ALBA contra ALCA La Alternativa Bolivariana para las Américas: una nueva vía para la integración regional en Latinoamérica

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Ricardo Ángel Cardona
EL DIARIO, try Bolivia – El Tratado de Comercio de los Pueblos firmado recientemente entre Bolivia, physician Venezuela y Cuba ayudará a Bolivia a desarrollarse más que cualquier otro instrumento de integración que podría complementar esta iniciativa, como la firma de otros TCP con todos y cada uno de los países de América Latina y del Caribe.
Se trata de un tratado que ya funciona entre Venezuela y Cuba con intercambios mayores de ida y vuelta mayores a los 4 mil millones de dólares, pero eso solamente es el inicio de un comercio que se muestra ascendente y lleno de posibilidades adicionales. Nos referimos al campo de la energía, telecomunicaciones, biotecnología, ingeniería genética, biodiversidad, construcciones civiles, construcciones de barcos, seguridad alimentaria, construcción de maquinarias, metalurgia, siderurgia, petroquímica, textiles, producción de quinua, créditos preferenciales para las PYMES, etc.
El Gobierno actual por lo tanto ha abierto a los bolivianos las puertas para la integración, la investigación científica y tecnológica, la colaboración entre pueblos y potencialmente entre científicos también, pero especialmente ha devuelto la dignidad nacional y social y las esperanzas a los bolivianos.
Ni siquiera la integración andina que viene desde 1969 había logrado darle tanta perspectiva a Bolivia, dignidad frente a los dictados del imperio y una agenda abierta a sugerencias provenientes de universidades, tecnológicos, academia de ciencias, fuerzas armadas, sindicatos, constituyentes, juntas vecinales, ONGs y también de las iglesias de origen europeo o nativas.
Venezuela tiene en curso una revolución bolivariana y socialista que puede aportar a Bolivia los créditos e inversiones necesarios para su despegue. Se habla de la compra masiva de quinua, amaranto, maíz, soya, muebles, metales y minerales, textiles, carne vacuna y de llama, lanas, manufacturas y artesanías. Por su parte Cuba pondrá su potencial científico y tecnológico para nivelar a Bolivia y sus institutos de investigación, formación de recursos humanos y en la incubación de empresas pequeñas y medianas.
La lista continua con el funcionamiento de PETROSUR y la construcción del Gasoducto del Sur con los países del MERCOSUR, hecho que elevará el precio de venta del gas boliviano a los países vecinos a un precio mínimo de 8 dólares el MPC, frente a los 3,40 que se paga a Bolivia actualmente.
La razón de esta elevación es el ascenso del precio del petróleo, el uso masivo del gas en América Latina y la necesidad de pagar la inversión de dicho gasoducto desde Venezuela hasta la Argentina que ronda los 25 mil millones de dólares.
Este gasoducto sudamericano no se puede construir si el gas no se vende al menos a 8 dólares el MPC, dado que a nivel internacional está en 12 dólares el MPC. Brasil deberá pagar precios internacionales, pero además tendrá en compensación la ventaja de una provisión segura los próximos 100 años. Brasil y Argentina obligados por las circunstancias deberán comprar también a Bolivia valor agregado como electricidad, diésel, DME, olefinas, metanol, fertilizantes, sal mineralizada y aceros especiales de alto costo y calidad.
Las condiciones que el Gobierno nacional ha puesto para que Bolivia sea parte del gasoducto al Sur son de que sea un acuerdo entre Estados y empresas estatales, de que se industrialice Bolivia con financiamiento de Venezuela y países del MERCOSUR y de que se eleve el precio de compra tanto del gas natural como de sus derivados manufacturados. Esa es la base para que Bolivia se convierta en un país altamente industrializado como ya lo son los países del MERCOSUR, Venezuela y Cuba. El objetivo final es que América Latina supere ampliamente en industrialización, ciencia y tecnología a Europa, EEUU, Canadá y Japón.
Seguramente Bolivia deberá negociar otros TCP con la hermana Perú después del alejamiento del presidente neoliberal Alejandro Toledo, y participar con lo que queda de la CAN para negociar un TLC con la Comunidad Europea, China y la India.
A esta altura la CE se da cuenta que Bolivia ya no es un país para dar limosnas sino para realizar empresas mixtas de base tecnológica y competitiva. Ya no es más Bolivia la vaca lechera de los europeos, acostumbrados a esa forma de actuar con los más de 40 trillones de euros que se llevaron en tres siglos de explotación comercial y humana del Cerro Rico de Potosí.
Bolivia debería exigir la devolución a la CE de al menos un 10% de esa fortuna que sirvió en su momento para capitalizar Europa y en especial a España e Inglaterra vía la piratería.
Inglaterra usó mucho más inteligentemente la plata de Potosí e hizo la primera revolución industrial del mundo occidental en 1745. Por algo Inglaterra tenía una academia de ciencias conducida por Isaac Newton y España no. El Sur de Europa y Roma especialmente condenaban a Copérnico, Giordano Bruno y Galileo. Inglaterra robaba para la ciencia en alguna medida y España para el comercio y el bienestar de la casa real solamente. El pueblo español siempre fue pobre y el libro Novelas Ejemplares de Miguel Cervantes y Saavedra así lo muestra y atestigua.
Finalmente creemos que el Gobierno nacional debe difundir las perspectivas y logros del TCP en sindicatos, comunidades campesinas y juntas vecinales. También entre los empresarios nacionales que pese a todo no conciben un nuevo mundo y una nueva civilización sin los norteamericanos. Es hora de que comprendamos todos los bolivianos y latinoamericanos que ese mundo es necesario y posible.
Los hambrientos y miserables, nuestros hermanos indígenas y no indígenas, obreros y campesinos, estarán agradecidos a esta forma inteligente y digna de encarar el futuro de Bolivia.
rancardonay@yahoo.es
Fuente: El Diario, Bolivia
Edgardo Lander

Integração do que? Para quem?

A consideração dos projetos de integração latino-americanos exige a formulação de algumas questões vitais. Integração para quem? Para os setores privilegiados destas sociedades? Para que os capitais, salve sejam eles nacionais ou transnacionais, possam se mover livremente em todo o continente? Ou, check pelo contrario, para os povos, para as maiorias empobrecidas, excluídas, subordinadas?
Não há nada na idéia de integração que em si mesmo possamos considerar como favorável para o futuro dos povos do continente. Não basta que seja uma integração latino-americana ou sul-americana para que corresponda aos interesses populares. Tudo depende do modelo de integração em questão. Quem está impulsionando? Para que? Para quem? Em função de quais interesses e de quais valores ele se desenha? Dependendo da resposta a essas questões, a integração pode apoiar as relações de dominação atualmente hegemônicas, ou pode contribuir para abrir brechas para mina-las.
Um projeto de integração orientado para abrir ainda mais estas economias para submete-las aos ditames dos donos do capital? Ou uma integração defensiva que tenha como meta conquistar espaços de autonomia e soberania para definir políticas públicas e opções econômicas próprias? Em outras palavras, uma integração que contribua para apagar ainda mais os espaços e territórios do exercício da soberania democrática dos povos, ou uma integração orientada para recuperar o que séculos de colonialismo e políticas imperiais arrebataram e continuam arrebatando os povos do continente?
Uma integração orientada pelos valores do individualismo possessivo, da competição de todos contra todos, na qual se garanta o êxito dos mais fortes sobre a base da exploração e exclusão dos mais fracos, isto é, uma integração que acentue as inaceitáveis desigualdades atuais? Ou uma integração guiada pelos valores da igualdade, da participação, da pluralidade, da solidariedade, da comunidade; uma integração que reconheça, valorize e torne possível o desdobramento da extraordinária variedade de modos de vida dos povos de nosso continente?
Uma integração que sem limite algum explore os recursos naturais, os convertendo em mercadorias exportáveis para gerar os excedentes requeridos para pagar a divida externa? Ou uma integração orientada para a recuperação e a construção de outras formas de os seres humanos serem parte da natureza, que não a considere um inimigo a ser submetido, controlado, explorado e, em conseqüência, destruído?
Uma integração pensada como área de livre comércio, concebida principalmente como a construção de um espaço econômico de livre circulação de mercadorias e capitais? Ou uma integração geopolítica concebida como parte dos processos de resistência à ordem global, que busca impor a política unilateral e imperial do capital transnacional e do governo dos Estados Unidos?
A ALCA
O principal projeto estratégico do governo dos Estados Unidos para o conjunto do continente americano durante os últimos dez anos foi a ALCA, ou Área de Livre Comércio das Américas. Mediante esse acordo de alcance continental, o governo dos Estados Unidos e suas empresas buscam consolidar, aprofundar e tornar irreversíveis as políticas de ajuste estrutural das ultimas décadas, pretendendo estabelecer de uma vez por todas a prioridade absoluta dos direitos do capital sobre o direito dos povos. Mediante a constitucionalização da ordem neoliberal em um pacto supranacional de cumprimento obrigatório, se aspira delimitar drasticamente os âmbitos da soberania, do exercício da democracia e da regulação social, concebidos todos como travas ilegítimas ao pleno e livre desdobramento e movimento do capital.
Há pouco mais de dois anos, as negociações avançavam de forma aparentemente impossível de deter. Governos submissos em todo o continente negociavam textos secretos pelas costas de seus povos, e parecia inevitável que na data prevista, isto é, no final de 2004, se concluiriam a negociação e a revisão do texto de modo que este pudesse ser ratificado em 2005. Porém, a partir de 2002 as coisas começaram a mudar. Os movimentos e organizações sociais da resistência à ALCA, especialmente com sua articulação na Aliança Social Continental, conseguiram tirar o debate do âmbito delimitado de uma negociação entre especialistas em comércio internacional para coloca-lo no terreno do debate e da mobilização pública.
Organizações sindicais, indígenas, ecologistas, camponesas, de mulheres e acadêmicas em todo o continente conseguiram convergir em uma resistência crescentemente organizada e capaz de grandes mobilizações. Cada uma das principais reuniões dos negociadores do acordo passou a ser acompanhada por massivos protestos (Quebec, Buenos Aires, Quito, Miami). As mudanças políticas representadas pela eleição de Chávez, Lula e Kirchner introduziram perspectivas e posturas de negociação não previstas. Na reunião do Comitê de Negociações Comerciais (CNC) realizada em San Salvador em Julho de 2003 foi reconhecido pela primeira vez, na própria mesa de negociações, que estas estão severamente estancadas. Foram realizadas sucessivas tentativas de salvar o acordo mediante um tratado mais diluído (Alca Light) ou pela via de uma ALCA de dois níveis que permitisse aos governos mais comprometidos com o modelo de livre comércio a preservação do conteúdo do projeto original, dando a opção para os outros governos de assumir compromissos menores. Buscando destravar as negociações, os Estados Unidos convocaram sucessivas “reuniões informais” entre diferentes grupos de países. Os desacordos persistiram. Finalmente, ao contrário de todos os prognósticos, o que não parecia possível hoje é um fato. A resistência continental derrotou a ALCA, talvez definitivamente. Desde o início de 2003 não foi realizada nenhuma reunião formal. De fato, ainda que isso não seja admitido publicamente, as negociações foram adiadas de forma indefinida1.
Diversas organizações do continente sugeriram que o 1º de janeiro de 2005, data em que se supunha que o acordo estivesse pronto, seja celebrado como o dia do triunfo dos movimentos populares das Américas contra a ALCA. Nestes tempos neoliberais, não são muitas as vitórias populares: devemos celebra-las!
Os Tratados de Livre Comércio (TLCs)
A ALCA ter saído dos trilhos representa sem dúvida uma vitória para a resistência ao projeto imperial de livre comércio. Porém, a agenda estratégica do governo dos Estados Unidos para o continente não foi derrotada: avança por outras vias. Dado que as dificuldades nas negociações da ALCA eram enfrentadas principalmente com três países – Brasil, Argentina e Venezuela – o governo dos Estados Unidos optou por continuar as negociações via TLCs com praticamente todos os demais paises. Foi negociado e assinado um TLC com o Chile, concluídas as negociações com a América Central, e está no que se supõe que é a fase final das negociações com a Colômbia, Equador e Peru.
Dado o fracionamento da resistência e as posturas mais amigáveis dos governos em questão (tanto em relação ao livre comércio como ao governo dos Estados Unidos) nestes acordos se radicaliza a agenda neoliberal. Não só se vai além dos acordos da Organização Mundial de Comércio (OMC), mas inclusive do que estava previsto nas minutas da ALCA. A extraordinária disparidade entre as partes destas negociações se ilustra no conteúdo, por exemplo, dos capítulos sobre propriedade intelectual e agricultura do TLC andino, acordos que, se aprovados em sua versão atual, teriam impactos catastróficos sobre a saúde e a alimentação dos povos. O governo dos Estados Unidos exigiu o patenteamento de plantas e animais (definidos como invenções!), assim como de procedimentos diagnósticos, terapêuticos e cirúrgicos. Reafirmando uma vez mais que considera mais importante os lucros de suas transnacionais farmacêuticas que a saúde pública, além de diversas medidas destinadas a impedir a utilização de medicamentos genéricos, o governo dos EUA exige que deixe de ter efeito a Declaração Relativa ao Acordo sobre ADPIC2 de Doha (2001), que autoriza certa flexibilidade na interpretação dos direitos de propriedade intelectual dos medicamentos e permite aos países membros da OMS “proteger sua saúde pública e, em particular, promover o acesso aos medicamentos para todos”. Nas negociações sobre agricultura o governo dos Estados Unidos exige a eliminação de todos os instrumentos de proteção e fomento agrícola utilizados pelos países andinos (faixas de preços, cotas de importação, etc), ao mesmo tempo em que se nega de forma categórica a sequer discutir seus opulentos subsídios agrícolas. Esta combinação não pode conduzir senão à devastação da agricultura andina, a solapar as condições da segurança alimentar e a expulsão de milhões de pessoas do campo.
Apesar da firme oposição popular e das massivas mobilizações das organizações sociais e políticas centroamericanas e andinas3, não foi possível até o momento frear estas negociações.
O Mercosul e a Comunidade Andina de Nações
Constituem hoje o Mercosul ou a Comunidade Andina de Nações (CAN) alternativas a este modelo de integração e desenvolvimento? A integração não pode ser pensada como algo diferente dos projetos nacionais, diferente das sociedades que se prefiguram no interior de cada Estado nação. Os projetos de integração do continente dependem dos processos políticos, das estruturas produtivas, das correlações de força existentes tanto global e regionalmente como no interior de cada um dos países participantes.
Os atuais projetos e práticas de integração na América Latina se dão com estruturas produtivas e condições políticas e ideológicas muito diferentes das existentes quando se debatia a integração latino-americana nos anos 60 e 70. Como resultado das ditaduras militares e da aplicação sistemática das políticas neoliberais de ajuste estrutural, estas sociedades mudaram profundamente tanto em sua estrutura produtiva como em seu tecido social. Como conseqüência da repressão, da desindustrialização e das reformas trabalhistas, o movimento sindical se encontra extraordinariamente reduzido e debilitado, e a maior parte dos novos empregos criados está no chamado setor informal. O peso dos empresários cuja produção se orientava prioritariamente ao mercado interno igualmente declinou. A propriedade da terra se encontra ainda mais concentrada que há três décadas. Os setores mais dinâmicos das economias do continente – os que têm igualmente hoje maior incidência política, maior capacidade de ter impacto sobre as políticas públicas – são os setores triunfantes destas transformações econômicas. São principalmente os grupos financeiros, dos serviços – como as telecomunicações – e os exportadores de produtos primários: no caso do Cone Sul, principalmente o setor agroindustrial. Estes setores estão controlados ou associados estreitamente com o capital transnacional, seus benefícios dependem da abertura econômica, da desregulamentação, das privatizações e do acesso aos mercados internacionais. Constituem as forças dinâmicas internas por trás das políticas do livre comércio.
O sentido comum do neoliberalismo hoje hegemônico e os interesses destes setores que acabaram beneficiados com as transformações políticas e da estrutura econômica produzidas nas ultimas três décadas, condicionam as orientações básicas dos projetos de integração que hoje são operados e negociados em todo o continente. É possível constatar inclusive que a razão fundamental pela qual os governos do Brasil e da Argentina colocaram uma resistência tão firme à ALCA teve a ver principalmente com o fato de que os benefícios que estes setores esperavam não estavam sendo garantidos suficientemente na negociação. Não se trata de desconhecer que estes governos não têm tido posições únicas e que têm existido tensões entre visões mais orientadas para o livre comércio e visões que reivindicam maior autonomia para impulsionar políticas públicas nacionais. Porém, e para além dos discursos, foi precisamente o fato de que a ALCA não garantia um maior acesso dos produtos da agroindústria do Mercosul ao mercado dos Estados Unidos, e que o governo deste país não estava disposto nem sequer a considerar a redução dos subsídios a sua produção agrícola, a verdadeira razão pela qual se travaram as negociações da ALCA.
O único governo participante nas negociações que formulou questionamentos conceituais, políticos e doutrinários fundamentais a cada uma das dimensões do modelo de integração proposto pelo governo dos Estados Unidos através da ALCA foi o da Venezuela.
São esses mesmos interesses que estão impulsionando as negociações do Mercosul com a União Européia. De acordo com denúncias formuladas pelas principais organizações sociais do Cone Sul4, em troca de um acesso limitado da agroindústria do Mercosul ao mercado da União Européia, os negociadores do Mercosul estão realizando concessões que teriam efeitos nocivos sobre a agricultura familiar, limitariam a capacidade dos Estados para ter políticas industriais autônomas, e converteriam em mercadorias áreas tão críticas como os chamados “serviços culturais” e “serviços ambientais”. Da mesma forma, seriam oferecidas preferências à União Européia para as compras do setor público. Não há razão alguma pela qual se possa supor que as transnacionais baseadas na Europa possam ter efeitos mais benéficos ou sejam menos surrupiadoras que as estadunidenses, nem para assumir que os governos europeus sejam menos agressivos na defesa dos interesses de suas corporações. Qualquer ilusão neste sentido foi desmentida com a recente crise argentina.
A Comunidade Sul-americana de Nações
Os governos da América do Sul celebram o que se denomina um novo momento histórico no continente, a realização do sonho de Bolívar: a criação da Comunidade Sul-americana de Nações. Poderá este acordo se converter efetivamente em um ponto de partida para novos projetos econômicos e geopolíticos alternativos aos modelos hegemônicos?
A retórica da Declaração de Cuzco, assinada pelos presidentes ou chanceleres de 12 países sul-americanos, parece apontar uma nova direção. Nela predomina uma linguagem diferente da prioritária do livre comércio que foi hegemônica durante os últimos anos. Partindo da “história compartilhada e solidária de nossas nações”, se reivindica “uma identidade sul-americana compartilhada e valores comuns, tais como: a democracia, a solidariedade, os direitos humanos, a liberdade, a justiça social, o respeito à integridade territorial, a diversidade, a não discriminação e a afirmação de sua autonomia, a igualdade soberana dos Estados e a solução pacífica de controvérsias”. É reconhecido que não é suficiente o desenvolvimento econômico, e que são requeridas estratégias que junto a “uma consciência ambiental responsável e o reconhecimento de assimetrias no desenvolvimento de seus países, assegurem uma distribuição de renda mais justa e mais eqüitativa, o acesso a educação, a coesão e inclusão social, assim como a preservação do meio ambiente e a promoção do desenvolvimento sustentável”.
É enfatizado um “compromisso essencial com a luta contra a pobreza, a eliminação da fome, a geração de emprego decente e o acesso de todos à saúde e à educação como ferramentas fundamentais para o desenvolvimento dos povos”. No terreno internacional se apela aos “valores da paz e da segurança internacionais, a partir da afirmação da vigência do direito internacional e de um multilateralismo renovado e democrático que integre decididamente e de maneira eficaz o desenvolvimento econômico e social na agenda mundial”.
Desde o ponto de vista institucional, se afirma a Comunidade Sul-americana de Nações como um projeto que transcende uma área de livre comércio, sendo acordado que se vai “desenvolver um espaço sul-americano integrado no político, social, econômico, ambiental e de infra-estrutura que fortaleça a identidade própria da América do Sul e que contribua, a partir de uma perspectiva sub-regional e, em articulação com outras experiências de integração regional, ao fortalecimento da América Latina e do Caribe e que se outorgue uma maior gravitação e representação em fóruns internacionais”.
De acordo com o texto, se trata de um projeto de integração dos povos. É afirmado: “Nossa convicção no sentido que a realização dos valores e interesses compartilhados que nos unem, além de comprometer aos Governos, só encontrará viabilidade na medida que os povos assumam o papel protagonista que corresponde a eles neste processo. A integração sul-americana é e deve ser uma integração dos povos”.
Além dos temas cruciais que estão ausentes no texto, como o da dívida externa e das relações deste projeto com os acordos de livre comércio assinados ou em processo de negociação com os Estados Unidos ou a União Européia, pode se esperar que os atuais governos sul-americanos (os que assinam a Declaração de Cuzco) sejam conseqüentes com estas declarações de intenção? Trata-se de uma linguagem destinada ao público de galeria, ou é a expressão de uma nova vontade política dos governos sul-americanos?
Mais que descartar de antemão a Declaração de Cuzco como pura retórica e a decisão de criar a Comunidade Sul-americana de Nações como uma mera formalidade, é conveniente analisar este processo na potencialidade que poderia oferecer para se converter em um novo terreno de disputa e tensões entre diferentes visões e diferentes forças sociais em torno do futuro da América Latina. Os governos que assinaram a declaração (ou alguns deles) pretendem adequar as orientações de suas políticas públicas aos objetivos declarados da Comunidade Sul-americana de Nações?
O que é evidente é que existem contradições flagrantes entre os objetivos e metas formulados nesta declaração e o rumo principal que hoje as políticas públicas assumem na maioria dos países sul-americanos. Os objetivos formulados na Declaração de Cuzco não são, de modo algum, compatíveis com as políticas públicas e orientações econômicas que, graças à dívida externa, os organismos financeiros internacionais continuam impondo em todo o continente. Podem os movimentos sociais e políticos populares do continente aproveitar estas tensões para formular e impulsionar propostas contra hegemônicas?
Qual o sentido de os governos andinos que hoje negociam um TLC com os EUA, projeto que constitui uma severa ameaça à saúde, educação e meio ambiente de tais países, se comprometerem a garantir a saúde, a educação e a alimentação de seus povos, assim como a preservação do ambiente? Que sentido tem a reivindicação do direito a um emprego decente quando as políticas de abertura, privatização e desregulamentação, a desindustrialização, a flexibilidade do trabalho e as reformas da legislação trabalhista impulsionada por estes mesmos governos continuam deteriorando e precarizando sistematicamente as condições de emprego? Para que proclamar a autonomia e igualdade soberana dos Estados enquanto estão sendo negociados acordos comerciais que limitam cada vez mais o exercício da soberania? Por que falar da distribuição eqüitativa da renda, e da coesão e inclusão social, se a experiência confirma que as atuais políticas de predomínio dogmático do livre comércio não conduzem senão à desintegração social e ao aumento das desigualdades sociais? Que sentido tem destacar a importância da preservação do meio ambiente e da promoção do desenvolvimento sustentável se – como é evidente, por exemplo, no caso do Brasil – as atuais políticas de prioridade das exportações primárias orientadas a gerar um excedente na balança comercial para pagar a dívida externa requerem uma superexploração depredadora e não sustentável dos recursos naturais? Que tipo de infra-estrutura vai acompanhar este processo de integração? A prioridade continuará no investimento em infra-estrutura orientada a facilitar as exportações e consolidar o modelo de crescimento para fora, a economia de portos? Essa infra-estrutura colocará a Amazônia e seus recursos à disposição das empresas transnacionais?6.
Poderá, pelo contrário, ser dada prioridade às exigências de um desenvolvimento endógeno, de ampliação dos mercados internos continentais e da efetiva integração dos povos? Será possível avançar na direção de um modelo alternativo de integração quando está sendo incorporada à Comunidade Sul-americana de Nações, de forma acrítica, a base jurídica e normativa que o Mercosul e a Comunidade Andina de Nações foram armando durante o último período de hegemonia neoliberal?
A retórica latinoamericanista, a reivindicação da soberania e da democracia, assim como dos direitos dos povos, poderia baixar a guarda dos movimentos sociais e políticos em torno das negociações entre os governos do continente enquanto se mantém uma atitude vigilante frente aos acordos negociados com potencias extracontinentais (ALCA, TLCs, Mercosul-UE). Não há, porém, nada na idéia de integração sul-americana que, em si mesma, por sua própria condição de ser latina ou sul-americana, seja necessariamente mais favorável aos interesses dos povos. Tudo depende, como foi assinalado no começo deste texto, dos modelos de integração em jogo. Com a Comunidade Sul-americana de Nações se abre um novo terreno de luta continental. O destino deste projeto de integração e a resposta à questão básica de poder ou não chegar a ser favorável aos interesses populares, mas que do conteúdo de seus textos constitutivos, dependerá do resultado das lutas sociais e políticas, da capacidade das forças populares para reverter as tendências políticas e econômicas hoje hegemônicas na maior parte do continente.
Será possível transformar a Comunidade Sul-americana de Nações em um novo terreno capaz de articular de forma efetiva as lutas dos povos do continente pela soberania, democracia, igualdade e pluralidade cultural? Poderá este novo projeto integrador jogar um papel na resistência à hegemonia imperial dos Estados Unidos?
São estes os novos objetivos e as novas questões com que se confronta, hoje, a luta popular latino-americana.

Notas

(1) Circulam, porém, rumores de acordo aos quais os co-presidentes da fase final das negociações da ALCA, o embaixador Robert Zoellick dos EUA e o Chanceler do Brasil, Celso Amorim, teriam previsto se reunir em janeiro de 2005 para explorar as possibilidades de um reinício das negociações. Enquanto estão absolutamente suspensas todas as negociações substantivas, continua a disputa entre as cidades candidatas a serem sede permanente do acordo.
(2) Aspectos de Propriedade Intelectual Relacionados com o Comércio, mais conhecido por suas siglas em inglês: TRIPS.
(3) Ver, por exemplo, a declaração conjunta das quatro centrais de trabalhadoras colombianas: Declaração frente ao tratado de livre comércio com os Estados Unidos e o tema trabalhista, Bogotá, 3 de dezembro de 2004. Na Rede Colombiana de Ação frente ao Livre Comércio (Recalca)
(4) Autoconvocatoria No al ALCA (Argentina), “Acuerdo Unión Europea-MERCOSUR: ganancias para pocos, amenaza para la mayoría”
(5) Declaração de Cuzco sobre a Comunidade Sul-americana de Nações, Cúpula Presidencial Sul-americana, Cuzco, 8 de dezembro de 2004. Os países signatários desta declaração são: Argentina, Bolívia, Brasil, Chile, Colômbia, Equador, Guiana, Paraguai, Peru, Suriname, Uruguai e Venezuela http://www.comunidadandina.org
(6) Decisões fundamentais para o futuro da América do Sul, com conseqüências a longo prazo para os modelos produtivos e de integração continental (energia, transporte, telecomunicações) estão sendo tomadas, fundamentalmente, a margem do debate público, no contexto do IIRSA, Iniciativa para a Integração da Infra-estrutura Regional Sul-americana, que tem sua origem na Primeira Cúpula dos Presidentes da América do Sul, realizada em Brasília no ano 2000, que agrupa os mesmos 12 países que acordaram a criação da Comunidade Sul-americana de Nações. Está previsto que seus projetos sejam financiados pelos governos, o setor privado e instituições financeiras multilaterais como o Banco Interamericano de Desenvolvimento (BID), a Corporação Andina de Fomento (CAF), o Fundo Financeiro para o Desenvolvimento da Cuenca Del Plata (FONPLATA) e o Banco Mundial. O discurso de Enrique Inglesias nesta cúpula presidencial deve servir como um chamado de alerta com relação ao tipo de projeto de infra-estrutura ao qual estes organismos financeiros dão prioridade. A concepção da integração que defende o BID aparece sintetizada nos seguintes termos: “A integração regional é sempre uma tarefa desafiante, e os primeiros esforços da América Latina e Caribe nos anos do pós-guerra encontraram obstáculos muito importantes. Felizmente, alguns destes obstáculos tradicionais foram substancialmente superados nos últimos anos. O processo de reforma das estruturas econômicas nos países da América Latina e do Caribe, que o Banco vem apoiando ativamente, fez com que nossas economias sejam mais receptivas à integração regional, a partir de condições macroeconômicas mais estáveis, a abertura unilateral de nossas economias, a redução da intervenção direta estatal nos mercados e um ambiente mais favorável à iniciativa privada”.
http://www.caf.com/view/index.asp?ms=8&pageMs=10180
(Revista Punto Final de Chile).- El proceso de globalización comercial, que tiene sus referentes institucionales en las negociaciones multilaterales que se desarrollan en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y en las bilaterales a través de los múltiples tratados de libre comercio, ha comenzado a expresar sus efectos. No sólo distan de los iniciales y grandilocuentes anuncios de sus impulsores, sino que se acercan a las proyecciones más lúgubres realizadas por sus detractores. El proceso mundial de liberalización comercial, que incluye la apertura de los mercados y de los servicios públicos, aun cuando ha logrado generar más intercambio y riqueza, ha conseguido que aumenten las desigualdades en la distribución de la riqueza a niveles que hoy resultan intolerables e inocultables.
Tanto así, que cuando Pascal Lamy, director general de la OMC, estuvo en Santiago en marzo pasado, admitió que la globalización no ha conducido a los resultados esperados. La ruptura Norte-Sur y la brecha entre ricos y pobres al interior de algunas naciones tendría dimensiones siderales.
Al hablar de aumento de las desigualdades vemos que éstas toman cuerpo tanto al interior de los países como entre los países. En Chile, que ha sido calificado como “el laboratorio del neoliberalismo” por ser uno de los pioneros en abrir sus mercados y en traspasar sus servicios públicos al sector privado transnacionalizado, el proceso de globalización comercial ha logrado generar enormes riquezas, que se han concentrado en un grupo pequeño de actores económicos. Como efecto de este fenómeno, tenemos que la desigualdad en la distribución de los ingresos alcanza un hito histórico en nuestra economía.
La globalización comercial no sólo es apertura de mercados, sino apertura de los servicios, de inversiones y de todas las áreas potencialmente comerciales, como la salud y la educación, los recursos naturales o el conocimiento ancestral de los pueblos. Cuando un país accede a este tipo de tratados, lo que también hace es abrir su economía al gran capital que, bajo la ley del libre mercado, será de una u otra forma operada para la rentabilidad de ese gran capital. Sin regulaciones nacionales de por medio -de hecho, la apertura significa la renuncia a las normativas y reglas nacionales- toda la economía estará guiada por la ley del más fuerte. Los efectos de este trance son, en nuestras latitudes, un modelo de economía basada en la extracción de recursos naturales, los monocultivos, la pérdida de derechos, como a la salud o la educación, y la privatización y mercantilización de prácticamente todas las áreas de la vida pública.
América Latina vive desde hace ya varios años una fuerte presión para abrir sus mercados, especialmente por la vía bilateral por parte de Estados Unidos. Aun cuando el gran proyecto del Imperio por crear el Alca (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) no consiguió avanzar gracias a la oposición de los actuales gobiernos de Venezuela, Argentina y, principalmente, del gigante regional que es Brasil, la insistencia y la gula norteamericana han logrado que numerosos países pequeños -y no tan pequeños- suscribieran, o estén en vías de hacerlo, tratados de libre comercio. Allí tenemos el Cafta, con las pequeñas economías centroamericanas, así como los acuerdos suscritos o en vías de suscribirse con países andinos como Colombia, Perú y Ecuador. Con anterioridad México suscribió el Nafta, con efectos que han sido desastrosos y, ni hace falta recordarlo, también está Chile.
¿Es posible quedar al margen del proceso de globalización? En cierto modo, parece que no es posible quedar aislado y cada vez más debilitado ante el creciente poder que adquieren otros actores, como los grandes bloques económicos y las transnacionales. Pero es posible entrar en un proceso si no de globalización per se, sí de integración entre pares, lo que significa avanzar hacia una integración entre economías similares que apunten hacia la conformación de bloques capaces de negociar con más poder ante otros actores económicos.
Esta es la tensión que vive en estos días Sudamérica. Junto al atropello del gran capital transnacional, aceptado por los países que ya han suscrito un TLC con Estados Unidos, es posible observar otro proceso, que avanza hacia la integración regional de economías a veces similares o a veces complementarias, que apuntan a un desarrollo de los países sobre sus bases productivas. Se trata de un curso que no es nuevo, pero que hoy presenta serias complicaciones. Lo que vemos con la crisis del Mercosur o de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) es una señal de que la integración es necesaria pero sobre otras bases. La integración apoyada en el acceso a mercados, que es exclusivamente comercial, conduce inevitablemente a conflictos.
El cada vez más serio problema entre Uruguay y Argentina por la instalación de una planta procesadora de pasta de celulosa es un claro ejemplo de cómo los intereses nacionales estimulados por las grandes corporaciones prevalecen sobre otro tipo de intereses, como es el impostergable desarrollo de nuestros pueblos. Y algo parecido ha sucedido en la CAN, que indudablemente perderá sus características de comunidad regional al estar tres de sus miembros obligados a abrir sus economías a un nuevo diseño trazado por las grandes empresas. Bajo estos TLC, basados en el libre mercado que controlan los grandes consorcios mundiales, es imposible pensar en una estrategia de integración regional. Como dijo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, los TLC con Estados Unidos no integran, sino que desintegran.
El proyecto venezolano de integración, la Alternativa Bolivariana para la América (Alba), que conforman Venezuela y Cuba, cuenta desde el 30 de abril con Bolivia como nuevo miembro. Bolivia, que ya había recibido la “invitación” de Washington para negociar un TLC, replicó con un TCP, o un Tratado de Comercio de los Pueblos, iniciativa de Evo Morales que ha sido un diplomático portazo al convite norteamericano. Lo que Morales ha planteado es la necesidad de integración, pero entre economías similares; un tratado que favorezca la producción y el desarrollo, no un convenio diseñado por las multinacionales. El 1º de mayo, el presidente boliviano dio otro paso de enorme importancia, al firmar el decreto que nacionaliza los hidrocarburos.
Morales ha llevado su propuesta al Alba, que está inspirada por estos mismos principios: un intercambio hecho desde las bases productivas, que promueva el desarrollo y la calidad de vida. Una propuesta basada en las verdaderas necesidades de las naciones sudamericanas, las que comienzan por la reducción de la pobreza y de las escandalosas desigualdades.
El Alba ha puesto los bueyes delante de la carreta, y no a la inversa, como los acuerdos hechos sobre el acceso a mercados. La inspiración de este tratado, aun cuando estimula el comercio, se encamina hacia la satisfacción de nuestras más urgentes necesidades, como son las sociales. Y en este sentido, de cierta manera está inspirado en el proceso de fundación de la Unión Europea, cuyos orígenes no estuvieron en un criterio puramente mercantil, sino también político y cultural. El proceso de integración europea surgió también de la necesidad de poner fin a décadas de violencia e intolerancia. Su eje central fue la búsqueda de un camino que condujera hacia la paz. En nuestro caso, sin grandes conflictos nacionales que resolver, aunque los chilenos y bolivianos sabemos bien cuál es la tarea pendiente, nuestro centro, nuestro eje, es también nuestro dolor: la pobreza y la desigualdad. Una tarea que no se resolverá sólo con más mercados, y menos con las inversiones multinacionales. Es una labor que tendrá que ser impulsada con una voluntad política de integración regional sobre la base de la solidaridad.
a) Un enfoque político general: América Latina en 2006
En enero de 2005 el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) no entró en vigor. Su negociación está suspendida. En noviembre de ese año las presiones del gobierno Bush en la Cumbre de Presidentes de las Américas (menos Cuba) en Mar del Plata no consiguieron arrancar una agenda de retomada de las negociaciones por causa principalmente de la oposición de Venezuela y los países del Mercosur. En julio de 2006, try en Córdoba, Argentina, los presidentes del Mercosur se reunieron con la presencia de un nuevo miembro, Venezuela (1), y los jefes de estado de Chile, Bolivia y Cuba (1).
Mucho se puede especular o discutir sobre que “el ALCA no es un proyecto muerto” (que está en “compás de espera”, está siendo implementado por la “vía de menor resistencia a través de los TLCs sub-regionales”) y de que el Mercosur, la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN o CASA), el ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas) y los TCPs (Tratados de Comercio de los Pueblos), esto es, los procesos inter-estatales que apuntan a la integración regional, enfrentan serias dificultades de construcción y conflictos entre sus miembros, son limitados en relación a la agenda general, etc. Pero, HOY, la agenda política de AMÉRICA DEL SUR está tomada prioritariamente por el tema de la integración regional.
El gobierno de los Estados Unidos bombardea este escenario presionando por TLCs (ya tiene con Chile, acaba de negociar con Colombia y Perú) pero esas victorias “puntuales” son la confesión de la derrota regional (ya que quedan afuera tanto los países de más peso económico (Argentina, Brasil, Venezuela) como otros que tienen atractivo económico-geopolítico (por su ubicación o por sus recursos naturales: Bolivia, Uruguay, Paraguay, Ecuador…) (2).
Cuando las primeras manifestaciones contra el ALCA ocurrieron en 1997-98 el escenario era muy distinto. (Aún en abril de 2001 en la Cumbre de Presidentes en Québec apenas el gobierno de Venezuela presentaba tímidos y aislados cuestionamientos al proceso impulsado por el gobierno de los Estados Unidos con el apoyo de sus incondicionales en la región). Estábamos aún en un escenario dominado ideológicamente por el “pensamiento único” y de que “no hay alternativas” que había copado a la región (y al mundo!) Con la ofensiva neoliberal iniciada en la década de 1980 y consolidada con las derrotas políticas de los proyectos socialdemócratas en Europa occidental (entre finales de los años 1970 y la década siguiente) y la derrocada del socialismo burocratizado en el Este Europeo (consumada con la disolución de la URSS en 1991). En las esferas regional y mundial lo que estaba sobre la mesa de negociaciones comerciales era la agenda de las corporaciones transnacionales (cuyo paradigma es el NAFTA, pero en el ALCA los negociadores de los Estados Unidos ya pensaban en ir más lejos aún).
Esa agenda es hoy ampliamente contestada en la opinión pública y desde los movimientos sociales de la región. A lo largo de los años hubo, de hecho, una educación política popular masiva en nuestros países sobre los temas involucrados en las negociaciones. Ocurrieron movilizaciones en diversos contextos y naciones contestando puntos importantes de esa agenda. Finalmente, varios gobiernos expresaron que no hay como aceptar el paradigma del NAFTA extendido a la región. Eso explica que el ALCA se haya empantanado.
Estamos ahora en el tiempo de las alternativas concretas y el tema de la integración regional (de América del Sur exclusivamente o ampliada hacia otros países también) tiene un papel central en consolidar ese nuevo escenario.
Ahora bien, esto ocurre en un momento en que la coyuntura mundial registra el auge del “unilateralismo” del gobierno norteamericano y la agresividad de su agenda militar, política e económica. Un proyecto de integración regional contra-hegemónica deberá responder no solamente a la agenda de las negociaciones comerciales internacionales sino también ser orientada por un proyecto que cuestione esa política imperial en los otros campos.
b)“Integración regional”, en coyunturas diferentes
Con una misma denominación, “integración regional”, se han planteado muchas cosas diferentes a lo largo de la historia de nuestro continente y una dilucidación de conceptos y procesos históricos sería, sin duda, necesaria [Aunque, obviamente, se trata de una tarea política e intelectual de largo aliento y que debería involucrar a diversos sectores].
Para el objetivo de este documento basta decir aquí que cuando HOY tratamos de la integración regional debemos actualizar el debate para la coyuntura política regional específica que antes referimos. Es decir, estamos tratando de un proyecto de integración regional CONTRA-HEGEMÓNICA, de oposición a la agenda que el gobierno de los Estados Unidos (y otras potencias) tienen para la región, de afirmación de un proyecto regional que incorpore las aspiraciones populares y nacionales.
Esto es importante porque parte importante del debate en nuestros países sobre integración regional de la segunda parte del siglo XX se dio en el marco de (o, incluso, para reforzar) la hegemonía de los Estados Unidos sobre la región.
c)”Integración regional” y “libre comercio”
Los temas aquí tratados tienen una larga historia. Es así natural que hayan adquirido en nuestros idiomas sentidos diversos dependiendo del momento histórico a que se refiere.
Así, por ejemplo, la historia del concepto de “libre comercio” puede tener como uno de sus puntos importantes las obras de Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823). Se trataba de eliminar barreras aduaneras entre países para que el comercio de mercancías se hiciera libremente. Eso favorecería a ambos países, mismo que hubiera grandes disparidades entre ellos. El imperio inglés la tuvo como su bandera de expansión económica en el siglo XIX.
Registremos que el pensamiento crítico latinoamericano cuestionó profundamente las bases teóricas y los resultados históricos de la aplicación de esa receta en nuestra región. Debemos rescatar esa herencia intelectual que los años neoliberales han querido enterrar: los debates de la CEPAL entre 1949 e inicios de los años 1980, la teoría de la dependencia, etc.
Pero, el “libre comercio” que está en la agenda desde los años 1980 no se refiere tan solamente a la “libre circulación de mercancías”. En la OMC, en el ALCA y en los TLCs bi-regionales hay una amplia agenda de temas que buscan definir supranacionalmente limitaciones a los estados nacionales en su “capacidad de hacer política de desarrollo” para fijar lo que sería una “carta de derechos de los capitales transnacionales” (para protegerlos de los pueblos). Su lógica, que viene de la hegemonía ideológica neoliberal de los años 1990, es que si el país que “hace su lección de casa” (cumple las recetas del Consenso de Washington, por ejemplo) los capitales le retribuirán invirtiendo, creando empleo y bienestar social. El destino de esa sociedad y de ese país estará entregado “al mercado” (lo que hoy es decir al gran capital transnacional).
Podrá rastrearse en las propuestas de integración regional – tal como ahora está en pauta – temas que están en la agenda del libre comercio. Al final, se espera que, en el marco de la integración, prospere el comercio entre nuestros países. O que haya reglas para que la inversión de capitales de un país se pueda realizar en el otro. Pero aquí el sentido es totalmente otro. El punto de partida y el trayecto que se espera cumplir son totalmente otros, tal como se verá más adelante.
d)Integración regional, condición para enfrentar a los proyectos hegemónicos del capitalismo global
En la visión que aquí trabajamos la integración regional es un paso y una herramienta para alterar la inserción de nuestros países en el mercado capitalista internacional y en la geopolítica mundial.
Es obvio que ninguno de nuestros países aisladamente tiene condiciones materiales para hacer frente a las presiones de las principales economías capitalistas. La dependencia de nuestros países en relación al capitalismo central existe y funciona. Los gobernantes entreguistas (como Menem en Argentina, FHC en Brasil, Sánchez de Lozada en Bolivia etc.) que aplicaron políticas tomando la dependencia (de nuestros países en relación a Estados Unidos) como dada e inamovible buscaban navegar a favor de esa corriente. Lo que se vio es que ahí no hay proyecto de país ni de sociedad, hay un proyecto de anexación de nuestra región a la economía, política internacional, estrategia militar e industria cultural de los Estados Unidos.
La integración regional permitirá aprovechar una diversidad de recursos (naturales, productivos, financieros, científicos e intelectuales, etc.) que existen de forma diferenciada entre nuestros países fortaleciendo las capacidades regionales, nos daría una mayor identidad y cohesión política en cuánto “bloque regional” y de esa forma nos permitiría otras posibilidades de acción a nivel internacional (en negociaciones comerciales con otros países o bloques, en el sistema internacional etc.).
e)Puntos de partida para un proyecto de integración regional contra-hegemónico
Para construir un proyecto de integración contra-hegemónico no partimos del “cero”.
Tenemos, en primer lugar, los debates realizados por nuestros movimientos EN EL PERÍODO POLÍTICO ANTERIOR y en respuesta a una agenda diferente (colocada por las fuerzas neoliberales).
Se trataba de enfrentar al ALCA: en “Alternativa para las Américas” están sistematizadas una serie de propuestas de los más diversos movimientos en oposición a la agenda del gobierno de los Estados Unidos. En las declaraciones y documentos de los varios Encuentros Hemisféricos de Lucha contra el ALCA (realizados en La Habana) están registradas las críticas al ALCA y las reivindicaciones de los movimientos sociales.
Se trataba de impulsar al Mercosur y a la CAN en un rumbo diferente al que se le impuso en los años 1990: diversos movimientos levantaron propuestas alternativas (sindicatos, mujeres, campesinos etc.). Más recientemente también entró en la discusión los rumbos de la ALADI. Igualmente el IIRSA viene siendo discutido y cuestionado en sus fundamentos por los más diversos movimientos. La Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN o CASA) es un tema aún más reciente y el que será utilizado por nosotros para lanzar un debate más general sobre la integración.
No nos escapa que la DISCUSIÓN ANTERIOR ES LIMITADA por el papel que cumplió – reactivo y defensivo frente a la ofensiva neoliberal en la región.
También reconocemos que diversos gobiernos han abierto sus agendas en los últimos años buscando otras perspectivas en acuerdos comerciales en curso (por ejemplo, los Fondos Estructurales en el Mercosur) o nuevos tipos de acuerdos (ALBA, TCP).
Finalmente hay otros actores que deben ser convocados para ese debate a más de gobiernos y movimientos sociales. Los partidos políticos deberían tener un papel clave en ayudar a formar una voluntad política integracionista y tienen un espacio de convergencias en el Foro de S. Paulo. Las universidades y los centros de investigación deberían entrar fuertemente en el debate como parte de un esfuerzo de pensar nuestra región desde sus raíces y sus necesidades – porque el neoliberalismo colocó a la intelectualidad una perspectiva subordinada al punto de vista de las metrópolis. El diálogo entre las diversas religiones e iglesias que existen en nuestra región podría tener un papel importante en el fortalecimiento de la pluralidad de nuestra identidad como pueblos.
El proceso que los movimientos vamos a realizar hasta diciembre para la Cumbre Social en Santa Cruz de la Sierra, deberemos, por un lado, definir los puntos prioritarios en nuestra agenda para al integración – partiendo de los que los propios movimientos sociales ya han acumulado – y, por el otro, el diálogo con otros actores de ese proceso.
Entendemos que la agenda tiene áreas importantes de concentración temática sobre las cuales debemos debatir:
1)Una integración para la sinergía entre y para la reorientación de nuestras economías.
La herencia colonial de nuestros países ha hecho que nuestras economías sean en muchos casos competidoras entre sí al servicio de los mercados y capitales de lo países del capitalismo central. Una política de integración tiene que apostar a la complementariedad y al desarrollo con equilibrio entre regiones, países y sectores.
Por otro lado, nuestras economías están tomadas por oligopólios en gran parte de capitales internacionales. La integración debe servir para apoyar y expandir la economía solidaria, la economía campesina, a los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad y a fortalecer la capacidad de nuestros estados de “hacer políticas de desarrollo” definidas democráticamente por nuestros pueblos.
Hay una matriz productivista depredadora del medio ambiente que debe ser combatida con una perspectiva sustentable siempre que se discuta la ampliación de proyectos de producción y las necesarias reconversiones de sectores productivos nocivos a la renovación del medio ambiente.
El actual modelo económico es sostenido por una división entre producción y reproducción que impone a las mujeres el trabajo doméstico y de cuidado. Para un proceso de integración generador de igualdad hay que romper con esa lógica, cuestionar la división sexual del trabajo y actuar para el equilibrio entre producción y reproducción.
Las economías de nuestros países vienen de muchos años de aplicación de recetas neoliberales que tuvieron como uno de sus ejes la destrucción de conquistas laborales y sociales de las clases trabajadoras. Un proceso de integración debe estar afianzado sobre un compromiso de recuperar, universalizar y ampliar derechos en el mundo del trabajo. Y hoy día se agrega con mucha fuerza la defensa de derechos de las poblaciones migrantes que han tenido que abandonar sus países de origen por causas económicas o políticas.
2)Una integración cuyo punto de partida debe ser el bienestar social.
La agenda no debe ser (apenas ni sobretodo) económica. Es fundamental desarrollar políticas sociales de atendimiento universal a las necesidades de salud, educación, moradía y acceso a la energía eléctrica y al agua de nuestros pueblos.
Eso significa combatir las pretensiones de las corporaciones transnacionales de transformar esos servicios en negocios privados internacionalizados y desarrollar políticas para la universalización del acceso a esos servicios.
La integración debe venir también con políticas de afirmación de los derechos de las poblaciones que han sido oprimidas por el capitalismo dependiente, el patriarcado, el colonialismo. El derecho a la igualdad para las mujeres, para las poblaciones negras, la libertad de opción sexual, el reconocimiento de los derechos a su cultura, a territorios y autonomías de los pueblos originarios son parte de esta agenda.
3) Los dos puntos anteriores se combinan con la discusión sobre las matrices de nuestras infraestructuras regionales.
Nuevamente la herencia colonial ha hecho que las vías de comunicación de nuestros países solo existan para vincularnos a las metrópolis; no hay vías de transporte barato y masivo de personas y cargas entre nuestros países. La integración regional es también y necesariamente la inter-comunicación de territorios a través de carreteras, ríos y vías férreas. Ahora bien, la infra-estructura para conectar a los pueblos puede ser utilizada también para hacer de nuestra región una plataforma de exportaciones baratas a las metrópolis; este desvío no se resolverá bloqueando el desarrollo de la infraestructura, mas reorientando el desarrollo de neustros países. Pero esta debe ser también una decisión de los territorios y las poblaciones que van a ser inter-conectadas. Es decir, suponer una participación popular en la definición de esos proyectos, que hoy no existe.
La cuestión energética es clave para el futuro de nuestras sociedades. Partimos de la matriz energética heredada del siglo XX y necesariamente en este punto de partida habrá que combinar nuevos desarrollos sobre la misma con nuevas fuentes de energía renovables y más limpias que las actuales. ¿Cuál debe ser el mix entre pasado y futuro en el momento actual?
Por otro lado, es importante notar que buena parte de la agresividad imperialista en este comienzo del siglo XXI tiene que ver con el tema energético, lo que nos debe llevar a considerar esta dimensión a la hora de las propuestas (ya que el imperialismo tiene una agenda muy fuerte en este tema en particular).
4) Desatar todos los nudos de la dependencia
Nuestra región pasó de colonias de alguna metrópoli Europa (en realidad, aún persiste el colonialismo francés en territorio sudamericano en la Guayana, cuya independencia debemos apoyar y reivindicar junto con el movimiento de liberación que allí lucha) para la condición de países dependientes del imperio de turno.
Desatar esos nudos tendrá un punto de apoyo importante en la integración regional como antes diseñada pero pasa por libertar a nuestros países de la subyugación financiera internacional (que se da a través de la deuda externa, de la especulación financiera internacional etc.) No es mera casualidad que en órganos que promueven la dependencia de nuestros países – como el FMI y el Banco Mundial – haya tomado relevancia la discusión sobre la necesaria “coherencia” entre las polacas que nos quieren imponer (es decir, que deben ser “coherentes” las políticas impuestas por el FMI, con las del Banco Mundial y las de la OMC y TLCs…). Desatar los nudos de la dependencia financiera internacional es una pauta prioritaria.
Otro nudo es el de la presencia militar de los Estados Unidos en nuestra región (a través de bases como las que tiene en Colombia y Ecuador, o de tropas como las que están en Paraguay) y su política de intervención en los asuntos internos de nuestros países (actualmente a pretexto del combate al narcotráfico y el terrorismo). Desarrollar una política de seguridad regional autónoma es uno de los grandes desafíos puestos a nuestros pueblos para el próximo período.
PARA FINALIZAR este guión de lanzamiento del debate, queremos enfatizar que se trata de un proceso. Pero, nuestro punto de partida es de conquistas en la fase de la resistencia y en la apertura de un período político donde las posibilidades de construir alternativas son concretas y que ya ha comenzado. Sin embargo, no hay que esperar soluciones mágicas, simples ni rápidas para el conjunto de temas aquí enlazados. No ignoramos que hay muchas contradicciones e incluso conflictos que deberán de ser enfrentados entre los actores de este nuevo escenario que decimos está puesto. Afirmamos que la alternativa deberá ser la convergencia de una pluralidad de propuestas y no un nuevo “pensamiento único”.
Han sido cinco siglos de opresión, dominación y destrucción colonial y neocolonial a los que nuestros pueblos han respondido con muchas luchas, movilizaciones y revoluciones. Enfrentamos hoy la herencia colonial pero enarbolamos también la esperanza construidas en las resistencias. Tenemos una ardiente paciencia histórica pero también la firme convicción de que ha llegado el tiempo de los pueblos en nuestra región.
Notas:
(1) La incorporación de Venezuela como miembro pleno aún tramita en sus aspectos formales, pero ya hay una decisión favorable de todos los actuales miembros del Mercosur.
(2) A nivel continental, sin embargo, el cuadro es algo diferente. La firma del RD-CAFTA refuerza el carácter de área de influencia directa de los Estados Unidos que se mantiene en países de América Central y el Caribe. Ya el caso pionero de TLC, el NAFTA, que incluyó a México desde 1994, depende ahora de cómo evolucione la coyuntura de ese país, muy marcado por movilizaciones populares que tienen como uno de sus ejes el cuestionamiento a ese tratado (como la de “El campo no aguanta más”) y que ahora tienen el foco en la campaña ciudadana contra el fraude electoral promovido por el PAN (P. Acción Nacional, de derechas) para impedir la victoria del candidato del PRD (P. de la Revolución Democrática) crítico del NAFTA.


Propuesta del Presidente Evo Morales

LA PAZ, ask 2 DE OCTUBRE DE 2006

Hermanos Presidentes y Pueblos de Sudamérica

En diciembre del 2.004, illness en Cuzco, los presidentes de Sudamérica asumieron el compromiso de “desarrollar un espacio sudamericano integrado en lo político, social, económico, ambiental y de infraestructura” y afirmaron que “la integración sudamericana es y debe ser una integración de los pueblos”. En la Declaración de Ayacucho destacaron que los principios de libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, tolerancia, respeto al medio ambiente son los pilares fundamentales para que esta Comunidad logre un desarrollo sostenible económico y social “que tome en cuenta las urgentes necesidades de los más pobres, así como los especiales requerimientos de las economías pequeñas y vulnerables de América del Sur.”

En Septiembre del 2.005, durante la Primera Reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones realizada en Brasil, se aprobó una Agenda Prioritaria que incluye, entre otros, los temas del diálogo político, las asimetrías, la integración física, el medio ambiente, la integración energética, los mecanismos financieros, la convergencia económico comercial y la promoción de la integración social y la justicia social.

En diciembre de ese mismo año, en una Reunión Extraordinaria realizada en Montevideo, se conformó la Comisión Estratégica de Reflexión sobre el Proceso de Integración Sudamericano para que elabore “propuestas destinadas a impulsar el proceso de integración sudamericano, en todos sus aspectos (político, económico, comercial social, cultural, energía e infraestructura, entre otros).”

Ahora en la II Cumbre de Jefes de Estado debemos profundizar este proceso de integración desde arriba y desde abajo. Con nuestros pueblos, con nuestros movimientos sociales, con nuestros empresarios productivos, con nuestros ministros, técnicos y representantes. Por eso, en la próxima Cumbre de Presidentes a realizarse en diciembre en Bolivia estamos también impulsando una Cumbre Social para dialogar y construir de manera mancomunada una verdadera integración con participación social de nuestros pueblos. Después de años de haber sido víctimas de las políticas del mal llamado “desarrollo” hoy nuestros pueblos deben ser los actores de las soluciones a los graves problemas de salud, educación, empleo, distribución inequitativa de los recursos, discriminación, migración, ejercicio de la democracia, preservación del medio ambiente y respeto a la diversidad cultural.

Estoy convencido que en nuestra próxima cita en Bolivia hay que pasar de las declaraciones a los hechos. Creo que debemos avanzar hacia un tratado que haga de la Comunidad Sudamericana de Naciones un verdadero bloque sudamericano a nivel político, económico, social y cultural. Estoy seguro que nuestros pueblos están más próximos que nuestras diplomacias. Creo, con todo respeto, que nosotros los presidentes debemos dar un sacudón a nuestras Cancillerías para que se desempolven de la rutina y enfrentemos este gran desafío.

Soy consciente de que las naciones en Sudamérica tienen diferentes procesos y ritmos. Por eso propongo un proceso de integración de diferentes velocidades. Que nos tracemos una hoja de ruta ambiciosa pero flexible. Que permita a todos ser parte, posibilitando que cada país vaya asumiendo los compromisos que puede asumir y permitiendo que aquellos que desean acelerar el paso lo hagan hacia la conformación de un verdadero bloque político, económico, social y cultural. Así se han desarrollado otros procesos de integración en el mundo y el camino más adecuado es avanzar en la adopción de instrumentos de supranacionalidad respetando los tiempos y la soberanía de cada país.

Nuestra integración es y debe ser una integración de y para los pueblos. El comercio, la integración energética, la infraestructura, y el financiamiento deben estar en función de resolver los más grandes problemas de la pobreza y la destrucción de la naturaleza en nuestra región. No podemos reducir la Comunidad Sudamericana a una asociación para hacer proyectos de autopistas o créditos que acaban favoreciendo esencialmente a los sectores vinculados al mercado mundial. Nuestra meta debe ser forjar una verdadera integración para “vivir bien”. Decimos “vivir bien” porque no aspiramos a vivir mejor que los otros. Nosotros no creemos en la línea del progreso y el desarrollo ilimitado a costa del otro y la naturaleza. Tenemos que complementarnos y no competir. Debemos compartir y no aprovecharnos del vecino. “Vivir bien” es pensar no sólo en términos de ingreso per-cápita sino de identidad cultural, de comunidad, de armonía entre nosotros y con nuestra madre tierra.

Para avanzar por este camino propongo:

A nivel social y cultural

1) Liberemos Sudamérica del analfabetismo, la desnutrición, el paludismo y otros flagelos de la extrema pobreza. Establezcamos metas claras y un mecanismo de seguimiento, apoyo y cumplimiento de estos objetivos que son el piso mínimo para empezar a construir una integración al servicio del ser humano.

2) Construyamos un sistema público y social sudamericano para garantizar el acceso de toda la población a los servicios de educación, salud y agua potable. Uniendo nuestros recursos, capacidades y experiencias estaremos en mejores condiciones de garantizar estos derechos humanos fundamentales.

3) Más empleo en Sudamérica y menos migración. Lo más valioso que tenemos es nuestra gente y la estamos perdiendo por falta de empleo en nuestros países. La flexibilización laboral y el achicamiento del estado no han traído más empleo como prometieron hace dos décadas. Los gobiernos tenemos que intervenir coordinadamente con políticas públicas para generar empleos sostenibles y productivos.

4) Mecanismos para disminuir la desigualdad y la inequidad social. Respetando la soberanía de todos los países tenemos que comprometernos a adoptar medidas y proyectos que reduzcan la brecha entre ricos y pobres. La riqueza tiene y debe ser distribuida de manera más equitativa en la región. Para ello debemos aplicar diversos mecanismos de tipo fiscal, regulatorio y redistributivo.

5) Lucha continental contra la corrupción y las mafias. Uno de los más grandes males que enfrentan nuestras sociedades es la corrupción y el establecimiento de mafias que van perforando el Estado y destruyendo el tejido social de nuestras comunidades. Creemos un mecanismo de transparencia a nivel sudamericano y una Comisión de lucha contra la corrupción y la impunidad que, sin vulnerar la soberanía jurisdiccional de las naciones, haga un seguimiento a casos graves de corrupción y enriquecimiento ilícito.

6) Coordinación sudamericana con participación social para derrotar al narcotráfico. Desarrollemos un sistema sudamericano con participación de nuestros Estados y nuestras sociedades civiles para apoyarnos, articular y desterrar al narcotráfico de nuestra región. La única forma de vencer a este cáncer es con la participación de nuestros pueblos y con la adopción de medidas transparentes y coordinadas entre nuestros países para enfrentar la distribución de drogas, el lavado de dinero, el tráfico de precursores, la fabricación y la producción de cultivos que se desvían para estos fines. Este sistema debe certificar el avance en nuestra lucha con narcotráfico superando los exámenes y “recomendaciones” de quienes han fracasado hasta ahora en la lucha contra las drogas.

7) Defensa e impulso a la diversidad cultural. La más grande riqueza de la humanidad es su diversidad cultural. La uniformización y mercantilización con fines de lucro o de dominación es un atentado a la humanidad. A nivel de la educación, la comunicación, la administración de justicia, el ejercicio de la democracia, el ordenamiento territorial y la gestión de los recursos naturales debemos preservar y promocionar esa diversidad cultural de nuestros pueblos indígenas, mestizos y todas las poblaciones que migraron a nuestro continente. Así mismo debemos respetar y promover la diversidad económica que comprende formas de propiedad privada, pública y social-colectiva.

8) Despenalización de la hoja de coca y su industrialización en Sudamérica. Así como el combate al alcoholismo no nos puede llevar a penalizar la cebada, ni la lucha contra los estupefacientes nos debe conducir a destruir el amazonas en busca de plantas psicotrópicas, tenemos que acabar con la persecución a la hoja de coca que es un componente esencial de la cultura de los pueblos indígenas andinos, y promover su industrialización con fines benéficos.

9) Avancemos hacia una ciudadanía sudamericana. Aceleremos las medidas que facilitan la migración entre nuestros países, garantizando la plena vigencia de los derechos humanos y laborales y enfrentando a los traficantes de todo tipo, hasta lograr el establecimiento de una ciudadanía sudamericana.

A nivel económico

10) Complementariedad y no competencia desleal entre nuestras economías. Lejos de seguir por el camino de la privatización debemos apoyarnos y complementarnos para desarrollar y potenciar nuestras empresas estatales. Juntos podemos forjar una aerolínea estatal sudamericana, un servicio público de telecomunicaciones, una red estatal de electricidad, una industria sudamericana de medicamentos genéricos, un complejo minero-metalúrgico en síntesis un aparato productivo que sea capaz de satisfacer las necesidades fundamentales de nuestra población y fortalecer nuestra posición en la economía mundial.

11) Comercio justo al servicio de los pueblos de Sudamérica. Al interior de la Comunidad Sudamericana debe primar el comercio justo en beneficio de todos los sectores y en particular de las pequeñas empresas, las comunidades, los artesanos, las organizaciones económicas campesinas y las asociaciones de productores. Tenemos que ir hacia una convergencia de la CAN y el MERCOSUR bajo nuevos principios de solidaridad y complementariedad que superen los preceptos de liberalismo comercial que han beneficiado fundamentalmente a las transnacionales y a algunos sectores exportadores.

12) Medidas efectivas para superar las asimetrías entre países. En Sudamérica tenemos en un extremo países con un Producto Interno Bruto por habitante de 4.000 a 7.000 dólares por año y en el otro extremo países que apenas alcanzan los 1.000 dólares por habitante. Para encarar este grave problema tenemos que cumplir efectivamente todas las disposiciones ya aprobadas en la CAN y el MERCOSUR a favor de los países de menor desarrollo y, asumir un conjunto de nuevas medidas que promuevan procesos de industrialización en estos países, incentiven la exportación con valor agregado y mejoren los términos de intercambio y precios a favor de las economías más pequeñas.

13) Un Banco del Sur para el cambio. Si en la Comunidad Sudamericana creamos un Banco de Desarrollo en base al 10% de las reservas internacionales de los países de Sudamérica estaríamos partiendo de un fondo de 16.000 millones de dólares que nos permitiría efectivamente atender proyectos de desarrollo productivo e integración bajo criterios de recuperación financiera y con contenido social. Así mismo este Banco del Sur se podría fortalecer con un mecanismo de garantía basado en el valor actualizado de las materias primas que tenemos en nuestros países. Nuestro “Banco del Sur” tiene que superar los problemas de otros Bancos de “fomento” que cobran tasas de intereses comerciales, que financian proyectos esencialmente “rentables”, que condicionan el acceso a los créditos a una serie de indicadores macroeconómicos o a la contratación de determinadas empresas proveedoras y ejecutoras.

14) Un fondo de compensación para la deuda social y las asimetrías. Debemos asumir mecanismos innovadores de financiamiento como la creación de impuestos sobre los pasajes de avión, las ventas de tabaco, el comercio de armas, las transacciones financieras de las grandes transnacionales que operan en Sudamérica para crear un fondo de compensación que nos permita resolver los graves problemas de la región.

15) Integración Física para nuestros pueblos y no sólo para exportar. Tenemos que desarrollar la infraestructura vial, las hidrovías, y corredores, no solo ni tanto, para exportar más al mundo, sino sobre todo para comunicarnos entre los pueblos de Sudamérica respetando el medioambiente y reduciendo las asimetrías. En este marco debemos revisar la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA), para tomar en cuenta las preocupaciones de la gente que quiere ver carreteras en el marco de polos de desarrollo y no autopistas por las que pasan contenedores para la exportación en medio de corredores de miseria y un incremento del endeudamiento externo.

16) Integración Energética entre consumidores y productores de la región. Conformemos una Comisión Energética de Sudamérica para:
garantizar el abastecimiento a cada uno de los países privilegiando el consumo de los recursos existentes en la región,
asegurar, a través del financiamiento común, el desarrollo de las infraestructuras necesarias para que los recursos energéticos de los países productores lleguen a toda Sudamérica.
definir precios justos que combinen los parámetros de precios internacionales con criterios solidarios hacia la región de Sudamérica y de redistribución a favor de las economías menos desarrolladas.
certificar nuestras reservas y dejar de depender de las manipulaciones de las transnacionales.
fortalecer la integración y complementariedad entre nuestras empresas estatales de gas e hidrocarburos.

A nivel del medio ambiente y la naturaleza

17) Políticas públicas con participación social para preservar el medio ambiente. Somos una de las regiones más privilegiadas en el mundo a nivel del medio ambiente, el agua y la biodiversidad. Esto nos obliga a ser extremadamente responsables con estos recursos naturales que no pueden ser tratados como una mercancía más olvidándonos que de ella depende la vida y la propia existencia del planeta. Estamos en la obligación de concebir un manejo alternativo y sostenible de los recursos naturales recuperando las prácticas armónicas de convivencia con la naturaleza de nuestros pueblos indígenas y garantizando la participación social de las comunidades.

18) Junta Sudamericana del Medioambiente para elaborar normas estrictas e imponer sanciones a las grandes empresas que no respetan dichas reglas. Los intereses políticos, locales y coyunturales no pueden anteponerse a la necesidad de garantizar el respeto a la naturaleza por eso propongo la creación de una instancia supranacional que tenga la capacidad de dictar y hacer cumplir la normativa ambiental.

19) Convención Sudamericana por el derecho humano y el acceso de todos los seres vivientes al Agua. Como región favorecida con un 27 % del agua dulce en el mundo tenemos que discutir y aprobar una Convención Sudamericana del Agua que garantice el acceso de todo ser viviente a este recurso vital. Debemos preservar al agua, en sus diferentes usos, de los procesos de privatización y de la lógica mercantil que imponen los acuerdos comerciales. Estoy convencido que este tratado sudamericano del Agua será un paso decisivo hacia una Convención Mundial del Agua.

20) Protección de nuestra biodiversidad. No podemos permitir el patentamiento de las plantas, animales y la materia viva. En la Comunidad Sudamericana tenemos que aplicar un sistema de protección que por un lado evite la piratería de nuestra biodiversidad y por otro lado garantice el dominio de nuestros países sobre estos recursos genéticos y los conocimientos colectivos tradicionales.

A nivel político institucional

21) Profundicemos nuestras democracias con mayor participación social. Sólo una mayor apertura, transparencia y participación de nuestros pueblos en la toma de decisiones puede garantizar que nuestra Comunidad Sudamericana de Naciones avance y progrese por el buen camino.

22) Fortalezcamos nuestra soberanía y nuestra voz común. La Comunidad Sudamericana de Naciones puede ser una gran palanca para defender y afirmar nuestra soberanía en un mundo globalizado y unipolar. Individualmente como países aislados algunos pueden ser más fácilmente susceptibles de presiones y condicionamientos externos. Juntos tenemos más posibilidades de desarrollar nuestras propias opciones en diferentes escenarios internacionales.

23) Una Comisión de Convergencia Permanente para elaborar el tratado de la CSN y garantizar la implementación de los acuerdos. Necesitamos una institucionalidad ágil, transparente, no burocrática, con participación social y que tome en cuenta las asimetrías existentes. Para avanzar efectivamente debemos crear una Comisión de Convergencia Permanente compuesta por representantes de los 12 países para que, hasta la III Cumbre de Jefes de Estado, elaboren el proyecto de tratado de la Comunidad Sudamericana de Naciones tomando en cuenta las particularidades y ritmos de las distintas naciones. Así mismo, esta Comisión de Convergencia Permanente, a través de grupos y comisiones, debería coordinar y trabajar conjuntamente con la CAN, el MERCOSUR, la ALADI, OTCA y diferentes iniciativas subregionales para evitar duplicar esfuerzos, y garantizar la aplicación de los compromisos que asumamos.

Esperando que esta carta fortalezca la reflexión y la construcción de propuestas para una efectiva y positiva II Cumbre de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, me despido reiterándoles mi invitación para nuestra cita el 8 y 9 de Diciembre en Cochabamba, Bolivia.

Atentamente.

Evo Morales Ayma
Presidente de la República de Bolivia


Propuesta del Presidente Evo Morales

LA PAZ, treat 2 DE OCTUBRE DE 2006

Hermanos Presidentes y Pueblos de Sudamérica

En diciembre del 2.004, en Cuzco, los presidentes de Sudamérica asumieron el compromiso de “desarrollar un espacio sudamericano integrado en lo político, social, económico, ambiental y de infraestructura” y afirmaron que “la integración sudamericana es y debe ser una integración de los pueblos”. En la Declaración de Ayacucho destacaron que los principios de libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, tolerancia, respeto al medio ambiente son los pilares fundamentales para que esta Comunidad logre un desarrollo sostenible económico y social “que tome en cuenta las urgentes necesidades de los más pobres, así como los especiales requerimientos de las economías pequeñas y vulnerables de América del Sur.”

En Septiembre del 2.005, durante la Primera Reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones realizada en Brasil, se aprobó una Agenda Prioritaria que incluye, entre otros, los temas del diálogo político, las asimetrías, la integración física, el medio ambiente, la integración energética, los mecanismos financieros, la convergencia económico comercial y la promoción de la integración social y la justicia social.

En diciembre de ese mismo año, en una Reunión Extraordinaria realizada en Montevideo, se conformó la Comisión Estratégica de Reflexión sobre el Proceso de Integración Sudamericano para que elabore “propuestas destinadas a impulsar el proceso de integración sudamericano, en todos sus aspectos (político, económico, comercial social, cultural, energía e infraestructura, entre otros).”

Ahora en la II Cumbre de Jefes de Estado debemos profundizar este proceso de integración desde arriba y desde abajo. Con nuestros pueblos, con nuestros movimientos sociales, con nuestros empresarios productivos, con nuestros ministros, técnicos y representantes. Por eso, en la próxima Cumbre de Presidentes a realizarse en diciembre en Bolivia estamos también impulsando una Cumbre Social para dialogar y construir de manera mancomunada una verdadera integración con participación social de nuestros pueblos. Después de años de haber sido víctimas de las políticas del mal llamado “desarrollo” hoy nuestros pueblos deben ser los actores de las soluciones a los graves problemas de salud, educación, empleo, distribución inequitativa de los recursos, discriminación, migración, ejercicio de la democracia, preservación del medio ambiente y respeto a la diversidad cultural.

Estoy convencido que en nuestra próxima cita en Bolivia hay que pasar de las declaraciones a los hechos. Creo que debemos avanzar hacia un tratado que haga de la Comunidad Sudamericana de Naciones un verdadero bloque sudamericano a nivel político, económico, social y cultural. Estoy seguro que nuestros pueblos están más próximos que nuestras diplomacias. Creo, con todo respeto, que nosotros los presidentes debemos dar un sacudón a nuestras Cancillerías para que se desempolven de la rutina y enfrentemos este gran desafío.

Soy consciente de que las naciones en Sudamérica tienen diferentes procesos y ritmos. Por eso propongo un proceso de integración de diferentes velocidades. Que nos tracemos una hoja de ruta ambiciosa pero flexible. Que permita a todos ser parte, posibilitando que cada país vaya asumiendo los compromisos que puede asumir y permitiendo que aquellos que desean acelerar el paso lo hagan hacia la conformación de un verdadero bloque político, económico, social y cultural. Así se han desarrollado otros procesos de integración en el mundo y el camino más adecuado es avanzar en la adopción de instrumentos de supranacionalidad respetando los tiempos y la soberanía de cada país.

Nuestra integración es y debe ser una integración de y para los pueblos. El comercio, la integración energética, la infraestructura, y el financiamiento deben estar en función de resolver los más grandes problemas de la pobreza y la destrucción de la naturaleza en nuestra región. No podemos reducir la Comunidad Sudamericana a una asociación para hacer proyectos de autopistas o créditos que acaban favoreciendo esencialmente a los sectores vinculados al mercado mundial. Nuestra meta debe ser forjar una verdadera integración para “vivir bien”. Decimos “vivir bien” porque no aspiramos a vivir mejor que los otros. Nosotros no creemos en la línea del progreso y el desarrollo ilimitado a costa del otro y la naturaleza. Tenemos que complementarnos y no competir. Debemos compartir y no aprovecharnos del vecino. “Vivir bien” es pensar no sólo en términos de ingreso per-cápita sino de identidad cultural, de comunidad, de armonía entre nosotros y con nuestra madre tierra.

Para avanzar por este camino propongo:

A nivel social y cultural

1) Liberemos Sudamérica del analfabetismo, la desnutrición, el paludismo y otros flagelos de la extrema pobreza. Establezcamos metas claras y un mecanismo de seguimiento, apoyo y cumplimiento de estos objetivos que son el piso mínimo para empezar a construir una integración al servicio del ser humano.

2) Construyamos un sistema público y social sudamericano para garantizar el acceso de toda la población a los servicios de educación, salud y agua potable. Uniendo nuestros recursos, capacidades y experiencias estaremos en mejores condiciones de garantizar estos derechos humanos fundamentales.

3) Más empleo en Sudamérica y menos migración. Lo más valioso que tenemos es nuestra gente y la estamos perdiendo por falta de empleo en nuestros países. La flexibilización laboral y el achicamiento del estado no han traído más empleo como prometieron hace dos décadas. Los gobiernos tenemos que intervenir coordinadamente con políticas públicas para generar empleos sostenibles y productivos.

4) Mecanismos para disminuir la desigualdad y la inequidad social. Respetando la soberanía de todos los países tenemos que comprometernos a adoptar medidas y proyectos que reduzcan la brecha entre ricos y pobres. La riqueza tiene y debe ser distribuida de manera más equitativa en la región. Para ello debemos aplicar diversos mecanismos de tipo fiscal, regulatorio y redistributivo.

5) Lucha continental contra la corrupción y las mafias. Uno de los más grandes males que enfrentan nuestras sociedades es la corrupción y el establecimiento de mafias que van perforando el Estado y destruyendo el tejido social de nuestras comunidades. Creemos un mecanismo de transparencia a nivel sudamericano y una Comisión de lucha contra la corrupción y la impunidad que, sin vulnerar la soberanía jurisdiccional de las naciones, haga un seguimiento a casos graves de corrupción y enriquecimiento ilícito.

6) Coordinación sudamericana con participación social para derrotar al narcotráfico. Desarrollemos un sistema sudamericano con participación de nuestros Estados y nuestras sociedades civiles para apoyarnos, articular y desterrar al narcotráfico de nuestra región. La única forma de vencer a este cáncer es con la participación de nuestros pueblos y con la adopción de medidas transparentes y coordinadas entre nuestros países para enfrentar la distribución de drogas, el lavado de dinero, el tráfico de precursores, la fabricación y la producción de cultivos que se desvían para estos fines. Este sistema debe certificar el avance en nuestra lucha con narcotráfico superando los exámenes y “recomendaciones” de quienes han fracasado hasta ahora en la lucha contra las drogas.

7) Defensa e impulso a la diversidad cultural. La más grande riqueza de la humanidad es su diversidad cultural. La uniformización y mercantilización con fines de lucro o de dominación es un atentado a la humanidad. A nivel de la educación, la comunicación, la administración de justicia, el ejercicio de la democracia, el ordenamiento territorial y la gestión de los recursos naturales debemos preservar y promocionar esa diversidad cultural de nuestros pueblos indígenas, mestizos y todas las poblaciones que migraron a nuestro continente. Así mismo debemos respetar y promover la diversidad económica que comprende formas de propiedad privada, pública y social-colectiva.

8) Despenalización de la hoja de coca y su industrialización en Sudamérica. Así como el combate al alcoholismo no nos puede llevar a penalizar la cebada, ni la lucha contra los estupefacientes nos debe conducir a destruir el amazonas en busca de plantas psicotrópicas, tenemos que acabar con la persecución a la hoja de coca que es un componente esencial de la cultura de los pueblos indígenas andinos, y promover su industrialización con fines benéficos.

9) Avancemos hacia una ciudadanía sudamericana. Aceleremos las medidas que facilitan la migración entre nuestros países, garantizando la plena vigencia de los derechos humanos y laborales y enfrentando a los traficantes de todo tipo, hasta lograr el establecimiento de una ciudadanía sudamericana.

A nivel económico

10) Complementariedad y no competencia desleal entre nuestras economías. Lejos de seguir por el camino de la privatización debemos apoyarnos y complementarnos para desarrollar y potenciar nuestras empresas estatales. Juntos podemos forjar una aerolínea estatal sudamericana, un servicio público de telecomunicaciones, una red estatal de electricidad, una industria sudamericana de medicamentos genéricos, un complejo minero-metalúrgico en síntesis un aparato productivo que sea capaz de satisfacer las necesidades fundamentales de nuestra población y fortalecer nuestra posición en la economía mundial.

11) Comercio justo al servicio de los pueblos de Sudamérica. Al interior de la Comunidad Sudamericana debe primar el comercio justo en beneficio de todos los sectores y en particular de las pequeñas empresas, las comunidades, los artesanos, las organizaciones económicas campesinas y las asociaciones de productores. Tenemos que ir hacia una convergencia de la CAN y el MERCOSUR bajo nuevos principios de solidaridad y complementariedad que superen los preceptos de liberalismo comercial que han beneficiado fundamentalmente a las transnacionales y a algunos sectores exportadores.

12) Medidas efectivas para superar las asimetrías entre países. En Sudamérica tenemos en un extremo países con un Producto Interno Bruto por habitante de 4.000 a 7.000 dólares por año y en el otro extremo países que apenas alcanzan los 1.000 dólares por habitante. Para encarar este grave problema tenemos que cumplir efectivamente todas las disposiciones ya aprobadas en la CAN y el MERCOSUR a favor de los países de menor desarrollo y, asumir un conjunto de nuevas medidas que promuevan procesos de industrialización en estos países, incentiven la exportación con valor agregado y mejoren los términos de intercambio y precios a favor de las economías más pequeñas.

13) Un Banco del Sur para el cambio. Si en la Comunidad Sudamericana creamos un Banco de Desarrollo en base al 10% de las reservas internacionales de los países de Sudamérica estaríamos partiendo de un fondo de 16.000 millones de dólares que nos permitiría efectivamente atender proyectos de desarrollo productivo e integración bajo criterios de recuperación financiera y con contenido social. Así mismo este Banco del Sur se podría fortalecer con un mecanismo de garantía basado en el valor actualizado de las materias primas que tenemos en nuestros países. Nuestro “Banco del Sur” tiene que superar los problemas de otros Bancos de “fomento” que cobran tasas de intereses comerciales, que financian proyectos esencialmente “rentables”, que condicionan el acceso a los créditos a una serie de indicadores macroeconómicos o a la contratación de determinadas empresas proveedoras y ejecutoras.

14) Un fondo de compensación para la deuda social y las asimetrías. Debemos asumir mecanismos innovadores de financiamiento como la creación de impuestos sobre los pasajes de avión, las ventas de tabaco, el comercio de armas, las transacciones financieras de las grandes transnacionales que operan en Sudamérica para crear un fondo de compensación que nos permita resolver los graves problemas de la región.

15) Integración Física para nuestros pueblos y no sólo para exportar. Tenemos que desarrollar la infraestructura vial, las hidrovías, y corredores, no solo ni tanto, para exportar más al mundo, sino sobre todo para comunicarnos entre los pueblos de Sudamérica respetando el medioambiente y reduciendo las asimetrías. En este marco debemos revisar la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA), para tomar en cuenta las preocupaciones de la gente que quiere ver carreteras en el marco de polos de desarrollo y no autopistas por las que pasan contenedores para la exportación en medio de corredores de miseria y un incremento del endeudamiento externo.

16) Integración Energética entre consumidores y productores de la región. Conformemos una Comisión Energética de Sudamérica para:
garantizar el abastecimiento a cada uno de los países privilegiando el consumo de los recursos existentes en la región,
asegurar, a través del financiamiento común, el desarrollo de las infraestructuras necesarias para que los recursos energéticos de los países productores lleguen a toda Sudamérica.
definir precios justos que combinen los parámetros de precios internacionales con criterios solidarios hacia la región de Sudamérica y de redistribución a favor de las economías menos desarrolladas.
certificar nuestras reservas y dejar de depender de las manipulaciones de las transnacionales.
fortalecer la integración y complementariedad entre nuestras empresas estatales de gas e hidrocarburos.

A nivel del medio ambiente y la naturaleza

17) Políticas públicas con participación social para preservar el medio ambiente. Somos una de las regiones más privilegiadas en el mundo a nivel del medio ambiente, el agua y la biodiversidad. Esto nos obliga a ser extremadamente responsables con estos recursos naturales que no pueden ser tratados como una mercancía más olvidándonos que de ella depende la vida y la propia existencia del planeta. Estamos en la obligación de concebir un manejo alternativo y sostenible de los recursos naturales recuperando las prácticas armónicas de convivencia con la naturaleza de nuestros pueblos indígenas y garantizando la participación social de las comunidades.

18) Junta Sudamericana del Medioambiente para elaborar normas estrictas e imponer sanciones a las grandes empresas que no respetan dichas reglas. Los intereses políticos, locales y coyunturales no pueden anteponerse a la necesidad de garantizar el respeto a la naturaleza por eso propongo la creación de una instancia supranacional que tenga la capacidad de dictar y hacer cumplir la normativa ambiental.

19) Convención Sudamericana por el derecho humano y el acceso de todos los seres vivientes al Agua. Como región favorecida con un 27 % del agua dulce en el mundo tenemos que discutir y aprobar una Convención Sudamericana del Agua que garantice el acceso de todo ser viviente a este recurso vital. Debemos preservar al agua, en sus diferentes usos, de los procesos de privatización y de la lógica mercantil que imponen los acuerdos comerciales. Estoy convencido que este tratado sudamericano del Agua será un paso decisivo hacia una Convención Mundial del Agua.

20) Protección de nuestra biodiversidad. No podemos permitir el patentamiento de las plantas, animales y la materia viva. En la Comunidad Sudamericana tenemos que aplicar un sistema de protección que por un lado evite la piratería de nuestra biodiversidad y por otro lado garantice el dominio de nuestros países sobre estos recursos genéticos y los conocimientos colectivos tradicionales.

A nivel político institucional

21) Profundicemos nuestras democracias con mayor participación social. Sólo una mayor apertura, transparencia y participación de nuestros pueblos en la toma de decisiones puede garantizar que nuestra Comunidad Sudamericana de Naciones avance y progrese por el buen camino.

22) Fortalezcamos nuestra soberanía y nuestra voz común. La Comunidad Sudamericana de Naciones puede ser una gran palanca para defender y afirmar nuestra soberanía en un mundo globalizado y unipolar. Individualmente como países aislados algunos pueden ser más fácilmente susceptibles de presiones y condicionamientos externos. Juntos tenemos más posibilidades de desarrollar nuestras propias opciones en diferentes escenarios internacionales.

23) Una Comisión de Convergencia Permanente para elaborar el tratado de la CSN y garantizar la implementación de los acuerdos. Necesitamos una institucionalidad ágil, transparente, no burocrática, con participación social y que tome en cuenta las asimetrías existentes. Para avanzar efectivamente debemos crear una Comisión de Convergencia Permanente compuesta por representantes de los 12 países para que, hasta la III Cumbre de Jefes de Estado, elaboren el proyecto de tratado de la Comunidad Sudamericana de Naciones tomando en cuenta las particularidades y ritmos de las distintas naciones. Así mismo, esta Comisión de Convergencia Permanente, a través de grupos y comisiones, debería coordinar y trabajar conjuntamente con la CAN, el MERCOSUR, la ALADI, OTCA y diferentes iniciativas subregionales para evitar duplicar esfuerzos, y garantizar la aplicación de los compromisos que asumamos.

Esperando que esta carta fortalezca la reflexión y la construcción de propuestas para una efectiva y positiva II Cumbre de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, me despido reiterándoles mi invitación para nuestra cita el 8 y 9 de Diciembre en Cochabamba, Bolivia.

Atentamente.

Evo Morales Ayma
Presidente de la República de Bolivia


Esperanza Martínez – OILWATCH

Alba que trae la luz, no se puede centrar en la oscuridad petrolera…

América Latina siembra su esperanza con diversos movimientos y procesos ligados a la tierra. El Movimiento Sin Tierra en Brasil, los movimientos indígenas de Ecuador y Bolivia, el movimiento zapatista en México, entre otros.

De igual manera hay fuertes expectativas por la presencia de gobiernos democráticos en varios países que se han propuesto acabar con la hegemonía del imperialismo y plantean nuevos esquemas de integración en contraste al ALCA, el IIRSA y el Plan Puebla Panamá. En este contexto surge el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Ame?ricas).

La integración se convirtió es un futuro inevitable, tanto para quienes aspiran a perpetuar un modelo de conquista como para quienes quieren liberarse de él.

Para los Estados Unidos América Latina deberá jugar un papel de abastecimiento de materias primas y fundamentalmente energía, agua y biodiversidad indispensables para sostener su modelo agroindustrial y de sobre- consumo energético.

Para sus detractores, América deberá buscar caminos para romper con la dependencia y deberá recuperar Estados disminuidos a la mínima expresión como estrategia del neoliberalismo. Dos proclamas totalmente opuestas sugieren caminos para hacer frente a la agresión colonial.

El pueblo unido jamás será vencido (Allende, Chile, 1973)
Un pueblo disperso no puede ser derrotado (Jumandi, Ecuador, 1578)

La primera alude a la necesidad de unificarse para hacer fuerza, la segunda de dispersarse para enfrentar la agresión colonialista. La primera comparte fortalezas y resuelve debilidades en base a la solidaridad, la segunda se fortalece hacia adentro. A la primera le corresponde un momento de construcción, de esperanzas, mientras la segunda hace frente a la agresión colonizadora.

El asunto es que en la actualidad América Latina vive contemporáneamente los dos momentos y por lo tanto corresponde reflexionar sobre la estrategia a seguir sobre todo cuando se habla de integración.

América Latina: exportar energía e importar alimentos

América Latina es un continente extenso, con 20 millones 559.000 Km2 de superficie es bastante más grande que la actual Unión Europea. Por sus características ecológicas posee una gran diversidad tanto agrícola como silvestre, abundante agua dulce, sol todo el año en la mayoría de países, sin condiciones climáticas extremas, con memoria aun presente de haber contribuido a la domesticación de la mayoría de productos agrícolas: papa, cacao, yuca, maíz, fríjol, soya, tomate, frutas… es decir con las mejores condiciones posibles para la agricultura. Pero América Latina también posee importantes yacimientos de gas y petróleo, base de la actual matriz energética de los países industrializados.

Por otra parte Estados Unidos, que desarrolló un modelo agroindustrial intensivo, es gran deficitario de energía, y por ello apuesta al control de los yacimientos de toda Latinoamérica. Las cifras hablan solas, Estados Unidos produjo en el 2005 unos 6 millones 830 mil barriles de petróleo diariamente, mientras consumió 20 millones 655 mil, es decir, más de 3 veces lo que produjo. Mientras que América Latina producía 10 millones 723 mil barriles y consumió 6 millones 754 mil[1]. La diferencia la exporta justamente a Estados Unidos. Lo mismo pasa con el gas, en Estados Unidos de 565,8 billones de metros cúbicos de gas del 2001, bajó a 525,7 en el 2005. Mientras que en América latina se presenta un sostenido incremento de extracción, que va de 102,6 en el 2001 a 135.6 en el 2005.

La estrategia de Estados Unidos es destruir la agricultura de nuestros países para someternos a condiciones de dependencia y convertirnos en compradores de sus productos, y al mismo tiempo succionar energía de todo el sur del continente.

El presidente de los Estados Unidos en el 2001 afirmó “¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional”[2].

El resultado es una verdadera guerra contra los campos y agricultura en América Latina y el impulso a un modelo que nos fuerza a exportar energía e importar alimentos.

Ese ha sido el modelo e intensificarlo era el objetivo de los acuerdos de libre comercio. Y estos objetivos han configurado ya unos países fuertemente urbanos en América latina y el Caribe.

Las cifras actuales hablan de un 75,2% de población urbana en Sudamérica y un 64,7% en Centro América y el Caribe. La tendencia es que crezca este paulatino abandono del campo, ya sea por la búsqueda de los servicios públicos de las ciudades como por la ocupación cada vez mayor de sus tierras para productos de exportación, que utilizan poca mano de obra y mucha agua y energía. El escaso fomento a programas agrícolas en los diferentes países de la región se ha destinado, no para los que producen alimento a nivel nacional, sino para los grandes exportadores o para aquellos que ejercen el saqueo de materias primas. El desarrollo de la identidad urbana de los países ha cultivado en nosotros un desprecio casi religioso a la tierra.

El ALCA, el IRSA, y el PPP

Los acuerdos de libre comercio diseñados desde el imperio para América, como son el TLCAN, el CAFCA, el ALCA, los TLC Andinos y los bilaterales con EEUU, tienen la intención de sostener el modelo de extracción de recursos o materias primas, primarizando las economías del sur y fortaleciendo un modelo industrial imperial. Para ello requieren de la libre circulación de mercancías (energía, agua y biodiversidad) no así de personas.

Para este modelo las propuestas de integración pasan fundamentalmente por la construcción de una infraestructura energética como son oleoductos y gasoductos, los tendidos de electricidad, además están los corredores de infraestructura y los de recursos naturales, a estos se los denomina corredores multimodales. Y se necesita además levantar un muro para impedir la circulación de personas y lograr que, bajo la ilegalidad, su trabajo sea cada vez más barato.

Para cumplir con estas necesidades de infraestructura se articularon proyectos como el IRSA (Integración de la Infraestructura Regional en América del Sur) y el PPP (Plan Puebla Panamá), que están totalmente articulados a los acuerdos de libre comercio como son el TLCAN, el CAFTA, el MERCOSUR y en la Región Andina con los tratados bilaterales con Colombia, Ecuador y Perú.

Estos corredores multimodales incluyen tendidos eléctricos, interconexiones y corredores de oleoductos, gasoductos, y mineroductos, que comunican los centros de extracción con los centros de comercialización o de procesamiento. De la misma manera los corredores de agua pueden ser las cuencas naturales, las hidrovías artificiales o toda clase de ductos para el agua dulce de consumo industrial, rural y humano. Los corredores de transporte incluyen vías, autopistas, líneas férreas, puertos. Todos estos corredores hacen posible el acceso y control de los recursos naturales: energéticos, minerales y de biodiversidad y agua.

Un elemento clave de estos esquemas de integración es el rol de las transnacionales. Son ellas las que en la práctica pueden ejecutar y beneficiarse de las integraciones. Empresas como Chevron, resulta clave en el diseño de las estrategias energéticas norteamericanas, y adquieren cada vez más presencia en la región, así como Monsanto lo es en la producción agrícola.

La integración desde el ALBA

En la propuesta del ALBA, impulsada por Hugo Chávez y Fidel Castro, contrariamente a lo que nos tienen acostumbrados los tratados comerciales, se le otorga importancia al fortalecimiento de los Estados y se reconocen los derechos humanos, laborales y de la mujer, del ambiente siempre ignorados en las propuestas económicas. Se plantea además importancia a la agricultura y al riesgo de no protegerla de la inundación de bienes agri?colas importados y a partir de estas críticas se ha promovido el desmantelamiento del ALCA.

Se esperaría bajo esas premisas una reforma a las políticas agrarias para que se coloque a la agricultura como un sector fundamental para el desarrollo económico y social de los países, se necesitaría hablar de la conservación de los ecosistemas y del desarrollo de actividades perdurables, se esperaría cerrar las puertas a las transnacionales….pero al contrario, se fomenta una estructura de países exportadores de materias primas y con un preocupante silencio en relación a las transnacionales.

Los objetivos de la integración sudamericana tienen muchos aspectos positivos, desde el punto de vista de romper con la dependencia regional con Estados Unidos, pero propiciar una integración económica regional justamente en base al petróleo que es la punta de lanza de la estrategia de ese país, puede ser un error fatal. El petróleo –y gas- un recurso sujeto al manejo transnacional y de las elites, que no obedecen a los intereses de los pueblos y conllevan graves impactos ambientales y sociales, tanto locales como nacionales.

Los pasos que se han dado dentro de las propuestas de integración son en la práctica la construcción de gasoductos…con estos se esta, en la práctica, reviviendo e impulsando los proyectos de integración promovidos desde los Estados Unidos.

En el 2005, Uribe declaró: “Estaríamos con el presidente Torrijos para formalizar el ingreso de los países al Plan Puebla-Panamá y que allí se firme un acta para la integración de este gasoducto, la construcción de la línea de interconexión eléctrica y el avance en la construcción de la carretera”.[3]

El 8 de julio de 2006, la tríada (Colombia, Venezuela y Panamá) de presidentes soldaban, en acto solemne, el primer tramo del Gasoducto Transcaribeño que comprenderá 225 kilómetros. El segundo tramo llegaría hasta la ciudad de Colón en Panamá. “Panamá no sólo se surtirá de gas para consumo de su mercado interno, sino que además se convertirá en una plaza reexportadora para las costas atlántica y pacífica”[4].

En el caso del gasoducto del sur, el más publicitado en la región, es una mega proyecto que conectaría varios países en la región, es correspondiente a los planes del Grupo de Trabajo de la Red de Gasoductos del Sur conformado dentro del IRSA, y cuyo objetivo era fomentar el libre comercio.

Este proyecto denominado el Gran Gasoducto del Sur, ha sido catalogado como uno de los más ambiciosos del continente. Para el desarrollo, se prevé que la construcción tendrá una extensión de más de 8.000 kilómetros y abarcará el eje oriental de Caracas a Buenos Aires. Este gasoducto distribuirá unos 150 millones de pies cúbicos de hidrocarburos en siete países sudamericanos. El criterio seguido es que en la medida en que crezca el sector del gas natural la integración evitará que la oferta quede limitada.

Las tuberías en construcción implican por una parte aumentar la extracción actual del gas y si bien se habla de dirigirla para Latinoamérica será para actividades industriales y eventualmente llegará a Estados Unidos para satisfacer sus demandas.

Se trata de tuberías que afectarán las principales fuentes de agua dulce de la región, atravesarán las principales cuencas hidrográficas de la región y harán de toda la región una zona de catástrofes ambientales porque los derrames, goteos, explosiones e incendios son inevitables.

Igualmente, en su paso por la Amazonía, además de las miles de comunidades indígenas que viven en condiciones de alta vulnerabilidad, se pondrán en riesgo los pueblos indígenas en aislamiento voluntario que también serán afectados.

Para servir a los gasoductos se necesita construir vías. Una vez construidas, se convertirán en venas abiertas y heridas sin remedio, pues serán una puerta abierta para el acceso de madereros, traficantes de tierra, mineros y traficantes de biodiversidad.

Todo esto con la certeza que otorga la experiencia de que las economías basadas en la industria petrolera solo sirven para un incremento desaforado del gasto y un peligroso aumento de la dependencia, políticas apropiadoras, empobrecedoras y excluyentes que tienen en la discrecionalidad, la corrupción y la impunidad a su mejor aliado.

¿Qué pasa en el mundo petrolero?

Mantener al petróleo en el corazón de las propuestas de integración es un error en todas las dimensiones. No es posible garantizar un control soberano de estas actividades, tampoco es factible hablar de redistribución de riquezas y es finalmente una fuente de destrucción de territorios y riquezas naturales.

Independientemente de que aun haya en la región empresas petroleras nacionales, como son PDVSA, PETROECUADOR, ECOPETROL, PEMEX y otras, en todos los países vemos como se ha ido privatizando el negocio petrolero:

– En la prospección: El Estado concede permisos de exploración y no se queda con la información… Halliburton es la principal empresa de exploración y tiene la información de los principales yacimientos. En Colombia por ejemplo, Halliburton es dueña del Banco de Información Petrolera. Cuando el Estado entrega una concesión, toda la población pierde el derecho a ingresar al área concesionada, las empresas privadas colocan estrictos controles y nadie puede ingresar sin autorización de la empresa incluso si se trata de territorios ancestrales indígenas.

– En la extracción: Se entregan concesiones a empresas generalmente transnacionales que les otorgan derechos en general de 20 a 25 años. Cuando son empresas nacionales las operadoras, igualmente entran en juego las empresas tercerizadoras para las diversas necesidades. En la práctica la operación queda en manos privadas, estas son las beneficiarias, son quienes deciden sobre la tecnología y mantienen un esquema por el cual no se responsabilizan por los impactos ocasionados.

Las empresas privadas, a las que por lo general las instancias del gobierno no controlan, suelen extraer el recurso a la mayor velocidad posible porque lo único que les interesa son los ingresos económicos. Las consecuencias de esta sobreexplotación de los yacimientos perjudican económicamente al Estado y al ambiente pues producen mayor cantidad de desechos que normalmente se arrojan a las fuentes de agua, contaminando los ecosistemas lo cual afecta enormemente a las comunidades locales.

– En el transporte: La construcción de tuberías, presentada muchas veces como inversiones, es realmente la manera de tomar control del transporte de crudo y gas. La mayoría de oleoductos y gasoductos ya están en control privado y los nuevos proyectos serán ejecutados por empresas transnacionales. El paso de estos ductos supone la pérdida de derechos territoriales de las comunidades que habitan en sus rutas.

En Ecuador existe un Oleoducto de Crudos Pesados manejado por siete empresas transnacionales que también son explotadoras de crudo. Estas empresas al controlar el transporte son las que manejan y controlan también la producción de crudo pesado en el país.

– En la refinación: La capacidad de refinación está en manos privadas. Las refinerías estatales están en proceso a ser privatizadas. Las comunidades pierden la salud de ellos y de sus ecosistemas, por la contaminación y destrucción de los bosques y por afectar el equilibrio ecológico.

– La distribución: La distribución pertenece a las redes privadas, fue lo primero en privatizarse. Ellas controlan los derivados del petróleo. A nombre de la economía las empresas empujan los precios de los derivados en los mercados locales, siendo en la mayoría de países del tercer mundo, estos más altos que los de Estados Unidos. Las comunidades urbanas pierden control de sus sitios de vivienda, se convierten en zonas de peligro y de contaminación.

– El consumo: desde el punto de vista de la sociedad hay una serie de derechos que tiene la población, sin embargo la privatización de todo convierte a estos derechos en servicios y de allí se pasa a que los ciudadanos sean realmente clientes con mayor o menor capacidad adquisitiva.

– La limpieza: una vez develados los severos impactos de la actividad petrolera, y de que se imponen por decisiones nacionales o por presión comunitaria la limpieza y remediación, empiezan a establecerse procedimientos que privatizan todo trabajo de remediación.

Cuando ocurre un derrame de crudo, a las empresas privadas les interesa limpiar su imagen antes que limpiar el derrame por esto se empieza por militarizar la zona para que nadie tome fotos de la contaminación y como nadie las controla realizan trabajos de limpieza deficientes. Luego se dan el lujo de decir que en sitios de operación no ocurren derrames.

– La gestión ambiental: varios de los controles ambientales son ejercidos hoy por las mismas empresas privadas, ellas son auditoras de sus propias funciones, no hay transparencia y las comunidades y el propio Estado pierden la capacidad de control, veeduría o auditoría.

¿Es posible la soberanía energética?

En el debate por la soberanía hay dos tendencias que se enfrentan entre si. Por una parte las globales que impulsan las privatizaciones como estrategias de control de recursos y mercados y por otra, la defensa de las soberanías nacionales.

Pero la disyuntiva “privatización – soberanía”, va más allá que la confrontación entre la empresa privada y el Estado, entre ellas lo que está en juego es la comunidad. ¿Quién debe tener acceso, control y capacidad de decisión sobre las riquezas naturales? ¿Quien controla finalmente los territorios donde se encuentran estas riquezas?

La soberanía es la agenda más importante contra el imperialismo, sin embargo hay temas centrales que se evaden, uno es el rol de las transnacionales y el otro es el de las comunidades y sus territorios.

Sucede que a pesar de los discursos nacionalistas se hacen acuerdos con las empresas transnacionales quienes ceden -temporalmente- beneficios con tal de enraizarse en la región. Y sucede además que muchas veces a nombre de la soberanía nacional se cometen atropellos contra ella porque el Estado asume la defensa de intereses trasnacionales o de elites nacionales.

Un verdadero debate sobre soberanía debe colocar el tema de las comunidades, sus prioridades, sus necesidades, aspiraciones y el respeto a sus derechos en el nivel más alto de importancia. Debe plantear además un cerco necesario a las transnacionales quienes no invierten, sino que saquean, los recursos y viven de ello.

La soberanía plantea por una parte acceso pero por otra el control. Y plantea sobre todo control sobre todas las fases de la producción-consumo, bajo tres premisas básicas:

· Para garantizar la vida y el futuro es necesario garantizar la sustentabilidad y la salud de la naturaleza.

· Un modelo independiente, autónomo y libertario debe basarse en la soberanía.

· No se puede hablar de bienestar y sustentabilidad si no se habla de justicia y equidad.

La verdadera soberanía es la recuperación del control desde las comunidades sobre sus riquezas y al mismo tiempo es la expresión de independencia del Estado frente a intereses de las transnacionales Es el único camino para satisfacer las necesidades y es una oportunidad para buscar, inteligentemente aquellas formas de satisfacer necesidades sin sacrificar otros recursos.

Es un imperativo cambiar la matriz energética de nuestros países, apostar a fuentes descentralizadas, diversas, de bajo impacto. Construir soberanía y sustentabilidad simultáneamente y pensando en las comunidades y en el Estado contemporáneamente

Necesitamos hablar de una integración desde una nueva civilización, no petrolera, que desarrolle nuevos mecanismos macroeconómicos, financieros, políticos y culturales, que permitan reconstruir la paz y la equidad entre los pueblos, recuperar la salud de todos y restaurar el medio ambiente, renegociar la deuda financiera internacional y compensar el saqueo de los países del sur, asegurar la justicia y la democracia verdadera en todos lados y, sobre todo, que construya soberanía, y para esto lo ideal es actuar bajo un agenda de unidad regional.

Pero desarrollar una estrategia de integración construyendo infraestructura controlada por transnacionales puede significar entregarle justamente al imperio en bandeja de plata todo el continente y sus riquezas. Son los esfuerzos descentralizados, autónomos, diversos aquellos que impedirán que seamos conquistados.

Hay que tener muy claro que en el horizonte se avizora una crisis total de la civilización petrolera, pero la salida de esta crisis no está en marcha. Por el contrario, su salida se retrasa en la medida en que se impulsan oleoductos, gasoductos, refinarías que nos atan al petróleo. Esto a pesar de que los rasgos más decadentes de la crisis, como son las guerras, la militarización, la violencia, las enfermedades, los cambios climáticos, se subrayan de forma cada vez más letal.

No hay oscuridad más profunda que la que precede al alba. Los mitos indígenas que hacen referencia a un nuevo amanecer han sostenido la esperanza durante cientos de años, pero el ALBA si quiere traer la luz, no se puede centrar en la oscuridad petrolera…

[1] BP. Statistical Review of World Energy. June 2006)
[2] George W. Bush, julio de 2001, en informe de Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación
[3] http://www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=2&t=6731
[4]http://www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=10530

Ramiro Escobar

Tratados bilaterales de libre comercio afectan construcción de una verdadera integración regional político-económica.

La integración regional corre peligro de no salir de la modorra en que se halla si los países de la región continúan poniendo más atención a la firma de tratados bilaterales de libre comercio con EEUU, la Unión Europea y países asiáticos.

Este tipo de acuerdos no es nuevo en la región. Se viene practicando desde comienzos de los años 90, cuando EEUU, Canadá y México firmaron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigencia en 1994. La novedad reside en su proliferación en los últimos cinco años.

El TLCAN era algo así como la punta de lanza del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), propuesta de integración comercial promovida por EEUU que vive un estancamiento temporal desde que, en Miami, en el 2003, Brasil, Argentina y Venezuela le pusieron freno.

Abocados al libre comercio.
Para muchos analistas políticos y económicos, los recientes tratados de libre comercio (TLC) promovidos por EEUU son el resultado del fracaso del ALCA. Aunque no para todos.

“Esa es una lectura generalizada en América Latina, pero si se observa el proceso global se verá que EEUU viene haciendo acuerdos bilaterales desde antes del fracaso del ALCA.

En realidad, la idea de hacer acuerdos bilaterales con muchas naciones es parte de una estrategia global que nace ante las dificultades norteamericanas para llegar a establecer acuerdos en el marco de la [Organización Mundial del Comercio] OMC”, indica el investigador uruguayo Eduardo Gudynas.

Al mismo tiempo, los países de la región en los últimos años han puesto el énfasis en abrir mercados externos para sus productos, y ya son 10 los países latinoamericanos que han firmado TLC con EEUU.

El Panorama de la inserción internacional de América Latina y El Caribe (2005-2006), elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), observa el fenómeno con más neutralidad.

Según el documento, con estos TLC o sin ellos, en el último quinquenio “los subgrupos de integración y los países de manera individual han apostado por los mercados extrarregionales”.

Según datos de la CEPAL, las exportaciones de América Latina crecieron dos veces y media entre 1990 y el 2004 —de US$130 millardos a $461 millardos—, mientras que entre 1990 y el 2003 la proporción del comercio dentro de la región misma pasó apenas de 13% a 14.6%.

México —que, al igual que Chile, es uno de los países latinoamericanos que más han respaldado la creación del ALCA— es el mayor exportador de América Latina, con una participación de 44% en el 2005. Al mismo tiempo, es el país cuyo comercio está más concentrado: 89% de sus exportaciones se dirige a EEUU.

Contribuye a este mayor comercio extrarregional la debilidad de proyectos de integración como la Comunidad Andina, en la que resalta una tendencia creciente de sus países miembros a exportar a EEUU.

Esta proclividad es alentada por el Acuerdo de Promoción Comercial Andina y Erradicación de Drogas (ATPDEA, por sus siglas en inglés), mediante el cual un universo de 6,100 partidas arancelarias goza de acceso libre al mercado estadunidense hasta el 31 diciembre del 2006, y cuya renovación es ahora discutida por el Congreso de EEUU.

Amenaza para la integración
Para otros analistas, los TLC constituyen una contracorriente en relación a los procesos de integración.

“Los TLC, en la lógica economicista neoliberal, desfiguran los proyectos de mayor integración”, escribe Bernard Lestienne, S.J., en la revista argentina CIAS, del Centro de Investigación y Acción Social.
“No basta con la multiplicación del trueque de bienes y servicios para ampliar la integración”, añade.

Gudynas sostiene en el artículo titulado “Dos caminos distintos: tratados de libre comercio y procesos de integración”, publicado en el 2004 por FLACSO Ecuador en el libro TLC. Más que un tratado de libre comercio, que los TLC “mantienen y en algunos casos refuerzan la competencia comercial que enfrenta a los países latinoamericanos entre sí, y aumentan la subordinación hemisférica”.

En referencia al TLC suscrito entre Perú y EEUU, el economista peruano Humberto Campodónico dice: “Este TLC desvía comercio hacia EEUU”.

“La lógica que se impone es que se priorizan las exportaciones hacia ese nuevo gran socio, lo que bloquea el crecimiento del comercio intrarregional y, además, debilita la posibilidad de coordinar estrategias productivas”, puntualiza.

De hecho, “con el TLC con EEUU las exportaciones de maíz que Argentina realiza al Perú serán sustituidas por importaciones provenientes de EEUU que entrarán liberadas de impuesto y a precios subsidiados”, escribe la economista peruana Ariela Ruiz Caro en el libro Riesgos del TLC Perú-EEUU, publicado en junio de este año.

Con el TLC que firmó en febrero con EEUU, Colombia abrió su mercado a 900,000 toneladas de soja provenientes del país del norte. Esto afectará a otro país miembro de la CAN, Bolivia, que en la actualidad le vende a Colombia 500,000 toneladas del grano, volumen que constituye el 40% de sus exportaciones de oleaginosas.

Según un estudio realizado por encargo de la Comunidad Andina en el 2004, la vigencia del TLC con EEUU pondría en riesgo 56% del comercio subregional andino, añade Ruiz Caro.

Caminos divergentes
Mientras los procesos de integración buscan la complementariedad productiva entre los países al reducir las competencias internas, los TLC mantienen las asimetrías comerciales y productivas. Y esto no sólo sucede en los casos de acuerdos de libre comercio entre países en vías de desarrollo y países industrializados; también ocurre en acuerdos de este tipo entre países en vías de desarrollo.

Es el caso del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), que se ha extendido haciendo pequeños acuerdos de libre comercio con Bolivia, Chile y Perú, además de acuerdos de complementación económica con Colombia y Ecuador.

“El MERCOSUR, especialmente al influjo de la administración [del presidente brasileño Luiz Inácio da Silva] Lula, se ha ampliado haciendo asociaciones comerciales que son más parecidas a los formatos de un TLC que al del vínculo político fuerte que está en la esencia de su proyecto originario”, dice Gudynas.

“Si nos ponemos del lado del agricultor o del ganadero peruano, se verá que tienen las mismas dificultades enfrentando un TLC con EEUU que enfrentando este acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR, porque también lo van a invadir los productos agroalimentarios que lleguen desde el Cono Sur”, explica.

Según este analista, “un proceso de integración tiene una dimensión política”, que no existe en los TLC que actualmente circulan. El continuo ejemplo que pone es de la Unión Europea (UE) que, por la ruta integracionista, ha logrado un arancel común, coordinaciones productivas, una moneda común, el libre tránsito de personas.

En referencia al TLC entre Perú y EEUU, Campodónico advierte: “Puede agudizar la pobreza y la desigualdad” y recuerda el caso de México que, en efecto, hizo crecer su economía, pero a costa de algunos sectores del agro.

Y finalmente, mientras los TLC son indiferentes a estrategias regionales sociales —para combatir la pobreza, mejorar la educación o las condiciones laborales—, los procesos de integración sí consideran espacios para la atención de estos temas.

Noticias Aliada

Thomas Fritz

El paisaje político de la integración latinoamericana está cambiando profundamente. El proyecto de construir una zona de libre comercio panamericana, ALCA, un proyecto neoliberal basado en la competencia y liderado por los Estados Unidos, está estancado. Al mismo tiempo la discusión sobre la integración latinoamericana se está intensificando, empujada por iniciativas concretas de gobiernos de izquierda, que apuestan a relaciones solidarias en vez de competitivas. El alejamiento más evidente del dogma liberal lo están llevando a cabo el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), iniciado por Venezuela, y el concepto de contratos de comercio alternativos TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos), promovido por Bolivia.
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