Se firmó Convenio Constitutivo del Banco del Sur

It’s probable that the political and economic integration of South America will still be a distant dream after 11 presidents and one vice president representing the nations of South America signed the Constituent Treaty of the Union of South American Nations (UNASUR) on May 23rd in Brasilia. The potential of the organization lies in its 400 million inhabitants, in its being one of the largest freshwater reserves on the planet, in having the Amazon which regulates global ecological equilibrium, website and in its oil and gas reserves for the next 100 years, not to mention its enormous biodiversity.


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Es probable, there que la integración política y económica de América del Sur sea todavía un sueño lejano después de que el 23 de mayo, drugstore en Brasilia, cheap once presidentes y un vicepresidente, en representación de los países de América del Sur, firmaran el Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR)[1]. El potencial de la organización está repartido en sus 400 millones de habitantes, en ser una de las mayores reservas de agua dulce del planeta, en una Amazonía reguladora del equilibrio ecológico global, reservas de petróleo y gas para los próximos 100 años, así como una enorme biodiversidad.


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En la ciudad de San Francisco de Quito, República del Ecuador, sale a los 3 días del mes de febrero de 2012, Nosotros, las Ministras y Ministros de Medio Ambiente y Jefas y Jefes de Delegación, en su XVIII Reunión del Foro de Ministras y Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, y que acogió  la Primera Reunión de las Ministras y Ministros de Medio Ambiente de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC-.

 

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En la ciudad de San Francisco de Quito, cure
medical República del Ecuador, a los 3 días del mes de febrero de 2012, Nosotros, las Ministras y Ministros de Medio Ambiente y Jefas y Jefes de Delegación, en su XVIII Reunión del Foro de Ministras y Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, y que acogió  la Primera Reunión de las Ministras y Ministros de Medio Ambiente de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC-.

 

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In the city of San Francisco of Quito, medicine order Republic of Ecuador, on 3 February 2012, We, Ministers of Environment and Heads of Delegation, in this Eighteenth Meeting of the Forum of Ministers of Environment of Latin America and the Caribbean, which hosted the First Meeting of Ministers of Environment of the Latin American and the Caribbean Community of States, -CELAC-.. read the full article here.

In the city of San Francisco of Quito, clinic Republic of Ecuador, sildenafil on 3 February 2012, troche We, Ministers of Environment and Heads of Delegation, in this Eighteenth Meeting of the Forum of Ministers of Environment of Latin America and the Caribbean, which hosted the First Meeting of Ministers of Environment of the Latin American and the Caribbean Community of States, -CELAC-.. read the full article here.

Tras veinte meses de la firma del acta fundacional del banco del Sur en Buenos Aires, por fin los presidentes suramericanos han firmado el convenio constitutivo del BANCOSUR en Porlamar, Isla Margarita, el lunes 28 de setiembre del 2009. El convenio constitutivo trae reglamentaciones que han sido negociadas por comisiones a nivel de ministerios de economía y de hacienda en la que han dilucidado sobre los aportes de capital, el mecanismo de votación, el reclutamiento de personal, la jurisprudencia, las consideraciones tributarias y jurídicas de los funcionarios y se ha aclarado la funcionalidad del banco. Exactamente para qué es.

 

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5th Southern Africa Social Forum in Maseru, Lesotho

With the theme “Southern Africa People’s Unity Against Economic Crisis and Oppression”, cure the 5th edition of Southern Africa Social Forum (SASF) will be held in Maseru, treatment Lesotho, from October 6th to 9th,, in the Maseru Club, located downtown. The SASF is a forum where issues of regional interests are discussed hoping to come out with possible alternatives for the development of the SADC (Southern Africa Development Community) region.

The Forum will follow an interactive mode of operation which will comprise a plenary session – opening and closing – that will bring people together on key national and regional issues; autonomous thematic sessions; exhibitions – organizations and social movements’ literature; theatre, arts, music-alternative arts; and a peaceful march/demonstration. This edition aims at six objectives:

1. To create a common social change agenda through the active participation of the social movements, like minded organisations, development partners and the general population in Lesotho.
2. To create a regional solidarity against the neo-liberal policies.
3. To have a vibrant and sustainable, long-living, Lesotho Social Forum that serves as platform for men, women and young people of Lesotho to discuss issues together.
4. To a have a permanent presence of a living space within a “free space ” networking to strengthen solidarity among the peoples of southern Africa.
5. To locally and regionally maintain a wide, collective and enhanced political pressure on politicians and all decision makers on behalf of the citizenry with regard to people-centred policies on social and economic justice policies.
6. To create a framework of alternative political positions emerging from the deliberations and discussions during the SASF for the various participating entities and social movements.

Southern African region is faced by several challenges and among them the following needs urgent attention: socio-economic and political issues; global financial crisis; free trade area; Zimbabwean reconstruction; debt; climate change; land as a human right; the right to education; labour rights, food security, globalization- impact of 2010 Soccer World Cup in the region; gender and women rights; youth and HIV/AIDS; governance; human rights; social service delivery; corruption; regional integration, peacemaking and mediation; and the right to information. These and other themes will be part of the SASF Lesotho program. To see it, click here.

The local organising committee is made up of the following organisations: Media Institute of the Southern Africa, Katleho-Moho Association, Christian Council of Lesotho, Lesotho Justice and Environmental Network, Monna ka Khomo, Unite, Machobane Agricultural Development Foundation. Lesotho Council of Non Governmental, Pelum Lesotho Association, Moritsoana Association. SASF expects to receive people and organasations from the following countries: Angola, Botswana, Swaziland, Malawi, Mauritius, Mozambique, Namibia, South Africa, Zambia and Zimbabwe.

Grupo EuroMemorandum: Europa en Crisis: Crítica del fracaso de la UE a responder a la crisis

EuroMemorandum 2009/2010

La crisis financiera que empezó en agosto del 2007 se agravó considerablemente después de la quiebra del Lehman Brothers en setiembre del 2008, order y provocó una importante caída de la producción en el último trimestre del 2008 y el primero del 2009. A pesar de que los acontecimientos se originaron en los Estados Unidos, medical Europa demostró ser altamente vulnerable a consecuencia de las políticas económicas impulsadas tanto desde la Comisión Europea como desde los principales Estados miembro. Los principales bancos europeos, que incurrieron en enormes pérdidas a consecuencia de sus inversiones en activos financieros de alto riesgo de los Estados Unidos, cortaron sus líneas de crédito; y dado que la economía europea depende de las exportaciones, la caída de la demanda de los Estados Unidos se transmitió de manera inmediata a través del Atlántico. Al mismo tiempo, Gran Bretaña, Irlanda y España sufrían las repercusiones del estallido de sus burbujas inmobiliarias, en tanto que los países del Este de Europa y las Regiones Bálticas, donde muchos países habían estado financiando sus déficits por cuenta corriente en el mercado internacional de capitales, se encontraron de repente con el acceso al mercado de capitales cortado, con lo que la crisis tuvo para ellos un impacto mucho más severo que en cualquier otra región.

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VER el reporte en Aleman, Holandes, Frances, Griego e ingles

Euromemorandum Group: Europe in Crisis: A Critique of the EU’s Failure to Respond

EuroMemorandum 2010/11

El crecimiento económico se reanudó en la UE en el segundo semestre de 2009 pero la producción en 2010 estuvo por debajo de los niveles anteriores a la crisis y el sistema financiero sigue siendo frágil. A raíz de la crisis financiera y la crisis económica posterior, information pills
los Estados de la UE se han enfrentado a un creciente déficit fiscal como resultado del coste de los paquetes de rescate del sector financiero, shop las políticas fiscales expansivas y la pérdida de ingresos fiscales. El fracaso de la UE para responder con prontitud a las dificultades de Grecia para refinanciar su deuda pública llevó a la especulación contra el euro y creó una atmósfera de crisis en la que primero Grecia y luego España y Portugal se vieron obligados a establecer severos programas de austeridad. A finales de año Irlanda, que ya había presentado un duro programa de austeridad en el 2009, se vio obligada a aceptar un paquete aún más severo, a cambio del apoyo financiero del Fondo de Estabilidad Financiero de la zona euro.

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EuroMemorandum 2009/10

The financial crisis, which began in August 2007 and deepened severely after the failure of Lehman Brothers in September 2008, medical led to a major slump in output in the final quarter of 2008 and the first quarter of 2009. While these developments originated in the US, ask Europe has been highly vulnerable as a result of the economic policies pursued by both the European Commission and the member states. Major European banks, which incurred huge losses on investments in risky US financial assets, have cut back on lending; and because of the European economy’s dependence on exports, the slump in US demand was immediately transmitted across the Atlantic. At the same time, Britain, Ireland and Spain are suffering from the aftermath of their own house-price bubbles, while Eastern Europe and the Baltic Region, where many countries had been financing current account deficits on the international capital market, suddenly found their access to capital cut off and the crisis has had a more severe impact than in virtually any other region.

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Un Modelo de Integracion Alternativo: EL ALBA

By Mark Weisbrot

“Developing nations must create their own mechanisms of finance instead of suffering under those of the IMF and the World Bank, dosage which are institutions of rich nations . . . it is time to wake up.”

That was Lula da Silva, buy information pills the president of Brazil — not Washington’s nemesis, check Hugo Chavez — speaking in the Republic of Congo just two weeks ago. Although our foreign policy establishment remains in cozy denial about it, the recognition that Washington’s economic policies and institutions have failed miserably in Latin America is broadly shared among leaders in the region. Commentators here — Foreign Affairs, Foreign Policy, the editorial boards and op-ed contributors in major newspapers — have taken pains to distinguish “good” leftist presidents (Lula of Brazil and Michele Bachelet of Chile) from the “bad” ones — Chavez of Venezuela, Rafael Correa of Ecuador, Evo Morales of Bolivia and, depending on the pundit, sometimes Nestor Kirchner of Argentina.

But the reality is that Chavez (most flamboyantly) and his Andean colleagues are just saying out loud what everyone else believes. So official Washington, and most of the media, has been somewhat surprised by the rapid consolidation of a new “Bank of the South” proposed by Chavez just last year as an alternative to the Washington-dominated International Monetary Fund (IMF), World Bank and Inter-American Development Bank.

The media has been reluctant to take the new bank seriously, and some continue to call the institution, pejoratively, “Chavez’s bank.” But it has been joined by Brazil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay and Paraguay. And just two weeks ago, Colombia, one of the Bush administration’s few remaining allies in the region and the third-largest recipient of U.S. aid (after Israel and Egypt), announced that it wanted in. Et tu, Uribe?

The bank, which will be officially launched on Dec. 5, will make development loans to its member countries, with a focus on regional economic integration. This is important because these countries want to increase their trade, energy and commercial relationships for both economic and political reasons, just as the European Union has done over the last 50 years. The Inter-American Development Bank, which focuses entirely on Latin America, devotes only about 2 percent of its lending to regional integration.

Unlike the Washington-based international financial institutions, the new bank will not impose economic policy conditions on its borrowers. Such conditions are widely believed to have been a major cause of Latin America’s unprecedented economic failure over the last 26 years, the worst long-term growth performance in more than a century.

The bank is expected to start with capital of about $7 billion, with all member countries contributing. It will be governed primarily on a one-country, one-vote basis.

How ironic is it that such an institution would be called “Chavez’s bank,” while nobody calls the IMF or the World Bank “Bush’s bank?” The IMF and World Bank have 185 member countries but the United States calls the shots; it has a formal veto in the IMF, but its power is much greater than that, with Europe and Japan having almost never voted against Washington in the institution’s 63-year history. The rest of the world, i.e., the majority and the countries that bear the brunt of the institutions’ policies, has little to no say in decision making.

Politically, the new bank is another Declaration of Independence for South America, which as a result of epoch-making changes in the last few years is now more independent of the United States than Europe is. The most important change that has brought this about — other than the populist ballot-box revolt that elected left-of-center governments in Argentina, Bolivia, Brazil, Ecuador, Uruguay and Venezuela — has been the collapse of the IMF-led “creditor’s cartel” in the region. This was the main avenue of U.S. influence, and there’s not much left of it. Of course the U.S. government still has some clout in the region, but without the ability to cut off credit to disobedient governments, its power is vastly reduced.

The need for alternative regional economic institutions, for both development lending and finance, is becoming increasingly accepted by most of the world. Ten years ago, in the wake of the Asian financial crisis, there was a whole series of proposals, even books by prominent economists, on how to reform “the international financial architecture.” The current crisis triggered by the collapse of subprime-mortgage-backed securities may provoke another such discussion. But the fact is, a full decade after the Asian crisis, the rich country governments have made no significant movement toward reform. New leaders of the IMF and the World Bank were appointed in the last few months, and by tradition, these have to be a European and an American.

That tradition was honored, despite calls from a majority of the member countries and scores of NGOs and think tanks to open up the search process. For the World Bank, the Bush administration even managed to add insult to injury by appointing Robert Zoellick, a neoconservative in the mold of his intensely disliked predecessor, Paul Wolfowitz, to run the beleaguered institution. Without even the smallest symbolic changes, it is hard to imagine more substantive changes, e.g., in the voting structure, taking place in the foreseeable future.

With reform at the top blocked, positive changes will have to come at the regional, and of course, most importantly, at the national level. Latin Americans are doing their part, and the world will surely thank them for it.

Not everyone is happy to see the old order challenged. An insider at the Inter-American Development Bank told the Financial Times: “With the money of Venezuela and political will of Argentina and Brazil, this is a bank that could have lots of money and a different political approach. No one will say this publicly, but we don’t like it.”

Apparently, these institutions that preach the virtues of international competition are not so enthusiastic when it breaks into their own monopolistic market.

 

Mark Weisbrot is Co-Director of the Center for Economic and Policy Research, in Washington, D.C. (www.cepr.net).

A la par de los procesos de integración más importantes y las negociaciones multilaterales a nivel mundial de los que nuestra región participa, seek actualmente se están generando propuestas alternativas que no responden a los modelos tradicionales de integración. Es decir, todo proceso de integración contempla como primera etapa la creación de una Zona de Libre Comercio, para lograr la libre circulación de bienes y servicios. Luego se avanza hacia una profundización de las relaciones mediante la implementación de políticas macroeconómicas homogéneas, creación de un arancel externo común, aceptación de una moneda única, hasta llegar a la creación de instituciones de gobierno comunes y una constitución. Sin embargo, la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) plantea un modelo de integración que desde el comienzo pretende ir más allá de la integración tradicional y de la lógica de la liberación de barreras comerciales entre países.

El ALBA nace como respuesta al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y se plantea en sus inicios como la contrapartida regional ante los avances de Estados Unidos en materia de negociación de tratados de libre comercio. Fue presentado por primera vez en diciembre de 2001 por Hugo Chávez, durante la III Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe. Con todo, sus líneas estratégicas fueron definidas más adelante por Chávez y por Fidel Castro, en un acuerdo firmado en diciembre de 2004. A esta iniciativa, se sumaron Bolivia, en 2006, y Nicaragua, en enero de 2007. Sus bases filosóficas se encuentran en los pensamientos de Miranda y de Simón Bolívar de unidad latinoamericana, ideas que intentan plasmarse en el Primer Congreso de Panamá. En sus fundamentos, concibe a la integración como la herramienta que tienen los pueblos para lograr desarrollo endógeno que erradique la pobreza y la exclusión social, y no como el camino hacia la liberalización del comercio de bienes en inversiones, lo que responde a los intereses del capital transnacional. Este modelo alternativo de integración se basa en principios como la cooperación, la solidaridad y la complementariedad, los cuales llevarían a los países menos desarrollados a superar las asimetrías y lograr el desarrollo económico y la erradicación de la pobreza.

El 28 y 29 de abril pasados concluyó la V Cumbre del ALBA a la que asistieron los presidentes y representantes de los países miembro (Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba), además de representantes de otros países de Latinoamérica y el Caribe que presenciaron las reuniones en calidad de observadores. Allí se firmaron una serie de tratados en materia energética con financiación preferencial, además de acuerdos en las áreas educativa, cultural, financiera, seguridad alimentaria, salud, telecomunicaciones, minera e industrial. Venezuela suscribió acuerdos energéticos bilaterales con Bolivia, Nicaragua y Haití en donde, en todos los casos, Venezuela conviene suministrar petróleo financiando el 50% del mismo a 25 años a través de PDVSA, la empresa estatal venezolana, y el Fondo ALBA. A su vez, el pago de la deuda contraída podrá realizarse a través de mecanismos de compensación comercial para con Venezuela. Conjuntamente se avaló la propuesta para independizarse de los organismos financieros internacionales e instaron a la creación de organismos de este tipo regionales. En estos acuerdos también se contempla la constitución de un consejo de presidentes del ALBA, otro de ministros, y un tercer consejo de movimientos sociales.

A la luz de los avances del proceso de integración ALBA, es evidente que los acuerdos llevados a cabo hasta el momento han sido principalmente en materia energética, los cuales se basan en el postulado de la complementariedad y en la lógica de otorgar a los países de menos recursos la posibilidad de crecimiento brindándoles acceso a mayor flujo de dichos recursos. Es interesante reconocer también, cómo el fracaso de los modelos neoliberales de flexibilización y eliminación de barreras al comercio aplicado en nuestra región y la necesidad de buscar modelos alternativos, llevan a que hoy el gobierno venezolano pueda explotar su discurso y sus recursos naturales afianzando su presencia regional a través de esta iniciativa la cual se plasma concretamente en la firma de acuerdos energéticos con países como Nicaragua, Haití, Cuba y Bolivia.

Fuente :  inpade.org.ar

The Pursuit of Sustainable Development Through Regional Economic Integration: ASEAN and Its Potential as a Development-Oriented Organization.

Dirigido a la Cumbre de la Alianza Bolivariana para los  Pueblos de Nuestra América –ALBA-

Cochabamba, clinic 16 y 17 de octubre 2009

La ALBA es coincidente en su propuesta con principios y reivindicaciones históricas planteadas por el movimiento de mujeres. Sus principios de solidaridad, shop cooperación, reciprocidad, complementariedad, diversidad e igualdad, han sido la base de las prácticas y contribuciones económicas de las mujeres, ligadas prioritariamente a la reproducción integral de procesos y condiciones de vida, y son también el eje de nuestras visiones sobre un nuevo sistema económico. Así, la ALBA confluye con la aspiración de las mujeres latinoamericanas y caribeñas de levantar una sociedad integrada desde una perspectiva incluyente, que recoja y potencie la policroma diversidad de sus pueblos, superando injusticias y desigualdades.

Nosotras, que participamos activamente en las luchas y resistencias contra los proyectos de integración pautados por el capital, reconocemos a la ALBA como expresión de la búsqueda de un proyecto propio, en el cual los movimientos sociales y los pueblos, con nuestra participación activa, podamos contribuir y consensuar un proceso de construcción de sociedades alternativas.

Apreciamos el potencial de la ALBA para plantear un proyecto latinoamericano basado en transformaciones mayores: el socialismo del siglo XXI –que, como lo han asumido ya algunos presidentes, ‘solo podrá ser feminista’-; el paradigma del Buen Vivir / Vivir Bien y la riqueza de la plurinacionalidad, que redefinen ya los estados de algunos de sus países miembros.

Valoramos el hecho de que, en su corta vida, la ALBA registra ya logros en el terreno del intercambio solidario, en los dominios de educación, salud,  cooperación energética; es notable su proyección como espacio de concertación política y resolución de conflictos, de construcción de posiciones comunes, “en defensa de la independencia, la soberanía, la autodeterminación y la identidad de los países que la integran y de los intereses y las aspiraciones de los pueblos del Sur frente a los intentos de dominación política y económica”.

Como parte de los movimientos sociales y como protagonistas históricas de experiencias no mercantilizadas, hemos planteado, al igual que la ALBA, que nuestras sociedades se construyan sobre la base de la “unión de los pueblos, la autodeterminación, la complementariedad económica, el comercio justo, la lucha contra la pobreza, la preservación de la identidad cultural, la integración energética, la defensa del ambiente y la justicia”; desde esta coincidencia de perspectivas nos proponemos mancomunar esfuerzos para lograr los objetivos comunes de construcción de una Latinoamérica autodeterminada, solidaria, libre de relaciones patriarcales y levantada bajo los designios del Buen Vivir / Vivir Bien.

La consolidación de la ALBA como un espacio de soberanía política, económica, social, institucional, cultural, de la diversidad, de lo popular y de lo público demanda cambios de fondo en la manera de pensar, diseñar, decidir y materializar las políticas. Se trata de construir un nuevo paradigma societal, que va más allá de rediseñar el existente. Este es un reto que requiere aunar toda la inteligencia, comprensión y capacidad de diálogo entre los gobiernos de los países de la ALBA y los movimientos sociales, de manera fluida y permanente.

La creación del Consejo Ministerial de Mujeres y del Consejo de Movimientos Sociales, es paso importante para la articulación efectiva entre los gobiernos y los pueblos.  Saludamos esta decisión, a la vez que ofrecemos nuestro concurso para contribuir con el desarrollo de una perspectiva feminista en el conjunto de iniciativas y de políticas de la ALBA, como también para visualizar las medidas específicas que deberían tomarse para propiciar la igualdad de las mujeres y para erradicar el patriarcado.

Consideramos que los cambios que plantea la ALBA son alcanzables en tanto se amplíen y profundicen cambios como los que ya han emprendido algunos de nuestros países con un sentido de transformación estructural, que incluyen el reconocimiento de la diversidad económica y productiva y en ese marco la visibilización de las mujeres como actoras económicas, la equiparación entre el trabajo productivo y el reproductivo, el desarrollo de éticas de igualdad, diversidades y no violencia, el reconocimiento de la soberanía alimentaria, entre otros aspectos que podrían convertirse en punto común para todas las políticas públicas de la ALBA, colocando como eje el Buen Vivir / Vivir Bien y la sostenibilidad de la vida.

Con especial interés seguimos la propuesta de construir una Zona Económica de Desarrollo Compartido entre los países de la ALBA; consideramos que a su amparo y bajo un enfoque de economía diversa, social y solidaria, se pueden desarrollar iniciativas compartidas de soberanía alimentaria, de reconocimiento y desarrollo de los conocimientos de las mujeres,  de rescate y curaduría de las semillas nativas y de transgenosis natural, de producción y distribución cooperativa y asociativa, de generación de infraestructura y tecnologías orientadas al cuidado humano y ambiental.

La creación de núcleos de desarrollo endógeno binacionales o trinacionales, que transformen las condiciones de trabajo y empleo para las mujeres del campo y la ciudad, sería una importante experiencia de integración y preservación regional de la cultura productiva y solidaria acumulada históricamente por nuestros pueblos.
De igual manera, la creación de un Instituto de Estudios Feministas de los países de la ALBA, que organice intercambios de conocimientos y saberes entre los países, desarrolle proyectos de investigación sobre políticas públicas e internacionales, recupere los múltiples aportes de las mujeres a lo largo de nuestra historia, y juegue un papel activo en la generación de propuestas y desarrollo de asesorías a los gobiernos en esta materia, contribuirá significativamente al fortalecimiento de nuestro proceso de cambio regional.

La ALBA es un espacio privilegiado para el impulso de un proyecto de integración alternativo que no debe repetir el déficit democrático de las propuestas precedentes. La participación en la concepción, diseño y ejecución de proyectos debe ser una divisa, por ello proponemos, como forma inicial de materialización de esa participación, que en la  instancia técnica del Consejo Social encargada de elaborar estudios, preparar propuestas y formular proyectos relacionados con las políticas sociales de la ALBA, así como de coordinar y darles seguimiento, se contemple la participación paritaria de las mujeres, la misma que deberá hacerse extensiva a todas las instancias, incluidas aquellas de decisión, gestión y representación.

La ALBA tiene la particularidad de reunir a países de la Región Andina, Centroamérica y el Caribe, con problemáticas comunes y diferentes en materia de salud y vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos. Sería pertinente la creación de redes de intercambio y ayuda de las organizaciones de mujeres ante situaciones de emergencia epidemiológica y catástrofes naturales.

Si bien el surgimiento y desarrollo de la ALBA ha sido un factor reconfortante en la senda de nuestras luchas, persisten en el mundo y en la región tendencias y procesos que constituyen zonas de riesgo y/o amenazas para los procesos de cambio, ante los cuales debemos permanecer alerta y desplegar toda la capacidad en defensa de nuestros procesos de transformación.  Declarar a los países de la ALBA como territorios de paz y libres de bases militares extrajeras es una propuesta de gran coherencia y defensa de la soberanía.

Con preocupación vemos el avance en la región de un modelo de crecimiento focalizado en megaproyectos, que avanzan sin el consentimiento de los pueblos y atentan contra sus derechos, soberanía y autodeterminación.  El auge de monumentales obras de infraestructura bajo el amparo de proyectos como IIRSA y el Plan Mesoamérica, involucran a países de toda América Latina, incluso países de la ALBA. Tales obras son el sustento para la profundización y ampliación de economías de enclave, basadas en la racionalidad extractivista, deprededadora en su relación con la naturaleza y reproductora de las condiciones de relegamiento de nuestros pueblos. Estas obras tienen un notorio impacto sobre las mujeres, en especial las indígenas, comprometen la soberanía alimentaria de esas localidades y alteran la geografía, los ecosistemas y los patrones de consumo tradicional; algunas de ellas abren paso a la depredación de los recursos localizados en la Amazonía y en los bosques tropicales de Centroamérica.

Creemos que es urgente que los gobiernos de la ALBA consideren colectivamente una crítica y distanciamiento de tales iniciativas del capitalismo neoliberal y asuman, sin ambigüedades, un nuevo enfoque de desarrollo congruente con la propuesta del Buen Vivir / Vivir Bien y con el proceso de cambios y estructurales que la ALBA conlleva.
Con inquietud hemos visto, asimismo, el relanzamiento del Fondo Monetario Internacional en varios foros internacionales, como instancia reguladora frente a la actual crisis; resulta ofensivo hacia nuestros pueblos ignorar la responsabilidad de esa institución no sólo en las dinámicas que condujeron a la propia crisis, sino también en la aplicación de las políticas neoliberales que aún nos afectan duramente.  Ratificamos nuestra convicción, expresada en el último Foro Social Mundial (Belém 2009), de que el enfrentamiento a la crisis demanda alternativas anticapitalistas, antirracistas,  anti-imperialistas, socialistas, feministas y ecologistas.

Es igualmente preocupante que se mantengan injustificadas expectativas en que la conclusión de la Ronda Doha de la OMC pueda resolver los problemas de acceso al mercado para los países ‘en desarrollo’. Los pueblos reclamamos el comercio justo y solidario frente al libre comercio; la apertura indiscriminada de nuestros mercados desplazó a las y los productores locales, la sustitución de importaciones fue demonizada para abrir nuestros mercados a los productos importados, la competencia se impuso a la lógica de la complementariedad y cooperación regional.

La ALBA es un espacio invaluable para el rescate y el desarrollo de las producciones locales que fortalezcan las relaciones entre los pueblos y favorezcan formas de gestión colectiva, definida en torno al interés social y a los derechos de la naturaleza, por lo mismo debería extender la influencia de su filosofía a los acuerdos internacionales  con otras regiones.

La ALBA es un espacio privilegiado para la construcción de soberanía financiera. Recuperar el control sobre nuestros ahorros y recursos financieros y reorientar su utilización hacia nuestros objetivos estratégicos, con criterios de democratización y redistribución es fundamental. Resalta como mecanismo el Banco de la ALBA, que puede ser uno de los puntales para desarrollo de iniciativas económicas de carácter social y solidario de alcance regional, nacional y local, que se fundamenten en visiones de complementariedad entre los países y de justicia de género, integrando medidas eficaces para asegurar el acceso de las mujeres a los recursos y a la toma de decisiones. En igual sentido valoramos la importancia de la adopción del SUCRE como medio de intercambio soberano y eficaz en el comercio internacional entre nuestros países.

Finalmente, es un desafío común para los países de la ALBA avanzar en políticas y medidas conjuntas para:

Reconocer, dentro de las modalidades de trabajo, a las labores de autosustento y cuidado humano no remunerado que se realiza en los hogares. Los Estados deberían comprometerse a facilitar servicios e infraestructura para la atención pública y comunitaria de las necesidades básicas de todos los grupos dependientes (niñas/os, personas con discapacidad, adultas/os mayores), definir horarios de trabajo adecuados, impulsando la corresponsabilidad y reciprocidad de hombres y mujeres en el trabajo doméstico y en las obligaciones familiares, así como extender la seguridad social a quienes hacen esas labores.

Impulsar reformas agrarias integrales y sostenibles, con una visión holística de la tierra como fuente de vida, que propicien la diversidad económica y productiva, la redistribución y la prohibición del latifundio.

Impulsar la integración energética de América Latina y El Caribe bajo los principios del Buen Vivir / Vivir Bien, priorizando dentro de las estrategias de cooperación, proyectos de generación de energías limpias para fortalecer las capacidades de las pequeñas unidades productivas y las condiciones de vida de las poblaciones más empobrecidas.

ALBA, un nuevo amanecer para nuestros pueblos
con igualdad para las mujeres!

Red Latinoamericana Mujeres Transformando la Economía –REMTE-
Articulación de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina
Federación de Mujeres Cubanas
Federación Democrática Internacional de Mujeres
FEDAEPS


Hacia la fundación del Consejo de Movimientos Sociales del “ALBA – TCP”
Durante muchos años nuestros pueblos y naciones originarias fueron saqueados permanentemente y reducidos a simples colonias por los países más poderosos del mundo, nurse quienes en su afán de acumulación de riqueza invadieron nuestros territorios, se adueñaron de nuestras riquezas, culturas, conciencias, enajenando nuestro trabajo y ofendiendo a nuestra madre tierra (pachamama) depredando los recursos que existe en ella en pos de lucro desmedido.
En los 80 una inmensa deuda externa imposible de pagar nos postró aun más en la pobreza y la miseria, volviendo a generarse la violencia institucional que ya se había vivido con la militarización de nuestros pueblos, la desaparición y la tortura de nuestros familiares y el sometimiento de nuestras naciones indígenas originarias campesinas.
A lo anterior, ya en la etapa neoliberal, se añaden en el marco del capitalismo transnacional y globalizado los inhumanos procesos de desnacionalización y la sumisión absoluta de los gobiernos neoliberales a los dictados del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
Todo esto ha hecho que la voluntad popular no signifique nada en el esquema del pensamiento de las transnacionales, de la explotación y el crimen, recordándonos permanentemente que la era de colonización de nuestros pueblos aún no ha terminado.
La intromisión del imperialismo yanqui en la historia de nuestros pueblos como ocurrió con países como Colombia, Haití, México, Puerto Rico, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Venezuela, Bolivia, entre otros, con el pretexto de luchar contra el “terrorismo” o el “narcotráfico” ha expoliado nuestros recursos y ha empobrecido a nuestra gente; igual que los colonizadores de la “cruz y la espada” se ha apoderado de nuestras riquezas y ha dañado el medio ambiente.
La desigualdad económica, política y social, al igual que la exclusión y la discriminación son producto del neoliberalismo y el colonialismo de larga data, que debilitaron a los Estados y supeditaron el bienestar de nuestros pueblos a los designios de las organizaciones multinacionales y a los intereses de las empresas trasnacionales. La capacidad destructiva del sistema de dominación imperialista es aterradora, el desempleo aumenta y la esperanza de vida desciende; ellos mismos se encuentran ahora sumidos en una crisis sistémica cuya resolución no puede ser a costa del bienestar de nuestros pueblos.
Los movimientos sociales, expresión de las organizaciones indígenas originarias, afro descendientes, campesinas, organizaciones sindicales, juveniles, gremiales, los maestros, los obreros, los sin tierra, los productores cocaleros, las juntas de vecinos, profesionales progresistas y otros que luchan no solo por reivindicaciones salariales, sino también por la vida y el respeto a la madre tierra, desde antes, y desde siempre fueron los verdaderos artífices de la revolución y de las transformaciones profundas.
No olvidemos que los movimientos sociales hemos jugado un papel central en los últimos años en la perspectiva de una democratización y descolonización profunda de nuestros países, por un cambio sustantivo y genuinamente transformador tanto en lo económico, como en lo superestructural de nuestra Abya Yala.
Recordemos que el 14 de diciembre de 2004, Cuba y Venezuela proponen dar inicio e impulsar el ALBA, como alternativa al ALCA, que permita a nuestros pueblos y naciones avanzar políticamente en la búsqueda de una verdadera y libre integración, basada en la solidaridad, que responda a las necesidades sociales, políticas, educativas, culturales, económicas, reconociendo las luchas históricas de los pueblos latinoamericanos y caribeños por su unidad y soberanía.
En noviembre de 2005, en el marco de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, se da la simbólica derrota del ALCA que fue organizada por la Alianza Social Continental, como aporte a la integración.
Meses después en enero de 2006, en el marco del capítulo del Foro Social Mundial, el Presidente Chávez se reúne con Movimientos Sociales y plantea la necesidad de la creación del Consejo de Movimientos Sociales del Alba.
El año 2006, en Lima Perú se lleva a cabo la Cumbre Enlazando Alternativas, paralela a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y la Unión Europea, en la que se avanza en la articulación de los Movimientos Sociales en el marco del proceso de integración latinoamericana.
Más tarde en noviembre del 2006, en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, se celebra la Cumbre Social por la integración de los Pueblos, paralela a la Cumbre Presidencial de la Comunidad Suramericana de Naciones (CSN). Fue organizada por la Alianza Social Continental, como aporte a la integración en el marco de una gran movilización de los movimientos sociales, originarios y originarios del país.
En la V Cumbre del ALBA celebrada en abril de 2007 se lanza la declaración de Tintorero donde se aprueba la creación del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA.
Después en noviembre de 2007, en la II Reunión de la Comisión Política del ALBA, el Consejo de Ministros decide que cada país miembro debe crear su capítulo nacional en el marco de la conformación del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA, y que los integrantes de dicho capítulo acordaran la forma y metodología para el funcionamiento de dicho Consejo, así como la invitación a otros movimientos sociales de países extra-ALBA a participar en el mismo.
En ese mismo año, se expande la Alternativa Bolivariana a partir de la formación de las casas del ALBA a países no integrados al ALBA con la participación de las organizaciones sociales de esos países, entre ellos en Perú.
Posteriormente en enero del año 2008, en Caracas se celebra la VI Cumbre del ALBA, donde se aprueba la estrategia para el Consejo de Movimientos Sociales del ALBA, incluyendo sus principios, estructura y funciones, además se acuerda darle continuidad a dos acciones pendientes aprobadas en Tintorero, que son:
– Identificar en el ámbito Latinoamericano y caribeño, organizaciones, redes y campañas sub-regionales y regionales, nacionales y locales, en países extra-ALBA que puedan ser convocadas para formar parte del Consejo de Movimientos Sociales”.
– Realizar reunión constitutiva del Consejo de Movimientos Sociales”.
El complejo proceso de organización de la institucionalidad del ALBA-TCP como mecanismo de integración, las realidades y desafíos que han vivido algunos de los procesos políticos de los países miembros (Bolivia, Venezuela), otras prioridades y esfuerzos dentro del ALBA-TCP y criterios de países miembros han determinado que esta iniciativa esté pospuesta desde esa fecha (Aún en febrero de este año, 2009, la Comisión Política acordó “establecer un plazo a la creación de los capítulos nacionales de movimientos sociales y comunicar a la coordinación permanente del ALBA los detalles al respecto antes de finales de abril de 2009. Ello con el fin de promover la instalación del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA el primero de mayo de 2009”).
Y es en este contexto que en julio de 2008 el MST y las organizaciones de la Vía Campesina Brasil, en diálogo con otras organizaciones del continente, convocan a sendos encuentros en la Escuela Nacional Florestán Fernández (MST) con un grupo sustantivo de líderes y operadores políticos de movimientos y organizaciones sociales, para, con todos estos antecedentes, llamar a un proceso de construcción de una articulación hemisférica de movimientos y organizaciones sociales en torno a los principios del ALBA y sus iniciativas. Resultado de esta reunión es la Carta de los Movimientos Sociales de las Américas que fue lanzada en la Asamblea de Movimientos Sociales, en ocasión del III Foro Social de las Américas (Guatemala, octubre 2008).
En enero de 2009, como parte de las actividades del VIII FSM 2009, celebrado en Belem de Pará, Brasil, se reunieron en la Asamblea de Movimientos Sociales, representantes de centenares de organizaciones y movimientos de todos los países de las Américas, que se identifican con el proceso de construcción del ALBA, para aprobar esta carta en su versión definitiva: Carta de los Movimientos Sociales de las Américas. Construyendo la integración de los pueblos desde abajo. Impulsando el ALBA y la solidaridad de los pueblos, frente al proyecto del imperialismo.
Recientemente en septiembre de este año, en Sao Paulo se realiza una Convocatoria a los Movimientos Sociales de Las Américas con el objetivo de articular el proceso de construcción del ALBA a partir de los Movimientos Sociales.
Con este recuento no solo reflejamos el camino recorrido en este proceso de integración hasta la fecha, sino que los alentamos a reflexionar y construir desde nuestra historia común.
En efecto lo que estamos viviendo en América Latina es parte de un proceso abarcador de reapropiación social de nuestro destino, de nuevas formas de organización política, horizontal, de democracia directa y participativa, de una economía plural que recupere los recursos naturales en beneficio de los pueblos, de una construcción de nuevas relaciones sociales armónicas, solidarias y comunitarias de producción.
Ahora con una fuerza inusitada surge en América y el mundo el grito de libertad, de lucha por la recuperación de nuestro territorio, de nuestras libertades, de nuestra soberanía; miles de hermanos se sumaron a la causa revolucionaria para liberar la patria, miles de ellos ofrendaron sus vidas en este intento, en diferentes épocas y de diferentes maneras, mártires de la revolución fueron los Tupac Katari, Tupac Amaru, Bartolina Sisa, Manuela Saenz, Apiaguayki Tumpa, Juana Azurduy de Padilla, Santos Pariamo, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Inti Peredo, Lempira el héroe de la revolución hondureña, el libertador Simón Bolívar, Augusto Cesar Sandino, José Martí, Ernesto Che Guevara, Salvador Allende. Luis Espinal y actualmente los cinco patriotas cubanos que purgan condenas perpetúas por el solo hecho de luchar contra el terrorismo, contra el imperialismo.
Esta Primera Cumbre del Consejo de Movimientos Sociales en el marco del ALBA-TCP, es una Cumbre histórica que permite la participación directa de los movimientos sociales en los diferentes medios de cooperación y solidaridad, a diferencia de otros mecanismos de integración de países, que nunca han considerado la participación plena de los pueblos y naciones, limitándose a meros intercambios de intereses mercantilistas que van en contra de la integración y reciprocidad de pueblos y naciones de la gran Abya Yala (latinoamericana).
En este contexto la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América y el Caribe, se constituye en un verdadero espacio de construcción de una nueva patria latinoamericana, portando la bandera de la humanidad por su definitiva emancipación. Por eso estamos dispuestos a combatir contra la explotación del hombre por el hombre, considerando que existe la latente necesidad de una “segunda independencia”.
Ésta Cumbre Internacional, es el saludo de los Movimientos Sociales de los países miembros del ALBA-TCP, a la VII Cumbre de Presidentes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos, que durante media década lucha por la desaparición de toda forma de dominación y explotación contra los pueblos y la construcción de relaciones de complementariedad y ayuda recíproca en procura de su desarrollo y de lograr el buen vivir.
Aquí, desde el corazón de Sudamérica, desde los pueblos combatientes, las organizaciones indígenas originarios campesinas, obreros, trabajadores, estudiantes, clase media y profesionales comprometidos con su pueblo de Venezuela, Cuba, Bolivia, Antigua y Barbuda, Ecuador, Nicaragua, Honduras, la Mancomunidad de Domínica, San Vicente y las Granadinas, aunados en el Consejo de Movimientos Sociales del ALBA-TCP, nos comprometemos a defender los principios revolucionarios del ALBA-TCP, que potencian la lucha y la resistencia contra todo tipo de explotación para construir un mundo diferente.
Nuestro objetivo como Consejo de Movimientos Sociales de los países miembros del ALBA-TCP, es la lucha por el pluralismo en nuestros países y en el mundo entero, sustentada en la armonía entre nuestros pueblos y la madre tierra para el buen vivir, en los principios morales, éticos, políticos y económicos de nuestras comunidades y barrios del campo y la ciudad. Pretendemos forjar desde el seno del pueblo una nueva Patria Social Comunitaria, descolonizada y fundada en la multidiversidad, respetuosa de las diferencias y de las particularidades sociales y regionales.
La actuación del Consejo de Movimientos Sociales, estará fundamentada en los siguientes principios:
– Es un espacio inclusivo, abierto, diverso y plural, a partir de la identificación con los objetivos y principios del ALBA-TCP.
– Es un espacio para compartir y desarrollar agendas comunes que beneficien a los pueblos, sin convertirnos en un espacio para dirimir disputas y representaciones políticas.
– Es un espacio para fortalecer posiciones políticas económicas y sociales, sin convertirnos en un foro o asamblea de actuación social, que reconoce los espacios de articulación existentes.
– Significa el compromiso de la plena identificación con los principios generales que definen el ALBA-TCP como proceso de integración.
– Expresa la legitimidad y representación real de los Movimientos Sociales que se integran.
– En países miembros, sostener permanente diálogo e interrelación con sus respectivos gobiernos.
– Cada Coordinación Nacional en los países miembros del ALBA-TCP, definirá sus propias dinámicas de actuación y de relacionamiento con sus gobiernos.
– En países miembros del ALBA-TCP, los vínculos de las organizaciones sociales con el CMS, se desarrollará a través de las Coordinaciones Nacionales.
– Integrar el enfoque de género, reconociendo el legítimo derecho de la participación de la mujer en los movimientos sociales con equidad, igualdad real y justicia social.
Los pueblos de América Latina que pertenecemos a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América Latina y el Caribe – Tratado de Comercio de los Pueblos, organizados en este Consejo, continuaremos luchando contra los constantes intentos del imperialismo norteamericano de privarnos del desarrollo económico pleno; ni los ataques, amedrentamientos, armas, utilización de la violencia podrán callarnos, seguiremos luchando y siendo solidarios ahora particularmente con el pueblo hermano de Honduras.
Estamos convencidos de que sólo con la organización, movilización y la unidad de los pueblos del ALBA-TCP, es posible un auténtico proceso de integración, como también el logro de la transformación económica, social, política y cultural de nuestros países.
Esta Cumbre reafirma la voluntad de Bolivia, Venezuela, Cuba, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Nicaragua, Honduras, Ecuador y la Mancomunidad de Dominica por el desarrollo y el fortalecimiento del Consejo de Movimientos Sociales sobre la base de una solidaridad comprometida con los demás pueblos del continente; optamos por la lucha plural, democrática, antifascista y antiimperialista, a través de un trabajo con objetivos políticos que no escondan su naturaleza ni su carácter revolucionario.
La conformación de este Consejo de Movimientos Sociales nos permite salir de las luchas locales y aisladas, de nuestras fronteras nacionales para integrarnos en la dimensión del AbyaYala o patria latinoamericana, permite la complementariedad y participación de los pueblos en los diferentes Consejos y Grupos de Trabajo que son las instancias de unificación que funcionan en el marco de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América Latina y el Caribe.
Para lo cual se conforma un comité ad hoc, que coordinara Bolivia, y será integrado por un representante de los tres capítulos nacionales ya creados (Bolivia, Venezuela y Cuba) y otras importantes organizaciones, redes y campañas para impulsar el proceso de constitución del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA-TCP en seis meses.
Es dado en la ciudad de Cochabamba, a los 16 días del mes octubre de 2009.
______________________________
PROPUESTA DE ACCION
– Consolidación de los capítulos nacionales con organizaciones representativas de los movimientos sociales.
– Incorporar a los movimientos sociales de los países del ALBA en el Exterior. Así como organizaciones sociales presentes en los países Miembros del ALBA.
– Crear espacios de discusión para evaluar actividades de los movimientos sociales y desarrollar programas comunes.
– Que los movimientos sociales realicen actividades de solidaridad de manera conjunta.
– Saludamos las iniciativas de Vía Campesina, MST y otras organizaciones, propuestas en septiembre de 2009 en Sao Paulo, en la perspectiva de fortalecer la articulación de los movimientos sociales del continente. En específico, nos sumamos a la iniciativa de la realización de una Asamblea Continental de Movimientos Sociales con el ALBA, para el primer semestre del 2010.
– Fortalecer los programas de desarrollo, participación y asistencia a través de los movimientos sociales.
– Asignación presupuestaria a los movimientos sociales
– Privilegiar el proceso de participación de la mujer en la dirección de los movimientos sociales.
– Incorporación de manera progresiva a organizaciones comunitarias pequeñas con igualdad de derecho de participación.
– Luchar por los derechos de los inmigrantes a un trabajo digno y a la salud.
– Impulsar la participación de los movimientos sociales de los países cuyos gobiernos no son integrantes formales del ALBA como forma de globalizar la lucha.
– Los programas de los movimientos sociales deben ser entregados a los Jefes de Estado y de Gobierno de los Países del ALBA a través de resoluciones para su aprobación.
– Los “10 mandamientos para salvar la vida y el planeta, la humanidad y la vida” propuesto por el Presidente Evo Morales deben ser adoptados como principios fundamentales de los movimientos sociales.
– Cada capítulo nacional debe establecer sus programas que respondan a las necesidades reales de los pueblos.
– Establecer mecanismos de comunicación permanente entre los movimientos sociales y los pueblos y naciones indígenas originarias campesinas, donde se compartan las experiencias del proceso en cada país.
– Desarrollar programas de formación para los voceros de los movimientos sociales.
– Crear una red de medios de comunicación e información propios de los movimientos sociales.
– Luchar y demandar el derecho de los pueblos a la paz y a su autodeterminación.
– Invitar a las Nacionalidades y pueblos indígenas; a las comunidades del campo y de la ciudad; a las organizaciones populares; a los medios y redes de comunicación comunitaria y masiva; a todos y todas los habitantes del mundo, a difundir, denunciar y condenar en sus espacios; las estrategias de intervención de los Estados Unidos, a través de bases militares en Colombia, en la región, y el resto del mundo.
– Impulsar campañas en contra de las empresas transnacionales e impulsar proyectos gran nacionales promovidos por los gobiernos del ALBA A TRAVES DEL TRATADO DE COMERCIO DE LOS PUEBLOS.
– Apoyar la adopción de una moneda internacional, promovidos por los países del ALBA y la UNASUR.
– Estimular las luchas sociales para el re-ascenso del movimiento de masas.
Para lo cual se conforma un comité ad hoc, que coordinara Bolivia, y será integrado por un representante de los tres capítulos nacionales ya creados (Bolivia, Venezuela y Cuba) y otras importantes organizaciones, redes y campañas para impulsar el proceso de constitución del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA-TCP en seis meses

(Cochabamba, purchase Bolivia– 17 de Octubre de 2009)

Nosotros, sildenafil los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA – TCP), en ocasión de la VII Cumbre en la ciudad de Cochabamba, Estado Plurinacional de Bolivia, el 17 de octubre de 2009.
Teniendo presente las aspiraciones de independencia de los pueblos americanos, desde la resistencia indígena a los conquistadores emprendida por Tupaj Amaru, Tupaj Katari, Guacaipuro, Diriangén y Miskut, pasando por nuestros próceres Eugenio Espejo, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Francisco Morazán, José Martí, Eloy Alfaro Delgado y Augusto C. Sandino, hasta nuestros días, en que los pueblos de América Latina y el Caribe se levantan recogiendo las banderas de libertad y justicia de los que nos antecedieron.
Reafirmando nuestro compromiso de continuar con el legado histórico de nuestros libertadores, de avanzar en la unión de los pueblos de nuestra América para la construcción de la Patria Grande como único camino para garantizar la verdadera independencia.
Recordando que las políticas de carácter neoliberal aplicadas en América Latina y el Caribe han generado la exclusión de las mayorías populares en la satisfacción de sus necesidades y han profundizado la desigualdad y la pobreza en la región, beneficiando exclusivamente a los agentes económicos transnacionales y a los grandes monopolios.
Reivindicando los procesos revolucionarios y de liberación expresados en la decisión firme de los pueblos de nuestra América, de romper con los esquemas hegemónicos y de superar el modelo neoliberal y sus efectos en la región que implica terminar con la lógica de la acumulación, el lucro, la ganancia, la competencia y la especulación financiera, así como avanzar en la construcción de un proyecto alternativo basado en los principios de solidaridad, cooperación, complementariedad y respeto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos.
Condenando el propósito imperialista y neocolonialista que pretende prolongar el modelo de dominación política, económica y militar sobre nuestro continente y mantener, así, una relación histórica de explotación y dependencia, utilizando los instrumentos del libre comercio para la expansión y profundización de la hegemonía capitalista que conduce a la exaltación de la riqueza privada como motor de la dinámica social, y la pérdida de la noción de lo público, lo social y lo humano.
Constatando que es cada vez más necesario implementar políticas que incentiven el intercambio comercial como instrumento de unión de los pueblos asociado al desarrollo productivo entre nuestros países, identificando nuevos esquemas y mecanismos de intercambio económico, así como nuevos actores para el beneficio de las mayorías excluidas.
Reafirmando que es esencial impulsar el desarrollo integral socioproductivo respetando los Derechos de la Madre Tierra y contribuir decididamente a darle solución a la desigualdad y pobreza de nuestros pueblos.
Convencidos de que el modelo neoliberal expresado en los TLCs se encuentran al servicio de las transnacionales y los países ricos, obligando a los países a modificar su marco jurídico violando la soberanía de nuestros pueblos y promoviendo la privatización de los sectores estratégicos de la economía y los servicios básicos (agua, educación, salud, transporte, comunicaciones y energía), ocasionando la reducción del tamaño del Estado y limitando la regulación del mismo, a nivel de la participación accionaria, la reinversión de utilidades, la transferencia de ganancias, buscando abrir las compras públicas de los países en desarrollo a favor de las transnacionales, impulsando su dominio y la penetración en nuestras economías.
Reafirmando que los TLCs profundizan las desigualdades comerciales exaltando la competencia entre las empresas y países desigualmente desarrollados, buscando que los países pobres sigan siendo mono productores y mono exportadores, liberalizando sus mercados mediante la desgravación arancelaria total con el falso argumento de lograr el libre acceso recíproco a los mercados, ocultando los subsidios internos del norte y la gran desproporción entre la oferta exportable de los países desarrollados y los países en desarrollo.
Ratificando que los TLCs permiten que las transnacionales se apropien de los recursos naturales de nuestros pueblos, reduciendo a la humanidad a simples consumidores ampliando los mercados de las transnacionales considerando además a los alimentos como una simple mercancía.
Así mismo los TLCs promueven el patentamiento de la biodiversidad y el genoma humano, buscando ampliar la duración de las patentes de invenciones fundamentales para la salud humana.
Constatando que la crisis ha instalado de manera estructural distorsiones colosales en los mecanismos básicos de funcionamiento de los mercados y la formación de precios en los mercados internacionales a través de la inyección de miles de millones de dólares en juegos especulativos en los mercados cambiarios y en los mercados intermedios y futuros de bienes, por lo que se vuelve indispensable buscar mecanismos institucionales que recuperen la coherencia productiva y garanticen las condiciones básicas de seguridad y soberanía en los planos de alimentación, energía y cuidado de la salud, principalmente.
Definimos que los Principios Fundamentales que regirán el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) de nuestra Alianza, serán los siguientes:
1. Comercio con complementariedad, solidaridad y cooperación, para que juntos alcancemos una vida digna y el vivir bien, promoviendo reglas comerciales y de cooperación para el bienestar de la gente y en particular de los sectores mas desfavorecidos.
2.- Comercio soberano, sin condicionamientos ni intromisión en asuntos internos, respetando las constituciones políticas y las leyes de los Estados, sin obligarlos a aceptar condiciones, normas o compromisos.
3. Comercio complementario y solidario entre los pueblos, las naciones y sus empresas. El desarrollo de la complementación socioproductiva sobre bases de cooperación, aprovechamiento de capacidades y potencialidades existentes en los países, el ahorro de recursos y la creación de empleos. La búsqueda de la complementariedad, la cooperación y la solidaridad entre los diferentes países. El intercambio, la cooperación y la colaboración científico-técnica constantes como una forma de desarrollo, teniendo en consideración las fortalezas de los miembros en áreas específicas, con miras a constituir una masa crítica en el campo de la innovación, la ciencia y la tecnología.
4. Protección de la producción de interés nacional, para el desarrollo integral de todos los pueblos y naciones. Todos los países pueden industrializarse y diversificar su producción para un crecimiento integral de todos los sectores de su economía. El rechazo a la premisa de “exportar o morir” y el cuestionamiento del modelo de desarrollo basado en enclaves exportadores. El privilegio de la producción y el mercado nacional que impulsa la satisfacción de las necesidades de la población a través de los factores de producción internos, importando lo que es necesario y exportando los excedentes de forma complementaria.
5. El trato solidario para las economías más débiles. Cooperación y apoyo incondicional, con el fin de que alcancen un nivel de desarrollo sostenible, que permita alcanzar la suprema felicidad social.
Mientras los TLCs imponen reglas iguales y reciprocas para grandes y chicos, el TCP plantea un comercio que reconozca las diferencias entre los distintos países a través de reglas que favorezcan a las economías más pequeñas.
6. El reconocimiento del papel de los Estados soberanos en el desarrollo socio-económico, la regulación de la economía. A diferencia de los TLCs que persiguen la privatización de los diferentes sectores de la economía y el achicamiento del Estado, el TCP busca fortalecer al Estado como actor central de la economía de un país a todos los niveles enfrentando las prácticas privadas contrarias al interés público, tales como el monopolio, el oligopolio, la cartelización, acaparamiento, especulación y usura. El TCP apoya la nacionalización y la recuperación de las empresas y recursos naturales a los que tienen derecho los pueblos estableciendo mecanismos de defensa legal de los mismos.
7. Promoción de la armonía entre el hombre y la naturaleza, respetando los Derechos de la Madre Tierra y promoviendo un crecimiento económico en armonía con la naturaleza. Se reconoce los Derechos de la Madre Tierra y se impulsa la sostenibilidad en armonía con la naturaleza
8. La contribución del comercio y las inversiones al fortalecimiento de la identidad cultural e histórica de nuestros pueblos. Mientras los TLCs buscan convertir a toda la humanidad en simple consumidores homogenizando los patrones de consumo para ampliar así los mercados de las transnacionales, el TCP impulsa la diversidad de expresiones culturales en el comercio.
9. El favorecimiento a las comunidades, comunas, cooperativas, empresas de producción social, pequeñas y medianas empresas. La promoción conjunta hacia otros mercados de exportaciones de nuestros países y de producciones que resulten de acciones de complementación productiva.
10. El desarrollo de la soberanía y seguridad alimentaría de los países miembros en función de asegurar una alimentación con cantidad y calidad social e integral para nuestros pueblos. Apoyo a las políticas y la producción nacional de alimentos para garantizar el acceso de la población a una alimentación de cantidad y calidad adecuadas.
11. Comercio con políticas arancelarias ajustadas a los requerimientos de los países en desarrollo. La eliminación entre nuestros países de todas las barreras que constituyan un obstáculo a la complementación, permitiendo a los países subir sus aranceles para proteger a sus industrias nacientes o cuando consideren necesario para su desarrollo interno y el bienestar de su población con el fin de promover una mayor integración entre nuestros pueblos. Desgravaciones arancelarias asimétricas y no reciprocas que permiten a los países menos desarrollados subir sus aranceles para proteger a sus industrias nacientes o cuando consideren necesario para su desarrollo interno y el bienestar de su población.
12. Comercio protegiendo a los servicios básicos como derechos humanos. El reconocimiento del derecho soberano de los países al control de sus servicios según sus prioridades de desarrollo nacional y proveer de servicios básicos y estratégicos directamente a través del Estado o en inversiones mixtas con los países socios.
En oposición al TLC que promueve la privatización de los servicios básicos del agua, la educación, la salud, el transporte, las comunicaciones y la energía, el TCP promueve y fortalece el rol del Estado en estos servicios esenciales que hacen al pleno cumplimiento de los derechos humanos.
13. Cooperación para el desarrollo de los diferentes sectores de servicios. Prioridad a la cooperación dirigida al desarrollo de capacidades estructurales de los países, buscando soluciones sociales en sectores como la salud y la educación, entre otros. Reconocimiento del derecho soberano de los países al control y la regulación de todos los sectores de servicios buscando promover a sus empresas de servicios nacionales. Promoción de la cooperación entre países para el desarrollo de los diferentes sectores de servicios antes que el impulso a la libre competencia desleal entre empresas de servicios de diferente escala.
14. Respeto y cooperación a través de las Compras Públicas. Las compras públicas son una herramienta de planificación para el desarrollo y de promoción de la producción nacional que debe ser fortalecida a través de la cooperación participación y la ejecución conjunta de compras cuando resulte conveniente.
15. Ejecución de inversiones conjuntas en materia comercial que puedan adoptar la forma de empresas grannacionales. La asociación de empresas estatales de diferentes países para impulsar un desarrollo soberano y de beneficio mutuo.
16. Socios y no patrones La exigencia a que la inversión extranjera respete las leyes nacionales. A diferencia de los TLCs que imponen una serie de ventajas y garantías a favor de las transnacionales, el TCP busca una inversión extranjera que respete las leyes, reinvierta las utilidades y resuelva cualquier controversia con el Estado al igual que cualquier inversionista nacional.
Los inversionistas extranjeros no podrán demandar a los Estados Nacionales ni a los Gobiernos por desarrollar políticas de interés público
17. Comercio que respeta la vida. Mientras los TLCs promueve el patentamiento de la biodiversidad y del genoma humano, el TCP los protege como patrimonio común de la humanidad y la madre tierra.
18. La anteposición del derecho al desarrollo y a la salud a la propiedad intelectual e industrial. A diferencia de los TLCs que buscan patentar y ampliar la duración de la patente de invenciones que son fundamentales para la salud humana, la preservación de la madre tierra y el crecimiento de los países en desarrollo, -muchas de las cuáles han sido realizadas con fondos o subvenciones publicas- el TCP ante pone el derecho al desarrollo y a la salud antes que la propiedad intelectual de las transnacionales.
19. Adopción de mecanismos que conlleven a la independencia monetaria y financiera. Impulso a mecanismos que ayuden a fortalecer la soberanía monetaria, financiera, y la complementariedad en esta materia entre los países.
20. Protección de los derechos de los trabajadores y los derechos de los pueblos indígenas. Promoción de la vigencia plena de los mismos y la sanción a la empresa y no al país que los incumple.
21. Publicación de las negociaciones comerciales a fin de que el pueblo pueda ejercer su papel protagónico y participativo en el comercio. Nada de negociaciones secretas y a espaldas de la población.
22.       La calidad como la acumulación social de conocimiento, y su aplicación en la producción en función de la satisfacción de las necesidades sociales de los pueblos, según un nuevo concepto de calidad en el marco del ALBA-TCP para que los estándares no se conviertan en obstáculos a la producción y al intercambio comercial entre los pueblos.
23. La libre movilidad de las personas como un derecho humano. El TCP reafirma el derecho a la libre movilidad humana, con el objeto de fortalecer los lazos de hermandad entre todos los países del mundo.
VII CUMBRE DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO DE LA
ALIANZA BOLIVARIANA PARA LOS PUEBLOS DE NUESTRA AMERICA (ALBA –TCP)
(Cochabamba, 17 de octubre de 2009)
Cochabamba, case 15 al 17 de 2009
Hacia la fundación del Consejo de Movimientos Sociales del “ALBA – TCP”


Durante muchos años nuestros pueblos y naciones originarias fueron saqueados permanentemente y reducidos a simples colonias por los países más poderosos del mundo, advice quienes en su afán de acumulación de riqueza invadieron nuestros territorios, se adueñaron de nuestras riquezas, culturas, conciencias, enajenando nuestro trabajo y ofendiendo a nuestra madre tierra (pachamama) depredando los recursos que existe en ella en pos de lucro desmedido.
En los 80 una inmensa deuda externa imposible de pagar nos postró aun más en la pobreza y la miseria, volviendo a generarse la violencia institucional que ya se había vivido con la militarización de nuestros pueblos, la desaparición y la tortura de nuestros familiares y el sometimiento de nuestras naciones indígenas originarias campesinas.
A lo anterior, ya en la etapa neoliberal, se añaden en el marco del capitalismo transnacional y globalizado los inhumanos procesos de desnacionalización y la sumisión absoluta de los gobiernos neoliberales a los dictados del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
Todo esto ha hecho que la voluntad popular no signifique nada en el esquema del pensamiento de las transnacionales, de la explotación y el crimen, recordándonos permanentemente que la era de colonización de nuestros pueblos aún no ha terminado.
La intromisión del imperialismo yanqui en la historia de nuestros pueblos como ocurrió con países como Colombia, Haití, México, Puerto Rico, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Venezuela, Bolivia, entre otros, con el pretexto de luchar contra el “terrorismo” o el “narcotráfico” ha expoliado nuestros recursos y ha empobrecido a nuestra gente; igual que los colonizadores de la “cruz y la espada” se ha apoderado de nuestras riquezas y ha dañado el medio ambiente.
La desigualdad económica, política y social, al igual que la exclusión y la discriminación son producto del neoliberalismo y el colonialismo de larga data, que debilitaron a los Estados y supeditaron el bienestar de nuestros pueblos a los designios de las organizaciones multinacionales y a los intereses de las empresas trasnacionales. La capacidad destructiva del sistema de dominación imperialista es aterradora, el desempleo aumenta y la esperanza de vida desciende; ellos mismos se encuentran ahora sumidos en una crisis sistémica cuya resolución no puede ser a costa del bienestar de nuestros pueblos.
Los movimientos sociales, expresión de las organizaciones indígenas originarias, afro descendientes, campesinas, organizaciones sindicales, juveniles, gremiales, los maestros, los obreros, los sin tierra, los productores cocaleros, las juntas de vecinos, profesionales progresistas y otros que luchan no solo por reivindicaciones salariales, sino también por la vida y el respeto a la madre tierra, desde antes, y desde siempre fueron los verdaderos artífices de la revolución y de las transformaciones profundas.
No olvidemos que los movimientos sociales hemos jugado un papel central en los últimos años en la perspectiva de una democratización y descolonización profunda de nuestros países, por un cambio sustantivo y genuinamente transformador tanto en lo económico, como en lo superestructural de nuestra Abya Yala.
Recordemos que el 14 de diciembre de 2004, Cuba y Venezuela proponen dar inicio e impulsar el ALBA, como alternativa al ALCA, que permita a nuestros pueblos y naciones avanzar políticamente en la búsqueda de una verdadera y libre integración, basada en la solidaridad, que responda a las necesidades sociales, políticas, educativas, culturales, económicas, reconociendo las luchas históricas de los pueblos latinoamericanos y caribeños por su unidad y soberanía.
En noviembre de 2005, en el marco de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, se da la simbólica derrota del ALCA que fue organizada por la Alianza Social Continental, como aporte a la integración.
Meses después en enero de 2006, en el marco del capítulo del Foro Social Mundial, el Presidente Chávez se reúne con Movimientos Sociales y plantea la necesidad de la creación del Consejo de Movimientos Sociales del Alba.
El año 2006, en Lima Perú se lleva a cabo la Cumbre Enlazando Alternativas, paralela a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y la Unión Europea, en la que se avanza en la articulación de los Movimientos Sociales en el marco del proceso de integración latinoamericana.
Más tarde en noviembre del 2006, en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, se celebra la Cumbre Social por la integración de los Pueblos, paralela a la Cumbre Presidencial de la Comunidad Suramericana de Naciones (CSN). Fue organizada por la Alianza Social Continental, como aporte a la integración en el marco de una gran movilización de los movimientos sociales, originarios y originarios del país.
En la V Cumbre del ALBA celebrada en abril de 2007 se lanza la declaración de Tintorero donde se aprueba la creación del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA.
Después en noviembre de 2007, en la II Reunión de la Comisión Política del ALBA, el Consejo de Ministros decide que cada país miembro debe crear su capítulo nacional en el marco de la conformación del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA, y que los integrantes de dicho capítulo acordaran la forma y metodología para el funcionamiento de dicho Consejo, así como la invitación a otros movimientos sociales de países extra-ALBA a participar en el mismo.
En ese mismo año, se expande la Alternativa Bolivariana a partir de la formación de las casas del ALBA a países no integrados al ALBA con la participación de las organizaciones sociales de esos países, entre ellos en Perú.
Posteriormente en enero del año 2008, en Caracas se celebra la VI Cumbre del ALBA, donde se aprueba la estrategia para el Consejo de Movimientos Sociales del ALBA, incluyendo sus principios, estructura y funciones, además se acuerda darle continuidad a dos acciones pendientes aprobadas en Tintorero, que son:
– Identificar en el ámbito Latinoamericano y caribeño, organizaciones, redes y campañas sub-regionales y regionales, nacionales y locales, en países extra-ALBA que puedan ser convocadas para formar parte del Consejo de Movimientos Sociales”.
– Realizar reunión constitutiva del Consejo de Movimientos Sociales”.
El complejo proceso de organización de la institucionalidad del ALBA-TCP como mecanismo de integración, las realidades y desafíos que han vivido algunos de los procesos políticos de los países miembros (Bolivia, Venezuela), otras prioridades y esfuerzos dentro del ALBA-TCP y criterios de países miembros han determinado que esta iniciativa esté pospuesta desde esa fecha (Aún en febrero de este año, 2009, la Comisión Política acordó “establecer un plazo a la creación de los capítulos nacionales de movimientos sociales y comunicar a la coordinación permanente del ALBA los detalles al respecto antes de finales de abril de 2009. Ello con el fin de promover la instalación del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA el primero de mayo de 2009”).
Y es en este contexto que en julio de 2008 el MST y las organizaciones de la Vía Campesina Brasil, en diálogo con otras organizaciones del continente, convocan a sendos encuentros en la Escuela Nacional Florestán Fernández (MST) con un grupo sustantivo de líderes y operadores políticos de movimientos y organizaciones sociales, para, con todos estos antecedentes, llamar a un proceso de construcción de una articulación hemisférica de movimientos y organizaciones sociales en torno a los principios del ALBA y sus iniciativas. Resultado de esta reunión es la Carta de los Movimientos Sociales de las Américas que fue lanzada en la Asamblea de Movimientos Sociales, en ocasión del III Foro Social de las Américas (Guatemala, octubre 2008).
En enero de 2009, como parte de las actividades del VIII FSM 2009, celebrado en Belem de Pará, Brasil, se reunieron en la Asamblea de Movimientos Sociales, representantes de centenares de organizaciones y movimientos de todos los países de las Américas, que se identifican con el proceso de construcción del ALBA, para aprobar esta carta en su versión definitiva: Carta de los Movimientos Sociales de las Américas. Construyendo la integración de los pueblos desde abajo. Impulsando el ALBA y la solidaridad de los pueblos, frente al proyecto del imperialismo.
Recientemente en septiembre de este año, en Sao Paulo se realiza una Convocatoria a los Movimientos Sociales de Las Américas con el objetivo de articular el proceso de construcción del ALBA a partir de los Movimientos Sociales.
Con este recuento no solo reflejamos el camino recorrido en este proceso de integración hasta la fecha, sino que los alentamos a reflexionar y construir desde nuestra historia común.
En efecto lo que estamos viviendo en América Latina es parte de un proceso abarcador de reapropiación social de nuestro destino, de nuevas formas de organización política, horizontal, de democracia directa y participativa, de una economía plural que recupere los recursos naturales en beneficio de los pueblos, de una construcción de nuevas relaciones sociales armónicas, solidarias y comunitarias de producción.
Ahora con una fuerza inusitada surge en América y el mundo el grito de libertad, de lucha por la recuperación de nuestro territorio, de nuestras libertades, de nuestra soberanía; miles de hermanos se sumaron a la causa revolucionaria para liberar la patria, miles de ellos ofrendaron sus vidas en este intento, en diferentes épocas y de diferentes maneras, mártires de la revolución fueron los Tupac Katari, Tupac Amaru, Bartolina Sisa, Manuela Saenz, Apiaguayki Tumpa, Juana Azurduy de Padilla, Santos Pariamo, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Inti Peredo, Lempira el héroe de la revolución hondureña, el libertador Simón Bolívar, Augusto Cesar Sandino, José Martí, Ernesto Che Guevara, Salvador Allende. Luis Espinal y actualmente los cinco patriotas cubanos que purgan condenas perpetúas por el solo hecho de luchar contra el terrorismo, contra el imperialismo.
Esta Primera Cumbre del Consejo de Movimientos Sociales en el marco del ALBA-TCP, es una Cumbre histórica que permite la participación directa de los movimientos sociales en los diferentes medios de cooperación y solidaridad, a diferencia de otros mecanismos de integración de países, que nunca han considerado la participación plena de los pueblos y naciones, limitándose a meros intercambios de intereses mercantilistas que van en contra de la integración y reciprocidad de pueblos y naciones de la gran Abya Yala (latinoamericana).
En este contexto la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América y el Caribe, se constituye en un verdadero espacio de construcción de una nueva patria latinoamericana, portando la bandera de la humanidad por su definitiva emancipación. Por eso estamos dispuestos a combatir contra la explotación del hombre por el hombre, considerando que existe la latente necesidad de una “segunda independencia”.
Ésta Cumbre Internacional, es el saludo de los Movimientos Sociales de los países miembros del ALBA-TCP, a la VII Cumbre de Presidentes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos, que durante media década lucha por la desaparición de toda forma de dominación y explotación contra los pueblos y la construcción de relaciones de complementariedad y ayuda recíproca en procura de su desarrollo y de lograr el buen vivir.
Aquí, desde el corazón de Sudamérica, desde los pueblos combatientes, las organizaciones indígenas originarios campesinas, obreros, trabajadores, estudiantes, clase media y profesionales comprometidos con su pueblo de Venezuela, Cuba, Bolivia, Antigua y Barbuda, Ecuador, Nicaragua, Honduras, la Mancomunidad de Domínica, San Vicente y las Granadinas, aunados en el Consejo de Movimientos Sociales del ALBA-TCP, nos comprometemos a defender los principios revolucionarios del ALBA-TCP, que potencian la lucha y la resistencia contra todo tipo de explotación para construir un mundo diferente.
Nuestro objetivo como Consejo de Movimientos Sociales de los países miembros del ALBA-TCP, es la lucha por el pluralismo en nuestros países y en el mundo entero, sustentada en la armonía entre nuestros pueblos y la madre tierra para el buen vivir, en los principios morales, éticos, políticos y económicos de nuestras comunidades y barrios del campo y la ciudad. Pretendemos forjar desde el seno del pueblo una nueva Patria Social Comunitaria, descolonizada y fundada en la multidiversidad, respetuosa de las diferencias y de las particularidades sociales y regionales.
La actuación del Consejo de Movimientos Sociales, estará fundamentada en los siguientes principios:
– Es un espacio inclusivo, abierto, diverso y plural, a partir de la identificación con los objetivos y principios del ALBA-TCP.
– Es un espacio para compartir y desarrollar agendas comunes que beneficien a los pueblos, sin convertirnos en un espacio para dirimir disputas y representaciones políticas.
– Es un espacio para fortalecer posiciones políticas económicas y sociales, sin convertirnos en un foro o asamblea de actuación social, que reconoce los espacios de articulación existentes.
– Significa el compromiso de la plena identificación con los principios generales que definen el ALBA-TCP como proceso de integración.
– Expresa la legitimidad y representación real de los Movimientos Sociales que se integran.
– En países miembros, sostener permanente diálogo e interrelación con sus respectivos gobiernos.
– Cada Coordinación Nacional en los países miembros del ALBA-TCP, definirá sus propias dinámicas de actuación y de relacionamiento con sus gobiernos.
– En países miembros del ALBA-TCP, los vínculos de las organizaciones sociales con el CMS, se desarrollará a través de las Coordinaciones Nacionales.
– Integrar el enfoque de género, reconociendo el legítimo derecho de la participación de la mujer en los movimientos sociales con equidad, igualdad real y justicia social.
Los pueblos de América Latina que pertenecemos a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América Latina y el Caribe – Tratado de Comercio de los Pueblos, organizados en este Consejo, continuaremos luchando contra los constantes intentos del imperialismo norteamericano de privarnos del desarrollo económico pleno; ni los ataques, amedrentamientos, armas, utilización de la violencia podrán callarnos, seguiremos luchando y siendo solidarios ahora particularmente con el pueblo hermano de Honduras.
Estamos convencidos de que sólo con la organización, movilización y la unidad de los pueblos del ALBA-TCP, es posible un auténtico proceso de integración, como también el logro de la transformación económica, social, política y cultural de nuestros países.
Esta Cumbre reafirma la voluntad de Bolivia, Venezuela, Cuba, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Nicaragua, Honduras, Ecuador y la Mancomunidad de Dominica por el desarrollo y el fortalecimiento del Consejo de Movimientos Sociales sobre la base de una solidaridad comprometida con los demás pueblos del continente; optamos por la lucha plural, democrática, antifascista y antiimperialista, a través de un trabajo con objetivos políticos que no escondan su naturaleza ni su carácter revolucionario.
La conformación de este Consejo de Movimientos Sociales nos permite salir de las luchas locales y aisladas, de nuestras fronteras nacionales para integrarnos en la dimensión del AbyaYala o patria latinoamericana, permite la complementariedad y participación de los pueblos en los diferentes Consejos y Grupos de Trabajo que son las instancias de unificación que funcionan en el marco de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América Latina y el Caribe.
Para lo cual se conforma un comité ad hoc, que coordinara Bolivia, y será integrado por un representante de los tres capítulos nacionales ya creados (Bolivia, Venezuela y Cuba) y otras importantes organizaciones, redes y campañas para impulsar el proceso de constitución del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA-TCP en seis meses.
Es dado en la ciudad de Cochabamba, a los 16 días del mes octubre de 2009.
______________________________
PROPUESTA DE ACCION
– Consolidación de los capítulos nacionales con organizaciones representativas de los movimientos sociales.
– Incorporar a los movimientos sociales de los países del ALBA en el Exterior. Así como organizaciones sociales presentes en los países Miembros del ALBA.
– Crear espacios de discusión para evaluar actividades de los movimientos sociales y desarrollar programas comunes.
– Que los movimientos sociales realicen actividades de solidaridad de manera conjunta.
– Saludamos las iniciativas de Vía Campesina, MST y otras organizaciones, propuestas en septiembre de 2009 en Sao Paulo, en la perspectiva de fortalecer la articulación de los movimientos sociales del continente. En específico, nos sumamos a la iniciativa de la realización de una Asamblea Continental de Movimientos Sociales con el ALBA, para el primer semestre del 2010.
– Fortalecer los programas de desarrollo, participación y asistencia a través de los movimientos sociales.
– Asignación presupuestaria a los movimientos sociales
– Privilegiar el proceso de participación de la mujer en la dirección de los movimientos sociales.
– Incorporación de manera progresiva a organizaciones comunitarias pequeñas con igualdad de derecho de participación.
– Luchar por los derechos de los inmigrantes a un trabajo digno y a la salud.
– Impulsar la participación de los movimientos sociales de los países cuyos gobiernos no son integrantes formales del ALBA como forma de globalizar la lucha.
– Los programas de los movimientos sociales deben ser entregados a los Jefes de Estado y de Gobierno de los Países del ALBA a través de resoluciones para su aprobación.
– Los “10 mandamientos para salvar la vida y el planeta, la humanidad y la vida” propuesto por el Presidente Evo Morales deben ser adoptados como principios fundamentales de los movimientos sociales.
– Cada capítulo nacional debe establecer sus programas que respondan a las necesidades reales de los pueblos.
– Establecer mecanismos de comunicación permanente entre los movimientos sociales y los pueblos y naciones indígenas originarias campesinas, donde se compartan las experiencias del proceso en cada país.
– Desarrollar programas de formación para los voceros de los movimientos sociales.
– Crear una red de medios de comunicación e información propios de los movimientos sociales.
– Luchar y demandar el derecho de los pueblos a la paz y a su autodeterminación.
– Invitar a las Nacionalidades y pueblos indígenas; a las comunidades del campo y de la ciudad; a las organizaciones populares; a los medios y redes de comunicación comunitaria y masiva; a todos y todas los habitantes del mundo, a difundir, denunciar y condenar en sus espacios; las estrategias de intervención de los Estados Unidos, a través de bases militares en Colombia, en la región, y el resto del mundo.
– Impulsar campañas en contra de las empresas transnacionales e impulsar proyectos gran nacionales promovidos por los gobiernos del ALBA A TRAVES DEL TRATADO DE COMERCIO DE LOS PUEBLOS.
– Apoyar la adopción de una moneda internacional, promovidos por los países del ALBA y la UNASUR.
– Estimular las luchas sociales para el re-ascenso del movimiento de masas.
Para lo cual se conforma un comité ad hoc, que coordinara Bolivia, y será integrado por un representante de los tres capítulos nacionales ya creados (Bolivia, Venezuela y Cuba) y otras importantes organizaciones, redes y campañas para impulsar el proceso de constitución del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA-TCP en seis meses

Dirigido a la Cumbre de la Alianza Bolivariana para los  Pueblos de Nuestra América –ALBA-

Cochabamba, 16 y 17 de octubre 2009

La ALBA es coincidente en su propuesta con principios y reivindicaciones históricas planteadas por el movimiento de mujeres. Sus principios de solidaridad, shop cooperación, reciprocidad, complementariedad, diversidad e igualdad, han sido la base de las prácticas y contribuciones económicas de las mujeres, ligadas prioritariamente a la reproducción integral de procesos y condiciones de vida, y son también el eje de nuestras visiones sobre un nuevo sistema económico. Así, la ALBA confluye con la aspiración de las mujeres latinoamericanas y caribeñas de levantar una sociedad integrada desde una perspectiva incluyente, que recoja y potencie la policroma diversidad de sus pueblos, superando injusticias y desigualdades.

Nosotras, que participamos activamente en las luchas y resistencias contra los proyectos de integración pautados por el capital, reconocemos a la ALBA como expresión de la búsqueda de un proyecto propio, en el cual los movimientos sociales y los pueblos, con nuestra participación activa, podamos contribuir y consensuar un proceso de construcción de sociedades alternativas.

Apreciamos el potencial de la ALBA para plantear un proyecto latinoamericano basado en transformaciones mayores: el socialismo del siglo XXI –que, como lo han asumido ya algunos presidentes, ‘solo podrá ser feminista’-; el paradigma del Buen Vivir / Vivir Bien y la riqueza de la plurinacionalidad, que redefinen ya los estados de algunos de sus países miembros.

Valoramos el hecho de que, en su corta vida, la ALBA registra ya logros en el terreno del intercambio solidario, en los dominios de educación, salud,  cooperación energética; es notable su proyección como espacio de concertación política y resolución de conflictos, de construcción de posiciones comunes, “en defensa de la independencia, la soberanía, la autodeterminación y la identidad de los países que la integran y de los intereses y las aspiraciones de los pueblos del Sur frente a los intentos de dominación política y económica”.

Como parte de los movimientos sociales y como protagonistas históricas de experiencias no mercantilizadas, hemos planteado, al igual que la ALBA, que nuestras sociedades se construyan sobre la base de la “unión de los pueblos, la autodeterminación, la complementariedad económica, el comercio justo, la lucha contra la pobreza, la preservación de la identidad cultural, la integración energética, la defensa del ambiente y la justicia”; desde esta coincidencia de perspectivas nos proponemos mancomunar esfuerzos para lograr los objetivos comunes de construcción de una Latinoamérica autodeterminada, solidaria, libre de relaciones patriarcales y levantada bajo los designios del Buen Vivir / Vivir Bien.

La consolidación de la ALBA como un espacio de soberanía política, económica, social, institucional, cultural, de la diversidad, de lo popular y de lo público demanda cambios de fondo en la manera de pensar, diseñar, decidir y materializar las políticas. Se trata de construir un nuevo paradigma societal, que va más allá de rediseñar el existente. Este es un reto que requiere aunar toda la inteligencia, comprensión y capacidad de diálogo entre los gobiernos de los países de la ALBA y los movimientos sociales, de manera fluida y permanente.

La creación del Consejo Ministerial de Mujeres y del Consejo de Movimientos Sociales, es paso importante para la articulación efectiva entre los gobiernos y los pueblos.  Saludamos esta decisión, a la vez que ofrecemos nuestro concurso para contribuir con el desarrollo de una perspectiva feminista en el conjunto de iniciativas y de políticas de la ALBA, como también para visualizar las medidas específicas que deberían tomarse para propiciar la igualdad de las mujeres y para erradicar el patriarcado.

Consideramos que los cambios que plantea la ALBA son alcanzables en tanto se amplíen y profundicen cambios como los que ya han emprendido algunos de nuestros países con un sentido de transformación estructural, que incluyen el reconocimiento de la diversidad económica y productiva y en ese marco la visibilización de las mujeres como actoras económicas, la equiparación entre el trabajo productivo y el reproductivo, el desarrollo de éticas de igualdad, diversidades y no violencia, el reconocimiento de la soberanía alimentaria, entre otros aspectos que podrían convertirse en punto común para todas las políticas públicas de la ALBA, colocando como eje el Buen Vivir / Vivir Bien y la sostenibilidad de la vida.

Con especial interés seguimos la propuesta de construir una Zona Económica de Desarrollo Compartido entre los países de la ALBA; consideramos que a su amparo y bajo un enfoque de economía diversa, social y solidaria, se pueden desarrollar iniciativas compartidas de soberanía alimentaria, de reconocimiento y desarrollo de los conocimientos de las mujeres,  de rescate y curaduría de las semillas nativas y de transgenosis natural, de producción y distribución cooperativa y asociativa, de generación de infraestructura y tecnologías orientadas al cuidado humano y ambiental.

La creación de núcleos de desarrollo endógeno binacionales o trinacionales, que transformen las condiciones de trabajo y empleo para las mujeres del campo y la ciudad, sería una importante experiencia de integración y preservación regional de la cultura productiva y solidaria acumulada históricamente por nuestros pueblos.
De igual manera, la creación de un Instituto de Estudios Feministas de los países de la ALBA, que organice intercambios de conocimientos y saberes entre los países, desarrolle proyectos de investigación sobre políticas públicas e internacionales, recupere los múltiples aportes de las mujeres a lo largo de nuestra historia, y juegue un papel activo en la generación de propuestas y desarrollo de asesorías a los gobiernos en esta materia, contribuirá significativamente al fortalecimiento de nuestro proceso de cambio regional.

La ALBA es un espacio privilegiado para el impulso de un proyecto de integración alternativo que no debe repetir el déficit democrático de las propuestas precedentes. La participación en la concepción, diseño y ejecución de proyectos debe ser una divisa, por ello proponemos, como forma inicial de materialización de esa participación, que en la  instancia técnica del Consejo Social encargada de elaborar estudios, preparar propuestas y formular proyectos relacionados con las políticas sociales de la ALBA, así como de coordinar y darles seguimiento, se contemple la participación paritaria de las mujeres, la misma que deberá hacerse extensiva a todas las instancias, incluidas aquellas de decisión, gestión y representación.

La ALBA tiene la particularidad de reunir a países de la Región Andina, Centroamérica y el Caribe, con problemáticas comunes y diferentes en materia de salud y vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos. Sería pertinente la creación de redes de intercambio y ayuda de las organizaciones de mujeres ante situaciones de emergencia epidemiológica y catástrofes naturales.

Si bien el surgimiento y desarrollo de la ALBA ha sido un factor reconfortante en la senda de nuestras luchas, persisten en el mundo y en la región tendencias y procesos que constituyen zonas de riesgo y/o amenazas para los procesos de cambio, ante los cuales debemos permanecer alerta y desplegar toda la capacidad en defensa de nuestros procesos de transformación.  Declarar a los países de la ALBA como territorios de paz y libres de bases militares extrajeras es una propuesta de gran coherencia y defensa de la soberanía.

Con preocupación vemos el avance en la región de un modelo de crecimiento focalizado en megaproyectos, que avanzan sin el consentimiento de los pueblos y atentan contra sus derechos, soberanía y autodeterminación.  El auge de monumentales obras de infraestructura bajo el amparo de proyectos como IIRSA y el Plan Mesoamérica, involucran a países de toda América Latina, incluso países de la ALBA. Tales obras son el sustento para la profundización y ampliación de economías de enclave, basadas en la racionalidad extractivista, deprededadora en su relación con la naturaleza y reproductora de las condiciones de relegamiento de nuestros pueblos. Estas obras tienen un notorio impacto sobre las mujeres, en especial las indígenas, comprometen la soberanía alimentaria de esas localidades y alteran la geografía, los ecosistemas y los patrones de consumo tradicional; algunas de ellas abren paso a la depredación de los recursos localizados en la Amazonía y en los bosques tropicales de Centroamérica.

Creemos que es urgente que los gobiernos de la ALBA consideren colectivamente una crítica y distanciamiento de tales iniciativas del capitalismo neoliberal y asuman, sin ambigüedades, un nuevo enfoque de desarrollo congruente con la propuesta del Buen Vivir / Vivir Bien y con el proceso de cambios y estructurales que la ALBA conlleva.
Con inquietud hemos visto, asimismo, el relanzamiento del Fondo Monetario Internacional en varios foros internacionales, como instancia reguladora frente a la actual crisis; resulta ofensivo hacia nuestros pueblos ignorar la responsabilidad de esa institución no sólo en las dinámicas que condujeron a la propia crisis, sino también en la aplicación de las políticas neoliberales que aún nos afectan duramente.  Ratificamos nuestra convicción, expresada en el último Foro Social Mundial (Belém 2009), de que el enfrentamiento a la crisis demanda alternativas anticapitalistas, antirracistas,  anti-imperialistas, socialistas, feministas y ecologistas.

Es igualmente preocupante que se mantengan injustificadas expectativas en que la conclusión de la Ronda Doha de la OMC pueda resolver los problemas de acceso al mercado para los países ‘en desarrollo’. Los pueblos reclamamos el comercio justo y solidario frente al libre comercio; la apertura indiscriminada de nuestros mercados desplazó a las y los productores locales, la sustitución de importaciones fue demonizada para abrir nuestros mercados a los productos importados, la competencia se impuso a la lógica de la complementariedad y cooperación regional.

La ALBA es un espacio invaluable para el rescate y el desarrollo de las producciones locales que fortalezcan las relaciones entre los pueblos y favorezcan formas de gestión colectiva, definida en torno al interés social y a los derechos de la naturaleza, por lo mismo debería extender la influencia de su filosofía a los acuerdos internacionales  con otras regiones.

La ALBA es un espacio privilegiado para la construcción de soberanía financiera. Recuperar el control sobre nuestros ahorros y recursos financieros y reorientar su utilización hacia nuestros objetivos estratégicos, con criterios de democratización y redistribución es fundamental. Resalta como mecanismo el Banco de la ALBA, que puede ser uno de los puntales para desarrollo de iniciativas económicas de carácter social y solidario de alcance regional, nacional y local, que se fundamenten en visiones de complementariedad entre los países y de justicia de género, integrando medidas eficaces para asegurar el acceso de las mujeres a los recursos y a la toma de decisiones. En igual sentido valoramos la importancia de la adopción del SUCRE como medio de intercambio soberano y eficaz en el comercio internacional entre nuestros países.

Finalmente, es un desafío común para los países de la ALBA avanzar en políticas y medidas conjuntas para:

Reconocer, dentro de las modalidades de trabajo, a las labores de autosustento y cuidado humano no remunerado que se realiza en los hogares. Los Estados deberían comprometerse a facilitar servicios e infraestructura para la atención pública y comunitaria de las necesidades básicas de todos los grupos dependientes (niñas/os, personas con discapacidad, adultas/os mayores), definir horarios de trabajo adecuados, impulsando la corresponsabilidad y reciprocidad de hombres y mujeres en el trabajo doméstico y en las obligaciones familiares, así como extender la seguridad social a quienes hacen esas labores.

Impulsar reformas agrarias integrales y sostenibles, con una visión holística de la tierra como fuente de vida, que propicien la diversidad económica y productiva, la redistribución y la prohibición del latifundio.

Impulsar la integración energética de América Latina y El Caribe bajo los principios del Buen Vivir / Vivir Bien, priorizando dentro de las estrategias de cooperación, proyectos de generación de energías limpias para fortalecer las capacidades de las pequeñas unidades productivas y las condiciones de vida de las poblaciones más empobrecidas.

ALBA, un nuevo amanecer para nuestros pueblos
con igualdad para las mujeres!

Red Latinoamericana Mujeres Transformando la Economía –REMTE-
Articulación de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina
Federación de Mujeres Cubanas
Federación Democrática Internacional de Mujeres
FEDAEPS


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Dirigido a la Cumbre de la Alianza Bolivariana para los  Pueblos de Nuestra América –ALBA-

Cochabamba, treat 16 y 17 de octubre 2009

La ALBA es coincidente en su propuesta con principios y reivindicaciones históricas planteadas por el movimiento de mujeres. Sus principios de solidaridad, decease cooperación, reciprocidad, complementariedad, diversidad e igualdad, han sido la base de las prácticas y contribuciones económicas de las mujeres, ligadas prioritariamente a la reproducción integral de procesos y condiciones de vida, y son también el eje de nuestras visiones sobre un nuevo sistema económico. Así, la ALBA confluye con la aspiración de las mujeres latinoamericanas y caribeñas de levantar una sociedad integrada desde una perspectiva incluyente, que recoja y potencie la policroma diversidad de sus pueblos, superando injusticias y desigualdades.

Nosotras, que participamos activamente en las luchas y resistencias contra los proyectos de integración pautados por el capital, reconocemos a la ALBA como expresión de la búsqueda de un proyecto propio, en el cual los movimientos sociales y los pueblos, con nuestra participación activa, podamos contribuir y consensuar un proceso de construcción de sociedades alternativas.

Apreciamos el potencial de la ALBA para plantear un proyecto latinoamericano basado en transformaciones mayores: el socialismo del siglo XXI –que, como lo han asumido ya algunos presidentes, ‘solo podrá ser feminista’-; el paradigma del Buen Vivir / Vivir Bien y la riqueza de la plurinacionalidad, que redefinen ya los estados de algunos de sus países miembros.

Valoramos el hecho de que, en su corta vida, la ALBA registra ya logros en el terreno del intercambio solidario, en los dominios de educación, salud,  cooperación energética; es notable su proyección como espacio de concertación política y resolución de conflictos, de construcción de posiciones comunes, “en defensa de la independencia, la soberanía, la autodeterminación y la identidad de los países que la integran y de los intereses y las aspiraciones de los pueblos del Sur frente a los intentos de dominación política y económica”.

Como parte de los movimientos sociales y como protagonistas históricas de experiencias no mercantilizadas, hemos planteado, al igual que la ALBA, que nuestras sociedades se construyan sobre la base de la “unión de los pueblos, la autodeterminación, la complementariedad económica, el comercio justo, la lucha contra la pobreza, la preservación de la identidad cultural, la integración energética, la defensa del ambiente y la justicia”; desde esta coincidencia de perspectivas nos proponemos mancomunar esfuerzos para lograr los objetivos comunes de construcción de una Latinoamérica autodeterminada, solidaria, libre de relaciones patriarcales y levantada bajo los designios del Buen Vivir / Vivir Bien.

La consolidación de la ALBA como un espacio de soberanía política, económica, social, institucional, cultural, de la diversidad, de lo popular y de lo público demanda cambios de fondo en la manera de pensar, diseñar, decidir y materializar las políticas. Se trata de construir un nuevo paradigma societal, que va más allá de rediseñar el existente. Este es un reto que requiere aunar toda la inteligencia, comprensión y capacidad de diálogo entre los gobiernos de los países de la ALBA y los movimientos sociales, de manera fluida y permanente.

La creación del Consejo Ministerial de Mujeres y del Consejo de Movimientos Sociales, es paso importante para la articulación efectiva entre los gobiernos y los pueblos.  Saludamos esta decisión, a la vez que ofrecemos nuestro concurso para contribuir con el desarrollo de una perspectiva feminista en el conjunto de iniciativas y de políticas de la ALBA, como también para visualizar las medidas específicas que deberían tomarse para propiciar la igualdad de las mujeres y para erradicar el patriarcado.

Consideramos que los cambios que plantea la ALBA son alcanzables en tanto se amplíen y profundicen cambios como los que ya han emprendido algunos de nuestros países con un sentido de transformación estructural, que incluyen el reconocimiento de la diversidad económica y productiva y en ese marco la visibilización de las mujeres como actoras económicas, la equiparación entre el trabajo productivo y el reproductivo, el desarrollo de éticas de igualdad, diversidades y no violencia, el reconocimiento de la soberanía alimentaria, entre otros aspectos que podrían convertirse en punto común para todas las políticas públicas de la ALBA, colocando como eje el Buen Vivir / Vivir Bien y la sostenibilidad de la vida.

Con especial interés seguimos la propuesta de construir una Zona Económica de Desarrollo Compartido entre los países de la ALBA; consideramos que a su amparo y bajo un enfoque de economía diversa, social y solidaria, se pueden desarrollar iniciativas compartidas de soberanía alimentaria, de reconocimiento y desarrollo de los conocimientos de las mujeres,  de rescate y curaduría de las semillas nativas y de transgenosis natural, de producción y distribución cooperativa y asociativa, de generación de infraestructura y tecnologías orientadas al cuidado humano y ambiental.

La creación de núcleos de desarrollo endógeno binacionales o trinacionales, que transformen las condiciones de trabajo y empleo para las mujeres del campo y la ciudad, sería una importante experiencia de integración y preservación regional de la cultura productiva y solidaria acumulada históricamente por nuestros pueblos.
De igual manera, la creación de un Instituto de Estudios Feministas de los países de la ALBA, que organice intercambios de conocimientos y saberes entre los países, desarrolle proyectos de investigación sobre políticas públicas e internacionales, recupere los múltiples aportes de las mujeres a lo largo de nuestra historia, y juegue un papel activo en la generación de propuestas y desarrollo de asesorías a los gobiernos en esta materia, contribuirá significativamente al fortalecimiento de nuestro proceso de cambio regional.

La ALBA es un espacio privilegiado para el impulso de un proyecto de integración alternativo que no debe repetir el déficit democrático de las propuestas precedentes. La participación en la concepción, diseño y ejecución de proyectos debe ser una divisa, por ello proponemos, como forma inicial de materialización de esa participación, que en la  instancia técnica del Consejo Social encargada de elaborar estudios, preparar propuestas y formular proyectos relacionados con las políticas sociales de la ALBA, así como de coordinar y darles seguimiento, se contemple la participación paritaria de las mujeres, la misma que deberá hacerse extensiva a todas las instancias, incluidas aquellas de decisión, gestión y representación.

La ALBA tiene la particularidad de reunir a países de la Región Andina, Centroamérica y el Caribe, con problemáticas comunes y diferentes en materia de salud y vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos. Sería pertinente la creación de redes de intercambio y ayuda de las organizaciones de mujeres ante situaciones de emergencia epidemiológica y catástrofes naturales.

Si bien el surgimiento y desarrollo de la ALBA ha sido un factor reconfortante en la senda de nuestras luchas, persisten en el mundo y en la región tendencias y procesos que constituyen zonas de riesgo y/o amenazas para los procesos de cambio, ante los cuales debemos permanecer alerta y desplegar toda la capacidad en defensa de nuestros procesos de transformación.  Declarar a los países de la ALBA como territorios de paz y libres de bases militares extrajeras es una propuesta de gran coherencia y defensa de la soberanía.

Con preocupación vemos el avance en la región de un modelo de crecimiento focalizado en megaproyectos, que avanzan sin el consentimiento de los pueblos y atentan contra sus derechos, soberanía y autodeterminación.  El auge de monumentales obras de infraestructura bajo el amparo de proyectos como IIRSA y el Plan Mesoamérica, involucran a países de toda América Latina, incluso países de la ALBA. Tales obras son el sustento para la profundización y ampliación de economías de enclave, basadas en la racionalidad extractivista, deprededadora en su relación con la naturaleza y reproductora de las condiciones de relegamiento de nuestros pueblos. Estas obras tienen un notorio impacto sobre las mujeres, en especial las indígenas, comprometen la soberanía alimentaria de esas localidades y alteran la geografía, los ecosistemas y los patrones de consumo tradicional; algunas de ellas abren paso a la depredación de los recursos localizados en la Amazonía y en los bosques tropicales de Centroamérica.

Creemos que es urgente que los gobiernos de la ALBA consideren colectivamente una crítica y distanciamiento de tales iniciativas del capitalismo neoliberal y asuman, sin ambigüedades, un nuevo enfoque de desarrollo congruente con la propuesta del Buen Vivir / Vivir Bien y con el proceso de cambios y estructurales que la ALBA conlleva.
Con inquietud hemos visto, asimismo, el relanzamiento del Fondo Monetario Internacional en varios foros internacionales, como instancia reguladora frente a la actual crisis; resulta ofensivo hacia nuestros pueblos ignorar la responsabilidad de esa institución no sólo en las dinámicas que condujeron a la propia crisis, sino también en la aplicación de las políticas neoliberales que aún nos afectan duramente.  Ratificamos nuestra convicción, expresada en el último Foro Social Mundial (Belém 2009), de que el enfrentamiento a la crisis demanda alternativas anticapitalistas, antirracistas,  anti-imperialistas, socialistas, feministas y ecologistas.

Es igualmente preocupante que se mantengan injustificadas expectativas en que la conclusión de la Ronda Doha de la OMC pueda resolver los problemas de acceso al mercado para los países ‘en desarrollo’. Los pueblos reclamamos el comercio justo y solidario frente al libre comercio; la apertura indiscriminada de nuestros mercados desplazó a las y los productores locales, la sustitución de importaciones fue demonizada para abrir nuestros mercados a los productos importados, la competencia se impuso a la lógica de la complementariedad y cooperación regional.

La ALBA es un espacio invaluable para el rescate y el desarrollo de las producciones locales que fortalezcan las relaciones entre los pueblos y favorezcan formas de gestión colectiva, definida en torno al interés social y a los derechos de la naturaleza, por lo mismo debería extender la influencia de su filosofía a los acuerdos internacionales  con otras regiones.

La ALBA es un espacio privilegiado para la construcción de soberanía financiera. Recuperar el control sobre nuestros ahorros y recursos financieros y reorientar su utilización hacia nuestros objetivos estratégicos, con criterios de democratización y redistribución es fundamental. Resalta como mecanismo el Banco de la ALBA, que puede ser uno de los puntales para desarrollo de iniciativas económicas de carácter social y solidario de alcance regional, nacional y local, que se fundamenten en visiones de complementariedad entre los países y de justicia de género, integrando medidas eficaces para asegurar el acceso de las mujeres a los recursos y a la toma de decisiones. En igual sentido valoramos la importancia de la adopción del SUCRE como medio de intercambio soberano y eficaz en el comercio internacional entre nuestros países.

Finalmente, es un desafío común para los países de la ALBA avanzar en políticas y medidas conjuntas para:

Reconocer, dentro de las modalidades de trabajo, a las labores de autosustento y cuidado humano no remunerado que se realiza en los hogares. Los Estados deberían comprometerse a facilitar servicios e infraestructura para la atención pública y comunitaria de las necesidades básicas de todos los grupos dependientes (niñas/os, personas con discapacidad, adultas/os mayores), definir horarios de trabajo adecuados, impulsando la corresponsabilidad y reciprocidad de hombres y mujeres en el trabajo doméstico y en las obligaciones familiares, así como extender la seguridad social a quienes hacen esas labores.

Impulsar reformas agrarias integrales y sostenibles, con una visión holística de la tierra como fuente de vida, que propicien la diversidad económica y productiva, la redistribución y la prohibición del latifundio.

Impulsar la integración energética de América Latina y El Caribe bajo los principios del Buen Vivir / Vivir Bien, priorizando dentro de las estrategias de cooperación, proyectos de generación de energías limpias para fortalecer las capacidades de las pequeñas unidades productivas y las condiciones de vida de las poblaciones más empobrecidas.

ALBA, un nuevo amanecer para nuestros pueblos
con igualdad para las mujeres!

Red Latinoamericana Mujeres Transformando la Economía –REMTE-
Articulación de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina
Federación de Mujeres Cubanas
Federación Democrática Internacional de Mujeres
FEDAEPS

By Graciela Rodríguez. (International Gender and Trade Network Bulletin Vol. 9 No.3)


In September, shop the Ministry for Coordination of Economic Policy and the Technical Committee for the creation of a New Financial Architecture of the Ecuadorian Presidency organized the “Latin American Summit on Mechanisms for Cooperation and Trade, Financial and Monetary Integration” in Quito. The meeting was attended by the different actors from civil society and academia in South America, including the HAS ? Hemispheric Social Alliance, to discuss the effects of the financial crisis in the region and establish a
dialogue between the concerned countries of UNASUR. This call followed up the process that started in 2007, when civil society in the region also participated in a debate, convened by the then UNASUR Pro-Tempore Presidency of Bolivia, to discuss the mechanism for the participation of civil
society in the integration process. Indeed, and as a result of this debate and pressure from social movements in the region, the mechanism of social participation was finally included in the Constitutive Treaty of
UNASUR, adopted at the Presidents Summit in Brasilia in May 2008.

Now, this seminar was an opportunity to get different analysis on the crisis from the social organizations of the continent and some intergovernmental public bodies such as ECLAC, UNCTAD, SELA, etc., trying to integrate efforts to think about regional integration and the development of a new
regional financial architecture as an alternative way out of the global crisis, including helping to fuel this debate from the experiences encountered in the national levels.

Proposals such as the advancement of the provisions and standards for a Regional Development Bank, starting from the recent creation of the Bank of the South, the creation of a Regional Contingency Fund and the South American Monetary Union, and the launch of initial ideas for the formulation of a Court of Dispute Settlement, were among others, the proposals made and the in-depth discussions.

In the process of building the South American regional financial  architecture, the Chiang Mai experience and the errors identified in the European case were considered, while the progressive political process that the region lives was also assessed as the appropriate landmark for this
construction, despite the conflicts that cannot be left aside.

Finally, given the context of global economic politics and the international
agenda for the last quarter of the year – with the WTO Ministerial Meeting and the UN Conference in Copenhagen – the discussions also contributed to the advancement of the regional positioning.

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Dirigido a la Cumbre de la Alianza Bolivariana para los  Pueblos de Nuestra América –ALBA-

Cochabamba, health 16 y 17 de octubre 2009

La ALBA es coincidente en su propuesta con principios y reivindicaciones históricas planteadas por el movimiento de mujeres. Sus principios de solidaridad, cooperación, reciprocidad, complementariedad, diversidad e igualdad, han sido la base de las prácticas y contribuciones económicas de las mujeres, ligadas prioritariamente a la reproducción integral de procesos y condiciones de vida, y son también el eje de nuestras visiones sobre un nuevo sistema económico. Así, la ALBA confluye con la aspiración de las mujeres latinoamericanas y caribeñas de levantar una sociedad integrada desde una perspectiva incluyente, que recoja y potencie la policroma diversidad de sus pueblos, superando injusticias y desigualdades.

Nosotras, que participamos activamente en las luchas y resistencias contra los proyectos de integración pautados por el capital, reconocemos a la ALBA como expresión de la búsqueda de un proyecto propio, en el cual los movimientos sociales y los pueblos, con nuestra participación activa, podamos contribuir y consensuar un proceso de construcción de sociedades alternativas.

Apreciamos el potencial de la ALBA para plantear un proyecto latinoamericano basado en transformaciones mayores: el socialismo del siglo XXI –que, como lo han asumido ya algunos presidentes, ‘solo podrá ser feminista’-; el paradigma del Buen Vivir / Vivir Bien y la riqueza de la plurinacionalidad, que redefinen ya los estados de algunos de sus países miembros.

Valoramos el hecho de que, en su corta vida, la ALBA registra ya logros en el terreno del intercambio solidario, en los dominios de educación, salud,  cooperación energética; es notable su proyección como espacio de concertación política y resolución de conflictos, de construcción de posiciones comunes, “en defensa de la independencia, la soberanía, la autodeterminación y la identidad de los países que la integran y de los intereses y las aspiraciones de los pueblos del Sur frente a los intentos de dominación política y económica”.

Como parte de los movimientos sociales y como protagonistas históricas de experiencias no mercantilizadas, hemos planteado, al igual que la ALBA, que nuestras sociedades se construyan sobre la base de la “unión de los pueblos, la autodeterminación, la complementariedad económica, el comercio justo, la lucha contra la pobreza, la preservación de la identidad cultural, la integración energética, la defensa del ambiente y la justicia”; desde esta coincidencia de perspectivas nos proponemos mancomunar esfuerzos para lograr los objetivos comunes de construcción de una Latinoamérica autodeterminada, solidaria, libre de relaciones patriarcales y levantada bajo los designios del Buen Vivir / Vivir Bien.

La consolidación de la ALBA como un espacio de soberanía política, económica, social, institucional, cultural, de la diversidad, de lo popular y de lo público demanda cambios de fondo en la manera de pensar, diseñar, decidir y materializar las políticas. Se trata de construir un nuevo paradigma societal, que va más allá de rediseñar el existente. Este es un reto que requiere aunar toda la inteligencia, comprensión y capacidad de diálogo entre los gobiernos de los países de la ALBA y los movimientos sociales, de manera fluida y permanente.

La creación del Consejo Ministerial de Mujeres y del Consejo de Movimientos Sociales, es paso importante para la articulación efectiva entre los gobiernos y los pueblos.  Saludamos esta decisión, a la vez que ofrecemos nuestro concurso para contribuir con el desarrollo de una perspectiva feminista en el conjunto de iniciativas y de políticas de la ALBA, como también para visualizar las medidas específicas que deberían tomarse para propiciar la igualdad de las mujeres y para erradicar el patriarcado.

Consideramos que los cambios que plantea la ALBA son alcanzables en tanto se amplíen y profundicen cambios como los que ya han emprendido algunos de nuestros países con un sentido de transformación estructural, que incluyen el reconocimiento de la diversidad económica y productiva y en ese marco la visibilización de las mujeres como actoras económicas, la equiparación entre el trabajo productivo y el reproductivo, el desarrollo de éticas de igualdad, diversidades y no violencia, el reconocimiento de la soberanía alimentaria, entre otros aspectos que podrían convertirse en punto común para todas las políticas públicas de la ALBA, colocando como eje el Buen Vivir / Vivir Bien y la sostenibilidad de la vida.

Con especial interés seguimos la propuesta de construir una Zona Económica de Desarrollo Compartido entre los países de la ALBA; consideramos que a su amparo y bajo un enfoque de economía diversa, social y solidaria, se pueden desarrollar iniciativas compartidas de soberanía alimentaria, de reconocimiento y desarrollo de los conocimientos de las mujeres,  de rescate y curaduría de las semillas nativas y de transgenosis natural, de producción y distribución cooperativa y asociativa, de generación de infraestructura y tecnologías orientadas al cuidado humano y ambiental.

La creación de núcleos de desarrollo endógeno binacionales o trinacionales, que transformen las condiciones de trabajo y empleo para las mujeres del campo y la ciudad, sería una importante experiencia de integración y preservación regional de la cultura productiva y solidaria acumulada históricamente por nuestros pueblos.
De igual manera, la creación de un Instituto de Estudios Feministas de los países de la ALBA, que organice intercambios de conocimientos y saberes entre los países, desarrolle proyectos de investigación sobre políticas públicas e internacionales, recupere los múltiples aportes de las mujeres a lo largo de nuestra historia, y juegue un papel activo en la generación de propuestas y desarrollo de asesorías a los gobiernos en esta materia, contribuirá significativamente al fortalecimiento de nuestro proceso de cambio regional.

La ALBA es un espacio privilegiado para el impulso de un proyecto de integración alternativo que no debe repetir el déficit democrático de las propuestas precedentes. La participación en la concepción, diseño y ejecución de proyectos debe ser una divisa, por ello proponemos, como forma inicial de materialización de esa participación, que en la  instancia técnica del Consejo Social encargada de elaborar estudios, preparar propuestas y formular proyectos relacionados con las políticas sociales de la ALBA, así como de coordinar y darles seguimiento, se contemple la participación paritaria de las mujeres, la misma que deberá hacerse extensiva a todas las instancias, incluidas aquellas de decisión, gestión y representación.

La ALBA tiene la particularidad de reunir a países de la Región Andina, Centroamérica y el Caribe, con problemáticas comunes y diferentes en materia de salud y vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos. Sería pertinente la creación de redes de intercambio y ayuda de las organizaciones de mujeres ante situaciones de emergencia epidemiológica y catástrofes naturales.

Si bien el surgimiento y desarrollo de la ALBA ha sido un factor reconfortante en la senda de nuestras luchas, persisten en el mundo y en la región tendencias y procesos que constituyen zonas de riesgo y/o amenazas para los procesos de cambio, ante los cuales debemos permanecer alerta y desplegar toda la capacidad en defensa de nuestros procesos de transformación.  Declarar a los países de la ALBA como territorios de paz y libres de bases militares extrajeras es una propuesta de gran coherencia y defensa de la soberanía.

Con preocupación vemos el avance en la región de un modelo de crecimiento focalizado en megaproyectos, que avanzan sin el consentimiento de los pueblos y atentan contra sus derechos, soberanía y autodeterminación.  El auge de monumentales obras de infraestructura bajo el amparo de proyectos como IIRSA y el Plan Mesoamérica, involucran a países de toda América Latina, incluso países de la ALBA. Tales obras son el sustento para la profundización y ampliación de economías de enclave, basadas en la racionalidad extractivista, deprededadora en su relación con la naturaleza y reproductora de las condiciones de relegamiento de nuestros pueblos. Estas obras tienen un notorio impacto sobre las mujeres, en especial las indígenas, comprometen la soberanía alimentaria de esas localidades y alteran la geografía, los ecosistemas y los patrones de consumo tradicional; algunas de ellas abren paso a la depredación de los recursos localizados en la Amazonía y en los bosques tropicales de Centroamérica.

Creemos que es urgente que los gobiernos de la ALBA consideren colectivamente una crítica y distanciamiento de tales iniciativas del capitalismo neoliberal y asuman, sin ambigüedades, un nuevo enfoque de desarrollo congruente con la propuesta del Buen Vivir / Vivir Bien y con el proceso de cambios y estructurales que la ALBA conlleva.
Con inquietud hemos visto, asimismo, el relanzamiento del Fondo Monetario Internacional en varios foros internacionales, como instancia reguladora frente a la actual crisis; resulta ofensivo hacia nuestros pueblos ignorar la responsabilidad de esa institución no sólo en las dinámicas que condujeron a la propia crisis, sino también en la aplicación de las políticas neoliberales que aún nos afectan duramente.  Ratificamos nuestra convicción, expresada en el último Foro Social Mundial (Belém 2009), de que el enfrentamiento a la crisis demanda alternativas anticapitalistas, antirracistas,  anti-imperialistas, socialistas, feministas y ecologistas.

Es igualmente preocupante que se mantengan injustificadas expectativas en que la conclusión de la Ronda Doha de la OMC pueda resolver los problemas de acceso al mercado para los países ‘en desarrollo’. Los pueblos reclamamos el comercio justo y solidario frente al libre comercio; la apertura indiscriminada de nuestros mercados desplazó a las y los productores locales, la sustitución de importaciones fue demonizada para abrir nuestros mercados a los productos importados, la competencia se impuso a la lógica de la complementariedad y cooperación regional.

La ALBA es un espacio invaluable para el rescate y el desarrollo de las producciones locales que fortalezcan las relaciones entre los pueblos y favorezcan formas de gestión colectiva, definida en torno al interés social y a los derechos de la naturaleza, por lo mismo debería extender la influencia de su filosofía a los acuerdos internacionales  con otras regiones.

La ALBA es un espacio privilegiado para la construcción de soberanía financiera. Recuperar el control sobre nuestros ahorros y recursos financieros y reorientar su utilización hacia nuestros objetivos estratégicos, con criterios de democratización y redistribución es fundamental. Resalta como mecanismo el Banco de la ALBA, que puede ser uno de los puntales para desarrollo de iniciativas económicas de carácter social y solidario de alcance regional, nacional y local, que se fundamenten en visiones de complementariedad entre los países y de justicia de género, integrando medidas eficaces para asegurar el acceso de las mujeres a los recursos y a la toma de decisiones. En igual sentido valoramos la importancia de la adopción del SUCRE como medio de intercambio soberano y eficaz en el comercio internacional entre nuestros países.

Finalmente, es un desafío común para los países de la ALBA avanzar en políticas y medidas conjuntas para:

Reconocer, dentro de las modalidades de trabajo, a las labores de autosustento y cuidado humano no remunerado que se realiza en los hogares. Los Estados deberían comprometerse a facilitar servicios e infraestructura para la atención pública y comunitaria de las necesidades básicas de todos los grupos dependientes (niñas/os, personas con discapacidad, adultas/os mayores), definir horarios de trabajo adecuados, impulsando la corresponsabilidad y reciprocidad de hombres y mujeres en el trabajo doméstico y en las obligaciones familiares, así como extender la seguridad social a quienes hacen esas labores.

Impulsar reformas agrarias integrales y sostenibles, con una visión holística de la tierra como fuente de vida, que propicien la diversidad económica y productiva, la redistribución y la prohibición del latifundio.

Impulsar la integración energética de América Latina y El Caribe bajo los principios del Buen Vivir / Vivir Bien, priorizando dentro de las estrategias de cooperación, proyectos de generación de energías limpias para fortalecer las capacidades de las pequeñas unidades productivas y las condiciones de vida de las poblaciones más empobrecidas.

ALBA, un nuevo amanecer para nuestros pueblos
con igualdad para las mujeres!

Red Latinoamericana Mujeres Transformando la Economía –REMTE-
Articulación de Mujeres de la CLOC- Vía Campesina
Federación de Mujeres Cubanas
Federación Democrática Internacional de Mujeres
FEDAEPS

By Graciela Rodríguez. (International Gender and Trade Network Bulletin Vol. 9 No.3)


In September, no rx the Ministry for Coordination of Economic Policy and the Technical Committee for the creation of a New Financial Architecture of the Ecuadorian Presidency organized the “Latin American Summit on Mechanisms for Cooperation and Trade, rx Financial and Monetary Integration” in Quito. The meeting was attended by the different actors from civil society and academia in South America, including the HAS ? Hemispheric Social Alliance, to discuss the effects of the financial crisis in the region and establish a
dialogue between the concerned countries of UNASUR. This call followed up the process that started in 2007, when civil society in the region also participated in a debate, convened by the then UNASUR Pro-Tempore Presidency of Bolivia, to discuss the mechanism for the participation of civil
society in the integration process. Indeed, and as a result of this debate and pressure from social movements in the region, the mechanism of social participation was finally included in the Constitutive Treaty of
UNASUR, adopted at the Presidents Summit in Brasilia in May 2008.

Now, this seminar was an opportunity to get different analysis on the crisis from the social organizations of the continent and some intergovernmental public bodies such as ECLAC, UNCTAD, SELA, etc., trying to integrate efforts to think about regional integration and the development of a new
regional financial architecture as an alternative way out of the global crisis, including helping to fuel this debate from the experiences encountered in the national levels.

Proposals such as the advancement of the provisions and standards for a Regional Development Bank, starting from the recent creation of the Bank of the South, the creation of a Regional Contingency Fund and the South American Monetary Union, and the launch of initial ideas for the formulation of a Court of Dispute Settlement, were among others, the proposals made and the in-depth discussions.

In the process of building the South American regional financial  architecture, the Chiang Mai experience and the errors identified in the European case were considered, while the progressive political process that the region lives was also assessed as the appropriate landmark for this
construction, despite the conflicts that cannot be left aside.

Finally, given the context of global economic politics and the international
agenda for the last quarter of the year – with the WTO Ministerial Meeting and the UN Conference in Copenhagen – the discussions also contributed to the advancement of the regional positioning.

Alexander C. Chandra


“Development”—or “economic development, sales ” more precisely—has been a core aspiration of many of the regional integration initiatives of the Association of Southeast Asian Nations (ASEAN). In the area of economic cooperation, decease for example, initiatives such as the ASEAN Free Trade Agreement, the ASEAN Investment Area, and the most ambitious economic integration project of the grouping to date—the ASEAN Economic Community (AEC)—aim to promote sustainable economic development in the region. Although on the surface there are indeed some signs that indicate that ASEAN’s development goal is within reach, a significant gap remains between the rhetoric of that goal and the reality that the grouping has to face in implementing its worthy ambitions.
Indeed, while economic growth has continued and the standard of living has improved since ASEAN’s establishment in 1967, levels of economic development among Southeast Asian countries remain diverse. The quality of life in some countries in the region is better than others, with countries such as Singapore and Brunei Darussalam registering far greater gross domestic product per capita than their least developed neighbours in Cambodia, Lao PDR and Myanmar. There is unequal economic development not only among countries, but also within each of the member countries. Currently, 21 per cent of the 550 million Southeast Asian population still live in severe poverty. This is not to mention other types of social and environmental degradation that accompany the implementation of many of the grouping’s supposedly “economic development” projects.
This paper analyses the role of ASEAN, a regional institution, in promoting “sustainable development,” or development that meets the needs of the present generation without compromising the ability of future generations to meet their own needs, in Southeast Asia. More specifically, the paper looks at the social and economic equity aspects of sustainable development, and how they are integrated into the existing ASEAN economic integration initiatives. This issue is of particular policy relevance for ASEAN, especially as it is on course to establishing an AEC by 2015. From the outset, the paper argues that ASEAN’s real “sustainable development” in the area of its economic cooperation objective remains rhetorical, particularly given the persistent economic inequities that exist in the region. Among other things, the inability of the grouping to balance its pursuit of the principle of open regionalism—which is often accompanied by strong neoliberalism—with the need to democratize its economic policymaking has left millions incapable of reaping the benefits of ASEAN economic integration. The grouping is also struggling to leave behind its outdated policy of non-interference, which often hinders the economic advancement of the region. All these factors have contributed to ASEAN’s failure to advance its stated objective of “sustainable development.” Despite these problems, the paper also argues that there is still real potential for ASEAN to become a development-oriented organization. However, for this to happen, ASEAN needs to take brave steps to address the persistent economic inequality in the region.


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La Integración Suramericana: Actuar Juntos y Bien (Puente Entre Culturas y CEADESC)

Watch online the video recording from the International Conference of Governments and Social Movements “Regional Integration: an opportunity to face the crises” held 21-22 July 2009 in Paraguay.

The Conference was organised as a series of round tables for dialogue bringing together parliamentarians, ampoule governments and civil society representatives from Latin America, Africa, Asia and Europe.

The objective of this International Conference was to advance the debate among governments, regional/international bodies, policy makers, parliamentarians and social movements from the four regions about the possibilities to respond to these crises through regional alternatives and a model of regional integration that promotes a change in the development model of the regions.


CONFERENCE INTRODUCTION
– Gonzalo Berron, ASC/CSA (Brasil)
– Brid Brennan, TNI/Peoples’ Agenda for Alternative Regionalisms, (Netherlands)
– Gustavo Codas, Presidencia Gobierno (Paraguay)

PANEL 1: SYSTEMIC CRISIS, IMPACTS OF THE CRISIS ON REGIONAL INTEGRATION PROCESSES

PANEL 2: REGIONAL RESPONSES TO THE CRISES

PANEL 3: REGIONAL INTEGRATION: RE-THINKING THE DEVELOPMENT MODEL. Complementarity versus competition. Integration and Asymmetries

PANEL 4: DEVELOPMENT MODEL AND INFRASTRUCTURE

INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 1: SYSTEMIC CRISIS, ampoule IMPACTS OF THE CRISIS ON REGIONAL INTEGRATION PROCESSES

– Enrique Daza, see Executive Secretary, Hemispheric Social Alliance, Colombia
– Tetteh Hormeku, TWN/ATN, Ghana
– Walden Bello, Member of Parliament, Philippines
– Juan Gonzalez, MOSIP, Argentina


Presentation by Enrique Daza, Secretario Ejecutivo, Alianza Social Continental (Colombia)

Presentation by Tetteh Hormeku, Third World Network/African Trade Network (Ghana)

Presentation by Walden Bello, Member of Parliament (Philippines)

Presentation by Juan Gonzalez, MOSIP (Argentina)


PANEL 2: REGIONAL RESPONSES TO THE CRISES

– Juan Castillo, Secretario de Relaciones Internacional de PIT-CNT (Uruguay)

– Demba Moussa Dembele, find African Forum on Alternatives, Senegal

– Frederic Viale, ATTAC France

– Joy Chavez, Focus on the Global South, Philippines


Presentation by Juan Castillo, Secretario de Relaciones Internacional de PIT-CNT (Uruguay)

Presentation by Demba Moussa Dembele, African Forum on Alternatives, Senegal

Presentation by Frederic Viale, ATTAC France

Presentation by Joy Chavez, Focus on the Global South, Philippines

PANEL 2: Responses from the floor (Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa and Elizabeth Gautier, Espace Marx, France)

PANEL 3: Regional Integration: Re-thinking the development model. Complementarity versus competition. Integration and Asymmetries
– Gonzalo Berrón, healing ASC/CSA, physician Brazil
– Graciela Rodriguez, REBRIP, Brazil
– Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia
– Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay
– Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa
– Oscar Laborde, Government Argentina

Introduction to the Panel by Gonzalo Berrón, ASC/CSA, Brazil

Presentation by Graciela Rodriguez, REBRIP, Brazil

Presentation by Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia

Presentation by Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay


Presentation by Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa

Presentation by Oscar Laborde, Government Argentina


Questions and comments from the floor


(Meena Menon, Focus on the Global South, India and Tom Kucharz, Ecologistas en Accion, Spain)Responses from the Panel: Graciela Rodriguez, REBRIP/IGTN (Brazil), Oscar Laborde, Government Argentina and Gonzalo Berrón, ASC/CSA (Brazil)Responses from the Panel: Charles Santiago, Member of Parliament (Malaysia) and Dot Keet, Southern Africa Peoples Solidarity Network (South Africa)

INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 4: DEVELOPMENT MODEL AND INFRASTRUCTURE
– Michelle Pressend,
Trade Strategy Group, South Africa
– Guilherme Carvalho, Rede Brasil sobre Instituições Financeiras Multilaterais, Brazil
– Ricardo Miranda, Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Bolivia

Presentation by Michelle Pressend, Trade Strategy Group, South Africa

Presentation by Guilherme Carvalho, Rede Brasil sobre Instituições Financeiras Multilaterais, Brazil

Presentation by Ricardo Miranda, Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Bolivia

QUESTIONS FROM THE FLOOR
Thomas Wallgren, Coalition for comprehensive democracy – Vasudhaiva Kutumkakam (Finland)

Beverly Keen, Jubileo Sur (Argentina)

PANEL 4: DEVELOPMENT MODEL AND INFRASTRUCTURE
– Michelle Pressend, shop Trade Strategy Group, for sale South Africa
– Guilherme Carvalho, Rede Brasil sobre Instituições Financeiras Multilaterais, Brazil
– Ricardo Miranda, Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Bolivia

Presentation by Michelle Pressend, Trade Strategy Group, South Africa



Presentation by Guilherme Carvalho, Rede Brasil sobre Instituições Financeiras Multilaterais, Brazil


Presentation by Ricardo Miranda, Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Bolivia


QUESTIONS FROM THE FLOOR
Thomas Wallgren, Coalition for comprehensive democracy – Vasudhaiva Kutumkakam (Finland)


Beverly Keen, Jubileo Sur (Argentina)

INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 4: DEVELOPMENT MODEL AND INFRASTRUCTURE
– Michelle Pressend, help Trade Strategy Group, South Africa
– Guilherme Carvalho, Rede Brasil sobre Instituições Financeiras Multilaterais, Brazil
– Ricardo Miranda, Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Bolivia

Presentation by Michelle Pressend, Trade Strategy Group, South Africa

Presentation by Guilherme Carvalho, Rede Brasil sobre Instituições Financeiras Multilaterais, Brazil

Presentation by Ricardo Miranda, Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Bolivia

QUESTIONS FROM THE FLOOR
Thomas Wallgren, Coalition for comprehensive democracy – Vasudhaiva Kutumkakam (Finland)

Beverly Keen, Jubileo Sur (Argentina)

INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 3: Regional Integration: Re-thinking the development model. Complementarity versus competition. Integration and Asymmetries
– Gonzalo Berrón, ASC/CSA, Brazil
– Graciela Rodriguez, REBRIP, Brazil
– Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia
– Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay
– Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa
– Oscar Laborde, Government Argentina

Introduction to the Panel by Gonzalo Berrón, ASC/CSA, Brazil


Presentation by Graciela Rodriguez, REBRIP, Brazil


Presentation by Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia


Presentation by Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay


Presentation by Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa


Presentation by Oscar Laborde, Government Argentina


Questions and comments from the floor


(Meena Menon, Focus on the Global South, India and Tom Kucharz, Ecologistas en Accion, Spain)
Responses from the Panel: Graciela Rodriguez, REBRIP/IGTN (Brazil), Oscar Laborde, Government Argentina and Gonzalo Berrón, ASC/CSA (Brazil)
Responses from the Panel: Charles Santiago, Member of Parliament (Malaysia) and Dot Keet, Southern Africa Peoples Solidarity Network (South Africa)

INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 2: REGIONAL RESPONSES TO THE CRISES

– Juan Castillo, decease Secretario de Relaciones Internacional de PIT-CNT (Uruguay)

– Demba Moussa Dembele, African Forum on Alternatives, Senegal

– Frederic Viale, ATTAC France

– Joy Chavez, Focus on the Global South, Philippines


Presentation by Juan Castillo, Secretario de Relaciones Internacional de PIT-CNT (Uruguay)

Presentation by Demba Moussa Dembele, African Forum on Alternatives, Senegal

Presentation by Frederic Viale, ATTAC France

Presentation by Joy Chavez, Focus on the Global South, Philippines

PANEL 2: Responses from the floor (Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa and Elizabeth Gautier, Espace Marx, France)

INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 1: SYSTEMIC CRISIS, troche IMPACTS OF THE CRISIS ON REGIONAL INTEGRATION PROCESSES

– Enrique Daza, Executive Secretary, Hemispheric Social Alliance, Colombia
– Tetteh Hormeku, TWN/ATN, Ghana
– Walden Bello, Member of Parliament, Philippines
– Juan Gonzalez, MOSIP, Argentina


Presentation by Enrique Daza, Secretario Ejecutivo, Alianza Social Continental (Colombia)

Presentation by Tetteh Hormeku, Third World Network/African Trade Network (Ghana)

Presentation by Walden Bello, Member of Parliament (Philippines)

Presentation by Juan Gonzalez, MOSIP (Argentina)


INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 3: Regional Integration: Re-thinking the development model. Complementarity versus competition. Integration and Asymmetries
– Gonzalo Berrón, there ASC/CSA, capsule Brazil
– Graciela Rodriguez, REBRIP, Brazil
– Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia
– Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay
– Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa
– Oscar Laborde, Government Argentina

Introduction to the Panel by Gonzalo Berrón, ASC/CSA, Brazil



Presentation by Graciela Rodriguez, REBRIP, Brazil



Presentation by Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia



Presentation by Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay



Presentation by Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa



Presentation by Oscar Laborde, Government Argentina


Questions and comments from the floor


(Meena Menon, Focus on the Global South, India and Tom Kucharz, Ecologistas en Accion, Spain)
Responses from the Panel: Graciela Rodriguez, REBRIP/IGTN (Brazil), Oscar Laborde, Government Argentina and Gonzalo Berrón, ASC/CSA (Brazil)

Responses from the Panel: Charles Santiago, Member of Parliament (Malaysia) and Dot Keet, Southern Africa Peoples Solidarity Network (South Africa)

INTERNATIONAL CONFERENCE of GOVERNMENTS and SOCIAL MOVEMENTS “Regional Integration: an opportunity to face the crises” (21 and 22 July 2009)

PANEL 3: Regional Integration: Re-thinking the development model. Complementarity versus competition. Integration and Asymmetries
– Gonzalo Berrón, salve ASC/CSA, salve Brazil
– Graciela Rodriguez,
REBRIP, Brazil
– Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia
– Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay
– Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa
– Oscar Laborde, Government Argentina

Introduction to the Panel by Gonzalo Berrón, ASC/CSA, Brazil


Presentation by Graciela Rodriguez, REBRIP, Brazil


Presentation by Charles Santiago, Member of Parliament, Malaysia


Presentation by Tomas Palau, Base IS, Iniciativa Paraguaya por la Integración de los Pueblos, Paraguay


Presentation by Dot Keet, Trade Strategy Group, South Africa


Presentation by Oscar Laborde, Government Argentina


Questions and comments from the floor


(Meena Menon, Focus on the Global South, India and Tom Kucharz, Ecologistas en Accion, Spain)
Responses from the Panel: Graciela Rodriguez, REBRIP/IGTN (Brazil), Oscar Laborde, Government Argentina and Gonzalo Berrón, ASC/CSA (Brazil)
Responses from the Panel: Charles Santiago, Member of Parliament (Malaysia) and Dot Keet, Southern Africa Peoples Solidarity Network (South Africa)

4 y 5 de Diciembre 2006, visit
previa a la II Cumbre de de la Comunidad Sudamérica de Naciones, cincuenta lideres y lideresas indígenas de nueve países suramericanos discutieron en Cochabamba sobre la integración suramericana. Posteriormente, del 6 a 9 de Diciembre, y en paralelo a la Cumbre presidencial se organizó la Cumbre Social por la Integración de los Pueblos. La Cumbre Social por la Integración de los Pueblos fue un espacio único de participación y dialogo entre actores gubernamentales y de la sociedad civil. Como resultado, 13 sesiones temáticas formularon propuestas para la institucionalidad de la integración suramericana. Una de estas sesiones fue la Sesión de los Pueblos Indígenas y Naciones Originarios, en la cuál los líderes mencionados anteriormente tuvieron un papel protagonista. Muchos de ellos y ellas forman parte de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI). Estos eventos y posteriores actividades de la sociedad civil Suramericana dirigidas a “Otra Suramérica posible”, y específicamente las acciones referidas a la integración Suramericana que implementó la CAOI entre el inicio de 2007 y mayo 2009, forman la base de este documento. El libro analiza los procesos de la integración Suramericana desde una perspectiva amplia, relacionándoles a los procesos de la integración interamericano, latinoamericano, y regional (por ejemplo Andes, Amazonía, Cono Sur). Asimismo, partiendo de las propuestas de la sociedad civil ya formuladas, particularmente las de CAOI, el libro elabora algunas ideas para una posible institucionalidad suramericana Específicamente, el libro argumenta que la integración suramericana debe tener un carácter propio continental incluyendo los pensamientos andino-amazónicos y respetando los derechos humanos y de la naturaleza. En este sentido, se describen los crecientes impactos sociales y ambientales de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) y se discuten varios hitos importantes referidos a la integración suramericana: por ejemplo la construcción de la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR), y la construcción del Banco del Sur. Integración es la construcción de múltiples puentes. Por lo tanto adicionalmente se estudian diferentes corrientes políticas y filosóficas que tienen un papel importante en la construcción de la integración suramericana y las posibilidades de seducir a los sectores que tienen diferentes opiniones, para definir como se puede tener una articulación que óptimamente podrá contribuir a una integración suramericana que de un lado promueva acciones económicas, sociales, culturales y ambientales conjuntas a nivel de América del Sur para el bienestar de su población y su naturaleza y de otro lado promueva un papel protagonista de Suramérica en la confrontación de las crisis a nivel global.


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Movilizaciones contra la deuda y las Instituciones Financieras Internacionales

Maria Jose Romero


Today Latin American countries are faced with the option of returning to international and regional financial institutions – IMF, order World Bank and Inter-American Development Bank (IDB) – or rejecting the failed recipes of the 1990s in order to build and reinforce alternatives that allow them to face the current crisis.

The crisis is a global phenomenon that fails to forgive either regions or countries. The Institute of International Finance has forecast a dramatic reduction in private capital flows to emerging markets. While capital flows in 2007 amounted to $929 billion, they predict in 2009 flows will only reach $165 billion. Therefore, we are facing the possibility of a significant contraction of capital flows and investment in emerging economies. The question is how and by whom this contraction can be compensated.

The political argument that Latin American countries used when moving away from the IMF is the same that led them to accumulate international reserves and think of funding alternatives for the region. Now they must decide between participating in the recapitalisation of IFIs and demanding reform that gives them more power in their decision-making, or else advancing the construction of South-South cooperation mechanisms, giving shape to a regional currency and setting the Bank of the South into operation.

On the eve of the G20 meeting, South American presidents travelled to Doha to participate in the second summit of South American-Arab countries (ASPA), to strengthen the South-South axis and join forces to give more weight to their voices at the international level. Since the first meeting of ASPA in Brasilia in 2005, Brazilian exports to the Arab world have increased from $8 billion to $20 billion; while Argentinian exports also rose from $1.8 billion to $4.5 billion. According to Argentinian government officials, this relationship has been based on cooperation rather than on imposition.

The BRIC group of countries made up of Brazil, Russia, India and China, announced in March that they will only provide more money to the IMF if the institution is reformed and the voting power of emerging countries increased (see Update 65). This reform should also include the reduction of loan conditionalities for poor countries, and an increased capacity to discipline the most powerful nations.

However, many people still doubt the real magnitude of the reforms to be implemented at the IFIs. According to Argentinian economist, Benjamín Hopenhayn, a reform of the IMF’s thinking is not credible, since it needs to “change its ideology and that of the 3,000 economists that are part of the IMF.”

On the other hand, economist Anwar Shaik, professor at the New School for Social Research, of New York, has said that “global coordination would be a good idea but the question is what interests it will respond to. I do not trust the IMF or the World Bank to tell us what is right. Their track-record is awful. If coordination goes along these lines, I’d rather not have it.”

Brazilian president, Luiz Inácio Lula da Silva, has also intensified his discourse against neo-liberalism, its policies and institutions, asserting that institutions such as the IMF or World Bank had been “incapable of anticipating and controlling the financial disorder.”

In recent months, China extended currency swap arrangements worth billions of dollars to South Korea, Hong Kong, Indonesia, Malaysia and Belarus, after rejecting the requests of rich countries that it give substantial funding to the IMF in the absence of an institutional reform. This list is now joined by Argentina to which China has offered a $10.2 billion curency swap. According to Mark Weisbrot of US-based think tank Center for Economic and Policy Research this implies a specific alternative for the South American country to escape from IMF influence.

At the IDB’s 50th annual meeting in Medellin, Colombia, in March, the president of the Central Bank of Argentina, Martín Redrado talked about the convergence of macro-economic policy and made reference to the proposal for creating a single regional currency. This builds on the initiative of Venezuela to implement the Sucre as a trading currency between Venezuela, Cuba, Nicaragua and Ecuador.

Finally, the Bank of the South should be launched next May with starting capital of $10 billion from Argentina, Brazil, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay and Uruguay (see Update 62).

Civil society and organisations in the region are demanding that their governments reject the IFIs and turn towards people-centred regional alternatives.


brettonwoodsproject.org


¡Los Pueblos y el Planeta requieren Anulación de la Deuda y Reparaciones YA!

La crisis financiera y económica global tiene consecuencias devastadoras en la vida de millones de personas en todo el mundo, tanto en el Sur como en el Norte, y en nuestro hogar común, el planeta Tierra.

Junto con las crisis alimentaria, climática y energética, la crisis financiera y económica ha conllevado graves impactos: entre otros, pérdidas masivas de puestos de trabajo y salarios; recortes en los fondos para garantizar los derechos humanos básicos de salud, educación, vivienda, agua, electricidad y seguridad social; expulsiones violentas de la tierra y del territorio; un incremento en la concentración del control y la explotación de los recursos naturales por parte del poder empresarial; y un incremento de las actitudes racistas y discriminatorias por género, religión y orientación sexual.

Los costos de esta crisis, ciertamente sistémica, continúan creciendo e incluyen el agravamiento de la crisis social y la intensificación de la militarización, de la guerra y de la criminalización de la protesta, incluso cuando los beneficios de los especuladores y otros buitres empiezan a recuperarse.

Los niveles de endeudamiento en el Sur global están sufriendo también el impacto de estas crisis surgidas del corazón de la economía mundial, como resultado de políticas diseñadas en favor del libre flujo de capitales en un mercado que se había declarado autorregulado. Como resultado, la bomba de la deuda está a punto de explotar nuevamente.

La reducción de ingresos fiscales, la caída de remesas de trabajadores migrantes, y las crecientes demandas sociales, económicas y ambientales, están presionando a muchos gobiernos del Sur a la búsqueda desesperada de prestamistas, borrando cualquier mejoría reciente y convirtiéndose en presas fáciles de aquellos que no ofrecen nada sino más deuda ilegítima.

Sin embargo, la deuda que se está acumulando no es solo financiera. Las falsas soluciones que se promueven ante estas crisis están generando un incremento potencialmente irreversible de las deudas ecológica, climática, social y económica, de las que son acreedores los pueblos y el planeta, especialmente en el Sur.

Entre estas falsas soluciones podríamos citar nuevos préstamos para suplir las necesidades generadas por las crisis; créditos para proyectos de agrocombustibles, megaproyectos energéticos o los llamados mecanismos de desarrollo limpio; el mercado de carbono; el rol central del que se está dotando a instituciones altamente cuestionadas como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Fondo de Estabilidad Financiera o la Organización Mundial del Comercio.

También las reducciones de deuda limitadas, condicionadas e impulsadas desde los prestadores, desconociendo los compromisos de reconocer y anular sin condicionamientos, a las deudas financieras ilegítimas. En lugar de reconocer la necesidad de una transformación fundamental de un sistema cuyo fracaso se ha tornado cada vez más evidente, las respuestas de los gobiernos del Norte – en particular el G7-, de las empresas transnacionales y algunos gobiernos en el Sur, van encaminadas a salvar el sistema.

En vez de aprovecharse de las crisis a espaldas de los mismos pueblos, países y planeta que por un largo tiempo han estado pagando los costes de su enriquecimiento, deben ofrecer compensación y reparaciones por su responsabilidad en provocar una crisis criminal y por el uso desmedido de la riqueza y la naturaleza del mundo entero.

¡Ya basta! Nosotros, los pueblos, debemos unirnos local y globalmente para construir alternativas de equidad y de equilibro para todos y todas, sin deudas ni dominación.

Por ello convocamos a los movimientos y organizaciones de todo el mundo, a unir fuerzas en la SEMANA DE ACCIÓN GLOBAL CONTRA LA DEUDA Y LAS IFIs, del 12 al 18 de Octubre de 2009. Juntamente con los Pueblos Indígenas que convocan a una MINGA GLOBAL EN DEFENSA DE LA MADRE TIERRA, del 12 al 16 de octubre, y uniendo las luchas por liberarnos de la dominación de la deuda y del fundamentalismo del mercado, con las luchas por la justicia climática (13 de octubre), de las mujeres rurales y por el repudio de la deuda (15 de octubre), la soberanía alimentaria (16 de octubre) y la erradicación de la pobreza (17 de octubre), nos movilizaremos por soluciones duraderas que harán otro mundo, un mundo justo, posible.

ÚNANSE A LA ACCIÓN Y DEMANDEN:

•Anulación sin condiciones de todas las deudas financieras ilegítimas.

•Restitución y reparaciones de las deudas ecológicas, climáticas, económicas, sociales e históricas, sobre la base de auditorias integrales y participativas.

•Respeto del derecho soberano de los países a tomar medidas unilaterales para poner fin a los pagos de deuda a fin de satisfacer sus obligaciones con los derechos humanos y ambientales

•Respuestas a las crisis económica, climática, energética y alimentaria que no aumenten la carga de deuda sobre los pueblos del Sur ni sobre el planeta y no incrementen la militarización ni la criminalización de la protesta social.

•La creación de nuevas instituciones financieras y una arquitectura financiera global y regional que ponga a las personas y el planeta por delante del lucro y el poder empresarial.

¡Los pueblos del Sur son los acreedores! ¡No deben pagar! ¡Anulación de la Deuda y Reparaciones Ya!

Más info: semanadeuda@gmail.com

jubileosuramericas.org

SADC Peoples’ Summit Declaration (Kinshasa, the Democratic Republic of Congo, 6 September 2009)

We the more than 250 representatives of Social Movements, Non-Governmental Organisations, case Trade Unions, Religious Organisations, Economic Justice and Human Rights Networks, Youth and Women’s Organisations, met in Kinshasa, DRC, to bring the SADC Community’s attention to challenges that affect our daily lives. The SADC Peoples’ Summit is annually convened parallel to the Heads of State Summit under the auspices of the Southern Africa Peoples’ Solidarity Network, SAPSN. Our theme for this year is, ‘Reclaiming SADC for People’s Solidarity and Development Cooperation: Taking Ownership of our Resources for People’s Security and Justice”. From our deliberations at the Summit, we call on the SADC governments and all stakeholders to pay particular attention to the following:

1. Privatisation of basic Public Services: This is worsening the poverty of the SADC peoples as African leaders apply neo-capitalist and western policies without profound analysis of regional and African issues. Privatisation violates the right to life as it infringes on the rights to education, health care, accommodation, safe drinking water, protection of persons and services and also the right to electricity. The Peoples of SADC demand that:

* The DRC and the other states in the region involved in the exportation of electricity from Inga Dam ensure that there is complete electrification of DRC before exportation.
* The organised Civil Society representing specific social interests should be actively involved in the negotiations related to the granting of contracts on public services in order to guarantee the social economic rights of workers and the social responsibility of new shareholders in community development projects.
* There should be a STOP to privatisation of essential services.

2. The impact of external forces in the DRC armed conflict is of major concern.
The role of foreign states in the stabilisation of the DRC must be of concern to the SADC Heads of State. The people of SADC are demanding that:

* The SADC states move and cooperate following the SADC charter on the security of DRC in order to allow effective peoples integration;
* The SADC states must themselves avoid taking advantage of the weakness of the Congolese government to occupy it as in the case of Kayemba and Bas Congo by Angola and other forms of imposition.
* The SADC Leaders ensure that the resources of the Congo are used for the benefit of the people of the Congo.
* The rampant violence against women and children in the DRC must be stopped forthwith.

3. Democracy and human rights is a solid base to support sustainable development and guarantee the participation of SADC people in the project of regional integration. We demand that:

* All the governments throughout the region respect promote and protect fundamental human democratic rights. On this subject, we would like to draw the attention of the Heads of State on the Limited freedom of speech and association particularly for the political organisations in the Democratic Republic of Congo, Swaziland, Angola and Zimbabwe is an impediment to the people’s participation in the project of collective development.
* The power sharing agreement concluded on 15th September 2008 in Zimbabwe between the political protagonists must be implemented in the realisation of promises on human rights related reforms.
* The strengthening of mechanisms of execution of the SADC Tribunal decisions. The courts and national tribunals should be without racial, sex and social class discrimination.

4. External debts, international aid and Trade Injustices are ropes that tie down the African people to poverty. The majority of the population who pay the price are ignorant of this issue. It is therefore necessary that the civil society gets involved in the popularisation of debt problems, and make petitions demanding external debt cancellation to the SADC Head of State.

The people are calling for:
· An audit of external debt in order to separate legitimate debt from illegitimate debt particularly when the political leaders enjoy being supported by donors and Western states.
· Organise a meeting of the SADC civil society on external debt and submit the resolution to SADC Heads of State.
· Our national governments to stop opening up our markets to international competition that negatively affect small-scale producers and traders particularly women.
· Our governments to revisit and review the Economic Partnership Agreements they have signed whilst those that have not yet signed should desist from signing the agreements.

5. Global Financial Crisis.
The global financial crisis is widely generalised and yet it was created by the financial institutions from economically powerful nations. The State must involve itself more in the regulation of the financial sector to avoid fraud, money laundering and their harmful social consequences on the people. To achieve this we demand that:

* The Heads of State must favour the creation of a common market of exchange in the region to allow financial cooperation and integration and regional customs.
* The SADC states must adopt a policy of granting micro credit to the population particular rural and peasant to prompt either production of local goods.

6. Climatic Change and Energy Crisis has become a major problem in the 21st century affecting all the countries. However, the most industrialised nations which find themselves out of our region and of the continent are the biggest polluters. The African people, particularly women and children who are already poor and they pay the most.

* The SADC people reject the principle and application of Carbon Trade which is a false solution predicated on inventing a perverse right to pollute. They propose reforestation of forests devastated by western companies and put in place measures protecting water and fishing.

* The SADC people must participate and contribute positively as civil Society in order to find national solutions to the problem of Global Warming. The DRC civil society seeks that the Heads of State and SADC Nongovernmental organisations support the preservation of the Central basin whose greater part is found in the Congo.

7. Poverty and Unemployment are a plague in our region principally caused by neo-colonial and capitalist policies implemented by our governments. SADC countries pledged to allocate 10% of their national budgets to agriculture (Maputo Summit 2003) but food crisis continues and not all countries have honoured their agreements on agriculture. We have 249 million people in the region, 70% of them depend on agriculture for food, income and employment. The poor spend 60- 100 % of their income on food.
WE therefore demand:

* The establishment of an economic and social agency to promote creation of decent employment in each SADC country;
* A huge budgetary allocation to the key sectors particularly education, employment creation, and the fight against poverty.

* On Agriculture the government must provide with: Infrastructure (roads, railways and access to markets), Mechanisation, Inputs (seeds etc), ’ Research and extension services and capacity building for farmers’ organisations,

* Mitigation approaches must be put in place in areas where climate change is having an impact for example providing irrigation where farmers depend on rainfall (due to evidence of drought they are becoming vulnerable)


Over 200 people from the Southern Africa Development Community (SADC) region converged in Kinshasa, the Democratic Republic of Congo (DRC) for fifth Edition of the People’s Summit on 5-6 September, 2009.  The Summit ran under the theme “Reclaiming SADC for People’s Solidarity and Development Cooperation: Taour Resources for People’s Security.”

Learning from ALBA and the Bank of the South: Challenges and Possibilities

by Martin Hart-Landsberg (Monthly Review)

The current period is marked by three overlapping developments: the failure of neoliberalism, the crisis of the East Asian export-led growth model, and South American efforts to advance an alternative regional development strategy. The combination has created a political environment offering important opportunities for those committed to the international struggle to supplant capitalism.

The failure of neoliberalism to deliver its promised growth has led to the creation of anti-neoliberal political movements throughout Latin America and Sub-Saharan Africa. Although a welcome development, their emancipatory potential has remained limited, in part, because many activists and intellectuals continue to draw a sharp distinction between neoliberalism and capitalism: while they strongly oppose the former, they remain unwilling to reject the latter.

Most tend to blame the development failures of their respective nations on government policies that liberalized, deregulated, and privatized economic activity. Many believe that the East Asian experience demonstrates that active state direction of economic activity can produce successful capitalist development. Therefore, they have often directed their efforts at enhancing the capacities of their respective states in an attempt to recreate East Asian economic successes.

However, we are now at a point where it may be possible to win a majority of these activists and intellectuals to an anti-capitalist perspective, a critical change if we are to build the movement clarity and strength needed to advance a socialist alternative. One reason is that the exploitative nature of East Asian growth is becoming clearer. Another is that the region’s export-led growth strategy has finally run up against its own limits as an ever-deepening global economic crisis, triggered by imbalances in the U.S. economy, has thrown these economies into their own downward economic spiral.

Perhaps most importantly, while capitalism’s credibility as an engine of development (in both free-market and state-directed forms) has weakened, the governments of a number of South American countries are working to advance new regional initiatives that have the potential to promote and strengthen socialist-inspired development alternatives — the most significant are the Bolivarian Alternative for the Americas (ALBA) and the Bank of the South. Although these two initiatives do not have the explicit mission of promoting socialist transformation, they are important because they concretize the existence of alternatives to capitalist growth strategies and, in the case of ALBA, offer support to governments that are themselves pursuing a socialist-inspired process of transformation.

In what follows, I examine each of these developments in some detail, with emphases on the challenges and possibilities that ALBA and the Bank of the South present to those working to build a more egalitarian, democratic, and sustainable world. I conclude with six lessons drawn from this examination that can help guide our political practice in the coming period.

The Failure of Neoliberalism

Beginning in the late 1970s, a number of advanced capitalist governments (led by the United States) sought to help their corporations gain greater access to third world markets. Among other things, they wanted third world governments to halt their efforts at import-substitution industrialization (ISI), which often involved state regulation of foreign trade and investment.

Their ability to impose their “free market” agenda on third world governments was greatly strengthened by the debt-triggered economic crises experienced by the majority of Latin American and Sub-Saharan African countries beginning in the early 1980s. By the end of the decade, over seventy third world countries were forced to accept IMF and World Bank structural adjustment programs requiring privatization, deregulation, and trade liberalization.1

The top concern for most third world governments during this period was to avoid defaulting on their international debts (most of which were incurred from past borrowings to finance ISI efforts and greatly increased by soaring international interest rates). This required pursuing policies designed to achieve a trade surplus. IMF and World Bank-mandated market openings, together with the greater leverage that this gave to transnational corporations, vis-à-vis third world governments, made this task even harder by boosting imports (often leading to the bankruptcy of many domestic firms). The result was the “lost decade,” as governments were forced to suppress domestic consumption to generate the surpluses needed to meet debt obligations. Eventually, most found themselves forced to enter the competition to attract export-oriented transnational corporations, hoping that their investment would generate both growth and the necessary export earnings for debt repayment.

The failure of these policies is easily demonstrated. For example, over the years 1980-2005, most Latin American and Sub-Saharan African countries continued to import more than they exported, resulting in ever growing trade deficits that forced their respective governments to restrain growth. The period was also marked by “reduced progress on social indicators for the vast majority of low- and middle-income countries.”2

As a consequence, neoliberalism has been discredited among majorities in most Latin American and Sub-Saharan countries, and popular movements in those countries are demanding a change in policies. However, most participants in these movements believe that development failures are best explained by the nature of state policies rather than capitalist dynamics. They are encouraged to do so because many activists and academics believe and argue that East Asian growth demonstrates that success under capitalism is possible if economic activity is shaped and directed by strong states rather than free markets.3

Unfortunately, their understanding of the East Asian experience is seriously flawed. While they are right to stress the importance of state action, their desire to find a positive model of capitalist development leads them to ignore the historically unique conditions that allowed the strong states of East Asia to form, and which encouraged core country governments to (temporarily) support them. It also leads them to overlook the high (and rising) political, social, and ecological costs underpinning East Asia’s economic growth. Finally, it leads them to disregard the now obvious imbalances and contradictions generated by the region’s export-dependent growth strategy.

There is reason to be hopeful that the struggle to overcome the limitations of anti-neoliberalism is gaining traction. One participant in the 2009 World Social Forum (WSF) in Belem, Brazil highlights developments as follows:

In its first paragraph, the Declaration of the Social Movements Assembly stressed that “anti-imperialist, anti-racist, anti-capitalist, feminist, environmentalist and socialist alternatives are necessary to surpass the current crisis.” This was the result of negotiations between two main groups: those in favor of neo-Keynesianism and those supporting a strong rupture with the bases of the different forms of the capitalism system. The outcomes of the WSF clarified the debate: now there is a more explicit inclination by the composing organizations to support a rupture with the notions of economic progress, consumerism and commoditization of everyday life that have framed recent developments in capitalism.4

The cause of this shift in majority opinion is not yet clear. Perhaps it is due to greater clarity about the nature of the East Asian experience (thanks in part to the work of various international social fora like the WSF). Perhaps it is due to the ways in which the current economic crisis has revealed the problematic nature of capitalist accumulation dynamics. Perhaps it has been encouraged by recent South American efforts to advance socialist-inspired development alternatives, efforts that have likely stimulated critical thinking about the social and environmental aims and consequences of development itself.

What is clear is that this change in political perspective could well prove temporary. For example, as the crisis continues to deepen, activists might once again be encouraged to embrace a more reformist agenda, viewing it as the most effective way to help working-class majorities obtain relief. We must continue to take this ideological struggle within the international progressive community seriously.

The Growing Crisis of the East Asian Model

For reasons noted above, the East Asian experience continues to play an important role in the anti-capitalist ideological struggle. Most progressives have approached this experience through a nation-state lens — an understandable starting point, given the importance of state power for achieving economic change. While this lens may have captured early regional developments, it leads to a flawed understanding of current dynamics. In reality, since the late 1980s, East Asian economic activity has become regionally linked and reshaped by an expansion of export-oriented, transnational, corporate controlled, cross-border production networks.

This expansion has significantly increased the trade dependency of all East Asian economies. It has also greatly increased the share of parts and components in East Asia’s trade in manufactures. For example, the share of parts and components in Southeast Asian exports of manufactures grew from approximately 27 percent in 1992-3 to over 40 percent in 2004-5. The import share of parts and components also grew substantially over the same period, from less than 33 percent to almost 50 percent. And these parts and components are increasingly traded from one East Asian country to another.5

China, one of the last countries to be pulled into this process of regional restructuring, has become central to its functioning. In the words of the Asian Development Bank, “the increasing importance of intra-regional trade is attributed mainly to the parts and components trade, with the PRC functioning as an assembly hub for final products in Asian production networks.”6

As a consequence of this restructuring, East Asia’s overall export activity has shifted away from the United States and the EU, and toward East Asia and, in particular, China. China, in contrast, has shifted its export emphasis away from East Asia itself, and toward the United States and the European Union. Between 1992-3 and 2004-5, the East Asian share of China’s final goods exports declined from approximately 50 percent to 27 percent, while the OECD share (excluding Japan and South Korea) increased from 29 percent to 50 percent.7 Thus, East Asian trade activity now largely involves an intra-regional trade of parts and components culminating in China-based production with final sales largely directed to U.S. and EU markets.

While this system of regional production has been very efficient at generating exports, this efficiency has come at increasingly high cost. For example, it shifts economic activity away from meeting the needs of East Asian working people. In order to maintain (if not improve) their country’s position in existing cross-border value chains, governments have been forced to impose policies designed to keep wages low and productivity high. One outcome of China’s success is that transnational corporations throughout East Asia (and elsewhere) have been shifting their production to China.8 As a result, workers throughout East Asia (and elsewhere) have become pitted against each other in a contest to match the level of labor exploitation achieved in China. Thus, even during the high growth era, living and working conditions for growing numbers of East Asian working people have been deteriorating.9

The high-growth era now appears over; there are strong indications that the East Asian model has finally run up against its own limits. The most obvious structural weakness in the model was that the region’s growth became ever more dependent on the ability of the United States to run ever greater trade deficits. While most analysts thought that such a weakness was either hypothetical or of only future concern, events have proven them wrong.

The United States officially entered recession in December 2007. Steadily deteriorating economic conditions produced a sharp contraction of credit, rapid increase in unemployment, and steep decline in consumption. Given the integrated nature of the global economy, U.S. economic problems were quickly transmitted throughout the world, helping to push both the European Union and Japan into recession, as well. The World Bank has predicted that world trade in goods and services will “fall 6.1 percent in 2009, a historic decline.”10 Moreover, there is no obvious engine to support a sustained recovery in any of the G-3 countries. In short, it appears that global capitalism has entered a period of profound crisis, one centered in its core economies.11

Given their export dependence, East Asia’s economies have been unable to avoid the consequences of the global downturn. China, which serves as the final assembly base for the region’s exports, was immediately affected.12 Because China’s exports are heavily import dependent, its export slowdown caused a sharp decline in export activity in other East Asian countries. Thus, economic problems are quickly moving back down the supply chain.13 The New York Times reports that the head of the U.N. Development Program’s Asia and Pacific Bureau has “warned…of the prospect of social unrest as the export-driven economies of Asia start to slow in response to the fallout from the global financial crisis.”14

Many analysts are calling for East Asian governments to respond to negative trends with policies designed to stimulate domestic demand. It is difficult to know whether this call represents a rejection of export-led growth, or hope that temporary spending on infrastructure and social programs will prove sufficient to stabilize East Asian economies. Regardless, any serious attempt at transforming the region’s export orientation would involve major structural changes with significant social consequences. As one economist explains:

Entire export industries will have to be retooled to serve domestic sectors. Retooling, say, factories in Shenzhen from assembling iPods and mobile phones towards products that Chinese consumers would buy would require a long process of reconfiguring supply chains across Asia, affecting, among other things, semiconductor production in Taiwan, memory production in Korea, and hard drive production in Singapore.15

Seen from this perspective, it is most likely that East Asian elites and their transnational partners will seek to “ride out the storm,” passing the costs to workers whenever and as much as possible, rather than commit to a process of restructuring that would no doubt reduce their profits and power. To the extent that elites are successful, workers in other regions will likely be subjected to competitiveness pressures that will worsen their living and working conditions as well.

East Asian political movements do not yet appear to have the broader vision or political instruments needed to advance an alternative development strategy. A high priority for activists is to develop a shared regional understanding of the accumulation dynamics that led to the region’s crisis. This would not only help working people in East Asia mount more effective resistance; it would also greatly assist organizing efforts in South America and Sub-Saharan Africa by making it easier to demonstrate to progressives in those regions that even “successful” capitalism is incapable of satisfying majority needs.

The South American Experience: ALBA and the Bank of the South

What makes this a most auspicious historical moment for supporters of socialism is that, while capitalism is rocked by economic crisis, several Latin American governments are involved in advancing two new regional institutions with the potential to promote an alternative process of development: ALBA and the Bank of the South. Three of these governments — Cuba, Venezuela, and Bolivia — explicitly support the construction of socialism (although defined and pursued differently). This is a critical development, since isolated national efforts to build socialism are unlikely to succeed, especially when they are aggressively opposed by more advanced capitalist countries. That said, ALBA and the Bank of the South are not explicitly socialist vehicles.

ALBA

ALBA is the more far-reaching of the two initiatives. It was proposed by the Venezuelan government in 2001 as an alternative to the U.S.-promoted Free Trade Area of the Americas, and became real in 2004, when Venezuela and Cuba signed the first ALBA exchange agreement. Seven other countries have since joined: Bolivia in 2006; Nicaragua in 2007; Dominica and Honduras in 2008; and Ecuador, St. Vincent and the Grenadines, and Antigua and Barbuda in 2009. Paraguay has announced its intention to join later in 2009.

ALBA is publicly committed to a development strategy that is, in broad brush, anchored by state-centered collaboration and designed to enhance the ability of participating governments to meet the needs of their working-class majorities. This is in sharp contrast to the East Asian strategy which, as highlighted above, is structured by profit-making transnational corporations that have competitively linked economic activity across nations to form a regional production system aimed at exporting goods outside the region.

ALBA’s work is shaped by decisions made by a presidential council which are then formalized and implemented according to terms set by a ministerial council. ALBA’s emphasis on state-directed activity was underscored by Venezuela’s Vice-minister of Foreign Relations, Rodolfo Sanz, who declared that the key to ALBA’s success will be the creation of “Grand-National Enterprises,” by which he meant both new regional public enterprises formed through agreements by national state enterprises, as well as joint state collaborations based on partnerships between national state enterprises.16 ALBA also has an advisory council of social movements that is supposed to provide direction to and oversight of the work of the other two councils.

In January 2008, ALBA countries created an ALBA Bank with a capital of $1 billion. In contrast to the IMF and World Bank, “the Bank of ALBA will not impose loan conditions and will function based on consensus of all members.”17 The Bank’s “stated aim is to boost industrial and agricultural production among its members, support social projects as well as multilateral cooperation agreements among its members, particularly in the field of energy.”18

Underpinning ALBA’s operation is recognition of the fact that each member nation, regardless of its level of development, has its own unique economic, social, and cultural strengths. Therefore, ALBA provides a framework for governments to negotiate planned exchanges of the goods and services that reflect their respective nation’s strengths. These exchanges allow each nation to pursue its own development objectives in a far more sustainable and equitable way than if it were forced to rely solely on its own resources or respond to global market imperatives.

Although still in its infancy, ALBA has already encouraged a number of important agreements and initiatives. For example, Venezuela provides Cuba with oil in exchange for the services of Cuban doctors and teachers.19 Venezuela and Cuba also have several joint agricultural projects involving the production of soy beans, rice, poultry, and dairy products. “Venezuela has also supplied Cuba with buses to improve its public transport system, assisted Cuba with the construction of a massive aqueduct to improve its water supply, and has helped Cuba revamp its main oil refinery.”20 The two countries are pursuing the creation of jointly owned Cuban-based enterprises to produce stainless steel and nickel.

Venezuela and Cuba have several trade agreements with Bolivia. One of the most important involves the purchase of Bolivian soy beans since the United States signed a trade agreement with Colombia that resulted in a decline in U.S. demand for the Bolivian crop. Cuba is  helping Bolivia strengthen its education and health care systems. Cuba and Venezuela are working with the Bolivian government to modernize and expand its natural gas industry.21 In return, Bolivia is providing natural gas and “mining, agriculture, agro-industrial, livestock and industrial products” as well as “knowledge on indigenous affairs and traditional medicine.”22 The governments of Venezuela and Bolivia are planning new joint ventures for the production of steel, cement, and extraction of iron ore.23

Dominica, too, has benefited from ALBA-organized cooperation. Cuba and Venezuela are helping modernize the country’s international airport and expand its oil storage and refining capacities. Discussions are under way over terms of payment, which are likely to involve return flows of Dominica goods and services. Thousands of Dominicans have received free eye surgery in Cuba, and Dominican youth are studying medicine at the Latin American School of Medicine in Cuba.24

Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Honduras, and Dominica recently established a joint food production company with the aim of securing food sovereignty for member nations. The new “supranational” company will oversee a series of enterprises that “will promote technological cooperation and training, invest in rural infrastructure, and integrate regional food distribution.”25

ALBA sponsors a number of important cultural initiatives. For example, in 2008, member countries established ALBA Houses and are promoting exchanges between them. According to Jose González, president of the ALBA House in Caracas, these houses “will serve as centers for creativity, artists, cultural promoters, social movements — to generate a movement that allows the knowledge of values that at times are not recognized because the mechanisms of the market are not interested in them.”26

Although ALBA has so far failed to attract wide regional membership, it remains committed to its initial vision of a broader Latin American and Caribbean process of integration and transformation through the creation of “Grand-National Enterprises.”27 In doing so, it represents “the first attempt at regional integration that is not based primarily on trade liberalization but on a new vision of social welfare and equity.”28 The following is a partial list of the public corporations that ALBA countries, in particular Venezuela, hope to expand or create:

  • TeleSur (a pan-Latin American television network financed by Venezuela, Cuba, Uruguay, and Brazil)
  • PetroSur (an association of state oil companies from Brazil, Argentina, and Venezuela for exploration, technological development, construction of refineries, and distribution)
  • PetroCaribe (a Venezuelan program to provide subsidized oil to fourteen Caribbean nations)
  • The Latin American and Caribbean Energy Company
  • The Latin American and Caribbean Airline
  • The Insurance Company of the South
  • The Cooperative Bank of the South
  • The Latin American and Caribbean Radio Network

The deepening economic crisis has intensified ALBA efforts to develop new initiatives. In November 2008, the presidents of all the ALBA countries and Ecuador approved a decision to create an ALBA Peoples Trade Agreement, with the goal of establishing an integrated economic and monetary zone with its own new currency, to be called the Sucre.29

ALBA’s emphasis on public rather than private ownership, domestic rather than export orientation, social rather than profit motivation, and solidaristic rather than competitive relationships provides an important (ideological and material) counterweight to capitalist imperatives. It also represents an example of how states can create regional institutions that are capable of strengthening nationally centered development efforts. In fact, by providing a framework for state authorities to achieve popular goals through collective actions, ALBA ensures that gains in one country work to the benefit of others.

To this point, ALBA’s promise remains greater than its achievements, although as highlighted above, these are not inconsequential. To some extent, this gap is understandable, given that the organization has been in existence for a relatively short time. Another reason is that few countries have joined, and most that have bring great needs but limited resources to contribute to the collective development effort.

At the same time, there are reasons for concern about ALBA’s future. One is that ALBA remains heavily dependent on the decisions of the presidents of the participating countries. This means that actions are decided upon and implemented from the top down; the social movements advisory council appears to play a very marginal role. This structure produces a bias toward large-scale megaprojects, many of which raise environmental concerns.

The top-down operation of ALBA means that there is often no opportunity for popular discussion over how best to implement ALBA projects. This makes it harder to institute effective forms of worker participation in newly created public enterprises; ensure that educational, health, and media systems are responsive to the communities they serve; and establish planning mechanisms capable of directing social production in response to social needs. As a consequence, the transformative (socialist) potential of the overall ALBA effort is weakened.

A second concern relates to ALBA’s heavy reliance on Venezuela. There can be no doubt that ALBA’s progress to this point is largely due to the Venezuelan government’s leadership and financial generosity. But there are also dangers (perhaps unavoidable) from the organization’s dependence on one country. One is that Venezuela could end up overwhelming and therefore undermining ALBA’s decision-making process and organizational coherence.

Another is that too much weight could be placed on Venezuelan financial capacities. Many ALBA projects were initiated during Venezuela’s oil boom, when oil sold at almost $150 a barrel. Oil prices are now below $50 a barrel, and there are indications that Venezuela may not be able to fulfill all its commitments. For example, Venezuela is behind in its promised deliveries of oil to several Caribbean countries. Some oil and gas infrastructure projects are also being delayed.30 For its part, Venezuela has publicly affirmed its commitment and ability to meet its obligations to the countries involved. Certainly, many important oil-related projects remain on schedule, including the construction of refineries in Manabi, Ecuador and Cienfuegos, Cuba.

Such concerns suggest that the world economic crisis may represent a doubled-edged sword for ALBA. The collapse of world markets and currency instabilities give ALBA new legitimacy and add credibility to its call for the creation of new, regionally based systems of planned trade and investment. At the same time, the resulting decline in oil prices threatens Venezuela’s ability to sustain many of ALBA’s existing programs.

Bank of the South

The Bank of the South is the region’s other major effort to advance an alternative development process. Although the Bank’s stated agenda is more limited than that of ALBA, its potential to promote regional integration is in some ways greater because it includes most of the countries of South America.

The creation of the Bank of the South owes much to a common concern for regional independence by two different groups of South American countries: those led by governments that embrace a more radical project of social transformation (Venezuela, Bolivia, and Ecuador) and those led by governments that are largely committed to a capitalist project but believe that success requires financial independence from the United States (Brazil and Argentina). A third group of countries, led by governments that continue to embrace free-trade integration with the United States, has so far rejected participation (Chile and Peru). Colombia, although also close to the United States, has applied for Bank membership. Its application has yet to be accepted.

Key to the Bank’s founding was the growing financial strength of South American countries, fueled by the rapid post-2002 rise in commodity prices (largely driven by demand from East Asia). Supporters of the Bank hoped that it would prove able to “[centralize] the savings of [member] countries, thus turning them into productive investments and reducing the vulnerability of the region to international economic cycles. This would lay the foundations for a truly autonomous financial system, which would contribute to the reduction of power asymmetries between countries in the region, and would cut their dependence on international flows of capital.”31

A February 2007 Venezuelan-Argentinean initiative launched the process to create the Bank of the South; a formal proposal followed one month later. Bolivia soon committed to the effort, followed in relatively quick succession by Ecuador, Paraguay, Brazil, and finally Uruguay. The Bank was formally established on December 9, 2007, and includes the seven countries as members.

Unfortunately, the Bank is not yet operational. This is largely because, as noted above, the effort to create it grew out of an alliance between countries that did not share a similar political project. Intense debates and disagreements over a number of critical issues began shortly after the start of negotiations.32 Among the most important: would the Bank serve as both a monetary stabilization fund and development bank, or just the latter? Would decisions be made on the basis of one country, one vote, or would voting power be based on the size of a country’s contribution (which would be based on economic size)?  Would the Bank rely solely on member nation contributions, or would it be free to raise money in international capital markets and from established international financial institutions that would participate as non-voting observers — with the latter two options dictating market-based lending rates and repayment terms?

Consensus was eventually reached on the most pressing issue, which allowed for the formal establishment of the Bank: it would function solely as a development bank. At the time of the founding, the presidents of the seven member countries agreed that they would settle all remaining issues within sixty days. While some issues have been resolved, most remain in contention, which is why the Bank is not yet operational.

The agreements are as follows:

  1. The headquarters of the Bank of the South will be in Caracas, Venezuela.
  2. Major decisions will be made according to the principle of one country, one vote. However, even this is in doubt, as Brazil and Argentina continue to push for a dual-track voting process whereby this principle will apply only at the annual meeting of the Bank’s board of directors. They want decisions involving the daily operation of the Bank to be made according to rules that give countries voting rights commensurate with their capital contributions.
  3. Subscribed capital will be $7 billion, although it could be expanded to $10 billion if the remaining South American countries join. Required capital contributions are: $2 billion for Brazil, Argentina, and Venezuela; $400 million for Ecuador and Uruguay; $100 million for Paraguay and Bolivia.

Still undecided are questions about the Bank’s organizational structure (by department or areas of activity such as health or transport); the selection process for specialists (by country or expertise); the criteria to be used in selecting projects (countries, activities, need); interest rates and payment terms; the existence or absence of conditionality requirements; participation (limited to member nations or expanded to include non-voting observers such as international financial institutions); sources of funding (limited to subscribed capital or expanded to allow for international borrowing and/or contributions from observers).33

The answers to these (and other) questions will go a long way toward shaping the Bank’s mission. They will largely determine whether its loans will be used to “finance large infrastructure projects which have huge socio-economic impacts and meet the expansion needs of the main economic groups” or “favor the funding of solidarity projects aimed at the reduction of asymmetries in the living conditions of and among the different South American countries.”34

To this point, the main axis of contention over the future of the Bank of the South revolves around Brazil on one side and Venezuela and Ecuador on the other. Brazil remains an unenthusiastic supporter of the Bank; as the main economic power in South America it is reluctant to accept limits on its ability to exploit that strength. Brazil has its own National Bank for Economic and Social Development, which in 2005 gave out $30 billion in loans to support the international activities of Brazilian companies.35

Despite its opposition, Brazil apparently joined the Bank of the South because it feared remaining on the outside; inside, it had the ability to shape the workings of the institution. Brazil is strongly in favor of voting rights weighted by contributions and the use of market criteria in raising and loaning funds. Its vision of regionalization appears strongly influenced by the experience of the European Union; it wants to use the Bank to encourage a regionalization process that will eliminate barriers to the free movement of capital, labor, and goods so as to help large national firms (most of which it expects to be Brazilian) become highly competitive multinational corporations.36

Despite Brazil’s resistance to an alternative political project, the governments of Venezuela and Ecuador have been reluctant to push negotiations to the breaking point, fearing that Brazil might withdraw its membership. As the region’s most important economy, they view its participation as critical to the Bank’s ability to achieve its goals. This situation has resulted in a series of failed negotiations, leaving the Bank’s future in limbo. The Brazilian government may well be satisfied with this outcome.

Governments are not the only participants in this struggle over the Bank’s future. Latin American social movements were among the earliest supporters of the initiative, and are actively engaged in efforts to force a conclusion to the talks on terms favorable to their more radical vision. In particular, they want strong criteria developed to ensure that the Bank adopts an investment priority that supports, among other things:

projects oriented towards food and energy sovereignty; the research and development of appropriate technologies for an endogenous and sustainable development of the region, including free software; the programmed and complementary production of generic medicines; the recovery of ancestral wisdom, systematized and accepted as an agroecologic science…and infrastructure that is based on different logics of spatial organization as implemented by local solidarity and self-managed development communities.37

In addition to national organizing, dozens of organizations throughout Latin America have signed two different letters addressed to the presidents of the Bank’s seven member countries.38 Regional meetings have also been held to discuss strategy.39

This interest and involvement in the struggle over the future of the Bank stands in sharp contrast to South American civil society’s lack of engagement with ALBA. As two Brazilian researchers comment, “Consciousness of ALBA is not yet particularly high within the region’s social movements and political leadership. There are very few serious analytical documents on the topic and even fewer that present concrete proposals from civil society groups for the process.”40 This is puzzling and disappointing. One possible explanation is that the Bank includes more countries, in particular Brazil and Argentina, both of which have very active and regionally linked social movements. Another is that many social movement activists view ALBA as a state-dominated institution, and they remain distrustful of states.

Unfortunately, the deepening global crisis also threatens the promise of the Bank of the South. As the downturn deepens, trade balances of member countries are moving into deficit. Recognizing that governments in the region are growing worried about financing these deficits, the major international financial institutions are establishing new lending facilities specifically targeting at Latin America. While Bank of the South member countries have so far refused dealings with the IMF and World Bank, Argentina and Ecuador have begun negotiations with the Inter-American Development Bank.41

If the Bank of the South had been operational before the start of the crisis, it is possible that it could have played a critical role in solidifying regional efforts to break with past neoliberal policies. “At the Mercosur Summit [in January 2009], [Ecuadorian President] Correa spoke of the failure of the Bank of the South to help buffer the negative effects of the global economic crisis as a major issue, noting that, if it were more consolidated, its funds would have ‘coordinated savings’ and generated resources to compensate for the loss of foreign investments in the region. [Venezuelan President] Chávez has also reportedly commented that Banco del Sur will remain ‘on ice’ for the moment.”42

Final Thoughts

The fight to supplant capitalism will not end soon. But there is reason to believe, as argued above, that we are living in a time not only of great challenges but also of great possibilities. How should we respond?  I offer the following six lessons, drawn from the above examination of the three highlighted trends, as guideposts for future political work:

First, we must redouble our efforts to shift the political weight within progressive communities from anti-neoliberal to anti-capitalist. One way is to guard against uncritically promoting the anti-neoliberal critiques of liberal mainstream economists, such as Paul Krugman, Joseph Stiglitz, and Jeffrey Sachs, as if they were our own. Another is to deepen our own theoretical understandings of capitalism to better establish that neoliberalism is not simply a set of policy tools that governments are free to use or discard, but rather it represents the historically specific form that capitalism takes in certain regions and at certain times. We also need to deepen and strengthen our analysis of the East Asian experience, and find appropriate ways to share it with allies working inside as well as outside the region, so as to discredit the false belief in the potential of (state) capitalism to serve majority needs.

Second, we should maintain a cautiously supportive stance toward regionalization. While South American social movements have good reason to support initiatives designed to promote it, struggles within the Bank of the South highlight the fact that regionalization has a contested meaning. We need to pay careful attention to what its proponents declare to be its aims, and critically examine whatever processes are proposed to achieve it. This point has special meaning for East Asia, where many social movements are now trying to establish the kind of cross-border regional solidarity that exists in South America.

Third, we must take state power seriously. Despite the beliefs of many social movement activists that structural transformation will best be achieved through grassroots, cross-border efforts, the most promising gains continue to be made by states, whose actions are largely a response to distinctive national political processes (most of which remain disconnected from world and regional social forum discussions and initiatives). ALBA is a case in point. It remains the most promising effort to promote an alternative development process, and its structure and policies are largely shaped by the policies of three nations (Cuba, Venezuela, and Bolivia), each of which is led by a government that proclaims its commitment to the building of a socialist-oriented political-economy.

The Bank of the South represents a different project. It enjoys strong social movement support because those movements believe that it can eventually become powerful enough to “force” states to adopt policies that strengthen an alternative regional development process. However, the Bank remains nonfunctional precisely because there are dominant states that oppose this outcome, and it appears doubtful that these states can or will be forced to change their political orientation because of regional grassroots pressure. In short, national struggles and state power remain critical to achieving change.

Fourth, it appears that the most appropriate regional structures (at least for the present period) are those that have the fewest binding constraints on participating countries. Again ALBA and the Bank of the South provide an instructive contrast. ALBA does not exist as an “independent” institution with its own vision of, or mandate to, advance socialism (however defined). In fact, it includes member nations led by governments that are not pursuing this goal. These governments participate because they believe that their respective populations (or perhaps their political legitimacy) will benefit from the terms and forms of the negotiated collaboration.

ALBA is not hobbled by the same constraints as the Bank of the South because its structures are designed to afford participating governments maximum flexibility, thereby supporting those desiring a faster and deeper social transformation without forcing that transformation on less radically inclined ones. If socialist alternatives to capitalism are to develop and prosper, it will be because of the outcome of ongoing political struggles in those nations already committed to this goal, with the shared processes promoted by ALBA providing invaluable material assistance and inspiration.

Fifth, state power alone is unlikely to produce the transformation in social relations required for a meaningful advance toward socialism. South American social movements are right to be wary of a state-directed process of change. Because the ALBA project is state driven, there is reason for concern that the transformations encouraged in most member nations will be more bureaucratically than popularly oriented. ALBA collaboration can help strengthen state control and direction of the economies of member nations, but there is no guarantee that the resulting state planning and production will be structured to ensure meaningful worker and community participation in relevant decision making.

Building strong, democratic, and collaborative worker-community organizations and structures of planning is no simple matter. But there is a wealth of experience to be found in the cross-national discussions and collaborations that are nurtured at world and regional social forums and the organizing work that they generate and support. We need to find ways to strengthen these efforts and integrate the lessons learned into the processes of national change that are under way in the countries most committed to building socialism. This is a large challenge, but one that we must surmount if we are to make meaningful progress in building alternatives to capitalism.

Finally, we must develop a more nuanced understanding of the consequences of capitalist crises. It is easy to believe that a structural capitalist crisis such as the one we are currently experiencing will strengthen our efforts to replace capitalism. Yet things are far more complex. Although the crisis is indeed delegitimizing capitalism as an engine of “progress,” the weakening global economy is, as noted above, greatly complicating, if not weakening, efforts to advance ALBA as well as the Bank of the South.

We cannot simply rely on capitalism’s contradictions to do the work of building support for a socialist alternative. No country will be immune from the consequences of the crisis. That makes it ever more important that we commit to deepen our educational work — work that makes clear that socialism represents more than a promise to produce more goods and services than capitalism. Socialism represents the possibility of a new way to live and work that brings with it a deeper satisfaction, in large part because of its ability to shape more mutually rewarding and sustainable human connections.

monthlyreview.org


Notes

  1. Walden Bello, Deglobalization (New York: Zed Press, 2005), 43. Go back
  2. Mark Weisbrot, Dean Baker, and David Rosnick, Scorecard on Development, 25 Years of Diminished Progress, Center for Economic Policy Research, September 2005, 1. Go back
  3. For example, see Kevin P. Gallagher and Lyuba Zarsky, The Enclave Economy, Foreign Investment and Sustainable Development in Mexico’s Silicon Valley (Cambridge: MIT Press, 2007); and Enrique Dussel Peters, Economic Opportunities and Challenges Posed by China for Mexico and Central America (German Development Institute, 2005). Go back
  4. Leandro Morais, “The 9th World Social Forum,” CADTM, February 27, 2009. Go back
  5. Prema-chandra Athukorala and Nobuaki Yamashita, “Patterns and Determinants of Production Fragmentation in World Manufacturing Trade,” in Filippo di Mauro, Warwick McKibbin, and Stephane Dees, eds., Globalization, Regionalization and Economic Interdependence (Cambridge: Cambridge University Press, 2008). Go back
  6. Asian Development Bank, Asian Development Outlook 2008, Workers in Asia (Hong Kong: Asian Development Bank, 2008), 22. Go back
  7. Prema-chandra Athukorala, “The Rise of China and East Asian Export Performance: Is the Crowding-out Fear Warranted?” Australian National University, Division of Economics, Working Paper No. 2007/10, September 2007. Go back
  8. For a critical look at Chinese labor practices and conditions, see Martin Hart-Landsberg, “The Realities of China Today,” Against the Current, no. 137 (November/December 2008). Go back
  9. Martin Hart-Landsberg and Paul Burkett, “China, Capital Accumulation, and Labor,” Monthly Review, May 2007. Go back
  10. World Bank, “As Global Economy Deteriorates, World Bank Predicts Sharply Slower Growth in Development World in 2009; Weak Recovery in 2010,” World Bank Press Release, March 31, 2009. Go back
  11. For an analysis of the structural nature of the crisis, see John Bellamy Foster and Fred Magdoff, “Financial Implosion and Stagnation,” Monthly Review, December 2008. Go back
  12. Tina Wang, “Amid Green Shoots, China’s Exports Still Wither,” Forbes.com, May 12, 2009. Go back
  13. Brad Setser, “This Doesn’t Look Good: Taiwan, Korea and China Exports Tank,” Asia-Pacific Journal: Japan Focus, January 15, 2009, http://www.japanfocus.org/-Brad-Setser/3016. Go back
  14. Tim Johnston, “U.N. Official Warns of Social Strife in Asia,” Washington Post Foreign Service, November 19, 2008. Go back
  15. Edward Harrison, “Will Asia’s downturn be worse than America’s?” Asia EconoMonitor, December 23, 2008. Go back
  16. Chris Carlson, “First Meeting of ALBA Ministers Concludes in Venezuela,” Venezuelanalysis.com, June 8, 2007. Go back
  17. Kiraz Janicke, “Summit of the Bolivarian Alternative (ALBA) Concludes in Venezuela,” Venezuelanalysis.com, January 27, 2008. Go back
  18. Alejandro Bendana, “From Development Assistance to Development Solidarity: The Role of Venezuela and ALBA,” International Development Economic Associates, February 14, 2008. Go back
  19. Shawn Hattingh, “ALBA: Creating a Regional Alternative to Neo-liberalism?” Venezuelananalysis.com, February 13, 2008. Go back
  20. Ibid. Go back
  21. Ibid. Go back
  22. David Harris and Diego Azzi, ALBA – Venezuela’s Answer to “Free Trade”: the Bolivarian Alternative for the Americas, Occasional Paper: 3, Focus on the Global South, Bangkok, Thailand, October 2006, 7. Go back
  23. Ibid. Go back
  24. TheDominican.net, “Dominica Joins Bolivarian Alternative for the Americas (ALBA) Revolution,” January 25, 2008. Go back
  25. James Suggett, “ALBA Trade Bloc Forms Joint Food Company at Summit in Venezuela,” Venezuelanalysis.com, February 3, 2009. Go back
  26. Janicke, “Summit of the Bolivarian Alternative (ALBA) Concludes in Venezuela.” Go back
  27. Harris and Azzi, ALBA, 3. Go back
  28. Ibid. Go back
  29. Luis Bilbao, “‘Two Paths in the Face of Capitalism’s Global Fracture,” America XXI, December 2008/January 2009. Go back
  30. Jodie Neary, “Venezuela’s ALBA in the Face of the Global Economic Crisis,” UpsideDownWorld, January 5, 2009. Go back
  31. Gabriel Strautman, “South Bank: 90 Days of Silence,” CADTM, April 2, 2008. Go back
  32. CADTM, “Bank of the South,” May 20, 2007. Go back
  33. María José Romero, “Stage of Definitions on the Southern Bank,” CADTM, August 8, 2008. Go back
  34. Strautman, “South Bank: 90 Days of Silence.” Go back
  35. Eric Toussaint, “A Future for the Bank of the South?” CADTM, September 12, 2008. Go back
  36. Ibid. Go back
  37. “Bank of the South: Second open letter to the Presidents of Argentina, Bolivia, Brazil, Ecuador, Paraguay, Uruguay and Venezuela,” CADTM, December 7, 2007. Go back
  38. Ibid. Go back
  39. “Social movements debate participation in creation of South Bank,” CADTM, January 11, 2008. Go back
  40. Harris and Azzi, Venezuela’s answer to “free trade”: the Bolivarian alternative for the Americas, 13. Go back
  41. Vince McElhinny, “Global Crisis is Good News for IFIs in Latin America,” Bank Information Center, IFI Info Brief, January 9, 2009. Go back
  42. Neary, “Venezuela’s ALBA in the Face of the Global Economic Crisis.” Go back