Videos – Perspectivas sobre integracion regional de Africa, Asia, America Latina y Europa

Esta serie de entrevistas presentan las perspectivas de activistas de Asia, case África, América Latina y Europa sobre la cuestión de la integración regional. Todas las entrevistas fueron filmadas por TNI en la Conferencia Internacional de gobiernos y movimientos sociales “Integración regional: una oportunidad frente a las crisis” (Paraguay, 21 y 22 Julio 2009)


meena

Meena Menon (Focus on the Global South, India) analiza la integración regional y su idoneidad como un espacio para promover un nuevo modelo de desarrollo. Meena dice que las soluciones regionales son importantes porque combinan puntos fuertes de cada país, junto a un complemento de otro. A través de este enfoque de vecindad se comienza a tener una mayor participación en la coexistencia pacífica y el crecimiento. En este sentido, dice, Asia tiene ahora la oportunidad de aprender de América Latina.

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thomas


Thomas Wallgren (Filósofo / activista social, Finlandia), da su punto de vista sobre integración regional, centrándose en la experiencia de Europa. En particular, Thomas toma nota de la dañina de-politización que ha tenido lugar en Europa, argumentando lo imperativo de que la gente se identifique como “los arquitectos de su propio futuro”.


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ximena

Ximena Cetellas (Directora General de Gestion Publica, Viceministerio de Coordinacion y Gestion Gubernamental, Bolivia) analiza las respuestas regionales a la crisis actual. Ximena argumenta que la integración es ahora, más que un principio, una obligación. La crisis, dice ella, se presenta al público como la oportunidad de recuperar el poder y crear una nueva forma de desarrollo.


tetteh

Tetteh Hormeku (Third World Network/African Trade Network, Ghana) analiza la integración regional, su importancia en el tratamiento de las crisis actuales y algunas cuestiones clave que deben considerarse a la hora de forjar un nuevo tipo de integración. Argumenta que las economías africanas están fragmentados y mal integradas. La manera de salir de esta situación es unirse, trabajando juntas y produciendo para alcanzar el mutuo beneficio, en oposicion a las potencias extranjeras.


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roberto


Roberto Colman (Sindicato de Trabajadores de la ANDE/Coordinadora Soberania Energetica, Paraguay) habla de la integración regional, el desarrollo y el papel de la energía. Aboga por una forma de integracion y un modelo de desarrollo conectados, que como en el presente caso, no solo beneficia al capital. La energía es, segun Colman, un derecho humano que debe utilizarse para el beneficio de la población en general.


pezo


Pezo Mateo-Phiri (Southern Africa People’s Solidarity Network SAPSN, Zambia) analiza la integración regional, centrándose especialmente en el proceso de SADC (Southern African Development Community). Pezo pasa a explicar cómo SAPSN intenta contrarrestar este enfoque abogando por un tipo diferente de integración regional.


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pablo


Pablo Bertinat (Cono Sur Sustenable) da su punto de vista sobre la integración regional y esboza algunos elementos clave que deben formar parte de un nuevo modelo de integración y desarrollo. Pablo sostiene la salida de la crisis requiere que las personas trabajen juntas, centrándose en muchos temas y aspectos del desarrollo. Esto, dice, ha de ser sobre una base regional: “Es indispensable, no hay otras alternativas”.


natalia


Natalia Carrau (REDES – Amigos de la Tierra, Uruguay) da su perspectiva de la integración regional, las formas alternativas de producción y el papel de los movimientos sociales. Natalia afirma la necesidad de un nuevo modo de producción que no sólo beneficie a empresas transnacionales y consumidores en el Norte. En este sentido, dice, los movimientos sociales tienen un papel crucial que desempeñar.


narciso

Narciso Castillo (Central Nacional de Trabajadores, Paraguay) analiza la integración regional y el tipo de integración y desarrollo en el que su organización está trabajando a favor de América Latina. Aboga por un modelo de desarrollo, sin el FMI y el Banco Mundial, que tiene como objetivo ayudar a la mayoría de la población.


nalu


Nalu Faria (Marcha Mundial de las Mujeres, Brazil) discute la integración en América Latina y las nuevas formas de desarrollo para la región. Sostiene que un continente más autónomo es necesario, en el que el pueblo tenga control de lo que se produce y cómo se produce para su propio beneficio. Es imperativo, dice Nalu, crear una forma de desarrollo que abarque el concepto indígena de “buena vida” en contraposición a la primacía del mercado en el marco del sistema actual.


maria


Maria Elena Saludas (ATTAC, Argentina) analiza la integración regional en el contexto de la crisis actual. Sostiene que ahora nos enfrentamos a una crisis profunda del capitalismo, de la que los países no pueden escapar solos.


lodwick


Lodwick Chizarura (SEATINI, Zimbabwe) analiza la integración regional, su credibilidad como un mecanismo para cambiar el actual modelo de desarrollo económico, y los obstáculos que se interponen en el camino. Afirma que el modelo de desarrollo económico en África es un modelo colonial que debe ser eliminado y reemplazado por un sistema regional armonioso. Por desgracia, afirma, las naciones poderosas se oponen a la verdadera integración regional en África y, como lo demuestran los Acuerdos de Asociación Europea, están decididos a dividir la región.


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juan

Juan Gonzalez (Central de Trabajadores Argentinos CTA, Argentina) da su perspectiva sobre la integración regional en el Sur, destacando el papel importante de la Cumbre de los Pueblos en la construcción de alternativas. La gente, dice, debe tener soberanía sobre su territorio, energía, recursos y modelo de desarrollo.


hector

Hector de la Cueva (Red Mexicana de Accion Frente al Libre Comercio, Mexico) da su perspectiva sobre la integración regional,- un nuevo modelo de desarrollo en América Latina-, y sobre el papel de los movimientos sociales. Se destaca la necesidad de la región de alejarse de una relación de subordinación con América del Norte, con el argumento de que es derecho de los países protegerse económicamente a fin de desarrollarse. Héctor también hace hincapié en que un cambio significativo no será concedido por un gobierno benevolente, sino que se logrará a través de la lucha de los movimientos sociales y otros actores de la sociedad civil.



graciela

Graciela Rodriguez (IGTN/REBRIP, Brazil) analiza la integración regional y las oportunidades derivadas de la crisis actual. Sostiene que la crisis financiera representa una crisis en el modo de producción. Este es un momento importante para los países del sur, dice ella, ya que crea la posibilidad de la construcción de alternativas para sus respectivas regiones.


gonzalo

Gonzalo Berron (Confederacion Sindical de las Americas/Alianza Social Continental, Brasil) analiza la integración regional, el clima, la energía y el papel del público en el futuro del desarrollo.


francisca


Francisca Rodriguez (ANAMURI/CLOC, Chile) analiza la integración regional. Esta no es sólo una manera de salir de la crisis; según ella, es parte de la construcción de una nueva sociedad.


enrique

Enrique Daza (Secretario Ejecutivo, Alianza Social Continental, Colombia) analiza la integración regional, los movimientos sociales y las formas alternativas de producción y desarrollo en América Latina.


edilberto

Edilberto Saucedo (Central Nacional de Organizaciones Campesinas, Indigenas y Populares, Paraguay) habla de la integración regional y DE los factores que deben considerarse en el desarrollo de nuevas formas de cooperación. Argumenta que la integración debe implicar los recursos de la región utilizados para la gente, de manera decidida por el pueblo. Hay también una necesidad, dice, de luchar contra el papel de las empresas transnacionales y de recuperar el tema de la integración regional para la gente en si misma.


edgardo


Edgardo Lander (Universidad Central de Venezuela/Consejo Hemisferico del Foro Social Mundial, Venezuela) analiza la integración regional y el modelo económico actual en América Latina.


demba

Demba Moussa Dembele (African Forum on Alternatives, Senegal) da su perspectiva sobre la integración regional en el contexto de la crisis actual y analiza algunas cuestiones clave que participan en la creación de una nueva forma de integración regional. Argumenta que la integración regional es la única respuesta viable a la crisis y subraya la necesidad de la soberanía alimentaria, de las instituciones regionales, de un sistema común de defensa y de las nuevas formas de instituciones políticas.


Entrevista en Inglés con subtitulos en español


brid

Brid Brennan (Transnational Institute, Holanda) analiza la integración regional en América Latina y Europa. Brid sostiene que la crisis paradigmática actual debe tratarse a nivel regional. En este sentido, los movimientos de América Latina ya se han movilizado y los diferentes modelos de desarrollo y la integración ya se han situado en el centro de su lucha. Sin embargo, Brid advierte sobre la adopción de un enfoque similar al de la Unión Europea, según el cual la integración se orienta hacia los intereses de las empresas transnacionales.


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La soberanía energética: un concepto del ambientalismo para la acción

Por: Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)*

Las negociaciones de integración regional están precipitando vertiginosos cambios en los alineamientos de América Latina. Para disuadir la concurrencia europea Estados Unidos ensaya una reconstrucción parcial del ALCA, a través de los convenios bilaterales suscriptos con los países centroamericanos y andinos.

El MERCOSUR oscila entre la crisis provocada por la construcción de las papeleras en Uruguay y un relanzamiento auspiciado por Argentina y Brasil. Con la incorporación de Venezuela se amplían negocios capitalistas de esa asociación que socavan el proyecto igualitarista del ALBA. El Banco del Sur se perfila como un ente de refinanciación de la deuda pública. La ampliación del MERCOSUR apunta a neutralizar la radicalización política del proceso bolivariano y busca reducir su proyección continental.

La suscripción del TCP se inscribe en la perspectiva del ALBA y confronta con la política de balcanización comercial norteamericana que desmembró al CAN.

La nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia marca una significativa ruptura con las privatizaciones de los 90. Pero el alcance de esta medida es aún incierto y su futuro dependerá del destino asignado a la nueva renta estatal. La decisión adoptada en el Altiplano contrasta con la continuidad de las concesiones petroleras en Argentina. La nacionalización integral de la energía en toda la región es indispensable para un proyecto de integración popular.

Capítulo 5: El torbellino de la integración (1)

A mediados del 2006 es muy visible el carácter vertiginoso y cambiante de los alineamientos regionales y el curso poco predecible del futuro rediseño de América Latina. Tanto los tratados bilaterales que reemplazan al ALCA, como el MERCOSUR y el ALBA se mantienen como opciones de este reordenamiento, sin que por ahora pueda definirse cuál será el desemboque de este proceso.

El bloque librecambista

El gobierno de Bush está empeñado en forzar la suscripción de TLCs con todos los gobiernos dispuestos a aceptar promesas de mayor exportación, a cambio de aperturas comerciales inmediatas. Una vez alcanzado el acuerdo, las negociaciones se desarrollan a toda velocidad para evitar una evaluación seria de sus efectos, neutralizar la oposición parlamentaria y disuadir las protestas de los movimientos sociales. Estados Unidos busca llenar el vacío creado por la crisis del ALCA con rápidas iniciativas, que permitan relanzar su proyecto de dominación continental.

Esta urgencia refleja también el malestar que suscita en el Departamento de Estado las tratativas de libre comercio que impulsa Europa con América Latina. En la reciente conferencia de Viena entre mandatarios de ambas regiones, los negociadores del Viejo Continente difundieron nuevas ofertas de tratados que disgustan al competidor estadounidense.

Las grandes empresas europeas buscan sacar rédito del clima hostil que existe en América Latina hacia su concurrente del hemisferio norte. Al igual que Estados Unidos, Europa no está dispuesta a otorgar concesiones comerciales y ofrece acuerdos con fuertes exigencias de protección jurídica a las compañías, pocas normas de cooperación y reducidos reconocimientos de asimetrías (2). España aprovecha su rol de intermediario para afianzar su asociación con las empresas de Europa y Estados Unidos, a partir del lugar que obtuvo con las privatizaciones de Latinoamérica (3).

En este marco Bush aprovecha las alianzas militares y la estrecha ligazón política con ciertos gobiernos de la región para ensayar la contraofensiva de los TLCs y abrir un curso de reconstrucción parcial del ALCA. En esta estrategia Colombia ocupa un papel central. La reelección de Uribe en un contexto de gran abstención, legalización de los paramilitares y generalización del terrorismo de estado fue precedida por la ratificación del acuerdo bilateral con Estados Unidos. El país soporta una situación de ocupación bélica, guerra permanente, refugiados y secuestros más parecida al escenario de Medio Oriente que a la realidad actual de Latinoamérica.

El aprovisionamiento bélico de Estados Unidos se multiplicó con el pretexto de combatir al narcotráfico (sin lograr reducir el abastecimiento colombiano del 80% de los consumidores mundiales de cocaína). El TLCs no es ajeno al despliegue bélico que motorizan Bush y Uribe. Esta militarización constituye una advertencia regional contra los movimientos populares, en una coyuntura adversa para nuevas incursiones bélicas del imperialismo. El Pentágono no está en condiciones de generalizar estas acciones, pero prepara el terreno para el momento propicio.

Para reconstituir alguna modalidad del ALCA Estados Unidos también promueve el mantenimiento de los convenios bilaterales ya existentes, frente a los avatares creados por los cambios de gobierno. Chile y México son las principales áreas de esta continuidad. Nadie pone en duda la ratificación presidencial de estos acuerdos, a pesar de las fuertes críticas que han suscitado en ambos países.

Bachelet reafirmó el tratado nombrando un gabinete de tecnócratas que ponderan las virtudes del libercomercio. Esta convalidación preserva un modelo neoliberal que ha generado gran polarización social. La liberalización financiera y comercial que propicia el TLC acentúa esta desigualdad, que otorga al 20% más rico de la población un ingreso 14 veces superior al percibido por el 20% más pobre (4). El convenio refuerza la desregulación laboral, la desprotección frente a los despidos y los accidentes y el empobrecimiento de pensionados que ha creado la privatización de las jubilaciones.

La misma polarización social ha generado el modelo neoliberal en México, que el NAFTA apuntala. La pobreza afecta al 50% de la población y la indigencia al 20%, mientras que el hambre es una tragedia padecida por ocho de cada diez campesinos. En las ciudades el 60% de los trabajadores carece de protección social, en un país que añadió 10 nuevos potentados al top de lo multimillonarios del planeta que anualmente registra la revista Forbes. En estas condiciones ninguna barrera policial en la frontera puede detener el desesperante flujo de emigrantes (5).

La continuidad del NAFTA no solo beneficia a los exportadores y a las compañías locales asociadas a la fabricación en maquilas, sino también al pequeño número de capitalistas que utilizaron la desregulación neoliberal para monopolizar los principales negocios de la telefonía, el entretenimiento, el cemento, la cervecería y la alimentación básica (6).

Otro terreno de conformación del bloque librecambista impulsado por Estados Unidos es la suscripción de nuevos tratados vulnerando todas las formalidades legales. Estas anomalías se observaron en las negociaciones con los países centroamericanos y ahora se verifican en las tratativas con la región andina. Especialmente en Perú el convenio fue primero manipulado por el ex presidente Toledo y luego sometido a un escandaloso manejo dentro del Parlamento. Este convenio destruye la producción campesina local y garantiza enormes lucros a las empresas farmacéuticas.

Las indefiniciones del MERCOSUR

Mientras que Estados Unidos propicia los tratados bilaterales, el MERCOSUR soporta fuertes contradicciones que lo empujan alternativamente a la acción y a la parálisis. Este conflicto se traduce en una indefinición de rumbos, que la favorable coyuntura económica actual permite disimular. Las grandes decisiones son postergadas a la espera que algún acontecimiento defina si la asociación se consolida o se desploma.

La principal tendencia disgregadora reciente proviene de Uruguay. El gobierno del Frente Amplio congeló su participación en el MERCOSUR y amenazó con reducir su participación al status de miembro asociado, mientras redobla los gestos de acercamiento hacia Estados Unidos. Tabaré ha sido recibido en Washington como un aliado de primer orden, porque el Departamento de Estado quiere colocar un peón en el Río de la Plata.

Pero un tratado con Estados Unidos no le ofrece a Uruguay ningún beneficio significativo, porque la estructura exportadora del país no es complementaria con la economía de la primera potencia. Por eso el establishment uruguayo utiliza el coqueteo con Bush para exigirle a sus vecinos mayor atención. Actualiza por ese camino las viejas maniobras de un Estado-tapón (entre Brasil y Argentina), en las nuevas condiciones de eventual Estado-cuña (al servicio de Estados Unidos). El mismo juego realiza Paraguay con una apuesta más silenciosa, pero cualitativamente más peligrosa. La presencia de una base militar del Pentágono en ese país puede destruir todos los equilibrios geopolíticos del MERCOSUR.

La construcción de las papeleras es el conflicto más crítico que enfrenta esta asociación. Tabaré actúa como agente de las empresas europeas que propagan un discurso ambientalista en los foros internacionales y consuman una práctica de destrucción ecológica en Sudamérica. Hasta ahora no aceptaron trasladar las plantas a otra localidad, ni siquiera lucrando con una financiación a cargo de los gobiernos del Cono Sur. Esta concesión podría afectar la cotización bursátil y la pretensión estratégica de transferir la actividad papelera a los países periféricos.

Pero el resultado de la pulseada en curso no está decidido porque los asambleístas argentinos mantienen su movilización y condicionan la dirección de todas las negociaciones. Esta acción vecinal frustró el aval del gobierno argentino a las plantas y ha conducido a dirimir un conflicto regional en las Cortes Internacionales.

Como la prolongación de este conflicto socava la ambición brasileña de liderar el MERCOSUR, Itamaraty ha buscado reconstruir los puentes con Argentina. Luego de varios años de disputas, Brasil aceptó un convenio automotriz que compensa parcialmente las desventajas de su vecino, con nuevas normas de importación y exportación de vehículos. El acuerdo tiene un alcance muy limitado, pero revela la intención brasileña de frenar la declinación del MERCOSUR.

También Argentina necesita preservar este bloque ante la inminente ronda de negociaciones en la OMC por los subsidios agrícolas. Como Estados Unidos y Europa ya anticiparon que volverán a impedir cualquier reducción significativa de estas subvenciones, cierta alianza del Cono Sur es indispensable para incidir en estas tratativas.

Si la distensión se afirma dentro del MERCOSUR, reaparecerán los intentos de superar el estancamiento institucional de la asociación a través de un Parlamento regional. Existe cierta posibilidad de convocar a elecciones dentro de cuatro años para una eventual Legislatura, que debería definir agendas y normas de funcionamiento. La concreción o postergación de esta iniciativa determinaría si el MERCOSUR finalmente se consolida o disuelve.

Las clases dominantes de la región están obligadas a ensayar el camino de la asociación, a pesar de las frustraciones acumuladas en la última década. La concurrencia extra-regional empuja a perseverar en ese camino, mientras los grandes capitalistas de cada país sudamericano evalúan opciones opuestas de mayor alianza directa con sus socios de Europa, Estados Unidos o Asia.

Brasil y Argentina no son las “nuevas potencias emergentes” que en los momentos de euforia imagina la prensa local, pero tampoco constituyen semicolonias menores atadas al mandato del Departamento de Estado. En ambos países se han forjado grupos empresarios de cierto peso y con ambiciones de mayor autonomía. Esta posición induce a seguir experimentando el camino del MERCOSUR.

Pero la naturaleza social del tratado es un dato menos controvertido. Los gobiernos de Sudamérica coordinan negocios para beneficiar a las grandes empresas de cada país, en desmedro de las necesidades y reivindicaciones de la mayoría de la población. El MERCOSUR contempla muchos negocios y alternativas de lucro, pero ninguna opción de redistribución del ingreso.

Este perfil regresivo tiene su correlato en el plano político en la acción común de los gobiernos para garantizar el status quo regional. Las tropas sudamericanas en Haití no se limitan a cumplir esta función estabilizadora, sino que sustituyen a los marines en la erección de un sistema político que asegure el orden conservador en el Caribe.

La diplomacia del MERCOSUR se dispone, además, a suscribir un tratado de libre comercio con Israel con propósitos reaccionarios. Este convenio carece de relevancia económica, ya que las exportaciones al pequeño país de Medio Oriente solo representan el 0,2% de las ventas sudamericanas y ocupan el lejano puesto 43 en el ranking del comercio externo del Cono Sur. Pero es evidente que ese acuerdo brindará oxígeno a un régimen colonialista y sanguinario. En este terreno, un gesto vale más que mil palabras (7).

MERCOSUR Versus ALBA: Economía

Las discusiones suscitadas por el ALBA se intensificaron en los últimos meses con nuevas apreciaciones sobre el rol estratégico de la Alternativa Bolivariana (8). Algunos enfoques han puesto de relieve la importancia del proyecto como instrumento de negociación internacional con otros bloques o su relevancia para unificar los programas de acción regional de los movimientos sociales (9).

Pero la visibilidad y el protagonismo del ALBA ha quedado ensombrecidos por una decisión que socava la concreción del proyecto: el ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Esta incorporación se está concretando en un tiempo récord. El protocolo de adhesión se ratificó tan aceleradamente como los tratados (Asunción, Ouro Preto, Olivos) y los plazos de aceptación del arancel externo común se acortaron para facilitar el acceso a la zona de libre comercio. Aunque la integración definitiva exigiría seis años –para asimilar el efecto de 204 normas del tratado- todos los miembros del MERCOSUR quiere apurar la presencia de Venezuela.

Este interés deriva, en primer lugar, de los grandes negocios que ofrece el nuevo socio del Caribe. Desde el 2002 las ventas argentinas a Venezuela se triplicaron (carne, leche, soja, cosechadoras) y todas las grandes compañías están considerando mayores exportaciones y eventuales inversiones. Esta ampliación es reivindicada como un beneficio mutuo entre países complementarios que intercambian energía por alimentos y bienes industriales. Esta aprobación también resalta, que el acuerdo en marcha apuntala la creación de un gran mercado regional con independencia de los gobiernos vigentes en cada país (10).

Pero justamente este perfil refuerza el carácter regresivo del MERCOSUR en contraposición al proyecto igualitarista del ALBA. La ampliación de la asociación del Cono Sur se consumó siguiendo los patrones de rentabilidad, competencia y garantías al capital que el ALBA postula desafiar con normas de cooperación y solidaridad. Un ejemplo de esta contradicción puede notarse en el terreno agrícola. El proyecto bolivariano plantea la defensa de la pequeña producción campesina y el otorgamiento de seguridades alimenticias a todos los países de la región. Por eso rechaza a escala nacional la reducción de los subsidios y las protecciones al agro que se debaten en los organismos multilaterales (11).

Pero quiénes demandan esta anulación de subvenciones son los gobiernos de Argentina y Brasil frente a Europa y Estados Unidos. Estas propuestas no contemplan ningún tipo de excepciones al librecomercio agrícola a escala nacional o regional. Los líderes del MERCOSUR ya aplican estas reglas en sus países y por eso el cultivo capitalista de la soja se expande, destruyendo a la pequeña agricultura, expropiando campesinos, empobreciendo pobladores y bloqueando la reforma agraria.

Con el ingreso de Venezuela al MERCOSUR también queda encuadrado en el horizonte de esta asociación el proyecto de un banco regional. Las emisiones de bonos que precederían a esa entidad se destinarán a refinanciar la deuda externa, reforzando una triangulación que favorece a los acreedores y a las clases dominantes (Venezuela presta, Argentina paga, los banqueros cobran). El gobierno argentino es el inmediato beneficiario de estos créditos, que en los últimos 18 meses le permitieron refinanciar 2.800 millones de dólares del endeudamiento. Por esta misma vía afrontaría todos los vencimientos del año próximo, evitando el creciente costo de recurrir al mercado internacional, en una coyuntura de encarecimiento de las tasas de interés.

La misión que cumpliría un banco regional dentro del ALBA sería completamente distinta. Podría sostener a la pequeña producción, apoyar a las cooperativas y apuntalar la inversión pública en emprendimientos prioritarios para la población. Pero en el marco del MERCOSUR, los recursos de la futura entidad tenderán a destinarse a perpetuar un círculo vicioso de endeudamiento, que legitima los fraudes acumulados a través de estos pasivos. Por este camino se aleja cualquier posibilidad de un control democrático del banco y también se diluye la perspectiva de una supervisión popular de los préstamos.

El perfil de una entidad -que refinancia las actuales deudas de los estados- se asemeja a los grandes bancos públicos que subvencionan proyectos capitalistas (como el BNDES de Brasil). En la hipótesis de una mayor integración regional capitalista, un Bansur de este tipo cumpliría un rol de custodio de los intereses financieros, comparable al papel del Banco Central Europeo en el viejo continente. Otra opción de este mismo horizonte es convertirse en una entidad de promoción de grandes emprendimientos privados como el Banco Asiático de Desarrollo.

Notas:
1) Este artículo es un capítulo del libro “El rediseño de América Latina”. Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2006 (en prensa)
2) Un análisis crítico de estas negociaciones puede consultarse en los documentos debatidos en el Encuentro “Enlazando Alternativas 2”, desarrollado en Viena el 10-13 de mayo del 2006.www.agenciapulsar.org/coberturas/alternativas2/
3) Incluso han comenzado a capturar ciertos negocios en los mayores centros financieros. “El mundo es un pañuelo para las multinacionales españolas”, Clarín 11-6-06.
4) “Un modelo desafiado por enormes inequidades”. Clarín, 7-6-06.
5) Valle Baeza Alejando. “Estados Unidos quiere empleados, no socios”. Página 12, 2-7-06.
6) “Monopolios, oligopolios y capitalismo de amigos en la economía mexicana”. Clarín, 29-6-06.
7) Abedrapo Elisa. “Análisis político sobre la firma del TLC entre MERCOSUR e Israel”. Rebelión, 29-5-06.
8) Este debate se desenvolvió, por ejemplo, en el Coloquio ‘Comercio con Justicia – Una perspectiva del ALBA – los TCP: una Herramienta”, Caracas, 5-6 de mayo 2006.
9) Petras James. “Propuesta para el nuevo orden social, económico y cultural”. Rebelión, 21-5-06
10) Alvarez Carlos “Chacho”. “El ingreso de Venezuela al MERCOSUR”. Clarín ,4-7-06. Wainfled Mario “Horror por el nuevo socio”. Página 12, 6-7-06.
11) “¿Qué es el ALBA?”. Sobre el ALBA. Selección de artículos, Colección Temas de Hoy. Ministerio de Comunicación e Información, Caracas, marzo 2006.

* Claudio Katz es economista, profesor de la UBA, investigador del CONICET. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).


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Por: Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)*

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Raúl Zibechi


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El MERCOSUR está en crisis, la CAN amenaza fragmentarse, el ALBA aún no es una alternativa y la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) no levanta vuelo.

 

El MERCOSUR está en crisis, la CAN amenaza fragmentarse, el ALBA aún no es una alternativa y la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) no levanta vuelo. El TLC entre Ecuador y Estados Unidos entró en un impasse luego del levantamiento indígena de marzo y el Gasoducto del Sur parece encaminarse hacia su concreción. Vivimos un momento de inflexión en la relación de fuerzas continental, pero no resultan claras las fuerzas motrices de una integración alternativa.

La derecha continental está de fiesta. Ante la grave situación que atraviesan las relaciones de Argentina y Brasil con sus socios Paraguay y Uruguay, un editorial de La Nación de Buenos Aires (27 de abril) se pregunta: “¿Se trata de la extinción lenta del MERCOSUR? Es, en todo caso, una imagen que se parece demasiado a la muerte?”, concluye Joaquín Morales Solá.

En el arco opuesto del espectro político, el presidente venezolano Hugo Chávez se felicita por la crisis. “La CAN no está en crisis. Está muerta”, dijo durante la reunión de presidentes de Sao Paulo. Chávez decidió que su país abandone la CAN porque considera incompatible la pertenencia a la alianza con la firma de TLCs con Estados Unidos, como lo hicieron Colombia y Perú. Añadió que el MERCOSUR camina hacia su extinción, y se mostró satisfecho por ambos tropiezos. En opinión de una parte considerable de la izquierda continental, entre los que se incluye el propio Chávez, la crisis de los acuerdos ya existentes como la CAN y el MERCOSUR es positiva ya que permitirá un rediseño más amplio y abarcativo de la integración regional. En su lugar, consideran que el Gasoducto del Sur (que unirá a Venezuela, Brasil y Argentina y luego a los demás países del subcontinente) será la “locomotora” de una integración regional que puede tener como punto de referencia la Alternativa Bolivariana (ALBA).

Crisis diferentes

Sin embargo, conviene matizar algunas cuestiones. La crisis de la CAN y la del MERCOSUR obedecen a razones muy diferentes. La primera es víctima de la tenaza estadounidense que consiguió someter a los gobiernos de Alvaro Uribe y Alejandro Toledo, y casi consigue hacerlo con el titubeante Alfredo Palacio, si no se hubiera interpuesto el vigoroso levantamiento indígena de marzo liderado por la CONAIE. Venezuela tiene razón en apuntar que no es compatible la pertenencia a la CAN y la firma de TLCs con Estados Unidos. Evo Morales parece marchar en la misma dirección al reclamarle a Colombia y Perú la suspensión de los tratados. Para agregar confusión al cuadro, Bolivia, Venezuela y Cuba se aprestan a firmar el Tratado Comercial de los Pueblos (TCP) con arancel cero para los productos de sus países. Con ello se concreta un nuevo eje que gira en torno al dinamismo de Caracas y La Habana al que se suma ahora Bolivia.

La crisis del MERCOSUR, en cambio, es bastante más compleja. Por un lado aparecen las graves asimetrías entre los socios mayores (Brasil y Argentina) fruto de 20 años de neoliberalismo, que no podrán zurcirse en el corto plazo. A ellas se suman los problemas con los socios menores (Paraguay y Uruguay), que sienten que sus intereses son dejados de lado por los grandes países. Esta situación de creciente tensión llegó al clímax con la minicumbre de Asunción, en la que los presidentes de Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela acordaron -la tercera semana de abril- la construcción de un gasoducto que no pasaría por Argentina ni Brasil. ¿Un delirio? Probablemente, pero un delirio que refleja el profundo malestar existente y el fondo de una crisis a la que no se le encuentra salida.

Lula, Kirchner y Chávez decidieron el 26 de abril darle un empujón al Gasoducto del Sur y, como forma de resolver los conflictos, invitarán a todos los países sudamericanos a integrarse al proyecto. El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, en los mismos días realiza esfuerzos por firmar un TLC con Estados Unidos, mostrando su paulatino pero firme alejamiento del MERCOSUR pese a la sintonía política con los presidentes vecinos. La crisis con Argentina motivada por la instalación de dos grandes fábricas de celulosa en Uruguay -que profundizan el modelo neoliberal bajo un gobierno de izquierda- son apenas la gota que desborda el vaso, pero no son en absoluto la causa de fondo de la crisis de la alianza comercial.

¿Es posible la integración?

En las declaraciones efectuadas al finalizar la reunión de Sao Paulo con Kirchner y Lula, Chávez aseguró que el Gasoducto del Sur “debe ser la locomotora de una proceso nuevo de integración, cuyo objetivo sea derrotar la pobreza y la exclusión”. El gasoducto unirá Puerto Ordaz en Venezuela con Buenos Aires, tendrá unos 10 mil kilómetros de extensión, un costo que oscila entre 20 y 25 mil millones de dólares y se comenzará a construir entre 2007 y 2009 para estar finalizado una década después. El proyecto despierta críticas variadas, desde los que consideran que se trata de una inversión exagerada hasta quienes sostienen que el transporte de gas es más conveniente hacerlo en barcos metaneros.

Lula intentó convencer a Chávez de no abandonar la CAN, pero fracasó. En este momento de inflexión en el que, ciertamente, la integración regional se encuentra en un cruce de caminos, la ruptura de los acuerdos ya existentes puede servirle en bandeja a Washington la posibilidad de continuar avanzando en su estrategia de acuerdos bilaterales de libre comercio. Más aún cuando las alternativas para una integración más abarcativa que la actual chocan con intereses nacionales diferentes y hasta opuestos. Brasil ha hecho su opción por la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), que cuenta con proyectos de envergadura y financiamiento abundante en base a la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Este proyecto es incompatible con el ALBA que defienden Venezuela y Cuba.

El gasoducto es, en efecto, una alternativa plausible pero de dudosa concreción. Se suele argumentar que el acero fue la locomotora de la integración europea, y que el gas bien podría jugar un papel similar en el caso sudamericano. Pero la concreción de la unidad europea fue un asunto de Estado para los principales países como Alemania y Francia, de modo que ese proyecto fue capaz de seguir adelante pese a la alternancia de gobiernos de diferentes colores políticos. Nadie puede hoy en América del Sur asegurar que el ALBA sobrevivirá a Chávez o la CSN a Lula, ni que el gasoducto -fuertemente cuestionado en Brasil- seguirá adelante pese a los eventuales cambios presidenciales que se registrarán en la próxima década.

No es lo mismo oponerse al ALCA o a los TLC que establecer bases duraderas para una integración regional diferente a la que propugnan los mercados globales o las elites de la región. Más allá de las declaraciones y los discursos, no está claro aún de qué tipo de integración hablamos. Una buena forma de avanzar sería poner sobre la mesa las asimetrías y los problemas que enfrenta cada país, para buscar a partir de ellos formas de compatibilizar realidades que el dominio imperial ha tornado incompatibles y hasta antagónicas. La descolonización, que de eso se trata, es más un largo camino plagado de conflictos para ir más allá de las miserias cotidianas que heredamos, que un recorrido triunfal con las banderas desplegadas al viento.

 


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Raúl Zibechi


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El MERCOSUR está en crisis, la CAN amenaza fragmentarse, el ALBA aún no es una alternativa y la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) no levanta vuelo.

 

El MERCOSUR está en crisis, la CAN amenaza fragmentarse, el ALBA aún no es una alternativa y la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) no levanta vuelo. El TLC entre Ecuador y Estados Unidos entró en un impasse luego del levantamiento indígena de marzo y el Gasoducto del Sur parece encaminarse hacia su concreción. Vivimos un momento de inflexión en la relación de fuerzas continental, pero no resultan claras las fuerzas motrices de una integración alternativa.

La derecha continental está de fiesta. Ante la grave situación que atraviesan las relaciones de Argentina y Brasil con sus socios Paraguay y Uruguay, un editorial de La Nación de Buenos Aires (27 de abril) se pregunta: “¿Se trata de la extinción lenta del MERCOSUR? Es, en todo caso, una imagen que se parece demasiado a la muerte?”, concluye Joaquín Morales Solá.

En el arco opuesto del espectro político, el presidente venezolano Hugo Chávez se felicita por la crisis. “La CAN no está en crisis. Está muerta”, dijo durante la reunión de presidentes de Sao Paulo. Chávez decidió que su país abandone la CAN porque considera incompatible la pertenencia a la alianza con la firma de TLCs con Estados Unidos, como lo hicieron Colombia y Perú. Añadió que el MERCOSUR camina hacia su extinción, y se mostró satisfecho por ambos tropiezos. En opinión de una parte considerable de la izquierda continental, entre los que se incluye el propio Chávez, la crisis de los acuerdos ya existentes como la CAN y el MERCOSUR es positiva ya que permitirá un rediseño más amplio y abarcativo de la integración regional. En su lugar, consideran que el Gasoducto del Sur (que unirá a Venezuela, Brasil y Argentina y luego a los demás países del subcontinente) será la “locomotora” de una integración regional que puede tener como punto de referencia la Alternativa Bolivariana (ALBA).

Crisis diferentes

Sin embargo, conviene matizar algunas cuestiones. La crisis de la CAN y la del MERCOSUR obedecen a razones muy diferentes. La primera es víctima de la tenaza estadounidense que consiguió someter a los gobiernos de Alvaro Uribe y Alejandro Toledo, y casi consigue hacerlo con el titubeante Alfredo Palacio, si no se hubiera interpuesto el vigoroso levantamiento indígena de marzo liderado por la CONAIE. Venezuela tiene razón en apuntar que no es compatible la pertenencia a la CAN y la firma de TLCs con Estados Unidos. Evo Morales parece marchar en la misma dirección al reclamarle a Colombia y Perú la suspensión de los tratados. Para agregar confusión al cuadro, Bolivia, Venezuela y Cuba se aprestan a firmar el Tratado Comercial de los Pueblos (TCP) con arancel cero para los productos de sus países. Con ello se concreta un nuevo eje que gira en torno al dinamismo de Caracas y La Habana al que se suma ahora Bolivia.

La crisis del MERCOSUR, en cambio, es bastante más compleja. Por un lado aparecen las graves asimetrías entre los socios mayores (Brasil y Argentina) fruto de 20 años de neoliberalismo, que no podrán zurcirse en el corto plazo. A ellas se suman los problemas con los socios menores (Paraguay y Uruguay), que sienten que sus intereses son dejados de lado por los grandes países. Esta situación de creciente tensión llegó al clímax con la minicumbre de Asunción, en la que los presidentes de Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela acordaron -la tercera semana de abril- la construcción de un gasoducto que no pasaría por Argentina ni Brasil. ¿Un delirio? Probablemente, pero un delirio que refleja el profundo malestar existente y el fondo de una crisis a la que no se le encuentra salida.

Lula, Kirchner y Chávez decidieron el 26 de abril darle un empujón al Gasoducto del Sur y, como forma de resolver los conflictos, invitarán a todos los países sudamericanos a integrarse al proyecto. El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, en los mismos días realiza esfuerzos por firmar un TLC con Estados Unidos, mostrando su paulatino pero firme alejamiento del MERCOSUR pese a la sintonía política con los presidentes vecinos. La crisis con Argentina motivada por la instalación de dos grandes fábricas de celulosa en Uruguay -que profundizan el modelo neoliberal bajo un gobierno de izquierda- son apenas la gota que desborda el vaso, pero no son en absoluto la causa de fondo de la crisis de la alianza comercial.

¿Es posible la integración?

En las declaraciones efectuadas al finalizar la reunión de Sao Paulo con Kirchner y Lula, Chávez aseguró que el Gasoducto del Sur “debe ser la locomotora de una proceso nuevo de integración, cuyo objetivo sea derrotar la pobreza y la exclusión”. El gasoducto unirá Puerto Ordaz en Venezuela con Buenos Aires, tendrá unos 10 mil kilómetros de extensión, un costo que oscila entre 20 y 25 mil millones de dólares y se comenzará a construir entre 2007 y 2009 para estar finalizado una década después. El proyecto despierta críticas variadas, desde los que consideran que se trata de una inversión exagerada hasta quienes sostienen que el transporte de gas es más conveniente hacerlo en barcos metaneros.

Lula intentó convencer a Chávez de no abandonar la CAN, pero fracasó. En este momento de inflexión en el que, ciertamente, la integración regional se encuentra en un cruce de caminos, la ruptura de los acuerdos ya existentes puede servirle en bandeja a Washington la posibilidad de continuar avanzando en su estrategia de acuerdos bilaterales de libre comercio. Más aún cuando las alternativas para una integración más abarcativa que la actual chocan con intereses nacionales diferentes y hasta opuestos. Brasil ha hecho su opción por la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), que cuenta con proyectos de envergadura y financiamiento abundante en base a la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Este proyecto es incompatible con el ALBA que defienden Venezuela y Cuba.

El gasoducto es, en efecto, una alternativa plausible pero de dudosa concreción. Se suele argumentar que el acero fue la locomotora de la integración europea, y que el gas bien podría jugar un papel similar en el caso sudamericano. Pero la concreción de la unidad europea fue un asunto de Estado para los principales países como Alemania y Francia, de modo que ese proyecto fue capaz de seguir adelante pese a la alternancia de gobiernos de diferentes colores políticos. Nadie puede hoy en América del Sur asegurar que el ALBA sobrevivirá a Chávez o la CSN a Lula, ni que el gasoducto -fuertemente cuestionado en Brasil- seguirá adelante pese a los eventuales cambios presidenciales que se registrarán en la próxima década.

No es lo mismo oponerse al ALCA o a los TLC que establecer bases duraderas para una integración regional diferente a la que propugnan los mercados globales o las elites de la región. Más allá de las declaraciones y los discursos, no está claro aún de qué tipo de integración hablamos. Una buena forma de avanzar sería poner sobre la mesa las asimetrías y los problemas que enfrenta cada país, para buscar a partir de ellos formas de compatibilizar realidades que el dominio imperial ha tornado incompatibles y hasta antagónicas. La descolonización, que de eso se trata, es más un largo camino plagado de conflictos para ir más allá de las miserias cotidianas que heredamos, que un recorrido triunfal con las banderas desplegadas al viento.

 


Hildebrando Veléz G.

CENSAT-Agua Viva

Amigos de la Tierra-Colombia.

 

La idea pues de re-significar la soberanía nos sirve para la construcción de proyectos de vida sustentables, prescription para la construcción de proyectos de vida con justicia, shop porque las nuevas “soberanías”: la soberanía alimentaria, la soberanía  energética, la soberanía ecológica, en manos de los pueblos, permiten decidir el camino de construcción de sustentabilidad para las sociedades de justicia ambiental y de justicia para con la naturaleza; ahí esta la fuerza de este concepto, de esta idea de soberanía.

 

La soberanía energética es también aquella que se construye en defensa de los territorios. Por ejemplo, se construye soberanía energética cuando los habitantes de unas zonas “Paramunas” en los Andes Colombianos defienden sus territorios contra la agresión de empresas que pretenden extraer el carbón que se halla allí, amenazando sus posibilidades de provisión de agua  para la agricultura, sus posibilidades de vida ahora y las posibilidades de vida de las generaciones venideras.

 

Es soberanía energética la lucha que hace el pueblo Uwa en sus territorios para mantener el petroleo bajo tierra. Es soberanía energética la lucha que hacen los indígenas Emberas contra esos monstruos  de represas que se instalan en sus territorios. Estas son luchas de soberanía energética, pero también estos pueblos a su vez hacen esfuerzos por mantener sus tradiciones culturales, por recuperar las formas de uso de la naturaleza.

 

Por ejemplo, la agroecología que practican las comunidades campesinas e indígenas es una forma de producción que contribuye a la soberanía energética; en la medida que no requiere insumos petroleros, en la medida que no requiere insumos químicos, en la medida en que aprovecha la energía solar y el trabajo y la creatividad humanas en su máxima posibilidad.

 

Es soberanía energética, lo que hacen los campesinos en muchas regiones donde utilizan las excretas de los animales para producir bíogas. Es soberanía energética el proceso que tienen los trabajadores de la industria petrolera y energética para devolverles el control sobre los recursos energéticos a sus pueblos, a sus países. Es soberanía energética la lucha del pueblo Boliviano por mantener un dominio sobre los recursos gasiferos que había perdido en manos de las transnacionales.

 

La soberanía energética se está construyendo en el planeta, se está construyendo en estas luchas, se esta construyendo en estas resistencias y se esta construyendo en las propuestas de las organizaciones sociales.

 

La Soberanía de los pueblos se ve menoscavada por acciones por ejemplo de empresas transnacionales que irrumpen en los territorios para instalar grandes monumentos de cemento, como las represas, como los oleoductos, como los sistemas de redes eléctricas que muchas veces no traen ningún beneficio a las gentes y se les desplazan, se les desterritorializa; y sirve esta energía y esta infraestructura  fundamentalmente para los sistemas de acumulación económica, que como sabemos enriquecen a unos pocos en el mundo y empobrecen a las grandes masas de población.

 

Se pierde la soberanía energética y se pierde la soberanía, cuando los estados sometidos no tienen la posibilidad de brindar bienestar a sus pobladores, así pasa en todo el mundo con la energía. Los estados no tienen la posibilidad de proveer energía barata y asequible a sus pobladores y esto por qué, habiendo abundancia de energía!  Uno encuentra países, lugares, en donde la energía abunda; donde las fuentes de energía abundan y sin embargo son miserables en términos energéticos.

 

La energía sirve fundamentalmente para sostener un modelo inicuo en el planeta, para sostener una diferencia y una desigualdad enorme que esta instalada entre los países que concentra los beneficios, entre los grupos de elite que concentran los beneficios, y las grandes masas de pobladores y gentes que viven en la miseria.

 

Se pierde la soberanía energética sin duda, cuando las corporaciones transnacionales concentran  el poder de decisión e impiden que la sociedad tenga la posibilidad de decidir sobre su propia matriz energética Las corporaciones transnacionales, afectan de esta manera la soberanía energética,  y la afectan también cuando reducen a las comunidades a ser simples observadores del saqueo que se  hace consecutivamente de su patrimonio ambiental.

 

Se pierde la soberanía  energética cuando las elites de los países concentran los beneficios de la riqueza energética sin que ella sirva para sembrar esperanza y para sembrar posibilidades de sustentabilidad.

 

La soberanía energética de la que nosotros estamos  hablando tiene varios constituyentes: uno de ellos, fundamental, es la matriz energética; cuando hablamos de una matriz energética, estamos hablando de dejar atrás, la sociedad petroadicta, la sociedad energivora; esta sociedad que se fundamento en el modelo de uso del petroleo como fuente principal de energía.

 

Esta sociedad petroadicta y energivora ha traído el enloquecimiento del clima planetario; la fiebre que vive el planeta es una fiebre que se debe a este modelo de uso desorbitado de la energía petrolera.

 

Pero ante esto nos quieren responder con propuestas como por ejemplo los agrocombustibles, se quiere decir que para transitar a una matriz energética más sostenible debemos desarrollar los agrocombustibles; y lo que constatamos en nuestros países es que el desarrollo de los agrocombustibles es promovido directamente por esta alianza macabra de las organizaciones empresariales petroleras, de las empresas transnacionales de las semillas y alimentos, de las transnacionales de la industria automotriz. Esta alianza que es la que promueve la agroindustria energética, esa alianza trae desgracia para  los pueblos, trae miseria para los pueblos, los precios de los alimentos  están disparados en el planeta. Acá en el país nuestro vemos como desafortunadamente el precio de los alimentos hoy se encarece enormemente debido a que están destinando la producción agrícola para satisfacer la demanda de energía para los vehículos. Nosotros hemos dicho: no podemos seguir llenando los tanques de los vehículos, y vaciando los territorios de las gentes, de sus culturas,  vaciando y destruyendo la vida y la esperanza de las gentes en su territorio.

 

La matriz energética es pues fundamental; transitar hacia una matriz energética sostenible implica necesariamente que contemplemos la posibilidad de emplear la mayor fuente de energía que llega al planeta que es la energía solar; a través de procesos de producción de biomasa, que son fundamentalmente los tipos de procesos que más aprovechan energía.

 

Pero también hablamos de una nueva matriz energética en la medida en que podamos utilizar de la manera más adecuada la creatividad del trabajo humano; el trabajo humano le agrega a la economía gran cantidad de energía; sin embargo, el trabajo humano se dilapida, la creatividad y el trabajo humano se dilapidan. Millones de seres humanos carecen en el planeta de posibilidades para desarrollar su capacidad de trabajo; este es un asunto que sin duda hace parte de nuestro concepto de soberanía energética

 

La soberanía energética tiene entre sus componentes sin duda  el tema de la ética; cuando hablamos de la soberanía energética desde una perspectiva ética de la vida, de la sustentabilidad, estamos hablando de la posibilidad de emplear las fuentes de energía de manera eficiente, de manera tal que no contribuyan al desorden  climático, de manera tal que mantengan la estabilidad social y cultural de las sociedades. Pero a ello se opone una ética de la codicia, a ello se opone una ética del filibusterismo en donde la energía sirve simplemente como  medio de acumulación de capital para unos pocos.

 

También hablamos de la soberanía energética, desde la perspectiva de la democracia; cuando la sociedades locales, cuando las comunidades locales, incluso las organizaciones populares, las articulaciones de organizaciones populares de un país, o internacionalmente, toman la decisión de defender la soberanía; como es el caso de la soberanía alimentaria o la soberanía energética estamos  hablando de procesos democráticos, de procesos donde la gente auto constituye su mandato, se auto gobierna, tiene la posibilidad de decidir sobre el  futuro de su  proyecto de vida. Pero esta posibilidad la conculca, la coarta el tipo de decisiones que se toma de manera centralista por las grandes corporaciones transnacionales en asocio con elites nacionales o con elites transnacionales;  que dejan sin posibilidad de participar en decisiónes sobre la vida que se quiere tener, sobre el modelo de desarrollo que se quiere tener.

 

Hablamos entonces de soberanía energética cuando decimos que los procesos de decisión sobre las fuentes de energía y su uso estén en manos de las gentes y no de manera egoísta, sino de manera solidaria. Porque sabemos que hay unas condiciones de distribución geográfica de las fuentes de energía y probablemente hallan lugares que tengan más posibilidades de proveerse de energía que otros; acá  es cuando hablamos de soberanía energética.

 

Estamos hablando de la solidaridad entre los pueblos; la unidad y la solidaridad entre los pueblos permite la soberanía popular de la que estamos hablando en el campo energético, donde la gente pueda compartir si tiene excedentes energéticos y pueda a su vez cuidar de que la energía se use, en todos los terrenos, para fines benévolos. Por que este es otro problema, la energía se usa de manera desbordante para productos inútiles; necesitamos que la energía se use  para aquello que es esencial, para mantener la vida digna de los seres humanos, para aquello que es esencial para mantener la vida en el planeta;  es  otro asunto clave en la soberanía energética.

 

Hablamos de soberanía energética también cuando nos estamos refiriendo a la manera como  usamos la energía en nuestra vida cotidiana, cómo actuamos también con o sin responsabilidad frente a los demás seres humanos y frente a la naturaleza. En nuestra vida cotidiana hacemos cosas en función del beneficio y bienestar de los seres humanos y de aquellos con quien compartimos el planeta. El consumismo que es el uso desbordado e inútil de la naturaleza es algo que esta en contra de esta posibilidad de la soberanía energética en la vida cotidiana.

 

Pero en la soberanía energética también podría considerarse la ecoeficiencia; procesos y procedimientos tecnológicos que contribuyan a ahorrar y salvar energía podría, contribuir a tener una soberanía energética

 

Hablamos de la ecoeficiencia.. a la vez que hablamos de la ecosuficiencia; son las dos cosas, ecoeficienca que significa procesos técnicos que contribuyan a salvar energía a salvar materiales y  hablamos de ecosuficiencia para referirnos al uso apropiado de la naturaleza y de la energía. No basta que halla procesos técnicos ecoeficientes sino limitamos el consumismo, sino limitamos nuestra propia demanda de energía y materiales.

 

 

 

 

Pero cuando hablamos de los procesos técnicos tenemos necesariamente que referirnos a los derechos de propiedad intelectual sobre la tecnología. Para que haya posibilidades de que la sustentabilidad en el planeta avance se requiere que las tecnologías se compartan desinteresadamente, se requiere que la sabiduría, como lo han hecho los pueblos de nuestros continentes, se comparta, se requiere que se comparta la sabiduría y se requiere entonces,  que no haya derechos de autor intelectual sobre la tecnología; porque estos limitan las posibilidades de democratización de acceso a la tecnología, limitan las posibilidades de uso de las tecnologías y limitan la posibilidad de que el mundo avance en función de la sustentabilidad.

 

Las reglas de comercio internacional que se organizan a través de los tratados de libre comercio o a través de las imposiciones de la organización mundial de libre comercio, tienen la tendencia a imponer privilegios de los países que concentran el desarrollo tecnológico  sobre aquellos países que tienen dependencia tecnológica; estas reglas inicuase, inequitativas no contribuyen a la soberanía energética; por eso la lucha por la soberanía energética es también la lucha contra la imposición de estos tratados de libre comercio y de estas normas que se imponen desde la organización mundial del comercio, con los instrumentos de comercio y financieros internacionales, como los bancos multilaterales, como las instituciones financieras del norte y como las instituciones financieras transnacionales.

 

En el mundo vienen organizándose diferentes fuerzas que defienden la soberanía energética. La vía campesina hoy  habla no solo de soberanía alimentaria, sino también de la soberanía energética.  Amigos de la tierra Internacional, las organizaciones ambientalistas en el planeta, las organizaciones indígenas hoy hablan de la soberanía energética como un propósito, pero también como una guía para  la construcción de sociedades sustentables, democráticas y justas.

 

La soberanía energética es una condición para alcanzar un equilibrio climático en el planeta; sin soberanía energética no será posible restaurar la calma climática del planeta; solo mediante la lucha de los pueblos, como acabamos de presenciarlo en Bali, en la conferencia de partes de cambio climático, solo mediante la coalición y la unidad de los pueblos y de los movimientos sociales, es posible que detengamos la barbarie que se impone en el planeta y que detengamos esta destrucción  de las condiciones de vida y de sustentabilidad, que se nos imponen por el capital y las transnacionales.

 

El movimiento de lucha por la justicia climática que se ha acabado de acordar en Bali, que comienza a tener sus primeros frutos, ha de ser en el futuro aquel movimiento que reivindique las víctimas del cambio climático, que reivindique las víctimas de este modelo pretroadicto y energívoro y que se eriga como una fuerza mundial capaz de re-direccionar las negociaciones en le marco de la conferencia del cambio climático, en el marco de la convención del cambio climático, en el marco del protocolo de Kioto y a partir de allí sin duda será posible que las organizaciones mundiales aprendamos, compartamos y creemos condiciones para construir también localmente nuestra soberanía energética.

Hildebrando Vélez G. CENSAT AGUA VIVA Friends of The Earth-COLOMBIA Telfax:57-1-244-2465 y 0581


Teoria y practica de la integracion regional: apuntes para un analisis comparado de los procesos europeo y latinoamericano desde un enfoque regulacionista

Brid Brennan and Cecilia Olivet
A profound process of de-legitimation of the structures and key institutions of the current neoliberal model of economic globalization has marked the last years of the 20th century and the beginning of the new millennium. Parallel with this, pilule we have also witnessed the intense search for alternatives, information pills highlighted in the World Social Forum process and concretized in the actual emerging alternatives, at the local, national and global level. It is in this context that the most promising alternative regionalisms are emerging, with social movements and civil society organizations (CSOs) as key protagonists.
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Andres Musacchio

Las teorías económicas tradicionales proponen un modelo de interpretación de los procesos de integración que permite analizarlos con un conjunto de herramientas standard, mediante las cuales se los reduce a un conjunto de elementos comunes a todos ellos. De allí que las diferencias entre las diversas experiencias quedan reducidas a una cuestión de grado, que alude a la profundidad que cada una de ellas ha alcanzado. Sin embargo, este tipo de análisis oculta las profundas diferencias en las estructuras económicas y sociales que los motivan.

A partir de una comparación sintética de los principales rasgos de los procesos de integración de América Latina y Europa, nuestro trabajo intenta perfilar algunos elementos básicos para el análisis de la problemática, que recuperen las nociones de tiempo y espacio y la analicen a la luz las estructuras económicas y sociales concretas. Se intenta mostrar que los aludidos procesos tienen una raíz diferente, no por tener un grado de profundidad distinto, sino por una inserción diferenciada en el recorte espacial de los procesos de acumulación, de los modos de regulación y de los vínculos trabados con las regiones que no forman parte directa del proceso.
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Estrategias multiformes de las mayores potencias en las integraciones regionales y en su contra

Dot Keet

Alternative Information and Development Centre informe No. 4

Las motivaciones orientadas a la creación de grupos económicos regionales más fuertes entre países en vías de desarrollo, así como la búsqueda de formas de cooperación política entre sus gobiernos y organizaciones populares, persiguen, en parte, conferir a los países participantes el poder necesario para tratar de manera más eficaz con un sistema internacional económico y político complejo e incluso hostil. Esto incluye la necesidad de abordar simultáneamente los objetivos estratégicos y las tácticas divisorias seguidas por poderosos gobiernos extranjeros, especialmente por la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE.UU.).

Las dos mayores potencias económicas del mundo se distinguen por el uso de instrumentos multilaterales para ampliar sus intereses [véase Regional Briefings nº 2 y 3 del AIDC]. Pero, al mismo tiempo, los están enmarcando en enfoques multiformes para conservar su dominio económico sobre el resto del mundo. El gobierno estadounidense se destaca especialmente por recurrir a sus propias exigencias unilaterales y a lo que se denominan acciones ‘extraterritoriales’ en el ámbito económico, político y militar. Las estrategias de la UE, si bien resultan menos descaradas que las de los EE.UU., también se caracterizan por el uso de compromisos y acuerdos bilaterales, y de presiones económicas y políticas sobre otros gobiernos. Y tanto los EE.UU. como la UE emplean estrategias regionales

  • por una parte, para fortalecer sus propias economías de cara a su posicionamiento unido cada vez más poderoso en la llamada ‘economía mundial única abierta e integrada’ que están, a la vez, endosando al resto del mundo y,
  • por la otra, para socavar las posibles estrategias regionales que otros países necesitan adoptar para enfrentarse de manera más eficaz a las presiones y retos planteados por la economía mundial.

Las regiones geoestratégicas de las principales potencias

La Unión Europea constituye uno de los proyectos de integración más antiguos y, por el momento, el mayor y más avanzado. Este proceso comenzó mucho antes de la era de la economía mundial liberalizada y, de hecho, su origen se debe en gran medida a cuestiones como la seguridad y la estabilidad política en Europa, la reconstrucción económica y los problemas sociales después de la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de un grupo basado en las políticas y el mercado, en el marco del patrón predominante en el momento, con un sistema socialdemócrata y un modelo económico regulado por el estado. En los últimos tiempos, a medida que las exigencias de fuerzas empresariales y financieras renovadas y ampliadas pasaban a un primer plano dentro de la UE y del resto del mundo, los diversos gobiernos europeos, y los objetivos y políticas del proyecto de integración europea se ajustaron a las teorías neoliberales. Es decir, el fomento del ‘libre comercio’ en una economía mundial ‘abierta’. Se trataba de algo que se necesitaba especialmente para poder presionar a las economías recién industrializadas del Sudeste asiático y otras regiones. De este modo, Europa representa actualmente una base de poder geoeconómico y geopolítico desde donde las empresas europeas pueden operar con mayor fuerza en la tremendamente competitiva economía mundial, y los estados europeos pueden actuar conjuntamente en las instituciones internacionales con un peso mucho mayor.

El Área de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN o NAFTA) es la base de poder regional económico -y, en cierta medida, político- que han construido los Estados Unidos a su alrededor. Este grupo se presentó, desde un principio, como una respuesta más directa y un instrumento con el que fomentar la economía mundial, así como influir y aumentar la competitividad en ella. Incluso mientras se alargaban las negociaciones comerciales de la Ronda de Uruguay (RU), durante fines de los 80, los EE.UU. estaban trabajando activamente para garantizar su área de libre comercio con el Canadá y planificando la consolidación y ampliación de su base regional más amplia en las Américas, empezando por México. En aquel período, esta estrategia regional podría haberse considerado algo así como una medida preventiva, en caso de que la RU no reportara condiciones que favorecieran los intereses económicos y estratégicos de los EE.UU. Desde entonces, los acuerdos principales de la OMC creados durante la RU y posteriormente -y debidos, en gran medida, a resueltas intervenciones de los EE.UU.- han resultado ser muy beneficiosos para las necesidades y objetivos nacionales y empresariales de los EE.UU. El ALCAN sigue resultando, no obstante, un complemento muy útil para la economía estadounidense y un gran apoyo para sus empresas.

  • La UE y el ALCAN constituyen cimientos importantes a partir de los que sus multinacionales pueden actuar en la economía mundial. La mayoría de multinacionales siguen realizando sus principales actividades y operaciones más estratégicas en sus países de origen. El 87% de las multinacionales poseen su sede en la UE, los EE.UU. y el Japón y, a fines de los 90, el 88% de sus ‘bienes exteriores’ estaban ubicados, de hecho, en alguna de estas tres economías. De manera parecida, el 84% de las inversiones extranjeras directas (IED) proceden de estos tres actores y de otros miembros del grupo de países más desarrollados de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Sin embargo, el 60% de las IED totales se mueve entre los países más industrializados de Europa y Norteamérica. Al mismo tiempo, no obstante, los gobiernos de estos gigantescos bloques económicos están determinados a actuar internacionalmente para ayudar a sus empresas a dominar al resto de mercados, abrirles campos de inversión y bases de producción cada vez más beneficiosos en todo el mundo, y garantizarles el acceso a recursos estratégicos.
  • Estos grupos regionales también proporcionan marcos útiles dentro de los que los EE.UU. y la UE pueden conseguir posiciones comunes con sus socios o vecinos económicos clave en materia de, entre otras cosas, condiciones comerciales, normativa de inversiones, derechos de propiedad y producción, y requisitos del mercado laboral. Es más fácil llegar a un acuerdo sobre estas cuestiones dentro de un grupo regional más restringido y unido que en negociaciones multilaterales, que resultan más complejas y polémicas, tal como se está poniendo cada vez más de manifiesto en el seno de la OMC. Sin embargo, al mismo tiempo, los acuerdos y prácticas regionales en el ALCAN y la UE pueden sentar precedentes notables y pueden emplearse para ejercer influencias o presiones sobre los procesos multilaterales más amplios. De este modo, los estados y otros intereses de estos bloques económicos regionales están en posición de beneficiarse de lo mejor de ambos mundos: el regional y el mundial.

Intereses enfrentados entre los bloques regionales de los EE.UU. y la UE

Desde el momento en que la ideología del libre comercio y la economía mundial abierta resultan tremendamente ventajosa para las economías más fuertes, no sólo aparece una uniformidad discursiva entre sus gobiernos, teóricos e instituciones neoliberales, sino también una unidad general en cuanto a su propósito en el ámbito mundial. No obstante, en la práctica, surgen también intereses y tensiones enfrentados entre estas potencias mundiales. El caso más reciente y evidente es el relacionado con Oriente Próximo.

  • A pesar de ello, la competencia directa entre la UE y los EE.UU. empieza ya en sus respectivas regiones o en ‘sus’ zonas más cercanas. Así pues, aunque la UE está consolidando sus intereses y avanzando en la integración de toda Europa, el gobierno y las empresas estadounidenses están muy activos en la UE y en todo el continente europeo. Análogamente, la UE está muy activa en el Canadá, y hace poco cerró un acuerdo de libre comercio altamente ventajoso con México, aunque éste último sea miembro, en el patio trasero, del bloque regional norteamericano de Washington.
  • Esta competición entre la UE y los EE.UU. se extiende a otras regiones del mundo como, por ejemplo, la zona de la APEC (Asociación de Cooperación Económica Asia Pacífico). El Japón ya está bien establecido en toda Asia, pero los EE.UU. llevan mucho tiempo intentando que la APEC se convierta en un área completa de libre comercio para que las empresas estadounidenses puedan competir mejor con el Japón. No obstante, en un área de libre comercio asiática, las empresas del ALCAN -y Australia-, como países de la ‘costa del Pacífico y Asia’, también se beneficiarían de su entrada previa y gozarían de mayores beneficios en Asia que las empresas europeas. Puesto que Europa no es miembro de la APEC, Bruselas está fomentando enérgicamente la ASEM (la denominada Reunión Asia Europa) para crear sus propios acuerdos bilaterales entre la UE y el mayor número posible de países asiáticos. Esta ofensiva competitiva no sólo se dirige a los gigantes asiáticos -la India y China-, sino también a Australia. Ésta última es una economía desarrollada importante en una zona donde Europa, por razones históricas, ha gozado de una presencia preponderante durante largo tiempo pero donde, ahora, se ve amenazada por un acuerdo de libre comercio integral entre Australia y los EE.UU.
  • Europa también está preocupada por la enérgica búsqueda por parte de Washington de acuerdos bilaterales de libre comercio y de inversiones con otros países clave en la zona Asia Pacífico, especialmente con los integrantes de la ASEAN (Asociación de Naciones del Asia Sudoriental). Este grupo regional incluye una serie de grandes economías con un potencial enorme como, por ejemplo, Malasia, Indonesia y las Filipinas, aunque, por otro lado, también son bastante ‘problemáticas’ para los EE.UU. y la UE en el contexto de la OMC. Así pues, entre los países más ‘cooperativos’ de la ASEAN que están recibiendo la atención de los EE.UU. en estos momentos se incluyen:
    • Singapur como economía desarrollada clave dentro de la ASEAN y como canal a través del que los EE.UU. se pueden ‘infiltrar’ en el grupo e influir en él.
    • Tailandia, país propuesto para un acuerdo de libre comercio por el Representante Comercial de los EE.UU. (USTR, en inglés) como uno de los instrumentos de Washington mediante el que “anclar” a otras economías del Sudeste asiático a la esfera del libre comercio de los EE.UU.

Estas estrategias ofensivas y defensivas entre los EE.UU. y la UE, así como sus rivalidades imperialistas en todo el mundo, se expresan en las emergentes guerras comerciales ‘neomercantilistas’ que se están declarando entre ambos imperios económicos. Cada uno de ellos está luchando por evitar que el otro se apropie, si no de colonias formales, como en el pasado, al menos de ámbitos reales de influencia preponderante. Esto también es patente en sus estrategias predadoras paralelas hacia grupos regionales existentes y emergentes en Latinoamérica y África, así como en otros lugares del Sur.

Estrategias paralelas contra los grupos regionales en Latinoamérica y África

  • Los EE.UU. están encaminados hacia la ampliación de su base del ALCAN en una extensa Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en la que se integrarán los 34 países que hay desde el Canadá a Chile. Al mismo tiempo, a la luz de cierta resistencia mostrada por algunos gobiernos latinoamericanos y, sobre todo, por parte de una amplia Alianza Social Continental (ASC) de organizaciones populares, Washington persigue la adquisición paulatina de todo el hemisferio centrándose en países clave, como Chile, y ‘reduciendo’ a los países más pequeños mediante acuerdos subregionales de libre comercio, como el Área de Libre Comercio de América Central (CAFTA, en inglés), que incluye a seis naciones. Los EE.UU. están abordando de manera parecida al cercano grupo regional del Caribe, la Comunidad del Caribe (CARICOM), que ha sido durante mucho tiempo uno de los ámbitos de influencia histórica europea.
  • En un plan más ambicioso, los EE.UU. están determinados a incorporar a su extensa área de libre comercio continental al gigantesco Mercado Común del Cono Sur (MERCOSUR), un grupo regional en América del Sur formado por el Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, con Bolivia como miembro asociado, y al que Venezuela (país rico en recursos petroleros) ha solicitado adherirse. Y, como en el resto del mundo, la UE se encuentra en competición directa con los EE.UU. para intentar asegurarse su propio acuerdo de libre comercio con MERCOSUR. El interés de ambos bloques en ganarse a MERCOSUR se explica:
    • como siempre, para abrir aún más sus enormes mercados y ricos recursos a la penetración comercial, operaciones de inversión ilimitadas, la explotación y el expolio por parte de empresas estadounidenses y europeas. Pero,
    • desde una óptica más ofensiva, para evitar que este grupo se convierta en una base poderosa de resistencia y en un marco potencial para un modelo distinto de desarrollo eficaz, equitativo, independiente y sostenible.
  • Aunque no existe ninguna economía o región en África que, en estos momentos, pueda compararse con MERCOSUR en términos de tamaño, los recursos minerales del continente son de una importancia estratégica y hay que hacerse con África, como continente y/o a través de sus subregiones, como ámbito donde desarrollar una explotación intensificada. Todo esto, recuerda a las ‘disputas’ del siglo XIX por África. En este siglo, tanto los EE.UU. como la UE buscan repartirse el continente y cada uno de estos bloques persigue su propio acuerdo divisorio de libre comercio y aplica estrategias antiregionales en África. Al igual que en Latinoamérica y Asia, Washington y Bruselas están empleando la misma combinación de acuerdos bilaterales con los países más fuertes para, así, “anclar” al resto, o incluso crear acuerdos regionales directos con grupos de países más pequeños o débiles. Por ejemplo,
    • Los EE.UU. han cerrado un acuerdo bilateral de libre comercio con una economía importante como lo es la chilena en América del Sur, como modelo de economía abierta e influencia en el resto del continente. Y la UE ha conseguido su propio acuerdo de libre comercio con Sudáfrica, la principal economía africana; un acuerdo que también esta usando como modelo en el resto de continente y como influencia en él [véase Regional Briefing nº 1 del AIDC].
    • La UE está construyendo su propia ampliación económica en el norte de África mediante acuerdos bilaterales y planes regionales para la zona ‘Euro-Med’. También los EE.UU. han conseguido un gran acuerdo en materia de seguridad, política y economía, altamente ventajoso, con Marruecos y, en estos momentos, persigue hacer lo mismo con Egipto, otro país clave en el norte de África.
    • La UE ha cerrado el llamado Acuerdo de comercio, desarrollo y cooperación (ACDC) con Sudáfrica que, como acuerdo comercial, afecta directamente a Botswana, Lesotho, Swazilandia y Namibia, miembros asociados a la Unión Aduanera del África Meridional (SACU, en inglés). Mientras tanto, los EE.UU. persiguen su propio acuerdo integral con la SACU [véase Regional Briefing nº 3 del AIDC].
    • La UE está trabajando en sus propios acuerdos integrales de libre comercio recíprocos mediante los denominados Acuerdos de Asociación Económica (EPA, en inglés) con los 77 países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP). Seguramente, los abordará de forma individual, aunque a la UE le conviene hacerlo con grupos regionales [véase Regional Briefing nº 2 del AIDC]. Los EE.UU. han lanzado su propia iniciativa competitiva, a la que se refieren como Ley de Crecimiento y Oportunidad en África (AGOA, en inglés). Con ella, se ofrece a los países africanos -y a aquellos que cumplen con los requisitos en materia de seguridad, economía y política impuestos por Washington- un acceso preferente (durante un período limitado) al extenso mercado estadounidense [véase Regional Briefing nº 3 del AIDC].

Sin embargo, a pesar de las ofensivas competitivas entre la UE y los EE.UU. en África y otros países del Sur, el contenido de estos acuerdos integrales, que están consiguiendo que firmen los gobiernos africanos y de otros países, presenta también ciertos aspectos comunes y similitudes. Y, precisamente, son éstos últimos los que plantean importantes retos para las organizaciones populares de todo el mundo.

Intereses y estrategias de poder económico comunes

Las grandes potencias siempre han utilizado las citadas estrategias multimodales para mantener su posición dominante en el mundo, y sus métodos siempre han incluido medios directos e indirectos, abiertos y encubiertos, legales e ilegales, económicos y políticos, y otros (militares) siempre que sea necesario. Y estos métodos económicos y políticos también se han manifestado en sus operaciones en la denominada ‘esfera comercial’ y especialmente en la OMC.

Sin embargo, en el contexto de

  • la gran información de que disponen ONG, sindicatos y otras organizaciones e institutos de investigación progresistas, y su eficacia en sacar a la luz los objetivos, la naturaleza y las consecuencias de las normas y acuerdos ‘multilaterales’ que la OMC impone a los países en desarrollo y al resto del mundo;
  • la creciente conciencia pública en todo el mundo sobre el funcionamiento, contrario al desarrollo y la democracia, de la OMC, y su tradicional manipulación por parte de las grandes potencias a la búsqueda ofensiva -y protección defensiva- de sus propios intereses;
  • las alianzas mejor informadas y asertivas dentro de diversos grupos tácticos y estratégicos de gobiernos de países en desarrollo en la OMC, y los consecuentes contratiempos para los planes de ‘los grandes’ en la tercera y quinta Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle (1999) y Cancún (2003), respectivamente;

los EE.UU. y la UE están recurriendo, más que nunca, a sus propios acuerdos de comercio unilaterales, bilaterales y ‘regionales’ fuera de la OMC para poder alcanzar sus propios intereses.

Sin embargo, está claro lo que comparten las grandes potencias y sus estrategias teniendo en cuenta que

  • Las grandes potencias están haciendo un uso selectivo de las normas ‘multilaterales’ de la OMC en los acuerdos bilaterales y regionales que persiguen pero, a la vez, están sobrepasando con creces a la OMC a la hora de imponer términos y condiciones que no se han acordado en su seno (por ejemplo, los famosos ‘Temas de Singapur’ en materia de liberalización de inversiones) y ante los que muchos gobiernos de países en desarrollo en la OMC, apoyados por las intervenciones y presiones independientes de movimientos sociales populares, están mostrando una fuerte resistencia.
  • Los llamados ‘acuerdos de libre comercio’ que se están imponiendo en países de todo el mundo no tratan sólo sobre comercio, sino que van mucho más allá para incluir la liberalización de flujos de capital y el libre movimiento de inversores extranjeros, así como sus derechos de propiedad y ‘propiedad intelectual’, su acceso a contrataciones públicas y bienes nacionales privatizados, así como la desregularización y ‘apertura’ generales de las economías de los países que firman este tipo de acuerdos.
  • Los denominados acuerdos de libre comercio bilaterales que se están cerrando con determinados países clave también están concebidos como aperturas o grietas a través de las que entrar o influir en los grupos regionales correspondientes (como con Singapur, en el caso de la ASEAN, o Sudáfrica en la SADC) o para “anclar” a los países vecinos y quizá crear otras ‘regiones abiertas’ mucho más grandes y dóciles. Esta es la visión que afirman tener los estrategas comerciales estadounidenses en relación con toda África mediante acuerdos con países africanos concretos, empezando por la AGOA.
  • Muchos de los llamados acuerdos bilaterales (es decir, entre dos países) se dan, en realidad, entre un grupo regional y un país. Y lo que es más, dichos acuerdos se establecen entre grupos regionales grandes y poderosos y economías relativamente menores y más débiles, como es el caso de los denominados acuerdos bilaterales entre la UE y Sudáfrica y México.
  • Incluso en aquellos casos en que las grandes potencias persiguen acuerdos de comercio interregionales (entre su región y otras), como sucede con la UE y MERCOSUR, la UE y la SADC, la UE y la Comunidad del África Meridional, o los EE.UU. y la SACU, las condiciones también son desiguales en lo que se refiere a los recursos de que disponen los respectivos ‘socios’ negociadores. Por lo tanto, los acuerdos resultantes reforzarán, inevitablemente, dichas desigualdades.

A través de estas estrategias complementarias unilaterales, bilaterales y regionales, las grandes potencias pretenden infiltrarse en los grupos regionales de países en desarrollo (existentes y potenciales), apropiarse de ellos y transformarlos. De este modo, desean vaciar sus programas y políticas de contenido para el desarrollo y evitar que se conviertan en marcos válidos para un desarrollo más autosuficiente, sostenible y equitativo, así como bases económicas y políticas más fuertes desde las que estos países puedan oponerse a las potencias dominantes del mundo y su sistema y régimen globales.

Traducción: Beatriz Martinez


Programas regionales en el Sur y nuevas iniciativas populares en el contexto de tendencias gubernamentales internas opuestas e intervenciones externas

by Dot Keet

Hace ya tiempo que muchos gobiernos y organizaciones de la sociedad civil en los países del Sur reconocen que la agrupación de sus países en unidades económicas superiores constituye un pilar importante para el desarrollo eficaz y sostenible. Esta idea se ha hecho cada vez más patente con el poder y la solidez crecientes de los grupos regionales creados por los países más ricos y poderosos del mundo, a saber, el Área de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN o NAFTA), web creado por los Estados Unidos (EE.UU.) y la Unión Europea (UE), que está en constante expansión. De este modo, la supervivencia de los países del Sur, rodeados por un entorno cada vez más competitivo y hostil, está supeditada a la agrupación política y económica, y al apoyo mutuo.

A lo largo de los años, han surgido numerosas iniciativas ‘regionales’ entre los países del Sur; más o menos grandes, más o menos eficaces, muchas de ellas han funcionado mal o han fracasado por completo. A pesar de ello, la importancia estratégica de este enfoque no ha desaparecido y las experiencias de las tres regiones principales de este tipo (principales por su tamaño y/o importancia) en las tres regiones geográficas del Sur siguen ofreciendo grandes oportunidades, ventajas y, por supuesto, muchas lecciones que aprender. En este informe, se presenta un resumen de los principales rasgos que caracterizan a los tres programas ‘regionales’ clave entre países de África, Asia y Latinoamérica, así como algunas de las iniciativas actuales relacionadas con éstos. Cabe destacar que la situación actual de cada uno de estos tres casos presenta tanto tendencias comunes como rasgos distintivos.

Latinoamérica – Mercosur

A medida que aumenta la presión ejercida por los EE.UU. para extender el área del ALCAN hasta la propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), hay indicios de que el gobierno brasileño (¿quizá con el apoyo de Argentina?) está pensando en dirigir más atenciones a Mercosur, no sólo para fortalecer su posición, sino para usar ese grupo como contraestrategia al ALCA. Hay también perspectivas prometedoras de que Uruguay elija un nuevo gobierno radical. Además, algunos países candidatos de Sudamérica, como Venezuela, han solicitado unirse a Mercosur. Por otra parte, hay varios puntos de inestabilidad en la región y crisis internas en algunos de los países miembro actuales, potenciales o asociados, especialmente en Argentina. Hay asimismo varias cuestiones internas pendientes de resolverse en torno a la abrumadora superioridad económica del Brasil dentro del grupo.

Estas y otras cuestiones plantean amplios desafíos paradigmáticos y políticos tanto a los gobiernos como a los actores no gubernamentales de toda la región. Por lo tanto, es fundamental que dichas cuestiones formen parte de los debates tácticos y estratégicos que se dan dentro de los movimientos regionales y de las campañas organizadas por los movimientos sociales contra el ALCA, como parece ser el caso. Los principales retos estratégicos parecen ser los siguientes:

  • ¿Hay que usar estrategias dentro de Mercosur para luchar contra el ALCA y la globalización neoliberal? Y, en caso afirmativo, ¿cómo y hasta qué punto hay que usarlas?
  • ¿Cómo se pueden adoptar programas más detallados que funcionen como fines en sí mismos para alcanzar una cooperación y un desarrollo intrarregional más eficaz y equitativo, que sirvan, además, como modelo y apoyo potencial para el resto de Latinoamérica y otras regiones?

África – SADC

Bruselas está presionando a los países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) para que éstos firmen acuerdos interregionales ‘recíprocos’ de libre comercio con la UE mediante los llamados Acuerdos de Asociación Económica (EPA, en inglés) en el marco del Acuerdo de Cotonou entre la UE y los ACP. A medida que la presión aumenta, se pone de manifiesto la amenaza que se cierne sobre la integración regional, los programas de desarrollo alternativos, el potencial de la SADC y de todos estos tipos de proyectos regionales en África y otros lugares. Parte de la unidad estratégica mostrada inicialmente por los ACP al enfrentarse a la UE, al menos en lo referente a cuestiones marco y modalidades de negociación, se está viendo ya minada por ciertas regiones de África Occidental y Central (especialmente por la CEDEAO ) que han iniciado prematuramente sus propias negociaciones con la UE; negociaciones, por otra parte, bienvenidas y sin duda fomentadas por Bruselas (¿quizá con París?).

Al mismo tiempo, la intensificación de las estrategias competitivas de los EE.UU. se manifiestan en dos sentidos. Por una parte, en su Ley de Crecimiento y Oportunidad en África (AGOA, en inglés), dirigida a estados ‘prometedores’ concretos de África, que está provocando divisiones en los programas vigentes y potenciales para la cooperación regional entre gobiernos. Por otra parte, los EE.UU. están haciendo uso de sus Acuerdos de Libre Comercio (ALC) bilaterales con las economías africanas más fuertes como, por ejemplo, la marroquí. Y, en el caso de Sudáfrica, se está negociando un acuerdo bilateral (disfrazado) dentro de la propuesta de un ALC interregional con la Unión Aduanera del África Meridional (SACU, en inglés). Este ALC no sólo se solapará con la SADC, sino que también complicará y contrarrestará su potencial regional. De hecho, eso es lo que está sucediendo en el caso del ALC de la UE con Sudáfrica, lo cual constituye, en realidad, uno de los motivos que se esconden tras la iniciativa del ALC entre los EE.UU., Sudáfrica y la SACU.

Hay quien tiene la impresión de que la Unión Africana (UA), encargada de fomentar en África tanto la SADC como todas las demás Comunidades Económicas Regionales (REC, en inglés), concebidas como los ‘cimientos’ sobre los que construir una Comunidad Económica Africana en el continente, podría proporcionar una base a partir de la que hacer frente a los planes de la UE y los EE.UU. La respuesta de la sociedad civil apunta a la contradicción existente entre el ‘regionalismo abierto’ y la trayectoria de integración global de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD, en inglés), un proceso fomentado, sobre todo, por Sudáfrica, pero que cuenta con el respaldo de la UA.

Además, en la propia SADC confluyen conflictos de políticas e intereses entre los diversos estados miembro, especialmente entre los de la ‘súper potencia’ regional, Sudáfrica, y el resto de países. Tampoco hay que olvidar que varios países de la SADC padecen graves crisis económicas, sociales y políticas. Todos estos factores deben ser -y, de hecho, lo son- parte de las crecientes alianzas regionales y acciones de las organizaciones y redes de ciudadanos en África Meridional y en el resto del continente. Los principales retos estratégicos parecen ser los siguientes:

  • ¿Cómo se puede fortalecer y emplear la UA como base para una acción común en el ámbito internacional (tal como sucedió en Cancún) a la vez que se reta al marco neoliberal en el que la NEPAD (y sus defensores en el Norte) desea encajonar al continente?;
  • ¿Cómo trabajar para poder influir o modificar los programas intergubernamentales en la región a la vez que se debe desafiar y cambiar la mayoría de los gobiernos actuales y construir alianzas de ciudadanos nacionales e internacionales con ambos fines?

Asia – ASEAN

El grupo ASEAN, mucho menos unido, no ha conseguido alcanzar su potencial de cooperación intrarregional debido a la presión que han ejercido durante largo tiempo los EE.UU., Canadá y otros miembros más desarrollados de la APEC (Asociación de Cooperación Económica Asia Pacífico), así como a la reticencia del Japón de actuar como contrapeso. Las crisis financieras que padecieron varios de los estados miembro a fines de los 90 han reflejado y acentuado la tendencia de esta región a adoptar estrategias nacionales en lugar de estrategias regionales comunes con las que hacer frente a las fuerzas y consecuencias de la globalización. Estos enfoques divididos se ven ahora reforzados de manera deliberada por las estrategias más coordinadas de los EE.UU. que persiguen asegurarse ALC bilaterales con países clave de la región como, por ejemplo, Tailandia. Según los principales estrategas comerciales estadounidenses, este método se usará posteriormente para “anclar”, uno a uno, a otros países de la región.

Por otra parte, en la región asiática en general, y en la ASEAN en particular, está surgiendo una nueva dinámica con las propuestas que abogan por la creación de un extenso ALC entre estos países y otros países sudasiáticos, así como con China y la India, los auténticos gigantes del continente. Ello se traduciría en una fuerte respuesta económica ‘regional’ asiática al predominio mundial de los EE.UU. y la UE o, incluso, al futuro predominio de Asia por parte de la India y/o China como grandes potencias regionales incipientes. Aún no está claro cómo reaccionará el Japón ante estos nuevos desafíos, teniendo en cuenta su antiguo predominio económico en Asia. Pero los EE.UU., la UE y otros fuertes actores económicos y políticos de la periferia de la región asiática, como el Canadá y Australia, no se van a quedar con los brazos cruzados y permitir que se cree un fuerte bloque nacional o regional competidor en Asia. La cuestión es si existe la suficiente unidad, voluntad o visión política entre las elites económicas y políticas de los respectivos países asiáticos para oponerse al dominio renovado del Norte.

El fracaso de las elites gobernantes nacionales, sobre ésta y otras estrategias intrarregionales y antiglobalización, forma ya parte de los análisis y actividades de las organizaciones de ciudadanos en la región, pero éstas deben participar en coaliciones intrarregionales de organizaciones civiles más coordinadas. Los principales retos estratégicos parecen ser los siguientes:

  • ¿Hay que reactivar y transformar la ASEAN como instrumento mediante el que negociar alianzas con las grandes potencias de Asia (especialmente China) y como base para la acción conjunta en el plano internacional a la vez que se procura evitar el peligro de hacerlo en un marco de ‘libre comercio’ asiático? Y, en caso afirmativo, ¿cómo?;
  • ¿Cómo trabajar para poder influir o modificar las relaciones intergubernamentales y los programas económicos en la propia ASEAN a la vez que se debe desafiar y cambiar la mayoría de los gobiernos actuales y construir alianzas de ciudadanos nacionales e internacionales con ambos fines?

Tendencias opuestas y opciones contradictorias por parte de los gobiernos de esta región y otros países del Sur

A pesar de que las organizaciones de la sociedad civil están intentando incluir estas cuestiones y retos en sus respectivas regiones, se enfrentan a otros tres factores que implican iniciativas internacionales e interregionales complejas [véase la ilustración gráfica adjunta].

Desafíos internacionales – El proceso de la OMC que desembocó en la Conferencia Ministerial en Cancún, así como las declaraciones posteriores de los EE.UU. y la UE, a dado ha conocer a la opinión pública mundial el recurso del que disponen las grandes potencias de contar con sus propias estrategias bilaterales, plurilaterales y regionales en relación con otros países y grupos de países, incluso si éstas han fomentado y usado oficialmente el sistema multilateral internacional en pro de los intereses de sus propios países y/o grupos regionales.

Estos procesos y modus operandii, ya obvios desde hace muchos años para los analistas de la sociedad civil, ponen ahora un mayor énfasis en la importancia de analizar, denunciar y oponerse a las estrategias de estas grandes potencias y a sus acuerdos de ‘libre comercio’ regionales e interregionales, especialmente a través del ALCAN y de los Acuerdos de Cotonou, pero también de muchos otros relacionados con otras regiones.

Cambios interregionales – En parte como respuesta a la mayor presión económica y política que las grandes potencias ejercen sobre sus países y grupos regionales, los gobiernos de muchos países en desarrollo están aumentando sus esfuerzos para fortalecer no sólo sus alianzas políticas, sino también sus relaciones económicas Sur-Sur. Estos esfuerzos, entre otras cosas, están tomando la forma de propuestas de acuerdos comerciales (libres o más libres) bilaterales entre ellos, como entre Sudáfrica y Brasil, o entre Sudáfrica y la India, y/o entre sus respectivas regiones, como es el caso de Mercosur y la SADC. Estos acuerdos y la aparente adopción del modelo dominante de libre comercio por parte de los gobiernos -que, en principio, se oponen a las potencias mundiales y cuestionan el sistema o régimen de libre comercio internacional- plantean importantes y urgentes desafíos para las organizaciones de ciudadanos de sus respectivos países, que están en contra de la expansión e incluso de la continuidad del sistema neoliberal.

Alternativas intrarregionales – Los dos hechos (más recientes) citados animan e impulsan el largo compromiso de muchos analistas y activistas de los movimientos sociales en estos países y regiones en cuanto a sus obligaciones y su cooperación en torno a estrategias y programas regionales en materia de integración y desarrollo económico, social, medioambiental, etc. Todos estos cambios y retos, además:

  • están reforzando la importancia de la cooperación política a través de iniciativas internacionales entre las propias organizaciones de ciudadanos con miras a crear en sus regiones procesos populares en todos estos ámbitos;
  • están poniendo de manifiesto los retos que se plantean en cuanto a los procesos oficiales de regionalización intergubernamental y las estructuras oficiales que se han creado (pero que no han funcionado como deberían) a lo largo de muchos años.

Algunas perspectivas y objetivos estratégicos comunes para las organizaciones de la sociedad civil del Sur

Además de las características propias de cada una de estas tres regiones, es evidente que también existen entre ellas notables puntos comunes que pueden servir como base para el análisis comparativo y la cooperación entre las organizaciones de ciudadanos de estas regiones. En este sentido, se podría trabajar sobre los puntos siguientes:

Cuestionar, denunciar y oponerse a los intereses económicos, políticos y estratégicos/militares de los EE.UU., así como a las estrategias de comercio e inversión (interregionales multilaterales, bilaterales con países específicos, e incluso unilaterales) seguidas por este país como gran potencia mundial. Por otra parte, no hay que perder de vista el papel político paralelo (aunque no tan descaradamente militarista) desempeñado por la UE, que aspira a conseguir sus propios objetivos económicos empleando estrategias comerciales e inversoras muy parecidas.

Analizar el papel y la postura de los mayores países -aquellos con economías más fuertes- que dominan en cada uno de estos grupos (especialmente Sudáfrica en la SADC y en África, y Brasil en Mercosur y en Latinoamérica), y su potencial para actuar como:

  • socios/líderes dispuestos a cooperar y a aportar su apoyo, o bien,
  • como ‘países hegemónicos’ regionales, o incluso como ‘subimperialistas’.

En este último caso, habría que centrarse en la importancia de que las organizaciones de sus respectivas sociedades civiles identifiquen y desarrollen coaliciones populares internacionales para evitar esta posibilidad y fomentar la anterior.

Reconocer también la diversidad de situaciones de los países de estas tres regiones clave en el Sur, especialmente en las zonas donde hay países (más) pequeños y (más) pobres, sobre todo en África Meridional y en el Sudeste asiático, aunque también, en un sentido relativo, en Sudamérica. Además, es necesario:

  • negociar políticas que se ocupen de la desigualdad en los niveles de desarrollo y de poder entre todos los socios regionales, e incluso de intereses intrarregionales opuestos;
  • y, a la vez, trabajar sobre intereses y estrategias comunes con respecto a las fuerzas externas y el sistema mundial en general.

Analizar y fomentar la divulgación de las últimas tendencias hacia las relaciones de libre comercio dentro de estas regiones, que será incompatible con relaciones más equilibradas, como en el punto 3.3. Denunciar y luchar contra las tendencias que apuntan a acuerdos por parte de los gobiernos de estas regiones en consonancia con el modelo predominante de comercio mundial y de relaciones de poder

  • intentando establecer acuerdos de libre comercio entre sus regiones respectivas como relaciones ‘Sur-Sur’ supuestamente distintas;
  • proponiendo firmar acuerdos de libre comercio con los países más grandes y poderosos del Sur, la India y China;

lo cual reforzaría los papeles potenciales de éstos últimos no sólo como potencias de ‘contrapeso’ en relación con las potencias dominantes del Norte, sino como nuevos países hegemónicos en el Sur.

Comprender la diversidad y desigualdad de desarrollo de movimientos sociales en los distintos países de las regiones respectivas. Los análisis y esfuerzos deben centrarse en

  • la necesidad de fortalecer estas fuerzas populares desde el ámbito local al nacional y regional en todos los sectores y regiones;
  • la necesidad de hacerlo especialmente a través de redes y alianzas intrarregionales en ‘sus’ respectivos continentes;
  • la necesidad de hacerlo simultáneamente a través de alianzas intrarregionales y sectoriales con otras regiones de otros lugares del Sur;
  • la importancia de desarrollar estos movimientos creando alianzas con organizaciones asociadas en el Norte, especialmente con redes de ciudadanos situadas en las grandes potencias hegemónicas.

Otra de las cosas que podría contribuir a la ‘desglobalización’ del mundo sería el uso de la lógica económica en la construcción de ‘regionalismos alternativos’ como base a partir de la que desafiar al sistema mundial dominante en estos momentos. De ese modo, se crearía un mundo de naciones cooperantes dentro de regiones que negocian sus políticas específicas y que colaboran con otras regiones en asuntos generales de interés común.

El impulso político que conduzca a esta estrategia dependerá del compromiso y de la capacidad de las fuerzas populares no gubernamentales para conseguir que sus gobiernos sigan esta visión estratégica.

Traduccón: Beatriz Martinez