- Development Strategy in Historical Perspective, Ha-Joon Chang ; Anthem Press, Londres 2002).

[7] “History Debunks Myth That Free Trade Is Best For All”, Ha-Joon Chang, profesor de la Universidad de Cambridge; Guardian Weekly del 27 de junio al 3 de julio de 2002.

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Judith Valencia

En abril de 2001 empezó un dilema, pharm al decirle no al ALCA qué proponer – El proceso constituyente iba diciendo por donde. La constitución / diciembre 99 y las leyes habilitantes / noviembre 2001 van trazando las grandes líneas, preñadas del pensamiento de Bolívar. Hugo Chávez – en diciembre de 2001 – pronuncia el ALBA como siglas de integración de los pueblos de América. Nuestra América, la de sus pobladores. Estos últimos 3 años el sentido inicial de las siglas ha ido tomando cuerpo. Hay quienes siguen hablando de alternativa, otros dicen que “no es en respuesta a” por tanto no es alternativa. Que el ALBA es el amanecer fecundo de las raíces de la identidad latinoamericana que retoñan. El debate ha puesto en entredicho la traducción original: Alternativa Bolivariana para América, sumándole próceres, discutiendo América. Son variadas las versiones como es todo en tiempos de convulsión social. Todas las versiones comparten el ALBA como amanecer, alborada, esperanza consentida, sentida y con sentido.
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Redacción Bolpress – Morales invita a Chávez a discutir el ALBA en la capital de las luchas contra el neoliberalismo: el Chapare

En la reciente minicumbre de Asunción, los presidentes de los países más pequeños y menos desarrollados de Sudamérica, Bolivia, Paraguay y Uruguay, acordaron con la primera potencia energética del continente, Venezuela, trabajar hasta fin de año en el proyecto “cono energético del sur”, emprendimiento que sería parte del megaproyecto venezolano Gas Sudamericano. En la ocasión, por primera vez el presidente Evo Morales fue explícito al respaldar la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) propuesta por el presidente Hugo Chávez.

En reunión con los presidentes Nicanor Duarte, Tabaré Vásquez y Hugo Chávez, Morales planteó avanzar en una estrategia de desarrollo sustentada en el bienestar de los pueblos, hasta el momento olvidados. “El ALBA derrotó al ALCA y en Bolivia planteamos que el TCP derrote al TLC” declaró e invitó a su colega Chávez a discutir el ALBA en el Chapare, la combativa zona productora de coca que resistió eficientemente a las políticas neoliberales. Duarte coincidió con Morales en impulsar una integración que no se limite al ámbito económico-comercial sino que trascienda hasta el plano cultural y otros de interés humano.

La propuesta boliviana

Hay que entender al Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) propuesto por el gobierno de Bolivia como una respuesta natural al agotamiento del modelo económico aplicado en las últimas dos décadas que se fundamenta en la desregulación, la privatización y sobre todo en la apertura indiscriminada de los mercados como única herramienta eficaz en la carrera hacia el desarrollo.

La experiencia acumulada en las últimas dos décadas -dos severas crisis financieras internacionales de por medio y decenas de conflictos nacionales que amenazan con desestabilizar la democracia en varios países- obliga a cambiar la lógica de las relaciones internacionales y a descentralizar la toma de decisiones. Ya no es aceptable ni eficiente que un reducido grupo de naciones poderosas nieguen a los países rezagados el derecho a diseñar sus propios modelos de desarrollo en función a sus necesidades internas. Ya no se puede aceptar que las potencias dicten una política económica mundial que no solucionará los problemas del desarrollo, como lo demuestran diversos estudios, incluidos los del Banco Mundial, razona el gobierno de Morales.

Desde ese punto de vista, el TPC de Bolivia y el ALBA venezolano son intentos de replantear la política de relacionamiento con el exterior incorporando objetivos ausentes en los actuales programas de integración económica propuestos por los países del Norte, como son alcanzar la Meta del Milenio, es decir la reducción efectiva de la pobreza, y sobre todo preservar a las comunidades indígenas de la homogeneización cultural promovida por los acuerdos de libre comercio liberales.

El documento oficial del TCP difundido hace poco indica que el gobierno boliviano busca equidad y complementariedad entre los países, equilibrio entre los ciudadanos -no está pensado sólo para un pequeño grupo exportador- y equilibrio con la naturaleza.
El TCP, el ALBA y otros planteamientos de integración pensados en el seno de la sociedad civil, como la propuesta de la Alianza Social Continental (ASC) defienden valores diferentes al ideario capitalista (que se resume en la competencia, la acumulación y el consumo) como ser la complementación, la cooperación, la solidaridad, la productividad, la prosperidad y el respeto a la soberanía de los países. El TCP enriquece el debate al habilitar una manera distinta de intercambio que se apoya fuertemente en el concepto indígena de reciprocidad entre los pueblos, y en la sustitución de la competencia por la complementariedad y la solidaridad.

El TCP entiende que el comercio y la inversión no son fines sino medios del desarrollo, y su objetivo no es la liberalización absoluta de los mercados sino beneficiar a los pequeños productores, microempresarios, cooperativas locales y empresas comunitarias.

Razones para oponerse al credo liberal del TLC

Según el credo neoliberal, la liberalización comercial asegura la mejor asignación de recursos de acuerdo a las “ventajas comparativas” de cada país, generando ingresos de exportación necesarios para importar otros bienes y servicios que garanticen mayor crecimiento económico. Esta religión asegura que la liberalización financiera atrae al capital extranjero hacia el país escaso de capital permitiéndole invertir más de lo que ahorra; y la inversión extranjera directa (IED) acelera el crecimiento no solo por la acumulación de capital sino también por la creación de lazos de oferta y demanda de productos en el mercado interno (“eslabonamientos virtuosos”) y la transferencia de tecnología. Se parte de la suposición de que a mayor liberalización comercial y a mayor peso de las exportaciones en el PIB corresponde un mayor crecimiento económico, más inversión física, mayor generación de empleos mejor remunerados y, por ende, elevación de niveles de bienestar social y reducción de la pobreza.

Pero esa es solo teoría, porque en la práctica la política neoliberal arroja resultados diferentes. Los países que se sometieron a este programa tuvieron una tasa media de crecimiento en el período 1990-2003 de 2,6% anual, inferior al crecimiento del PIB en el período de industrialización dirigido por el Estado entre 1960-1980 (5,5% anual). La distribución del ingreso y los índices de pobreza mejoraron considerablemente en los años setenta, antes de la imposición del “consenso”, pero empeoraron significativamente entre 1980 y 1990. [1]

Se prometió a Bolivia que la integración rápida a la economía mundial a través de la expansión de las exportaciones y el influjo del capital extranjero resolverían los problemas sociales, pero en la década de los 90 Bolivia se convirtió en uno de los cuatro países del continente en donde la desigualdad aumentó de forma más marcada y en donde el índice de Gini (un indicador que muestra las desigualdades sociales en cuanto a la concentración de la riqueza) registró un cambio promedio de más de un punto por año. [2]

El economista Paul Samuelson (The gains from international trade once again, 1962) demostró formalmente que si bien el libre comercio puede elevar la eficiencia en la asignación de recursos y maximizar el crecimiento económico y el bienestar en un conjunto de naciones, no necesariamente maximiza el crecimiento y el bienestar en cada uno de los países participantes; por el contrario, algunas naciones pueden empeorar su economía y su bienestar a causa del libre comercio. [3]

Con esos antecedentes, el TCP de Morales subordina el comercio al desarrollo y bienestar humanos en el entendido de que los objetivos de la política económica no pueden ser reducidos al incremento del PIB o a la liberalización comercial. La prioridad del nuevo modelo es la mejora de los niveles de vida (ingresos, educación, salud, agua, cultura), y un desarrollo sostenible, equitativo, igualitario y democrático, que permita la participación consciente de los ciudadanos en la toma de decisiones.

En resumen, el TCP es un modelo comercial que, en concierto con políticas de desarrollo productivo nacional y local, pretende resolver el problema de la distribución de la riqueza a favor de los más pobres y responder claramente a una pregunta central: ¿Al servicio de quién debe estar el comercio? Queda claro que el comercio no es la panacea para aliviar la pobreza en los países en desarrollo sino sólo un factor entre muchos que contribuyen al crecimiento económico. También es evidente que, tal y como está diseñado actualmente, el libre comercio no beneficia a todos los países por igual automáticamente y tampoco a todos los habitantes de una nación. [4]

A romper mitos

El TLC de Morales, que se complementa con el ALBA de Chávez, no busca trascender el capitalismo sino simplemente plantear un esquema comercial de corte nacionalista. Ambos proyectos parten del convencimiento de que los países desarrollados del Norte pregonan y fomentan el librecambio a las naciones más pobres, mientras continúan ejerciendo un control férreo e irrestricto de sus mercados internos. Las grandes potencias tienen doble moral: por un lado exigen a los países en vías de desarrollo renunciar al uso de las políticas públicas para impulsar sus aparatos productivos, mientras que por otro aplican ruinosos subsidios a favor de los suyos. Las subvenciones de los miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) ascienden a 350 mil millones de dólares anuales. Sólo en el caso del algodón, el proteccionismo implica no menos de 100 mil millones de dólares al año, el doble de lo que reciben los países del Sur como Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD). [5]
Además de los subsidios, los países ricos imponen obstáculos técnicos al comercio de los más pobres, es decir barreras arancelarias y no arancelarias a las exportaciones agrícolas de las naciones subdesarrolladas, muchas de las cuales dependen de pocos productos, en particular materias primas.

En realidad, ningún país del planeta aplica el libre comercio ni lo aplicó en el pasado como un mecanismo para desarrollarse. Los actuales abanderados del libre comercio fueron en algunas etapas de su desarrollo económico los adalides de políticas proteccionistas. En 1880, Estados Unidos contaba con el arancel medio más alto del mundo y no reconocía los derechos de propiedad intelectual extranjeros -todo lo contrario a lo que hoy recetan la OMC y el FMI a los países pobres- pero era uno de los países del mundo que crecía a mayor velocidad. Adam Smith recomendaba a los americanos dejar de proteger a sus industrias, pero el presidente Ulysses Grant (1868- 1876) tenía otros intereses: “Dentro de 200 años, cuando América haya obtenido del proteccionismo todo lo que pueda ofrecer, también adoptará el libre comercio”.

Los ricos hicieron exactamente lo contrario de lo que ahora recomiendan a los países en desarrollo. Todos utilizaron protección arancelaria y subsidios para desarrollar sus industrias y cuando lo lograron impusieron libre comercio a los más débiles. [6] Friedrich List, un economista alemán de mediados del siglo XIX, argumentaba que, de este modo, los países más desarrollados “derribaban la escalera” con la que habían subido a lo alto para evitar que los países más pobres tengan la oportunidad de desarrollarse. [7]

Una nueva visión de desarrollo

Si bien el TCP y el ALBA contienen elementos de una política desarrollista tradicional, es decir la industrialización como objetivo central del desarrollo, la propuesta boliviana intenta marcar distancias con el modelo de desarrollo occidental que se fundamenta en el consumo y que está destruyendo la naturaleza.

“Los tratados comerciales diseñados en el Norte facilitan el desarrollo y la expansión del sistema capitalista a escala global que se fundamenta en la explotación ilimitada de los recursos naturales y humanos en la búsqueda constante del beneficio y la acumulación individual de riqueza, una visión que inevitablemente deriva en la degradación del medioambiente. La contaminación y depredación con el solo fin de obtener beneficios pone en riesgo la vida de los grupos humanos que conviven más estrechamente con la naturaleza, es decir las comunidades indígenas”, evalúa el TCP.

El TCP pone en duda la sostenibilidad de la teoría del “crecimiento económico” y la cultura del derroche occidentales que miden el desarrollo económico de una nación según la capacidad de consumo de sus habitantes. Por ello plantea otra lógica de relacionamiento entre los seres humanos, es decir un modelo de convivencia distinto que no se asiente en la competencia y el afán de acumulación que aprovecha/explota al máximo la mano de obra y los recursos naturales. Rescatando las premisas de la cultura indígena, el TCP postula la complementariedad frente a la competencia; la convivencia con la naturaleza en contraposición con la explotación irracional de recursos; la defensa de la propiedad social frente a la privatización extrema; el fomento de la diversidad cultural frente a la monocultura y la uniformización del mercado que homogeneiza los patrones de consumo.

Bolivia se propone alcanzar una verdadera integración que trascienda los campos comercial y económico -cuya filosofía es alcanzar el desarrollo endógeno justo y sustentable en base a principios comunitarios- que tenga en cuenta las diferencias nacionales respecto a población, superficie, producción, acceso a infraestructura y recursos e historia, en la línea de las dos propuestas de integración más avanzadas en este sentido como son la ASC y el ALBA.

Notas

[1] Más allá del Consenso de Washington, José Antonio Ocampo; secretario general adjunto de asuntos económicos y sociales de la ONU. Otros estudios indican que el crecimiento del PIB per cápita durante el decenio 1981-1990 fue de 0.9% anual y de apenas 1.1% anual en el periodo 1991-2004. El crecimiento anual per cápita de Bolivia entre 1989 y 2000 fue del 1,67%.

[2] Pobreza, Desigualdad, y Liberalización Comercial y Financiera en América Latina; Jere R. Behrman, Nancy Birdsall y Miguel Székely, marzo de 2001.

[3] El premio Nobel Joseph Stiglitz observa que los países del este de Asia lograron una tasa media de crecimiento de su PIB per cápita de 6.1% anual en el decenio 1981-1990 y de 5.8% anual durante el periodo 1991-2004 porque cada uno rechazó los dogmas básicos del Consenso de Washington que postulaban un mínimo papel del gobierno y una rápida privatización y liberalización, y determinó su propio ritmo de inserción a la economía global. La crisis mexicana fue la primera alerta del fracaso de la liberalización dictada por el Consenso de Washington. Luego, la crisis asiática de 1997 confirmó que la liberalización de los flujos de capital es ciertamente nociva.

[4] Proyecciones del Banco Mundial presentadas en la cumbre ministerial de la OMC en Hong Kong indican que la liberalización comercial podría generar alrededor de 287 mil millones de dólares (un tercio del nivel calculado dos años atrás) de ganancias. En un escenario de liberalización total, los países en desarrollo recibirían 90 mil millones de dólares de ese total. El estudio añade que en un escenario de liberalización parcial, que es más realista, las ganancias globales ascenderían a 96 mil millones de dólares, de los cuales solo 16 mil millones irían a los países en desarrollo, es decir el 0,16% de PIB mundial. Esto es menos de un centavo diario per cápita para la gente que vive en los países en desarrollo. Sólo ocho países en desarrollo tendrían potencial para ganar con el libre comercio: Brasil, Argentina, China, India, Tailandia, Vietnam, México y Turquía. Un estudio de la ONG Carnegie estima que la liberalización comercial estimulará modestas ganancias, y por una sola vez, de entre 40 mil y 60 mil millones de dólares, lo que significa menos del 0,2% del PIB mundial. Los países pobres son los perdedores netos en todos los escenarios probables de la Ronda de Doha. El gran ganador es China (entre 0,8 y 1,2% del PIB) en diferentes escenarios.

Los costos del libre comercio: Muchas de las propuestas en agricultura, servicios, propiedad intelectual y comercio de bienes no agrícolas requieren reformas legales que implican un costo. El Banco Mundial calcula que el costo de poner en práctica los tratados de la OMC ascienden a 130 mil millones de dólares anuales en los países en desarrollo. Por otro lado, la remoción de aranceles implica una pérdida de 60 mil millones de dólares para los países en desarrollo, calcula la UNCTAD.

[5] Más ejemplos de proteccionismo: Estados Unidos aplica tarifas antidumping a los productores argentinos de miel; Brasil demandó a la potencia en la OMC por los 3.900 millones de dólares anuales de subsidios que paga a sus productores de algodón. Los subsidios agrícolas subirían a 31 mil millones de dólares hasta 2007. Washington aumentó entre 8% y 30 % los aranceles que gravan las importaciones de acero para dar un empujón a su industria en crisis. (Fuente)

[6] Gran Bretaña y EE.UU., los dos países que supuestamente han alcanzado la cumbre de la economía mundial a través del libre mercado y las políticas de libre comercio, son los que más agresivamente usaron el proteccionismo y los subsidios. Gran Bretaña fue pionera en la aplicación de políticas para promover sus industrias, especialmente la relacionada con las manufacturas de lana hasta el siglo XIV (tiempos de Eduardo III) y el siglo XV (tiempos de Enrique VII). Inglaterra era exportadora de lana cruda a los Países Bajos, y Enrique VII trató de cambiar esto protegiendo a los productores de textiles imponiendo aranceles a las exportaciones de lana cruda y atrapando trabajadores calificados de los Países Bajos. Entre la reforma de política comercial del primer ministro Robert Walpole, en 1721 y la adopción del libre comercio, alrededor de 1860, Gran Bretaña usó políticas industriales y de comercio “dirigidas”, incluyendo medidas muy similares a las que países como Japón o Corea han usado últimamente para proteger sus economías. De acuerdo a un estudio de Joseph Nye, el promedio de arancel de Francia fue significativamente más bajo que el británico durante la primera mitad del siglo XIX. Alemania, el otro país frecuentemente asociado con el intervensionismo estatal, tenía un arancel mucho más bajo que el británico de este periodo, aunque los Estados Alemanes tendían a usar otros medios de intervención económica más activamente.

Estados Unidos, supuesto campeón contemporáneo del libre comercio, fue mucho más proteccionista que los británicos hasta antes de la Segunda Guerra Mundial. Según el reconocido estudio de Paul Bairoch, entre la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue la economía más fuertemente protegida del mundo. La Guerra Civil Estadounidense fue en mucho la lucha sobre los aranceles más que sobre la esclavitud. De los dos mayores temas que dividieron al Norte del Sur, el Sur tenía mucho más temor sobre el frente de los aranceles que sobre el frente de la esclavitud. Abraham Lincoln fue un conocido proteccionista que se crió políticamente en el Partido Whig, bajo el carismático político Henry Clay que abogaba por el “Sistema Americano” (así nombrado por el reconocimiento de que el libre comercio significaban los intereses “británicos”) que fue fundamentado en el desarrollo de infraestructura y el proteccionismo. EE.UU. fue el hogar intelectual del proteccionismo hasta el siglo XIX. El economista Daniel Raymond fue el primero en desarrollar sistemáticamente el argumento sobre la “industria infanta” (infant industry) con el cual se justificaba la protección de las industrias manufactureras en las economías menos desarrolladas.

Casos como el de Alemania, Japón o Corea son también bien conocidos. Pero incluso países como Suecia, que posteriormente vino a representar para muchos economistas una “economía un poco abierta”, también usó estratégicamente aranceles, subsidios, carteles, apoyo estatal para la investigación y el desarrollo para el avance de sus industrias, especialmente los textiles, el acero y las ingenierías. Hay algunas excepciones como Holanda o Suiza que han mantenido el libre comercio desde finales del siglo XVII. Sin embargo, Holanda desplegó un impresionante rango de medidas intervensionistas hasta el siglo XVII con el fin de construir su supremacía marítima y comercial y abolió su Ley de Patentes en 1869 sobre la base de que las patentes eran una creación de monopolios incongruentes con sus principios de libre comercio; este país no reintrodujo una Ley de Patentes sino hasta 1912. Suiza no tuvo una ley de patentes hasta 1907, apuntando directamente contra el énfasis que la actual ortodoxia pone en la protección de los derechos de propiedad intelectual. (Kicking Away the Ladder- Development Strategy in Historical Perspective, Ha-Joon Chang ; Anthem Press, Londres 2002).

[7] “History Debunks Myth That Free Trade Is Best For All”, Ha-Joon Chang, profesor de la Universidad de Cambridge; Guardian Weekly del 27 de junio al 3 de julio de 2002.

Bollpress

Rodrigo Javier Garrón Bozo

El Presidente de la República Evo Morales Ayma ha declarado que no negociará ni participará de ningún TLC con EEUU, asimismo, ha indicado que gestionará la firma de un Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP).

Los Tratados de Libre Comercio no son nada más ni nada menos que un Tratado Internacional que establece el libre comercio entre los empresarios de dos o más Estados, esto no significa que se tenga carta abierta para exportar cualquier producto, sino que, por el contrario, en cada Tratado se deberá negociar los productos a exportarse, normas aplicables, formas de resolución de conflictos, etc., esto significa además que, se podrían incluir por supuesto a los pequeños y medianos comerciantes, agricultores, etc., todo ello dependerá de las negociaciones que realice el Gobierno con el Estado contraparte.

En cambio, aún no queda clara la figura de un TCP, es decir, debido a la escueta declaración del Presidente, no se sabe si este será un Tratado que mantendrá la misma figura que un TLC solo que con otro nombre, o si por el contrario, establecerá una nueva figura internacional mediante la cual, a partir de la firma de la misma, los ciudadanos o comerciantes sin empresa (individuales) podrán exportar de forma competitiva en el mercado internacional. Esto sugiere algunas interrogantes, ¿los pequeños productores estarán en la capacidad de alcanzar las normas de calidad y los volúmenes de exportación requeridos?, ¿El Estado subvencionará los mismos?, ¿quien correrá con los costos de los Transportes?, es necesario recordar que inclusive los grandes exportadores bolivianos, por ejemplo de la soya, se encuentran subsidiados de forma indirecta a través del Diesel, y aún así, sus productos no son competitivos a nivel mundial, de hecho, resultan ser mucho más caros que los de la competencia, esto quedó demostrado en los últimos días a raíz de conflicto a consecuencia de la firma del TLC de Colombia con EEUU.

Si el Estado bolivianos empezará a subsidiar a los pequeños productores para que estos puedan exportar, no tardará quien demande al Estado por una violación al Derecho de la Competencia Comunitaria (CAN) e internacional OMC. Claramente, estaríamos emulando la reprochable conducta de los EEUU y de la UE que tanto malestar ocasiona en el mundo entero. Si el Estado no subvencionara a los productores, indefectiblemente estos tendrían que agruparse para satisfacer la demanda internacional (nadie medianamente serio creerá válida la posibilidad de que un pequeño artesano pueda vender sus productos de forma competitiva al mercado –por ejemplo- del Brasil). En este caso, volveríamos a caer en el análisis realizado para el TLC, es decir que, al ser una agrupación privada de artesanos, productores, comerciantes, etc., esta agrupación velará por los intereses de sus miembros, tal cual como ocurre con cualquier empresa al momento de negociar la firma de un TLC, con lo cual no se habría cambiado nada. Asimismo, bajo la figura del TCP se impedirá a los grandes exportadores realizar operaciones amparados en dicho Tratado?, si fuese así estaríamos ante un grave problema social, jurídico y económico, que podría definirse como un sistema discriminatorio por razón de ingreso, y si se permitiera realizar operaciones, entonces estaríamos ante un TLC sólo que con otro nombre.

Si la agrupación de pequeños comerciantes, productores, etc., fuera organizada por los Municipios, Prefecturas o el propio Estado, estaríamos ante un problema un tanto más complicado, pues quienes realmente exportarían serían estas entidades públicas y no así los artesanos, cuya labor terminaría al entregar sus productos a estas entidades, además que no tardará quien acuse al Estado Boliviano de violar las normas de Competencia Internacional Comunitaria (CAN) y las de la OMC, o no?.

Rodrigo Javier Garrón Bozo
El Presidente de la República Evo Morales Ayma ha declarado que no negociará ni participará de ningún TLC con EEUU, remedy asimismo, try ha indicado que gestionará la firma de un Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP).
Los Tratados de Libre Comercio no son nada más ni nada menos que un Tratado Internacional que establece el libre comercio entre los empresarios de dos o más Estados, esto no significa que se tenga carta abierta para exportar cualquier producto, sino que, por el contrario, en cada Tratado se deberá negociar los productos a exportarse, normas aplicables, formas de resolución de conflictos, etc., esto significa además que, se podrían incluir por supuesto a los pequeños y medianos comerciantes, agricultores, etc., todo ello dependerá de las negociaciones que realice el Gobierno con el Estado contraparte.
En cambio, aún no queda clara la figura de un TCP, es decir, debido a la escueta declaración del Presidente, no se sabe si este será un Tratado que mantendrá la misma figura que un TLC solo que con otro nombre, o si por el contrario, establecerá una nueva figura internacional mediante la cual, a partir de la firma de la misma, los ciudadanos o comerciantes sin empresa (individuales) podrán exportar de forma competitiva en el mercado internacional. Esto sugiere algunas interrogantes, ¿los pequeños productores estarán en la capacidad de alcanzar las normas de calidad y los volúmenes de exportación requeridos?, ¿El Estado subvencionará los mismos?, ¿quien correrá con los costos de los Transportes?, es necesario recordar que inclusive los grandes exportadores bolivianos, por ejemplo de la soya, se encuentran subsidiados de forma indirecta a través del Diesel, y aún así, sus productos no son competitivos a nivel mundial, de hecho, resultan ser mucho más caros que los de la competencia, esto quedó demostrado en los últimos días a raíz de conflicto a consecuencia de la firma del TLC de Colombia con EEUU.
Si el Estado bolivianos empezará a subsidiar a los pequeños productores para que estos puedan exportar, no tardará quien demande al Estado por una violación al Derecho de la Competencia Comunitaria (CAN) e internacional OMC. Claramente, estaríamos emulando la reprochable conducta de los EEUU y de la UE que tanto malestar ocasiona en el mundo entero. Si el Estado no subvencionara a los productores, indefectiblemente estos tendrían que agruparse para satisfacer la demanda internacional (nadie medianamente serio creerá válida la posibilidad de que un pequeño artesano pueda vender sus productos de forma competitiva al mercado –por ejemplo- del Brasil). En este caso, volveríamos a caer en el análisis realizado para el TLC, es decir que, al ser una agrupación privada de artesanos, productores, comerciantes, etc., esta agrupación velará por los intereses de sus miembros, tal cual como ocurre con cualquier empresa al momento de negociar la firma de un TLC, con lo cual no se habría cambiado nada. Asimismo, bajo la figura del TCP se impedirá a los grandes exportadores realizar operaciones amparados en dicho Tratado?, si fuese así estaríamos ante un grave problema social, jurídico y económico, que podría definirse como un sistema discriminatorio por razón de ingreso, y si se permitiera realizar operaciones, entonces estaríamos ante un TLC sólo que con otro nombre.
Si la agrupación de pequeños comerciantes, productores, etc., fuera organizada por los Municipios, Prefecturas o el propio Estado, estaríamos ante un problema un tanto más complicado, pues quienes realmente exportarían serían estas entidades públicas y no así los artesanos, cuya labor terminaría al entregar sus productos a estas entidades, además que no tardará quien acuse al Estado Boliviano de violar las normas de Competencia Internacional Comunitaria (CAN) y las de la OMC, o no?.

Rodrigo Javier Garrón Bozo

El Presidente de la República Evo Morales Ayma ha declarado que no negociará ni participará de ningún TLC con EEUU, prescription asimismo, ha indicado que gestionará la firma de un Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP).

Los Tratados de Libre Comercio no son nada más ni nada menos que un Tratado Internacional que establece el libre comercio entre los empresarios de dos o más Estados, esto no significa que se tenga carta abierta para exportar cualquier producto, sino que, por el contrario, en cada Tratado se deberá negociar los productos a exportarse, normas aplicables, formas de resolución de conflictos, etc., esto significa además que, se podrían incluir por supuesto a los pequeños y medianos comerciantes, agricultores, etc., todo ello dependerá de las negociaciones que realice el Gobierno con el Estado contraparte.

En cambio, aún no queda clara la figura de un TCP, es decir, debido a la escueta declaración del Presidente, no se sabe si este será un Tratado que mantendrá la misma figura que un TLC solo que con otro nombre, o si por el contrario, establecerá una nueva figura internacional mediante la cual, a partir de la firma de la misma, los ciudadanos o comerciantes sin empresa (individuales) podrán exportar de forma competitiva en el mercado internacional. Esto sugiere algunas interrogantes, ¿los pequeños productores estarán en la capacidad de alcanzar las normas de calidad y los volúmenes de exportación requeridos?, ¿El Estado subvencionará los mismos?, ¿quien correrá con los costos de los Transportes?, es necesario recordar que inclusive los grandes exportadores bolivianos, por ejemplo de la soya, se encuentran subsidiados de forma indirecta a través del Diesel, y aún así, sus productos no son competitivos a nivel mundial, de hecho, resultan ser mucho más caros que los de la competencia, esto quedó demostrado en los últimos días a raíz de conflicto a consecuencia de la firma del TLC de Colombia con EEUU.

Si el Estado bolivianos empezará a subsidiar a los pequeños productores para que estos puedan exportar, no tardará quien demande al Estado por una violación al Derecho de la Competencia Comunitaria (CAN) e internacional OMC. Claramente, estaríamos emulando la reprochable conducta de los EEUU y de la UE que tanto malestar ocasiona en el mundo entero. Si el Estado no subvencionara a los productores, indefectiblemente estos tendrían que agruparse para satisfacer la demanda internacional (nadie medianamente serio creerá válida la posibilidad de que un pequeño artesano pueda vender sus productos de forma competitiva al mercado –por ejemplo- del Brasil). En este caso, volveríamos a caer en el análisis realizado para el TLC, es decir que, al ser una agrupación privada de artesanos, productores, comerciantes, etc., esta agrupación velará por los intereses de sus miembros, tal cual como ocurre con cualquier empresa al momento de negociar la firma de un TLC, con lo cual no se habría cambiado nada. Asimismo, bajo la figura del TCP se impedirá a los grandes exportadores realizar operaciones amparados en dicho Tratado?, si fuese así estaríamos ante un grave problema social, jurídico y económico, que podría definirse como un sistema discriminatorio por razón de ingreso, y si se permitiera realizar operaciones, entonces estaríamos ante un TLC sólo que con otro nombre.

Si la agrupación de pequeños comerciantes, productores, etc., fuera organizada por los Municipios, Prefecturas o el propio Estado, estaríamos ante un problema un tanto más complicado, pues quienes realmente exportarían serían estas entidades públicas y no así los artesanos, cuya labor terminaría al entregar sus productos a estas entidades, además que no tardará quien acuse al Estado Boliviano de violar las normas de Competencia Internacional Comunitaria (CAN) y las de la OMC, o no?.

Manuel Alberto RamyProgreso Weekly

There are some human, social and political events that go beyond the necessary, patient temporary conventions. They are not left behind after the last stroke of the midnight bell on Dec. 31; because of their importance, there they refuse to become the past, to become dead events. Furthermore, they burst into the new calendar with vigor, displaying their various facets. One of those events is the series of accords reached between the Bolivarian Republic of Venezuela and the Republic of Cuba.
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Foro Social Mundial: América, del ALCA al ALBA

Gustavo González

SANTIAGO, ene (IPS) La quinta versión del Foro Social Mundial, visit a realizarse a fin de mes en Brasil, tendrá lugar en un contexto sugerente de nuevas propuestas de integración de América Latina, con el trasfondo de evidente fracaso en la creación del ALCA y del balbuciente despegue de la Comunidad Sudamericana de Naciones.

A medio camino en la primera década del nuevo milenio, el fervor comercial que acompañó la despedida del siglo XX parece moderarse en las agendas de los gobiernos, más interesados hoy en tratados bilaterales y en la búsqueda del gran acuerdo de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que en pactos de alcance regional.

Los movimientos sociales, que tienen su cita cumbre del 26 al 31 de este mes en la meridional ciudad brasileña de Porto Alegre, denunciaron desde los primeros foros al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), como el más depurado proyecto de imposición a nivel continental de un modelo globalizador regido por el neoliberalismo.

El ALCA fue concebida a comienzos de los años 90 como un megatratado de libre comercio, “desde Alaska hasta el Cabo de Hornos”, convocando a los 34 países miembros activos de la Organización de Estados Americanos, es decir todos los del continente con la sola exclusión de Cuba, suspendida de ese foro desde 1962.

En la actualidad es un hecho que el cronograma del ALCA, que preveía la ratificación de este gran tratado durante 2005 para su inmediata puesta en marcha, no sólo está atrasado sino diluido, toda vez que diferentes foros continentales el año pasado mostraron la inviabilidad de un consenso para un acuerdo vinculante.

El economista chileno Hugo Fazio, director del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda), señaló a IPS que la negociación del ALCA ha confrontado sobre todo a Brasil, como cabeza del Mercado Común del Sur (Mercosur), con Estados Unidos.

El Mercosur, creado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, tiene ya como asociados externos a otros seis países de América del Sur, todos los de esta región excepto Surinam y Guyana.

La resistencia de Washington a aceptar el libre comercio en los productos agropecuarios y su negativa a negociar medidas antidumping (contra la competencia desleal de precios) en el ALCA, bajo el argumento de que este asunto estará en el gran acuerdo de la OMC, están entre los mayores puntos de fricción con Brasil, recordó Fazio.

Como ya se señaló en el Foro Social Américas, celebrado en julio de 2004 en Quito, el gobierno estadounidense de George W. Bush está dando prioridad en este escenario a los acuerdos bilaterales de comercio, entre los cuales se incluye el tratado con Chile, que cumplió el 1 de enero de 2005 su primer año de vigencia.

Washington negocia igualmente tratados con cuatro de los cinco miembros de la Comunidad Andina de Naciones, es decir Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú, dejando a un lado a Venezuela por sus diferencias con el presidente Hugo Chávez, y con los países del Mercado Común Centroamericano.

“En este contexto, más que nunca pasa a ser necesaria una concepción colectiva de los países latinoamericanos sobre la concepción regional, que hasta ahora no existe”, según Fazio, quien fue vicepresidente del Banco Central de Chile en el gobierno de Salvador Allende (1970-1973).

“El Mercosur, el proceso de integración latinoamericano más importante, si bien ha aumentado el número de países asociados, abarcando al conjunto de naciones de América del Sur, no cumple ese papel”, estimó el director del Cenda.

Chile y Bolivia se asociaron al Mercosur en 1996, y entre 2003 y 2004 hicieron otro tanto Venezuela, Perú, Colombia y Ecuador. Estos tres últimos, a la vez, negocian tratados de libre comercio con Estados Unidos.

“El Mercosur necesita un viraje. No es suficiente el papel positivo desempeñado contra los propósitos de establecer un ALCA en el esquema de la Casa Blanca. Requiere encontrar sus propias líneas de desarrollo”, subrayó el director del Cenda.

Un desafío similar está planteado para la Comunidad Sudamericana de Naciones, que tuvo su acta de nacimiento oficial en la cumbre celebrada en diciembre último en Cuzco, Perú. La expresión económica de este nuevo bloque “debiera ser la acción común entre el Mercosur y sus países asociados”, sentenció Fazio.

Manuel Hidalgo, un economista vinculado a la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y la Acción Ciudadana (Attac), señaló que “América Latina es un territorio en disputa”.

Una de las tareas, según Hidalgo, es “concretar un espacio político sudamericano al margen de la OEA y de la injerencia imperial de los Estados Unidos”.

En esta línea, agregó, deberían confluir “las dos tendencias que han venido confrontando la política imperial en la región: por un lado, la tendencia bolivariana, levantada por Venezuela y apoyada por numerosos movimientos sociales y políticos de la región, y (por otro) la tendencia ‘neodesarrollista’, representada por los gobiernos de Brasil y Argentina”.

A fines de diciembre, el presidente Chávez y su par cubano, Fidel Castro, pusieron la firma en La Habana a una nueva propuesta de integración regional, la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).

El ALBA, que se presenta como la antítesis del ALCA, fue propuesta originalmente por Chávez en 2001 en la isla venezolana de Margarita en una reunión de la Asociación de Estados del Caribe, pero su lanzamiento oficial demoró cuatro años, postergado entre otros factores por la crisis política interna de Venezuela.

Este nuevo proyecto, que pretende rescatar los orígenes de la integración latinoamericana bajo la inspiración del prócer Simón Bolívar, no parece conmover a los gobiernos, pero sin duda resultará atractivo para diversas expresiones de la sociedad civil latinoamericana que se darán cita en Porto Alegre.

Los organizadores del Foro Social Mundial, de retorno a Porto Alegre luego de la incursión de la cuarta edición por la occidental ciudad india de Mumbai, apuntan a situar el tema de la integración más allá de la visión exclusivamente económica o comercial, para darle una proyección más integral en el rechazo al modelo globalizador neoliberal.

“Existe la esperanza, existe la posibilidad de cambio, pero tenemos que unir nuestras ganas y fuerzas en toda América Latina y en el mundo”, dijo el activista argentino Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz.

Para María Luiza Mendonça, de la Red Social de Justicia y Paz, la promoción y defensa de los derechos humanos está cada vez más ligada a la confrontación de las políticas macroeconómicas y a asuntos como la deuda de los países y la propiedad intelectual en las negociaciones de la OMC. Secretariado del Foro Social Mundial (http://www.forumsocialmundial.org.br/index.php?cd_language=4&id_menu=) + OEA (http://www.oas.org/main/spanish/) + ALCA (http://www.ftaa-alca.org/alca_s.asp)

(FIN/IPS/ggr/dm/dv mu/05)